EL ANCIANO SABIO Y EL DISCÍPULO.

Por Stanley Gómez.
Un día un joven se le acercó a un anciano que era muy sabio para hacerle una pregunta: Maestro, ¿cómo debo reaccionar a una persona que me insulta, calumnia, provoca e injuria siendo que he muerto a mi ego, a mi yo, debo responderle de la misma manera diciéndole sus verdades, o simplemente debo callar? El anciano miró al joven fijamente a los ojos y le dijo: Ve al cementerio y encuentra la tumba del que en vida fue tu peor enemigo, párate frente a la tumba y dile todo lo que nunca pudiste decirle cuando estaba vivo, dile lo que quieras; luego ve y busca la tumba del que fue tu mejor amigo y haz lo mismo, luego regresa a mí.

El joven lo hizo así y volvió a su maestro, cuando el maestro lo vió le preguntó: ¿Hiciste como te dije?, el joven contestó: Sí lo hice; -bien, dijo el maestro, ¿qué le dijiste al que fue tu enemigo?, el joven respondió: Le dije que en vida había sido un miserable, hipócrita, imitador, cobarde, canalla, falso, mentiroso, etc., ¿y él qué te contestó? -dijo el maestro, ¡nada! -prosiguió el joven. Y ¿qué le dijiste al que fue tu mejor amigo? -preguntó el maestro; le dije que lo extrañaba, que no había encontrado un amigo como él, que desearía que nunca hubiera muerto, ¿y él que te contestó? -prosiguió el anciano, nada -contestó el joven. A lo cual el anciano añadió: ¡Eso es exactamente haber muerto al ego, al yo, un muerto no reacciona aunque así le pisoteen, esa debe ser la actitud correcta; un muerto no responde ni reacciona, así debes ser tú si quieres ser perfecto -contestó el anciano.

Esta historia, aunque no es extraída de La Biblia directamente, ilustra exactamente lo que Cristo dijo sobre la conducta de todo cristiano nacido de nuevo. Paradójicamente, y a pesar que el evangelio avanza hasta los últimos rincones de nuestros países, pareciera ser que la mayoría de cristianos tenemos otros conceptos acerca del evangelio; vivimos en la era de la información donde muchas veces, hoy el que más lee se cree maestro de todos, olvidando que el mucho conocimiento envanece (1Co.8:1) y la mucha letra mata (2Co.3:6). Pareciera que nos enfocamos en cosas menos importantes que las del verdadero valor y centro del mensaje de Cristo: El amor (1Co.13). Nos encontramos por doquier con un vecindario donde todo mundo dice creer en Dios y tener una biblia, desde creyentes sencillos hasta "maestros en biblia"; pero que en la vida práctica ¡ni la sombra! Pareciera que es más importante ser reconocidos, llamar la atención a costa de lo que sea, que reflejar a Cristo (me incluyo).

A aquellas personas que me escriben, y que por alguna razón no logramos ponernos deacuerdo en algún pasaje de la biblia, les digo: No me toca a mí juzgarles, tampoco a ellas juzgarme; sólo hay uno al que le ha sido entregado todo el juicio: Cristo (Juan 5:22) Él juzgará todas las cosas (Mateo 7:1-2).

Debemos procurar cada día la llenura Del Espíritu (Efesios 5:18), sólo así moriremos a nuestro ego, a nuestro yo carnal, y se producirán en nosotros los frutos de paz tan ansiados en nuestros países (Gál.5:22-23). A más cristianos, debería haber menos violencia, pero, algo anda mal porque está sucediendo lo contrario.

En otro post, y con la ayuda de Dios, espero abordar un pensamiento sobre el rol del cristiano en la sociedad actual.

¡Que Dios le bendiga!
Stanley Gómez.
stanleygomez.blogspot.com

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