Archive for marzo 2013

La entrada triunfal.

Por Marco Marin Parra.
Un tema basado en Marcos 11:1-11:

Entramos ahora en la semana de La Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, y los grandes acontecimientos de dicha semana.

Jesús entra triunfalmente en Jerusalén, maldice a la higuera estéril, arroja fuera del templo a los que hacían de él un lugar de mercado; conversa con Sus discípulos acerca de la higuera que se secó, y responde a quienes le pedían cuentas por lo que había hecho en el templo.

Aquí tenemos el relato de la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. Llegó a la ciudad en esta forma para mostrar que no tenía miedo al poder, y a la maldad de sus enemigos en Jerusalén; no quiso entrar de incógnito en la ciudad como quien no se atreve a dar la cara, para mostrar que no se sentía deprimido o turbado ante el pensamiento de los inminentes padecimientos.

No solo llega en público, sino que también con rostro sereno y tranquilo... ¡Triunfal! El aspecto externo de este triunfo era muy modesto, pues entró sentado en un pollino prestado. Examinemos:

Nació en un establo prestado, comió La Pascua en un aposento prestado, entró montado en un pollino prestado y fue sepultado en un sepulcro prestado. El maestro, Nuestro Señor no se avergonzó de ello. Tampoco disponía de una montura suntuosa, sino que echaron sobre el pollino sus mantos (V.7), a fin de que Jesús pudiese cabalgar con cierta comodidad.

Se cumplía así la profecía de Zacarías 9:9 al no disponer tampoco de ricas alfombras para los pies de su cabalgadura. "Muchos extendieron sus mantos en el camino" (V.8), otros tendían por el camino ramas que habían cortado de los árboles, como acostumbraban los antiguos hacerlo en las pompas solemnes; como aun hoy siembran flores y hierbas aromáticas en algunos lugares, las calles por las que van a pasar personas pertenecientes a la realeza.

Esto nos enseña, por una parte, a no buscar por nosotros mismos recepciones y acogidas suntuosas; sino, condescender con lo que nos presentan con buena voluntad. Por otra, a recibir con alegría al Señor que viene a nosotros en humildad, como "no para que le temamos por su poder, sino para que le amemos por su mansedumbre".

El lado interior de este triunfo era muy grande. Cristo mostró su conocimiento de cosas distantes y Su poder sobre la voluntad de los hombres, cuando envió a Sus discípulos para que le trajeran el pollino (V. 3). Mostró Su dominio sobre las criaturas, al mostrar un animal "sobre el cual todavía no se sentó ningún hombre" (V. 2).

El original da a entender que el lugar donde se hallaba atado el pollino era un recodo, o encrucijada de dos calles; donde era difícil que alguien se lo llevase sin que lo advirtiera el dueño. Es un detalle que confirma una vez más, que Marcos escribía informado por Pedro, quien era con gran probabilidad, uno de los discípulos que fueron a buscar el pollino.

No deja de ser conmovedora y alentadora la frase que, acerca del pollino dice Jesús: "Y si alguien os dijere: ¿Por qué hacéis eso? decid que el Señor lo necesita" (V. 3).

¿Puede algún creyente sentirse inútil, cuando aún El Señor del cielo y tierra, para entrar triunfalmente en Jerusalén tuvo necesidad de un pollino? (Este pobre asno no ha dejado reliquia siquiera).

¿No podría yo consolarme de ser como él, bastante gris y sin relieve, porque también ni tenéis necesidad para vuestra obra? Cuando el descorazonamiento me abruma, cuando arrastro detrás de mí esta idea pesada de que, no teniendo mucho valor, no podré hacer nunca algo que valga la pena, cuando el demonio mismo me predique una falsa humildad y me diga que basta con resignarse.

¿No debería desechar con un gesto todos esos consejeros de derrota, todos esos pensamientos de capitulación, y acordarme de que hay un medio de prestarle servicio hasta la muerte, y que Él es el resumen de la Ley de los profetas?

Vemos ahora cómo recibió Jesús los gozosos "hosannas" de la gente, y que el mismo Dios puso en el corazón de la multitud; cómo unos días después puso el diablo en el corazón de muchos el grito de "¡crucifícale!".

La palabra hebrea "hosanna" significa ¡salva ahora! Aclamaron su persona (V. 9): "¡Bendito el que viene en nombre del Señor!". ¡Bendito el tan prometido y tan esperado! Así hemos de darle nuestro aplauso, pero sobre todo, nuestro corazón.

Es un Bendito Salvador que viene a traernos bendiciones. Pero ¡qué responsabilidad!: "mirad que no desechéis al que habla" (He 12:25). ¿Prefieres obedecer al diablo para ser castigado que a Cristo para Salvarte? (Ro 6:23). ¿Puede haber locura de peor linaje que ésta? El diablo os conduce al infierno, pero Cristo, al reino de los cielos. Y, sin embargo, dejáis a Cristo y vas en pos del diablo.

El Uno os sale al encuentro, le rechazáis; el otro que está lejos, le llamáis. Es como si un rey vestido de púrpura y ceñido de diadema no lograra persuadiros, y en su lugar persuadiera un bandido con un puñal en su mano amenazando de muerte.

Le desearon parabienes en su empresa: "Bendito el reino venidero de nuestro padre David" (V.10). Creían que Jesús tenía un reino y que ese reino era de su padre David, un reino y un rey venido en nombre del Señor, ¡Bendito reino!

Oremos por Su Venida: "Venga a nosotros tu reino" (Mt 6:10; Lc 11:2); apresuremos Su llegada (2 Pe 3:12), ya que reinaremos con Él (Ap 5:10; 20:4; 22:5). Cristo, así acogido y aplaudido, vino a la ciudad y entró en el templo (V. 11). Miró todo alrededor, aunque por nosotros no dijo nada ni tocó cosa alguna hasta la mañana siguiente.


Escuche el mensaje aquí.

Hay quienes piensan que Dios no existe, porque está callado y no hace milagros para desbaratar los planes de los impíos. Esta fue la tentación de Asaf en Salmo 73:2; pero dichoso es quien, como él (V. 25) puede decirle al Señor: "¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti?
Y fuera de ti nada deseo en la tierra."

Tengamos confianza en que Dios ve toda la maldad que hay en el mundo, como ve todo lo bueno y lo malo que hacemos. Aunque sea un Dios silencioso, no es un Dios silenciado. Su silencio no es importante, "sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento." (2 Pe 3:9).

Hecha la meticulosa inspección en el templo, Jesús se retiró con sus discípulos a Betania donde pasó la noche. Amén. Bendice Alma mía a Jehová.

Una vez más te doy las gracias mi bendito Salvador, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Hno Marco Marin Parra.
Suecia - Lysekil.
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Te alabo Padre.

Por Marco Marin Parra.
Un tema basado en Mateo 11:25-28

Ahora Jesús se vuelve hacia El Padre, para darle gracias de que las mismas enseñanzas Suyas, que habían sido menospreciadas y rechazadas por los maestros de la ley e intérpretes oficiales de Las Escrituras, fuesen reveladas a los humildes e ignorantes que, en comparación de aquellos eran como niños.

"En aquel tiempo"... a raíz de lo anterior, tomando Jesús la palabra "respondiendo", modismo hebreo mediante el cual se expresa, que aun sin pregunta previa, alguien "responde" a una actitud o circunstancia particular; en este caso, a las tristes verdades que acaba de proclamar. Con estos pensamientos Jesús encuentra un refrigerio para su dolor; y para añadirle nuevo consuelo, los expresa en forma de acción de gracia.

Cuando sólo vemos en el entorno nuestro actitudes desalentadoras, podemos obtener ánimo y consuelo grande al dirigir nuestra mirada hacia arriba, donde nuestro Padre está en Su trono.

Te Alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra.

La alabanza y la gratitud, deben constituir el primer móvil de nuestras oraciones, a la par que la mejor respuesta a pensamientos oscuros e inquietantes; pues lanzan rayos de luz divina sobre las tinieblas de nuestra perplejidad. Un cántico de alabanza, es el mejor remedio para corazones desfallecidos y situaciones sin esperanza (Hch 16:25-26).

Cuando no hallemos fácil respuesta a problemas agobiantes, pesares constantes o temores quietantes, echemos mano de este recurso eficaz: Te alabo, Padre, que la situación no es tan mala como podría ser.

Los títulos con que nombra a Dios: Padre, Señor del cielo y de la tierra.

Siempre que nos dirigimos a Dios, tanto en alabanza como en súplica, es bueno que le consideremos como Padre. Los favores son doblemente dulces, y ensanchan el corazón para alabanza cuando se reciben como señales del amor del Padre.

¡Qué bien les cae a los hijos ser agradecidos y decir: "Gracias, Padre" con la misma solicitud con que dicen: "concédeme, Padre"! Y cuando nos dirigimos a nuestro Padre, bueno es recordar que Él es El Señor del cielo y de la tierra; pues eso nos ayudará a acudir a Él con reverencia, sin mengua de la confianza, como a quien es poderoso para defendernos de todo mal, y de aprovisionarnos de todo bien.

El motivo por el que le alaba:

"Porque ocultaste estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las revelaste a los niños". "Estas cosas", las enseñadas en el discurso precedente, lo que es la paz (Lc 19:42).

Las grandes verdades del Evangelio eterno han quedado (y quedan) ocultas para muchos que son sabios y entendidos, expertos y letrados según el mundo y las cosas del mundo. El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría (1 Co 1:21); personas que penetran profundamente en los misterios de la naturaleza y en las intrincadas materias de la ciencia y de la política, indiferentes o totalmente equivocadas acerca de los misterios del reino de los cielos, por no haber experimentado el poder y la verdadera sabiduría que encierran.

Y mientras esos sabios y entendidos del mundo se quedan en la más terrible oscuridad acerca de las verdades del Evangelio, incluso los bebés (los que no saben hablar) en Cristo, los humildes e iletrados según el mundo, reciben el conocimiento salvificador y el poder santificador de dichas verdades.

Las revelaste a los niños (V. 25).

No fueron los eruditos del mundo los escogidos por Dios para predicadores del Evangelio, sino lo necio del mundo (1 Co 1:27; 2:6,8,10). Dios es el que hace la diferencia, y el que hace la preferencia a los niños sobre los sabios: "Ocultaste estas cosas a los sabios y a los entendidos".

A estos dio facultades, erudición y conocimientos humanos superiores a los de otros, pero se enorgullecieron de eso, confiaron en eso, y no pusieron la mira en las cosas de arriba (Col 3:2). Si hubiesen honrado a Dios con sabiduría y el entendimiento que tenían, habrían recibido de Él el conocimiento de estas cosas mejores.

Él las reveló a los niños, porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes (Stg 4:6). Es la soberanía de Dios la que interviene en esto, como dijo Jesús: "Sí, Padre, porque así te agradó" (V. 26); Cristo lo atribuye al beneplácito del Padre. Estemos satisfechos de que sea Dios quien escoja el método que le plazca para que Su Gloria resplandezca.

Nosotros no podemos explicar por qué Pedro, un pescador, fue escogido para Apóstol del Cordero en lugar de Nicodemo el fariseo, jefe y gran maestro de Israel (Jn 3:1-10); aunque también él creyó en Jesús, pero así le agradó a Dios.

Con cuánta gratitud debemos reconocer este modo que Dios tiene de impartir Su gracia, ¿cómo hemos de agradecerle que se fijase en nosotros para revelarnos estas cosas? Reveladas precisamente a quienes son menospreciados e ignorados por el mundo. Así se engrandece el favor y el honor que les concede, al ocultar estas cosas a los sabios y a los entendidos; así brillan con mayor esplendor el poder y la sabiduría de Dios (Co 1:27, 31).

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre (V. 27).

Cristo expresa en Él Su autoridad, y presenta Sus credenciales (V. 27). Su comisión de parte del Padre: "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre" (comparemos con Mt 28:18); en este caso, todo lo que pertenece a la instrucción religiosa de los hombres (Jn 16:15). Él ha sido autorizado como mediador entre Dios y los hombres, para llevar a cabo la obra de la redención (1 Ti 2:5); para impartir paz y salvación a una humanidad apóstata, y para declarar en lenguaje humano lo que nadie vio jamás, ni puede ver, del amor y del carácter santo de Dios (Jn 1:18; 1 Ti 6:16).

El Hijo nos reveló el amor del Padre, y El Espíritu nos hace saber las cosas del Hijo (Jn 16:14). En Él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Col 2:3). Todos los tesoros y todos los poderes están en Sus manos; Él es El Señor que lo llena todo (Ef 4:10).

Esto nos anima a llegarnos a Cristo, pues Él está comisionado para recibirnos tal como somos; con nuestra miseria, con nuestra ignorancia, con nuestros pecados; y darnos cuanto necesitamos y puede satisfacernos por completo.

Dios le ha constituido gran árbitro divino-humano.

Por la obra llevada a cabo en la cruz del calvario, ya hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos (Dios y yo), sobre Dios porque es su igual (Jn 5:18; 10:30,33), sobre nosotros porque es nuestro semejante (He 2:17; 4:15), y nuestro pariente más próximo (Ro 8:29). Así se quita de sobre mí la vara de la ira de Dios, y su terror no me espanta (Job 9:33-34).

Todo lo que tenemos que hacer nosotros, es estar de acuerdo con su arbitraje, y quedar satisfechos con lo que satisfizo al Padre la obra del Calvario.

La oferta misma que nos hace, y la invitación a aceptarla.

Para ser salvos y sanos, somos invitados a recibirle como al Señor Jesucristo (Rey, Sacerdote y Profeta) como dice Pablo en Col 2:6.

Hemos de llegarnos a Jesús como a nuestro reposo, para depositar en Él el peso de nuestras cargas y descansar en Él: "venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados" (V. 28). Vemos aquí la condición de las personas invitadas: todos los fatigados y cargados. La fatiga denota un esfuerzo prolongado; la carga, el peso de algo que nos abruma. Los maestros de la ley fatigaban y cargaban con los innumerables preceptos que imponían, imposibles de soportar (Mt 23:4; Hch 15:10).

Jesús vino a aliviar nuestra fatiga y a descargarnos del peso de la ley, pues Sus mandamientos (Jn 13:34; 1 Jn 3:23) no son gravosos (1 Jn 5:3).

¡Qué dulce suena esta voz al oído de todo mortal! Pero hay un peso especial que produce, no solo fatiga, sino, ansiedad insoportable: el pecado por el cual gravita sobre nuestras cabezas la ira de Dios (Ro 1:18).


Escuche el mensaje aquí.

Quien no está en paz con Dios (Ro 5:1), no puede tener verdadero reposo en su conciencia por mucho que se esconda; será hallado (Gn 3:8-9) y no habrá quien le libre de la mano de Dios (Deuteronomio 32:39). El que se reconoce cargado con este peso, y acude a Jesús en busca de alivio, tendrá perdón y paz.

Si tienes miedo de Dios, échate a Sus brazos... Pero es necesaria esta convicción de pecado, porque El Paráclito, antes de confortar, tiene que convencer (Jn 16:8). Amén.

Gracias Padre, Te alabo por ser uno de tus elegidos, y esperando que Tu mensaje llegue al corazón de la humanidad; y tu Santo Espíritu toque los corazones para que se rindan a los pies de Cristo. Amén.

Tu Amado Hermano Marco Marin Parra.
Suecia - Lysekil.
Bendiciones...
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Revestidos.

Por Marco Marin Parra.
Basado en Colosenses 3:11-17

La Iglesia cristiana no debiera tener barreras de nacionalidad, raza, educación, nivel social, riqueza, sexo y poder. Cristo derribó todas las barreras, y acepta a toda persona que viene a Él.

Nada debiera impedir que hablemos de Cristo, o que aceptemos a alguien en nuestra comunidad (Efesios 2 14-15); los cristianos estamos llamados a abrir la puerta del evangelio y no a construir muros. El apóstol Pablo nos ofrece una estrategia para ayudarnos a vivir para Dios cada día; imitar El Espíritu perdonador y misericordioso de Cristo. Dejar que el amor guíe nuestra vida, y permitir que la paz de Cristo gobierne nuestro corazón.

Ser siempre agradecidos, tomar en cuenta La Palabra de Dios siempre, vivir como representantes de Cristo; eso dice Pablo, es lo que nos corresponde "como escogidos de Dios, santos y amados".

Escogido = Delegado. Es el término que hallamos ya en Lucas 18:7; Romanos 8:33; 16:13; mientras que el vocablo de la misma raíz "elegir" aparece en Ro 9:11; 11:5, 7, 28, y en 1 Tes 1:4. El verbo "elegir" en Ef 1:4 y 1 Co 1:27-28. Siempre es el resultado del amor gratuito de Dios, dentro de su libre y soberana iniciativa.

Como "escogidos de Dios" son, pues, santos; esto es, separados por y para Él como pueblo de su peculio (1 Pedro 2:9); y amados, hechos objeto especial del amor de Dios.

Es este amor que Dios les tiene que les obliga a amarse, soportarse y perdonarse mutuamente, según se especifica en los versículos 12-14. Parece como si estuviéramos escuchando al apóstol Juan: "Queridos amigos, puesto que Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos mutuamente" (1 Juan 4:11).

Las cualidades que Pablo señala en particular son extrañas: de compasión, benignidad, humildad, mansedumbre y longanimidad. Las dos primeras se hallan, en forma de adjetivos en Ef 4:32; las tres últimas en su propia forma en Ef 4:2; benignidad, mansedumbre y longanimidad forman parte del fruto del Espíritu en Gá 5:22-23. Sus respectivos significados han sido, pues, expuestos en sus lugares citados.

El Apóstol menciona a continuación, el soportarse mutuamente que ya vimos en Ef 4:2; y el perdonarse mutuamente, que también aparece en Ef 4:32. La clave para perdonar a otros, es recordar lo mucho que Dios nos perdonó.

¿Le es difícil perdonar a alguien que se ha equivocado un poco, cuando Dios le ha perdonado tanto?

Pensar en el perdón y el amor infinito de Dios, puede ayudarnos a amar y perdonar a otros. Todas las virtudes que Pablo nos anima a desarrollar, se vinculan perfectamente entre sí por amor. En la medida que nos desvistamos de ellas, la última prenda que debemos ponernos, es el amor; el cual mantiene a todas las demás en su lugar.

Pero hay virtud, una cualidad, una gracia que las corona a todas, ya la mencionó en 2:2. Pero ahora dice de ella como de una rica vestidura que cubre, y da valor y brillo a todas las demás (V.14): "Y sobre todas estas cosas, sobre todas magníficas cualidades, vestíos del amor, que es el vínculo perfecto". Ligamento de la perfección se puede entender de las dos maneras: "ligamento" o "vínculo" (como suelen traducir las versiones) que perfecciona, corona y da valor a todas las demás virtudes.

Sin el ceñidor del amor, todas las demás vestiduras son inútiles. El amor es el vínculo de la vida perfecta. En Gá 5:6 el amor es el poder motivador de la fe, en 1 Co 13:13 es la suprema gracia cristiana; en Ro 13:9 y todos los mandamientos se comprendían en este mandamiento: Amarás a tu prójimo como a tí mismo.

El amor es el cumplimiento de la ley de Dios, porque el amor no le hace mal al prójimo, sino, lo que es bueno. Es el "ligamento que une perfectamente a los creyentes". El paralelo de Ef 4:2-3, donde aparece el amor como virtud ceñera y conectada con el "vínculo" o "ligamento de la paz"; teniendo además en cuenta, que el versículo siguiente (Col 3:15) habla de la paz de Dios, y del llamamiento a un mismo y único cuerpo, presta bastante fuerza a esta opinión.

Del amor, el Apóstol pasa a mencionar la paz (V.15): "Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos." La paz ha de actuar como árbitro cuando el amor y la amargura contienden por la supremacía; la paz ha de ser el factor que gobierne. La membresía en el único cuerpo de Cristo, implica un llamamiento a mantener la paz entre los miembros. Por consiguiente, cada miembro debe ser gobernado por este deseo interior de paz; y esta paz es un don de Cristo (Jn 14:27).

El V.16 guarda una extraordinaria semejanza, con la que el mismo Apóstol hace en Ef 5:19; aunque con la variante muy significativa de "La Palabra" en vez del "Espíritu": "Que La Palabra habite ricamente en vosotros, mientras os enseñais y aconsejas unos a otros con toda sabiduría, y cantais salmos, himnos y cánticos espirituales; dando gracias a Dios en nuestros corazones".

En cuanto al comienzo del versículo 16: "La Palabra de Cristo more en abundancia", ...que habite ricamente; esto es, abundantemente en nuestros corazones y en nuestra boca... La palabra de Cristo puede tomarse en sentido subjetivo, o en sentido objetivo lo que se predica acerca de Cristo, ambos sentidos.

Lo que La Iglesia ha de proclamar con respecto a Cristo, es decir, El Evangelio "en vuestros corazones", puede tener un sentido distributivo en el corazón de cada uno de nosotros como individuos; o colectivo, comunitario. En el corazón de vosotros, en cuanto que formais la comunidad cristiana.

Escuche el mensaje aquí.

El Apóstol Pablo cierra esta porción con una exhortación de tipo general: "Y todo que hacéis, sea de palabra o de hecho, hacedlo todo en El Nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de Él.

Todo lo que hacéis... se entiende, como es obvio, todo lo que no sea pecaminoso. ¿Qué es lo mejor que cuadra con mi carácter cristiano? No ha de caberle duda, que El Espíritu de Cristo le guiará a lo bueno. Ro 12:2. Amén.

Amados, me despido con la paz de Cristo, y confiando en Dios, Hijo y Espíritu Santo.

Su amado hermano Marco.
Bendiciones.
Lysekil - Suecia.
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La clave del fracaso

Compartida por Hernando Cárcamo.

Es imposible tratar de agradar a todo el mundo siempre. Cualquier persona que lleva una vida pública sabe que la gente es inconstante. Una persona puede ser sumamente popular un día y al día siguiente, pasar inadvertida.

En el siguiente poema se describe una mejor manera de vivir:

Existe un solo método para aprobar el examen de la vida:

Sigue luchando y espera lo mejor;
no abandones el barco y deja
de lado el abatimiento,
aunque recibas golpes en vez de flores.
Este mundo sería tedioso si
todos cargáramos con
las penas,
si todos conserváramos esa
visión.
Así que termina tu tarea,
haz gala de lo mejor
de tus habilidades,
Puede ser que a algunos no les guste,
pero a otros sí.
(Anónimo)

Una canción popular de hace veinte años parecía referirse a lo mismo cuando decía:

No puedes agradar a todo el mundo, agrádate a ti mismo.

Sin embargo, el cristiano debe apuntar más alto:

No intentes agradar a nadie más que al Señor. Sigue sus pisadas, guarda sus mandamientos y esfuérzate al máximo por cumplir su divina voluntad en cuanto a tu vida. Al final, agradar a Dios es lo único que importa.

No conozco la clave del éxito, pero la llave del fracaso es tratar de agradar a todos.

Mateo 6:24 dice:
Nadie puede servir a dos señores, porque o aborrecerá a uno y amará al otro, o se apegará a uno y despreciará al otro.

Que Dios te bendiga.
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Cómo se sana una nación.

Por Marco Marin Parra.
Tema basado en 2 Crónicas 7:11-15.

Una nación se sana, cuando nos humillamos: "Si se humillare Mi Pueblo".

¿Qué es humillarse?

Es poner a un lado la apariencia, quitarnos la máscaras, despojarnos de nuestra experiencia, romper nuestros proyectos humanos, y lanzarnos a los brazos del Padre Celestial. Si nosotros fuéramos realmente humildes, conoceríamos realmente lo mentirosos que somos. Hoy podríamos decirle al Señor: "Señor enséñame a humillarme ante Tí, de tal manera que pueda entender lo mentiroso que soy, y el fraude que vivo".

Humillación es real desespero. Desespero de mi mismo, para que yo pueda extender enteramente en tí. La autosuficiencia es el elemento que nos aleja de la dependencia absoluta de Dios.

La indiferencia nos hunde en el pozo de la indolencia e insensibilidad; es la piel dormida del alma para poder captar lo sublime, tierno e inmensurable de la riqueza divina, puesta a disposición de los pueblos quebrantados.

¿Cuántas veces, mientras nuestra nación se deteriora moral, espiritual, política y familiarmente, nosotros parecemos dormidos en el lecho de la desesperanza? Pero... cuando despierto en medio de la humillación de mi propia vanidad, la oración me conecta con el Trono de la Gracia, para ver el despertar de mi espíritu y de mi pueblo.

Una nación se sana cuando oramos y oramos:

Orar, porque es la única opción que tenemos. Orar, porque Jesús mismo lo demostró en todo Su Ministerio. No importa qué nivel de madurez espiritual hayamos alcanzado, necesitamos renovar nuestra apariencia; necesitamos frescas manifestaciones y nuevas visitaciones del cielo. Necesitamos que las ventanas de los cielos se abran una y otra vez sobre nuestras cabezas; necesitamos que El Espíritu Santo nos de otra vez un pentecostés.

"Sin mí nada podéis hacer" (Juan 15:5) = "Jesús - separado".

La oración, la intercesión y el quebrantamiento, son las herramientas divinas para ver cambios sustanciales en nuestra nación.

¿Cuándo fue la última vez que invertimos unas horas en la noche, o en la mañana para interceder por nuestra nación? Dios le dijo a Salomón: "Si mi pueblo se humilla y Ora", dos primeros elementos vitales en el sendero de la recuperación de nuestra nación. Y esos dos elementos, comienzan en Mi y en Ti.

Una nación se sana, cuando buscamos El Rostro. "Y buscaren mi rostro" dice El Señor.

¿Qué es buscar Su Rostro?

No es lo mismo que orar. No, no es lo mismo; usted y yo podemos orar sin buscar El Rostro de Dios. Buscar El Rostro de Dios, es un grado más de profundidad en la comunión con El Padre. Uno puede orar sin buscar Su Rostro, así como usted puede hablar con alguien sin mirar su rostro. Para poder mirar el rostro de alguien, uno tiene que sentirse libre de culpa. Mirar el rostro, es estar dispuesto a ser confrontado; y es ahí, donde muchas veces, huimos fácilmente escondiéndonos aún en la misma oración, para no ser confrontados por El Dios Eterno.

No puede prevalecer el rostro ante El Divino, uno tiene que rendirse... como el profeta Isaías 6:1-5. Pedro ocultó su rostro ante Jesús; sintió la confrontación del Maestro (Lucas 5:8); Gedeón exclamó un grito de muerte (Jueces 6:22); Abram escondió su rostro muriendo así a sus planes, y su identidad cambió (Génesis 17:3-5). Jacob fue marcado por el rostro de Dios (Génesis 32:30-31). Moisés ocultó su rostro para morir a su vida sin propósito (Éxodo 3:5-6). Elías no pudo mantener su rostro mientras huía (1 Reyes 19:13).

Ahora podemos ver, la razón por la cual en 2 Crónicas Dios habla primero de humillarse, luego habla de orar, y nos sube a un tercer escalón al hablarnos de buscar Su Rostro. Por eso el Rey David dijo: Escudríñame oh Dios, y ve si hay en mi camino de perversidad.

Nuestra nación comienza a sanarse, cuando nosotros mismos, quienes conocemos a Dios personalmente NO evadimos la confrontación divina, luego de humillarnos y orar. En nuestras manos cae tremenda responsabilidad. Una nación, se sana cuando nos convertimos de nuestros malos caminos: "Y se convirtieren de sus malos caminos". Regularmente cuando leemos esta parte del pasaje, respiramos profundamente, y decimos: ¡Bueno... gracias a Dios ya estamos convertidos, ya no andamos en malos caminos, de licor, vicios y maldades!

La verdad es que, en este pasaje Dios le habla a Su Pueblo. Todavía hay malos caminos en medio nuestro. Por eso, buscar El Rostro de Dios habla de confrontación, y cuando Dios mismo nos confronta, el único camino que nos queda por delante es la conversión. Conversión, es dar la media vuelva, y quedar con el rostro hacia donde estaba la espalda; un cambio de espíritu, caminos, mentalidad y conducta.

Los cristianos determinamos el estado del pueblo de Dios y de la nación. Somos la sal de la tierra, la luz en medio de la oscuridad.

¿De cuales malos caminos tenemos que convertirnos?

Arrogancia, orgullo, vanidad, indiferencia, insensibilidad y orgullo religioso.

Ausentismo.

Ausentismo de la personas en los lugares y las posiciones. Deberíamos estar para hacer la diferencia. Damos la espalda para ver el deterioro que nos rodea, y al dar la espalda a la realidad de nuestro pueblo, le damos la espalda a Dios. Porque Dios está en él, y con el pueblo.

Autosuficiencia.

Creemos que podemos salir solos adelante, aunque el ambiente alrededor se deteriora. Creemos que sin orar por nuestra nación, nosotros mismos podemos escapar del torbellino que se cierne sobre todos nosotros.

Anhedonia.

Pérdida del placer en las cosas naturales de las vida, y al perder el placer en la forma sana, nos hemos vuelto adictos para poder sentir mayor placer; pero la verdad es que, no disfrutamos de nada, porque nos hemos esclavizado a la comida, los vicios, la televisión, el trabajo, etc. Nos hemos conectado adictamente a los aparatos, y nos hemos desconectado de Dios, la familia, los amigos y nuestro Pueblo.

Adulterio, pornografía, adicciones sexuales, pecado oculto.

El sexo se ha convertido en nuestro dios. Los hogares, aún de los creyentes se han resquebrajado, y no sentimos el dolor del arrepentimiento.

Amargura.

Resentimientos sin resolver, pérdida de perdón. Lamentamos el ayer y no disfrutamos del presente, mientras enturbiamos las aguas del futuro. De todo eso tenemos que convertirnos.

Hemos dividido los pecados elegantes, y pecados de bajo calibre; pecado, es pecado delante de Dios. Nuestros pecados que nos dominan, son los mismos pecados que han hundido a nuestra nación, pero en mayor escala.

Es por eso que Dios nos confronta y nos pide conversión. ¿Cuáles son las promesas de Dios si nos humillamos, oramos, buscamos Su Rostro y nos convertimos? Resultados de estas cuatros acciones nuestras, Dios Oirá: "Entonces yo oiré desde los cielos". Dios promete oírnos, no hay ninguna duda que Dios abre su oído a la oración de sus hijos.

¿Acaso no oirá el que nos puso las orejas, ni podrá ver el que nos formó loa ojos (Salmos 94:9). La seguridad de ser escuchados por Dios mismo, es la más grande seguridad que los humanos tenemos. "Oración es el contacto entre la tierra doliente, y El Dios de toda esperanza".

Dios perdonará.

"Y perdonaré sus pecados..." Por Tu gran amor, te suplico que perdones la maldad de este pueblo, tal como lo has venido perdonando desde que salió de Egipto.

El Señor le respondió: me pides que los perdone, y los perdono (Números 14:19-20).

Increíble seguridad de perdón.

El Padre Eterno nos revela, nunca da la espalda a quien con sencillez de niño pide perdón. "Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados" (Salmo 32:1). "Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi maldad. Me dije: Voy a confesar mis transgresiones al Señor; y tú perdonaste mi maldad y mi pecado" (Salmo 32:5). Y ahora llegamos a la médula de todo este proceso divino hacia la nación.

Escuche el mensaje aquí.

Dios sanará la nación. "Y sanaré su tierra" (Isaías 60:1-22).

¡Levántate y resplandece que tu luz ha llegado! Los ojos, los oídos y el corazón de Dios estará con nosotros continuamente (2 Crónicas 7:15, Deuteronomio 11:12). Caminemos hacia esa conversión genuina, primero de nosotros mismos, y luego de nuestra nación. Amen.

Demos gracias a Dios por Su Eterna Palabra, y que nos ayude a reconocer nuestra debilidad delante de Su Presencia. Gracias Padre Celestial, por Tu gran amor.

Bendiciones.
Tu Amado Hermano Marco.
Suecia – Lysekil.
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Cruzando el río.

Por Marco Marin Parra.
Un mensaje basado en Josué 3:17:
    Mas los sacerdotes que llevaban el arca del pacto de Jehová, estuvieron en seco, firmes en medio del Jordán, hasta que todo el pueblo hubo acabado de pasar el Jordán; y todo Israel pasó en seco.

Este cruce difiere de todos los demás, y fue sin pérdidas de vidas para El Pueblo de Dios. Las aguas se apilaron a ambos lados al toque de los pies de los sacerdotes.

1. Los obstáculos se desvanecen al toque de la fe.

Los obstáculos que pueden ser tremendos a distancia, desaparecen cuando se avanza sobre ellos, y se les toca con valor. Como sucede durante la vida, ocurre igualmente al final de la misma. Muchas personas tienen ahora miedo al cruce final del Jordán. Pero... cuando lleguemos a él, cuando nos haya llegado el tiempo aprobado por Dios para que lo crucemos, todo temor se desvanecerá.

Cristo, nuestro sacerdote, con sus pies irá delante nuestro; Sus pies tocarán las aguas y hará que se separen, y podremos pasar a través de ellas a terreno seguro.

2. Será la plenitud de todo lo que Dios hace.

Cuando El Jordán dejó de fluir, no inundó sus orillas, tampoco dejó lodo en su lecho; estaba seco. Dios nos lo da todo completo, no hace nada imperfecto. Él hizo un universo completo, nos dio un Salvador completo, una Biblia completa, y nos dará a cada uno de nosotros, un pasaje completo a través del Jordán.

3. La muerte está entre nosotros, y todo lo brillante, hermoso y fructífero del más allá.

Hay un río de dificultades que debemos cruzar. Las grandes uvas y la buena tierra estaban más allá del Jordán, al otro lado. Hemos de cruzar el río para conseguirlos. Lo que no cuesta nada, no tiene ningún valor. Debemos de luchar por lo que en realidad vale.

Cada creyente nacido de nuevo sabe, por experiencia, que es así; y después de cada dificultad que se ha vencido en esta vida, nos espera el cruce final del río de la muerte. Pero... el gran Sumo Sacerdote irá delante de nosotros, y las aguas se abrirán para que el creyente pueda cruzar con total seguridad, cantando con gozo.

Las familias de los Israelitas pasaron por el río, todas juntas. ¡Qué felicidad deben de haber experimentado! Sin embargo, nosotros debemos pasar uno por uno; pero, mientras un pié se posa en el río, el otro ya estará en el cielo. No es un descenso, sino un rapidísimo ascenso. ¡Qué consolación para todos los creyentes! Los que han de partir no serán sumergidos, o tragados por algo; sino que, cruzarán el paso definitivo y póstumo con victoria, y llegarán vivos a la otra orilla.

Todos sus dolores y sus males habrán desaparecido, y estarán por siempre a salvo de todas las artimañas de Satanás. ¿Les llamaría usted para que viniesen de vuelta a la tierra? ¿No han tenido ya suficientes luchas y conflictos? ¿Les obligaría a pasar por El Jordán dos o tres veces? Allí donde se encuentran no hay pecado, nunca se cansan, nunca sufren, nunca lloran, y nunca volverán a morir. Amén.

Una vez más, le damos juntos las gracias a Dios por su bendita y eterna Palabra, amén.

Escríbeme: marcomarinparra@hotmail.com
o visita la página del Ministerio: www.facebook.com/doblandorodillas

Tu amado hermano Marco Marin Parra.
Suecia Lysekil.
Bendiciones.

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ORACIÓN VIERNES 1 DE MARZO 2013

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