EL SECRETO PARA UN HOGAR FELIZ.

Por Guillermo Morataya.

Lectura bíblica en Génesis 25:7-10:

7 Y estos fueron los días que vivió Abraham: ciento setenta y cinco años.
8 Y exhaló el espíritu, y murió Abraham en buena vejez, anciano y lleno de años, y fue unido a su pueblo.
9 Y lo sepultaron Isaac e Ismael sus hijos en la cueva de Macpela, en la heredad de Efrón hijo de Zohar heteo, que está enfrente de Mamre,
10 heredad que compró Abraham de los hijos de Het; allí fue sepultado Abraham, y Sara su mujer.

Reflexión: El amor entre la pareja y el deseo de agradar a Dios son los principios básicos en todo matrimonio.

El pasaje nos habla de la muerte y sepultura de Abraham, con la muerte de éste, se cierra el telón de la primera generación de la familia que Dios usó para formar la nación de Israel; aquella familia de cuya descendencia vendría nuestro amado Señor Jesucristo, a través del cual serían benditas todas las familias de la tierra.

Al pensar en el tiempo que permaneció el matrimonio de Abraham y su esposa Sara, uno queda impresionado; desde la salida de Ur de los caldeos hasta la muerte de Sara, transcurrieron sesenta y dos años, más los años que pasaron casados en Ur de los caldeos, unos cuarenta a cuarenta y cinco años; tenemos un matrimonio que permaneció por unos ciento siete años. Al ver la brevedad de los hogares actuales, donde es común escuchar de divorcios de matrimonios que tienen poco tiempo de haberse consumado; y esto no solo en el mundo, sino también, dentro de la Iglesia del Señor. Cabe hacernos la pregunta: ¿Cuál fué el secreto de este matrimonio para que durasen tanto?

Basta con dar un vistazo a la vida de esta pareja para concluir en algo: "Sencillamente no existen secretos ni fórmulas mágicas, solo dos elementos básicos los cuales son esenciales en todo hogar: "El amor a Dios, y el amor entre ambos.”

1. El amor a Dios.

En la familia de Abraham, el amor a Dios fué uno de los pilares básicos; no sabemos con exactitud cuándo esta familia llega al conocimiento de Dios; lo que sí sabemos, es que su conversión de los ídolos al Dios verdadero es sorprendente; pues, creyeron en medio de una nación donde todos eran paganos, aprovecharon el grado de revelación de Dios y se abrazaron al Señor. Muy seguramente tuvieron oposición, la gente se burlaba de ellos, pero su amor a Dios fue más fuerte que la oposición a la que se enfrentaron.

La entrega a Dios de esta familia fue tal, que al mandato de Dios de dejar su tierra y su parentela, estuvieron dispuestos a hacer la voluntad del Señor en sus vidas, sin importar las consecuencias; el resultado de su obediencia: La mano de Dios moviéndose a favor de ellos en todo su peregrinar.

Realmente Dios debe ser el invitado especial a todo hogar; si el Señor está, Él sabrá guiar y preservar a aquellos que se abracen a su amor y misericordia.

2. El amor entre ambos.

El otro elemento notable en esta familia es el amor entre pareja, después del Señor, el amor es el ingrediente que no debiese faltar en todo hogar; y no hablo de un amor abstracto, platónico, solo de palabras, un amor de adolescentes; sino, de un amor real, dispuesto al sacrificio, sin egoísmos; un amor que esté dispuesto a unir sus sueños a los de la persona amada.

Este amor puede verse, en la disposición de Sara de seguir a su esposo, cuando éste fué llamado por Dios para dejar la región de Mesopotania, e ir a un lugar del cual el no tenía ni idea. Nos recuerda esta acción a la disposición de Rut la moabita de seguir a su suegra Noemí y sus célebres palabras: "...tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios. Donde tu murieres, moriré yo, y allí seré sepultada; y así me haga Jehová y aun me añada, que solo la muerte hará separación entre nosotras dos.” Esa es una evidencia de un verdadero amor que va más allá de solamente simples palabras. El amor que no actúa, sencillamente no es amor.

Pero, qué decir del amor de Abraham para con su mujer, que estuvo dispuesto a vivir con ella a pesar de ser una estéril, en un tiempo cuando la descendencia de un hombre era muy importante, pues, esa era la manera de perpetuar el nombre de alguien. Sin embargo, Abraham no abandona a su esposa; sino, mas bien la ama y acepta tal y cual ella era.

El amor de Sara le hacía ver en su esposo a un hombre que merecía respeto, y ella le llamaba "mi señor" dice La Escritura.

Al morir Sara, Abraham la entierra con toda dignidad y respeto, de tal manera que compra una heredad para darle sepultura, y la entierra en la cueva de macpela.

Cuánta falta hace en la actualidad ese tipo de admiración y respeto entre los cónyuges; mas bien parece ser, que las parejas se ven unos a otros como rivales, y no como compañeros de un mismo equipo. Alguien contaba, de un epitafio en una lápida, que un hombre escribió sobre la tumba de su esposa, que decía así: “Aquí reposas y haces bien, descansas tú y yo también.”

En lo personal, admiro a una hermana de la congregación que su amor para con su esposo es tal, que aún después de años de haber partido él para estar con El Señor, ella se refiere a el con todo cariño y respeto.

3 ¿Cuál fue el secreto de la familia de Abraham?... sencillamente no hay secretos.

Salvo estos dos elementos básicos tratados anteriormente en esta familia, no hay ningún secreto, no existe una fórmula mágica; no se trata de que él era un súper hombre, o ella una súper mujer.

No son los iluminados los que forman hogares de éxito, hogares que perduran; mas bien, son hombres y mujeres normales, con defectos, imperfectos; pero que toman en cuenta a Dios en sus vidas y se aman; producto de ese amor se entienden, se respetan y se aceptan el uno al otro.

Quizás alguien dirá: Viera cómo es mi cónyuge, yo le digo: Pero ¿cómo es usted?, ¿es acaso un ser perfecto?. Por qué no empieza a ceder y a cambiar, y así poder estimular el cambio en su pareja; si usted da amor, recibirá amor; pero dé el primer paso y espere, y verá cómo su relación cambia.

Abraham, a pesar de ser un hombre de Dios, era imperfecto, cometió errores; mintió en dos ocasiones por temor acerca de su esposa, lo hizo en Egipto y lo hizo en Gerar; puso en peligro su hogar al decir que Sara era su hermana; la expuso al adulterio. Sin embargo, no vemos a una Sara reclamando constantemente y señalando el error a su esposo, haciéndole la vida imposible.

Sara por su parte, a pesar de sus cualidades, actuó apresuradamente al dar a su esclava Agar en concubinato a su esposo. No solo dudó de Dios con esta acción, sino también, no pensó en los problemas que esto traería a su vida de hogar.

Vemos también a una Sara, la cual en un momento de turbación apremia a su esposo obligándolo a echar a Ismael y a su esclava, trayendo con esto pesar a la vida de Abraham.

Se puede ver algo en este relato: Ellos eran imperfectos, pero se amaban; eran imperfectos, pero se aceptaban uno al otro; eran imperfectos pero se respetaban; y lo más importante, eran imperfectos pero habían invitado al Señor a su hogar.

Conclusión:

Si usted se ha identificado con esta familia en sus imperfecciones, pero siente que le faltan estos dos elementos; yo le puedo asegurar algo: Dios le ama y solo está esperando que usted le abra las puertas para que Él pueda entrar a su hogar. Invite a Jesucristo como el huésped de honor, y Él le ayudará a perdonar y restaurar ese amor entre pareja.

Dios le bendiga.
Guillermo A. Morataya.
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