Archive for abril 2013

Gran Sanador.


Escuche el mensaje aquí.
Por Marco Marin Parra.
Basada en Mateo 14:34-36.

Tenemos aquí una breve referencia a los muchos milagros que Jesús obró en la tierra de "Genesaret" una vez terminada la travesía. A dondequiera que iba, Jesús pasaba haciendo el bien.

Vemos en esta porción la fe solícita de los hombres de aquel lugar (V. 35); estos eran más nobles que sus vecinos de Gadara, pues los gadarenos le rogaron que se retirara (8:34); no querían tener nada qué ver con Él, mientras que los de Genesaret le rogaban que les ayudase; pues sentían necesidad de Él. Cristo reconoce como el mayor honor que podemos tributarle, el que saquemos provecho de Él.

¿Cómo fueron atraídos a Cristo los hombres de aquel lugar?

Le reconocieron (V. 35), cerca de la famosa llanura de Genesaret; se hallaba localizada en el lado oeste del mar de Galilea, en una zona fértil y con abundante agua.

La gente reconocía en Jesús a un gran sanador. Pero... ¿cuántos comprendieron quién era en realidad? Buscaban a Jesús para alcanzar sanidad física, pero... ¿se acercaron a Él deseando la sanidad espiritual? Iban anhelando prolongar sus vidas en la tierra, pero... ¿fueron también para obtener la seguridad de la vida eterna?

La gente busca a Jesús para aprender lecciones valiosas de su vida, o la esperanza de conseguir remedio para su dolor. Pero habremos perdido la totalidad del mensaje de Jesús, si lo buscamos sólo para que cure nuestros cuerpos y no nuestra alma; si buscamos Su ayuda sólo en esta vida, y pasamos por alto Su plan eterno para nosotros.

Sólo cuando lleguemos a entender al Cristo verdadero, podremos apreciar cómo puede cambiar en verdad nuestras vidas.

Cristo había predicado antes, y había obrado muchos milagros; ésta, y no otra, es la causa por la que los hombres le reconocieron; no porque le hubiesen visto andar sobre las aguas. En todo caso, reconocer a Cristo, es el primer paso para acudir a Él. Si fuese mejor conocido, la gente no le miraría con menos precio o indiferencia.

Esto nos enseña también, la importancia de discernir las oportunidades en que El Señor se halla más cerca de nosotros (Mt 20:30). Si conocieras... dijo Jesús a la mujer samaritana (Jn 4:10).

¿Cómo atrajeron a otros a Cristo?

Enviaron a decir por todos aquellos contornos.

Quienes han llegado al conocimiento de Cristo como Su Salvador, no pueden menos de dar a conocer a otros las buenas nuevas de salvación, para que acudan también a Jesús. El alimento espiritual no es para comerlo en solitario; en Cristo, hay más que suficiente para todos; así que nada se gana con intentar monopolizarlo.

Siempre que tengamos oportunidad de conseguir para nosotros un bien espiritual, debemos atraer a cuantos podamos para que participen con nosotros de lo mismo; ocasiones no faltarán, si estamos al acecho; más aún, debemos ir en busca de oportunidades.

Si ardiéramos en celo por la salvación de las almas, no estaríamos tranquilos mientras se pierden nuestros vecinos.

¿De qué forma presentaron a otros la fama de Jesús como Salvador y Médico universal?

Le trajeron todos los que se hallaban mal.

Cuando el amor a Cristo y a su doctrina no son motivo suficiente para atraer a otros, quizás lo sea el amor a sí mismos en el reconocimiento de sus necesidades personales. ¡Hay en el Mundo tanta miseria, tanta insatisfacción y tanta aflicción, que solo tienen remedio acudiendo a Jesucristo!

Si la gente se percatara de las cosas que son para su paz, pronto buscarían también las cosas de Cristo.

¿Cómo se acercaron a Jesús?

Le rogaban que les dejase tocar solamente el borde de su manto (V. 36).

Fueron a Él con ruego apremiante. Así se obtienen del Señor los mayores favores y las mejores bendiciones: Pedid, y os dará (Mt 7:7).

Con gran humildad.

El deseo de tocar solamente en borde de Su manto, insinúa que se consideraban indignos de exponerle su caso, y de pedirle que fuese Él quien les tocase para curarles; con este favor se conformaban. Con gran confianza en el poder infinito de Jesús, pues no dudaban que, con solo tocar el borde de Su manto saldría de Él suficiente virtud curativa; sin duda, recordaban los acaecidos anteriormente en Capernaúm a la mujer que padecía flujo de sangre (9:20-22).

Siempre es beneficioso aprovecharse de las saludables experiencias de otras personas, del fruto y buen resultado de este acercamiento a Cristo. El esfuerzo de esta gente no fue en vano, porque todos los que lo tocaron, quedaron completamente curados (V. 36).

Las curaciones de Cristo son siempre perfectas; nunca cura a medias. Y por muchos que sean los enfermos, nunca se agota Su poder curativo.

La menor de las instituciones que Cristo nos ha legado, está llena a rebosar como el borde de Su manto, de Su virtud curativa, y de Su gracia. Ese poder sanador, está a disposición de quienes le tocan con fe viva y verdadera. Cristo está en los cielos, pero en la tierra tenemos Su Palabra, y en ella está Él, por el poder de Su Espíritu.

Cuando mezclamos con fe La Palabra (He 4:2 literalmente), y nos sometemos a sus enseñanzas y a sus normas, basta con tocar el borde del manto de Jesús para obtener sanidad completa. No es por magia, sino por fe, y de acuerdo con la voluntad de Dios que sabe lo que más nos conviene, y cuándo nos conviene.

Si hoy Dios habló a tu vida, es porque Su Palabra está abriendo tu corazón, y Su Santo Espíritu está tocando para que Jesucristo entre en tu vida y seas curado, sanado; porque Tu Sanador te espera hoy. Amén.

Tu amado hermano de la fe en Cristo Jesús nuestro Eterno Salvador, Marco Marin Parra.
Dios te bendiga.
Suecia – Lysekil.
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El maravilloso regalo de la vista.

Esta historia nos la compartió Kevin Alexander Barahona.


Un chico de 24 años viendo a través de la ventana del autobús gritó:

¡Papá, mira los árboles como van corriendo detrás!

El Papá sonrió, y una pareja de jóvenes sentados cerca miraron al joven de 24 años con conducta infantil, y murmuraron que ya estaba viejo como para andar diciendo eso; de pronto, otra vez exclamó:

¡Papá, mira las nubes están corriendo con nosotros! El chico rebosaba de alegría contemplando las nubes.

La pareja de jóvenes, no pudieron resistirse y le dijo al padre del chico:

¿Por qué no llevas a tu hijo a un buen médico?

El anciano Padre sonrió y dijo:

Ya lo hice, y apenas estamos viniendo de la terapia. Mi hijo era ciego de nacimiento, y hoy nuestro Médico llamado JESUCRISTO lo sanó, hoy por primera vez en su vida puede ver y contemplar los arboles, las nubes y todo a su alrededor.

La pareja de jóvenes quisieron tragarse lo que habían dicho...

Reflexión:

Cada persona en el planeta tiene una historia. No juzguemos a la gente antes de realmente conocerla. La verdad puede sorprendernos, y esa Verdad solo la encontramos en Jesucristo El Hijo de Dios.

Nunca juzguemos el aspecto o la situación de una persona antes de ponernos en su lugar, sintamos amor por ella; y hagamos todo lo posible por ayudarla.

Ese Médico, es Médico por excelencia, y tiene poder para sanar toda enfermedad. Él desea que tú y yo seamos Sus instrumentos para dar sanidad y medicina al mundo entero; por ello, ya no juzguemos ni veamos con malos ojos a las demás personas; sino mas bien, amemos y ayudemos a nuestro prójimo.

Dios les bendiga!
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¡Verdaderamente!

Por Marco Marin Parra.
Basado en Mateo 14:28-31

El coraje de Pedro y la aprobación de Cristo:

Muy atrevido fue Pedro al aventurarse a ir hacia Cristo sobre las aguas (V. 28): Señor, si eres Tú, manda ir a Ti sobre las aguas. La osadía era el gran don de Pedro; y eso es lo que le hizo adelantarse a los demás en sus expresiones de amor a Cristo, aunque otros amaran a Cristo igualmente. Fue, en efecto, un ejemplo de su amor al Maestro el desear llegarse rápidamente a Él. En cuanto supo quién era, se sintió impaciente por estar a su lado. No le dijo: Mándame ir sobre las aguas, como si desease experimentar en sí mismo el milagro; sino, manda ir a ti, pues su deseo primordial era estar con Jesús.

El amor verdadero capacita para atravesar, lo mismo por agua como por fuego para llegarse a Cristo.

Quienes deseen beneficiarse de Cristo como Salvador, han de llegarse así a Él con fe. Sí, por algún momento parece que Jesús abandona a los suyos, es para que se le reciba con acrecentado amor.

También es un ejemplo de precaución y de obediencia a la voluntad de Cristo el decirle: Si eres tú, manda ir a ti. Es prudente al pedir una garantía, por eso no le dice: Si eres tú, voy a ti. Los ánimos más osados, deben esperar a recibir un claro llamamiento del Señor, antes de lanzarse a que comportan riesgos; ya que la precipitación en tales casos, es señal de osada presunción, más bien que de firme confianza. Es igualmente ejemplo de la fe y resolución de Pedro, el aventurarse a lanzarse al agua cuando Cristo se lo mandó.

¿Qué dificultad o peligro podía resistir a una fe y a un amor así?

Muy amable fue El Señor al complacer a Pedro en la petición que éste le hizo (V. 29). Cristo sabía que tal deseo nacía de su corazón que le amaba sinceramente, y tuvo a bien satisfacerlo; así lo hace también con todos los que le aman de verdad, complaciéndose en las peticiones de ellos, aunque estén mezcladas con diversas debilidades; pues Él sabe sacar de todo el mejor partido posible.

Le pidió el Señor que viniera hacia Él, dándole así a Pedro la garantía que éste deseaba; puesto que lo deseaba con firme resolución de poner toda su confianza en Cristo. Poseídos de este poder, también nosotros podemos elevarnos del suelo, y vernos libres del peso del mundo que tiende a hundirnos en sus atractivos. Esta es la victoria que vence de una vez al mundo, nuestra fe (1 Jn 5:4).

No había ningún peligro para Pedro andando sobre las aguas, mientras tenía los ojos puesto en Jesús; pues allí estaban para sostenerle abajo los brazos eternos (Deuteronomio 33:27). La cobardía de Pedro y el reproche que Jesús le dirigió, al mismo tiempo que acudía a socorrerle.

Cristo le pidió que fuese a Él sobre las aguas, no sólo para que experimentara el poder de Jesús al andar sobre ellas, sino también para que desconfiara de sí mismo al ver que comenzaba a hundirse bajo ella.

Pedro tuvo miedo (V.30).

La fe más fuerte, y el coraje más bravo, pueden sufrir depresiones de temor. Quienes pueden sinceramente confesar: Señor, creo, deben añadir: Señor, ven en ayuda de mí incredulidad (Mr 9:24).

La causa de este miedo: Al percibir en fuerte viento.

Mientras tuvo Pedro los ojos fijos en Cristo, en Su Poder y en Su Palabra, anduvo sobre las aguas sin peligro alguno; pero tan pronto como percibió el peligro del viento, le entró miedo, y ya no se acordó del otro caso en que el viento y el mar habían obedecido a Cristo (Mat 8:26-27).

Cuando nos fijamos en las dificultades con los ojos del cuerpo, más que en las promesas divinas con los ojos de la fe, estamos en peligro de sucumbir atemorizados.

El efecto de este miedo: Comenzó a hundirse.

Cuando la fe sostenía, se mantuvo sobre el agua; pero tan pronto como su fe vaciló, perdió el equilibrio. El hundimiento de nuestro espíritu se debe a la debilidad de nuestra fe; somos guardados por el poder de Dios mediante la fe (1 Pedro 1:5).

Fue gran misericordia de parte de Cristo que no le dejó hundiese al vacilar su fe, descendiendo a las profundidades como piedra (Éx 15:5), sino que le dio tiempo para gritar: ¡Señor Sálvame!

Tal es el cuidado que Cristo tiene de los Suyos, que los verdaderos creyentes por débiles que sean, sólo comienzan a hundirse; nunca se hunden del todo. El remedio a que recurrió Pedro en este peligro, el antiguo, probado y bien experimentado remedio de la oración: ¡Señor sálvame!

Vemos primero, el modo de su oración: gritó, con tono ferviente y apremiante. Precisamente cuando nuestra fe se debilita, debe ser más fuerte nuestro clamor. Segundo, el objeto de su oración, que no pudo ser más apropiado para el peligro en que se encontraba, gritó: ¡Señor, sálvame! Quienes deseen ser salvos no se han de contentar con llegarse a Cristo, sino, invocarle a gritos para que les salve; pero no llegaremos a este punto de gritar, hasta que no nos sintamos hundidos. Sólo una fuerte convicción de pecado puede conducir a un fuerte grito de socorro (Hch 16:30).

El gran favor que Cristo hizo a Pedro cuando éste comenzaba a hundirse.

Primeramente, lo salvó del peligro: Al momento Jesús, tendiéndole la mano, lo agarró (V. 31). Notemos que el tiempo de Cristo para salvarnos es a la hora en que comenzamos a hundirnos, nos socorre en el punto crítico. La mano de Jesús está siempre extendida para socorrer a todos los creyentes, y así, impedir que se hundan.

¡No tengamos miedo! !Él sostendrá a los Suyos!

Después, le reprendió por su falta de fe, le dijo: Hombre de poca fe ¿por qué dudaste? Cristo reprende y corrige a los que ama (Ap 3:39). Puede haber fe verdadera donde hay poca fe, pues lo que cuenta es, ante todo, la calidad más que la cantidad de la fe.

Basta una fe tan pequeña como un grano de mostaza para mover montañas (17:20).

Pedro tuvo bastante fe para hacerle andar sobre las aguas, pero no la suficiente para llegar hasta donde estaba Cristo, todas nuestras dudas y temores que nos desalientan, se deben a la debilidad de nuestra fe; dudamos, porque nuestra fe es poca (Stg 1:6).

Escuche el mensaje aquí.

Cuando más creamos, menos dudaremos.

Es cierto que Cristo no echa fuera de sí a los de poca fe, pero también es cierto que no se complace en la fe débil de los más cercanos a Él. ¿Por qué dudaste? ¿Qué razón había para ello? No hay razón para que los discípulos de Jesús tengan una mentalidad perpleja, ni siquiera en medio de la tormenta; porque Él es siempre nuestra ayuda (Hebreos 13:6).

Se calmó el viento (V. 32), tan pronto como Jesús y Pedro subieron a la barca.

Podía Jesús haber continuado sobre las aguas, pero prefirió entrar con Pedro en la barca para proporcionar a Sus discípulos mayor tranquilidad. Cuando Cristo entra en un alma, hace que cesen allí los vientos y las tempestades, e impone Su paz (Jn 14:27).

Da la bienvenida a Jesús, y verás que pronto se acalla el ruido de las olas. El método mejor para permanecer tranquilos, es reconocer que Él es Dios con nosotros (Isaías 7:14).

La adoración que le tributaron los que estaban en la barca:

Vinieron y le adoraron, diciendo; Verdaderamente eres El Hijo de Dios (V. 33). Dos bienes resultaron del apuro reciente y de la consiguiente liberación: La fe de ellos en El Señor quedó robustecida, progresaba el conocimiento que de Él tenían. Después que la fe pasa victoriosamente por una prueba, sale fortalecida mediante el ejercicio y se torna más activa. Entonces llega a la perfección de la seguridad y puede decir: ¡VERDADERAMENTE!

Tuvieron la oportunidad de tributarle la gloria debida a Su Nombre: Le adoraron. Cuando El Señor manifiesta Su gloria a favor nuestro, debemos retornársela dándole el debido honor (Sal 50:15). Expresaron su adoración y dijeron: Verdaderamente eres El Hijo de Dios. Quizás esta expresión no tenía aún el profundo sentido de Mat 16:16, pero nos muestra la adoración de los discípulos a Cristo como al Divino Liberador.

Vemos, pues, que el objeto de nuestra fe debe ser también motivo de nuestra alabanza. La fe, es la base genuina de nuestro culto, y el culto es el producto genuino de nuestra fe. Amén.

¡Adóralo con todo vuestro corazón!

Gracias Dios mío, por tu hermosa lección de fe y de confianza. Se que Tú estás con todos los que te buscan en espíritu y en verdad.

Tu amado hermano Marco Marin Parra.
Suecia - Lysekil.
¡Bendiciones!
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Esfuerzo a la obediencia.

Por Marco Marin Parra.
Un tema basado en Mateo 14:23-26.

Subió al monte a solas.

Con frecuencia iba en busca de la soledad, dándonos así ejemplo; pues no puede ser provechoso siervo de Dios en público quien no sabe buscar el rostro de Dios en privado. La soledad en comunión con Dios, es el gran manantial de riquezas espirituales; quien no sabe estar a solas, demuestra estar vacío. La gente confunde soledad con aislamiento. La presente inopia espiritual y humana se debe, en gran parte, a que casi todos buscan la compañía y el bullicio del mundo como compensación engañosa del gran vacío que sienten en su interior.

¡Subió a Orar!

Esa era Su ocupación en la soledad, lejos del mundanal ruido; cuando todo calla en derredor nuestro, antes de comenzar nuestro trabajo diario o después de haberlo acabado, es el tiempo de entrar en el aposento, y a puerta cerrada, orar al Padre que está en lo secreto (Mateo 6:6) según la norma que Él mismo nos dejó.

Cuando los discípulos se fueron al mar, Él se fue al monte a orar. Allí estuvo por largo tiempo Él solo: "...Y cuando llegó la noche, estaba allí solo", y por el contexto, parece ser que estuvo así orando hasta la madrugada, hasta la cuarta vigilia de la noche (V. 25). Llegó la noche, una tempestuosa noche, pero Él continuaba constante en la oración (Ro 12:12). Cuando El Señor ensancha nuestro corazón (Sal 119:32), es el tiempo de alargar nuestra oración.

La miserable situación en que se encontraban entonces los pobres discípulos, y la barca estaba ya en medio del mar, azotada por las olas (V. 24). Habían llegado al centro del lago, donde las tormentas súbitas son frecuentes.

Como en esta ocasión, también el creyente suele disfrutar de buen tiempo al comienzo de su travesía espiritual, pero son frecuentes después las tormentas que hemos de arrastrar antes de llegar al puerto, a las playas de la eternidad.

Tras períodos de calma, son frecuentes los de tormenta. Los discípulos estaban ahora en el lugar al que Jesús les había mandado; sin embargo, se encontraron con esta tormenta. No es cosa nueva para los discípulos de Cristo encontrarse con tormentas en el camino de su deber, y ser enviados al mar cuando El Maestro prevé la tempestad que se les avecina; pero el objetivo de Cristo es, en todo caso, manifestarse a los Suyos con las gracias más admirables que les tiene reservadas para estas ocasiones.

Esto fue muy desalentador para los discípulos, ahora que no tenían consigo al Maestro como lo habían tenido anteriormente en otra tormenta (Mateo 8:23-27). Por aquí vemos que Jesús entrena primero a sus discípulos para menores dificultades, y después para mayores, a fin de enseñarnos gradualmente a vivir por fe. Aunque el viento era contrario y la barca estaba azotada por las olas, no se volvieron atrás; sino que, se esforzaron por seguir adelante, ya que Jesús les había ordenado ir delante de Él a la otra orilla (V. 22).

Aunque las aflicciones y las dificultades puedan perturbarnos en el cumplimiento de nuestro deber, no debemos consentir que nos aparten de Él. El auxilio que Cristo les presta en tal situación (V. 25), es un ejemplo más de su bondad; pues se fue hacia ellos como quien se había percatado del caso, y estaba preocupado por ellos.

Cuando un creyente o una iglesia se encuentra en situación de extrema gravedad, llega la oportunidad (y hay que impetrarla en oración ferviente) de que Cristo le visite y se manifieste en favor de él. De su poder, pues, vino a ellos andando sobre el mar.

Este, es un ejemplo admirable del soberano dominio que Cristo ejerce sobre toda criatura. No necesitamos preguntar cómo lo hizo, nos basta con el hecho para reconocer Su gran poder. Él puede emplear el medio que le plazca para salvar a los suyos de todo peligro. Luego, se nos refiere lo que pasó entre Cristo y Sus discípulos cuando éstos le vieron acercarse.

El episodio tiene momentos distintos, los discípulos en general. Aquí nos narra el miedo que les entró, al verle andar sobre el mar; se turbaron y decían: ¡Es un fantasma! (V. 26) cuando debieron decir: ¡es El Señor! Pues no podía ser otro. Incluso, las manifestaciones más claras del auxilio divino son, a veces, ocasión de susto y perplejidad para los Hijos de Dios; ya que solemos asustarnos tanto más cuanto menos daño se nos hace.

La aparición de un espíritu o lo que nuestra fantasía, nos presenta como una aparición, no pude menos de asustar a cualquiera; pero cuanto más fervorosa sea nuestra comunión con El Padre de los espíritus: Dios, y cuanto más nos esforcemos en permanecer en Su amor, mayor será la capacidad que poseeremos para superar esos temores.

En medio de una tormenta, la cosa más insignificante contribuye a incrementar el miedo y producir sustos. El mayor peligro de las aflicciones exteriores reside en la fuerza que tiene para perturbarnos interiormente; ya que, al perder la serenidad, se pierde el control mental y el equilibrio emocional.

La forma en que Cristo acalló los temores de ellos (V. 27).

Demoró su auxilio durante la tormenta, pero se apresuró a socorrerles cuando se asustaron; pues esto era más peligroso. La tormenta cesó de atemorizarles cuando Él les habló diciendo: ¡Tened ánimo! Yo soy. No necesitaba manifestarles su propio Nombre, sino, que bastaba con decir: Yo soy. Pues ellos conocían Su voz ya que eran ovejas Suyas (Jn 10:4), como le reconoció después por Su voz María Magdalena (Jn 20:16 ).

Bastó para apaciguarles, saber quién era El que habían visto.

Escuche el mensaje aquí.
El conocimiento de la verdad, especialmente el conocimiento de Cristo, abre las puertas del consuelo y la paz interior. Les anima a no temer, precisamente porque es Él. Si los discípulos de Cristo no aciertan a mantener el gozo durante una tormenta, es culpa de ellos; pues deberían oír la voz de Cristo que les dice: ¡tened ánimo! La frase: ¡no temáis! tiene dos direcciones:

a) "No tengáis miedo de mi, ahora sabéis que soy yo". Cristo nunca puede aterrorizar a quienes Él se manifiesta, cuando se le conoce bien, desaparece el temor (Jn 4:18).

b) "No temáis la tempestad, los vientos y las olas; no temáis cuando estoy tan cerca de vosotros. Yo soy el que mayor interés tiene por vosotros, y no voy a consentir estar cerca de vosotros y ver cómo perecéis". Nada puede aterrorizar a quienes tienen consigo a Cristo, y pueden decir: Yo soy de Mi amado, y conmigo tiene contentamiento (Cantares 7:10).

Somos de Cristo, por tanto, ni de la muerte hemos de aterrorizarnos, porque también la muerte es posesión nuestra, para que no nos domine (1 Co 3:22-23). Amén.

Con todo el amor de Cristo,
Tu hermano Marco Marin Parra,
Bendiciones desde Lysekil, Suecia.
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El efecto del evangelio.

Por Marco Marin Parra.
Una reflexión al corazón, basada en Isaías 9:2.

    "El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos." Isaías 9:2.
El pueblo que vivía, que moraba, ya se había conformado con su destino. Recordemos que esta profecía fue 700 a 750 años antes de Cristo; y en Isaías 61:1 nos da la discreción del trabajo, o llamemos Su obra (V. 1), a predicar las buenas nuevas; las buenas noticias; que era la comisión de Cristo que recibe de Su Padre.

Cuando este Cristo nazca y predique este Evangelio, serán cosas buenas, prudentes, saludables, morales. No es solo eso la predicación de Cristo; viene con algo más, porque ahí está la diferencia de tantos "filósofos", "aristócratas".

Las grandes mentes que hay en el mundo, que algunas cosas son buenas y enseñan; pero Cristo vino a enseñar el respeto a Dios. El temor a Dios que el ser humano había perdido.

Notemos cuál es la diferencia de ellos y Cristo:

Isaías 61:1 dice: "El Espíritu de Jehová me ha Ungido". La diferencia es, que la señal es Buena, La Palabra Buena, la Buena moralidad y las cosas saludables para nuestras vidas no van hacer transmitidas en el intelecto solamente; sino que van a ser transmitidas en la unción del Espíritu Santo, amén. ¡Aleluya!

Bajo la unción del Espíritu Santo. Por eso es que hay cosas en el Evangelio que tu crees y no entiendes. ¿Cuántos nos hemos encontrado en esa situación? Crees en esto pero... Tu alma te dice lo contrario, sabes, porque han sido transmitidas en ti, en la unción del Espíritu Santo, no en el intelecto.

Cuando se unge con aceite, las manos quedan con ese aceite, amén. Ungir es pegar la unción de Dios. Cuando tu oyes este Evangelio que Cristo trajo al mundo, se te pega algo. Cuando has llegado y todavía estás aquí, es porque una predicación ungida se te pega, y eso te hace seguir... ¡volver! Porque no es una predicación intelectual, sí, es una predicación ungida por El Espíritu Santo. Porque tu sabías que el adulterio era malo, mentir, que Cristo había muerto en la cruz, etc.

La gran diferencia, es que un mensaje ungido por el poder del Espíritu Santo se te pega, llega al corazón, al Alma; se te incrusta en los huesos, y te va quemando, sacando todo lo que Satanás tenía dentro de ti, y el poder de Dios va aumentando en tu vida. Muchas veces nuestro razonamiento o intelecto no entiende, pero nuestro corazón está seguro de lo que sentimos.

Los amigos o el mundo te preguntan ¿por qué tu vas a la iglesia? A veces respondimos: yo ni sé, pero mi corazón se siente bien y hay una unción que es difícil de describir.

La conmoción de Cristo era predicar las buenas nuevas, y Cristo vino con un elemento diferente, con El Espíritu Santo. Muy diferente al Antiguo Testamento, porque Dios habla a los Profetas que tenían el privilegio de escuchar, y después hablar en el nombre de Dios; eran profetas ungidos por el poder de Dios. Isaías profetizó que cuando El Mesías naciera y predicara ungido con El Espíritu Santo, la gente lo escucharía, aún cuando no creyeran, pero oirían.

¿Qué emanaba Jesús? ¿Qué pega Jesús?

Veamos Hechos 4:13: ¿Qué cosas fueron las que Cristo le pegó a esta gente? tres años solamente: La sombra de Pedro, Pablo echa fuera un espíritu de una muchacha (Hechos 16:18), envía delantales o telas para sanar a enfermos.

¿Qué psicología se puede usar para esto, que gente sin letras, sin estudios, sin educación; gente tosca "para el mundo" pueda hacer estas cosas? La Biblia nos está diciendo que esta predicación está saturada, ungida con algo que no se ve. Hemos creído en un poder que no se ve, no se toca, pero se siente en el corazón "ríos de agua viva dentro de mi ser".

¡Qué grande es Dios! Cristo vino no como otros predicadores, Su mensaje estaba ungido con el poder del Espíritu Santo.

Pero usted se preguntará: ¿qué tiene que ver con nosotros?

Vamos al texto 9:2: Es pueblo que no tenía lámparas, que no salía el sol nunca. "Tinieblas" se refiere a las almas de la gente, su alma no veía la luz. ¿Cuál era esa luz? Cristo (V.6). Se llamará Su Nombre la gran luz que profetizó Isaías, "resplandeció" sobre ellos.

Los moradores vieron el resplandor, una luz progresiva. Una cosa es encender la luz, y otra es que resplandezca. A Cristo se le entregó la comisión de predicar ungido por el poder del Espíritu Santo; así mismo, Él nos entrega a nosotros una transmisión espiritual.

Por eso es, que hay gente que se le habla de Cristo, y pasan los años y el tiempo y hoy están aquí; porque La Palabra, El Mensaje se le pegó gracias a la unción de Dios. Aunque estuvo sepultada y Satanás no quería que tu vieras el resplandor, pero... llegó tu tiempo para levantarte. Glorifica al Dios del cielo... El mensaje ungido lleva eso que se pega, eso que te hace crecer.

Por eso el diablo quiere sellar nuestra boca, que no hablemos de Cristo; porque alguien oye y se salva. Sabemos que Cristo recibió la comisión del Padre, ungida con El Espíritu Santo; y Cristo nos ha comisionado a nosotros. No tenemos que sentir cosquillitas, ni que se nos paren los pelitos para hablar; debemos saber que estamos ungidos, y que Dios ha depositado Su Mensaje en todos los que en Él creen, y han recibido a Su Hijo como dueño y Señor de su vida. Dios hace cosas que no tienen explicaciones para nosotros, porque se nos ha transmitido a nosotros esta predicación (Mateo 28:18-19).

Esta transmisión no es una cosa común: En el Antiguo Testamento los sumos sacerdotes no podían darle el sacerdocio a los que ellos querían; tenían que heredar el sacerdocio los de la tribu de Leví, y los profetas sentían que se acababa, o antes de morir Dios los guiaba para traspasar su ministerio. Samuel fue fiel profeta de Jehová, pero no pudo transmitirlo a sus hijos porque fueron infieles.

Cuando Dios elige, es Su decisión.

El tiempo de Elías se estaba terminando; Dios habló con Elías y ungió a Eliseo. Ese poder de hablar de Dios antes era limitado; pero... por eso Isaías está profetizando que Cristo hará una transmisión de este Evangelio, y lo vemos en Mateo 28:18: "Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra". Ejemplo: dar lo que no es nuestro.

Cristo sí que tiene poder, Él no está prometiendo falsedad. V.19 = "id".

Jesús le dice a Pedro: no te preocupes, Yo sé que tu no sabes hablar pero Yo te enseñaré, trabajaré en tí, ordenarte en tu carácter. A Tomás: Yo conozco tu incredulidad, haré que creas más y más, y tu vida darás por Mí. A Juan y a Santiago: Yo sé que son hijos del trueno, pero Yo estaré con ustedes, y estaré martillando con un cincel fino dando forma a sus vidas. A Juan: haré que seas el discípulo del amor, Palabra saturada con unción.

Ahí está la transmisión, lo que Jesús transmitió a La Iglesia. Lo que El Padre había dicho que Jesús iba a hacer: ¿ir a dónde?, ¿a qué?... a hacer discípulos a todas las naciones.

Muchas veces, cuando vemos las cosas que Dios hace, parece que no tienen lógica para nosotros; Pablo, que podía y tenía los argumentos para predicar a los fariseos, Dios no se lo permitió. Él dijo: Me tomaré de Pedro, el que no tiene letras, el que no tiene requisitos; sí dice Dios, quiero que se pare delante de la gente y se conviertan; dos pequeños mensajes y tres mil se convirtieron, y cinco mil. El que no sabía nada, "el bruto", amén.

Escuche el mensaje aquí.

Cuando esto suceda, que se sepa que es por el poder del Espíritu Santo, por la unción de Dios. Que es Él quien hace la obra, que no haya duda... (los avivamientos no se fabrican). Eso es la transmisión de Isaías 61:1. La comisión que El Padre le dio a Cristo para cuando naciera, 700-750 años antes (Isaías 9:2). Isaías está diciendo que esa comisión será traspasada a nosotros (Mateo 28:18), y continúa en Hechos 1 en el diálogo de Jesús con los discípulos (V. 4-5). Jesús les dio autoridad "para ir por el mundo a predicar las buenas nuevas".

El mundo estaba lleno de charlatanes, de gente que hablaba cosas buenas; filósofos. El imperio Romano tenía grandes oradores, hombres capaces de hablar muchas cosas. Pero la comisión de Cristo no es solamente hablar bien o cosas buenas, la comisión de Cristo, es que cuando hablamos El Espíritu Santo unge los corazones, los bendice, los satura, los llena de su unción. Eso es lo que se nos entregó a nosotros: Espíritu Santo y fuego (Hechos 1:4-5).

¿Cuál era la comisión de Cristo profetizada por Isaías 61:1?: El Espíritu, toda Potestad (Mateo 28:18). Respaldada en Hechos 1:4-5. Jesús les dijo: ustedes van a predicar como El Padre me envió a Mí, no los mandó sólos.

Hechos 1:5: Juan bautizó con agua; Hechos 3:6: No tengo plata ni Oro, pero lo que tengo te doy. Los que creen en Cristo, reciben poder para testificar.

Te recuerdo que, antes que tu le entregaras tu vida a Cristo, tus palabras no tenían el efecto que tienen hoy; porque Cristo vive en tu vida, y El Espíritu Santo mora en ti, y de ti sale el poder de Dios para que tus palabras se peguen a las personas.

¿Cuál era el trabajo de Cristo impuesto por Su Padre?: Predicar el Evangelio con el poder del Espíritu Santo. ¿Cuál es la comisión nuestra ungido: Predicar.

La Iglesia tiene que despertar, saber que nuestro respaldo es Dios. Antes que salgan las palabras, están ungidas. Tu dirás: no estoy preparado; ¿deseas que te cite algo para que despiertes y te levantes? La Biblia nos muestra cómo Dios usa a las personas:

    Lucas 8:26-39: El endemoniado gadareno.
    Juan 4:1-42: Jesús y la mujer samaritana.

Este Evangelio no es intelectual, sino transmitido con el poder del Espíritu Santo y fuego. Amén.

Una vez más, le doy toda la honra y Gloria a Dios. Gracias por todo y para todos.

Tu hermano Marco.
Lysekil - Suecia.
http://OrientacionesBiblicas.BlogSpot.com

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Amado Dios, dedico a Tí el trabajo de este sitio, y lo hago con todo mi corazón y con todo mi amor, esperando que por medio de él atraerás a los que deseas que vengan a Tí. Por mi trabajo en la oficina no puedo salir a predicar, pero con esto quiero hacer mi aporte. Recíbelo Señor, te lo entrego en tus manos, para que lo sostengas si te place. Recibe Tú la exaltación por los buenos comentarios; y por los ataques y ofensas hacia mi persona toma Tú el control de todo, pues este sitio es Tuyo Señor. A Tí sea la Gloria, la Honra, la Alabanza, el Poder y Majestad, por los siglos de los siglos en nombre de Jesucristo, Señor y Salvador Nuestro. Amén.