Mostrando entradas con la etiqueta Teología. Mostrar todas las entradas

Te alabo Padre.

Por Marco Marin Parra.
Un tema basado en Mateo 11:25-28

Ahora Jesús se vuelve hacia El Padre, para darle gracias de que las mismas enseñanzas Suyas, que habían sido menospreciadas y rechazadas por los maestros de la ley e intérpretes oficiales de Las Escrituras, fuesen reveladas a los humildes e ignorantes que, en comparación de aquellos eran como niños.

"En aquel tiempo"... a raíz de lo anterior, tomando Jesús la palabra "respondiendo", modismo hebreo mediante el cual se expresa, que aun sin pregunta previa, alguien "responde" a una actitud o circunstancia particular; en este caso, a las tristes verdades que acaba de proclamar. Con estos pensamientos Jesús encuentra un refrigerio para su dolor; y para añadirle nuevo consuelo, los expresa en forma de acción de gracia.

Cuando sólo vemos en el entorno nuestro actitudes desalentadoras, podemos obtener ánimo y consuelo grande al dirigir nuestra mirada hacia arriba, donde nuestro Padre está en Su trono.

Te Alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra.

La alabanza y la gratitud, deben constituir el primer móvil de nuestras oraciones, a la par que la mejor respuesta a pensamientos oscuros e inquietantes; pues lanzan rayos de luz divina sobre las tinieblas de nuestra perplejidad. Un cántico de alabanza, es el mejor remedio para corazones desfallecidos y situaciones sin esperanza (Hch 16:25-26).

Cuando no hallemos fácil respuesta a problemas agobiantes, pesares constantes o temores quietantes, echemos mano de este recurso eficaz: Te alabo, Padre, que la situación no es tan mala como podría ser.

Los títulos con que nombra a Dios: Padre, Señor del cielo y de la tierra.

Siempre que nos dirigimos a Dios, tanto en alabanza como en súplica, es bueno que le consideremos como Padre. Los favores son doblemente dulces, y ensanchan el corazón para alabanza cuando se reciben como señales del amor del Padre.

¡Qué bien les cae a los hijos ser agradecidos y decir: "Gracias, Padre" con la misma solicitud con que dicen: "concédeme, Padre"! Y cuando nos dirigimos a nuestro Padre, bueno es recordar que Él es El Señor del cielo y de la tierra; pues eso nos ayudará a acudir a Él con reverencia, sin mengua de la confianza, como a quien es poderoso para defendernos de todo mal, y de aprovisionarnos de todo bien.

El motivo por el que le alaba:

"Porque ocultaste estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las revelaste a los niños". "Estas cosas", las enseñadas en el discurso precedente, lo que es la paz (Lc 19:42).

Las grandes verdades del Evangelio eterno han quedado (y quedan) ocultas para muchos que son sabios y entendidos, expertos y letrados según el mundo y las cosas del mundo. El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría (1 Co 1:21); personas que penetran profundamente en los misterios de la naturaleza y en las intrincadas materias de la ciencia y de la política, indiferentes o totalmente equivocadas acerca de los misterios del reino de los cielos, por no haber experimentado el poder y la verdadera sabiduría que encierran.

Y mientras esos sabios y entendidos del mundo se quedan en la más terrible oscuridad acerca de las verdades del Evangelio, incluso los bebés (los que no saben hablar) en Cristo, los humildes e iletrados según el mundo, reciben el conocimiento salvificador y el poder santificador de dichas verdades.

Las revelaste a los niños (V. 25).

No fueron los eruditos del mundo los escogidos por Dios para predicadores del Evangelio, sino lo necio del mundo (1 Co 1:27; 2:6,8,10). Dios es el que hace la diferencia, y el que hace la preferencia a los niños sobre los sabios: "Ocultaste estas cosas a los sabios y a los entendidos".

A estos dio facultades, erudición y conocimientos humanos superiores a los de otros, pero se enorgullecieron de eso, confiaron en eso, y no pusieron la mira en las cosas de arriba (Col 3:2). Si hubiesen honrado a Dios con sabiduría y el entendimiento que tenían, habrían recibido de Él el conocimiento de estas cosas mejores.

Él las reveló a los niños, porque Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes (Stg 4:6). Es la soberanía de Dios la que interviene en esto, como dijo Jesús: "Sí, Padre, porque así te agradó" (V. 26); Cristo lo atribuye al beneplácito del Padre. Estemos satisfechos de que sea Dios quien escoja el método que le plazca para que Su Gloria resplandezca.

Nosotros no podemos explicar por qué Pedro, un pescador, fue escogido para Apóstol del Cordero en lugar de Nicodemo el fariseo, jefe y gran maestro de Israel (Jn 3:1-10); aunque también él creyó en Jesús, pero así le agradó a Dios.

Con cuánta gratitud debemos reconocer este modo que Dios tiene de impartir Su gracia, ¿cómo hemos de agradecerle que se fijase en nosotros para revelarnos estas cosas? Reveladas precisamente a quienes son menospreciados e ignorados por el mundo. Así se engrandece el favor y el honor que les concede, al ocultar estas cosas a los sabios y a los entendidos; así brillan con mayor esplendor el poder y la sabiduría de Dios (Co 1:27, 31).

Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre (V. 27).

Cristo expresa en Él Su autoridad, y presenta Sus credenciales (V. 27). Su comisión de parte del Padre: "Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre" (comparemos con Mt 28:18); en este caso, todo lo que pertenece a la instrucción religiosa de los hombres (Jn 16:15). Él ha sido autorizado como mediador entre Dios y los hombres, para llevar a cabo la obra de la redención (1 Ti 2:5); para impartir paz y salvación a una humanidad apóstata, y para declarar en lenguaje humano lo que nadie vio jamás, ni puede ver, del amor y del carácter santo de Dios (Jn 1:18; 1 Ti 6:16).

El Hijo nos reveló el amor del Padre, y El Espíritu nos hace saber las cosas del Hijo (Jn 16:14). En Él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Col 2:3). Todos los tesoros y todos los poderes están en Sus manos; Él es El Señor que lo llena todo (Ef 4:10).

Esto nos anima a llegarnos a Cristo, pues Él está comisionado para recibirnos tal como somos; con nuestra miseria, con nuestra ignorancia, con nuestros pecados; y darnos cuanto necesitamos y puede satisfacernos por completo.

Dios le ha constituido gran árbitro divino-humano.

Por la obra llevada a cabo en la cruz del calvario, ya hay entre nosotros árbitro que ponga su mano sobre nosotros dos (Dios y yo), sobre Dios porque es su igual (Jn 5:18; 10:30,33), sobre nosotros porque es nuestro semejante (He 2:17; 4:15), y nuestro pariente más próximo (Ro 8:29). Así se quita de sobre mí la vara de la ira de Dios, y su terror no me espanta (Job 9:33-34).

Todo lo que tenemos que hacer nosotros, es estar de acuerdo con su arbitraje, y quedar satisfechos con lo que satisfizo al Padre la obra del Calvario.

La oferta misma que nos hace, y la invitación a aceptarla.

Para ser salvos y sanos, somos invitados a recibirle como al Señor Jesucristo (Rey, Sacerdote y Profeta) como dice Pablo en Col 2:6.

Hemos de llegarnos a Jesús como a nuestro reposo, para depositar en Él el peso de nuestras cargas y descansar en Él: "venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados" (V. 28). Vemos aquí la condición de las personas invitadas: todos los fatigados y cargados. La fatiga denota un esfuerzo prolongado; la carga, el peso de algo que nos abruma. Los maestros de la ley fatigaban y cargaban con los innumerables preceptos que imponían, imposibles de soportar (Mt 23:4; Hch 15:10).

Jesús vino a aliviar nuestra fatiga y a descargarnos del peso de la ley, pues Sus mandamientos (Jn 13:34; 1 Jn 3:23) no son gravosos (1 Jn 5:3).

¡Qué dulce suena esta voz al oído de todo mortal! Pero hay un peso especial que produce, no solo fatiga, sino, ansiedad insoportable: el pecado por el cual gravita sobre nuestras cabezas la ira de Dios (Ro 1:18).


Escuche el mensaje aquí.

Quien no está en paz con Dios (Ro 5:1), no puede tener verdadero reposo en su conciencia por mucho que se esconda; será hallado (Gn 3:8-9) y no habrá quien le libre de la mano de Dios (Deuteronomio 32:39). El que se reconoce cargado con este peso, y acude a Jesús en busca de alivio, tendrá perdón y paz.

Si tienes miedo de Dios, échate a Sus brazos... Pero es necesaria esta convicción de pecado, porque El Paráclito, antes de confortar, tiene que convencer (Jn 16:8). Amén.

Gracias Padre, Te alabo por ser uno de tus elegidos, y esperando que Tu mensaje llegue al corazón de la humanidad; y tu Santo Espíritu toque los corazones para que se rindan a los pies de Cristo. Amén.

Tu Amado Hermano Marco Marin Parra.
Suecia - Lysekil.
Bendiciones...
http://OrientacionesBiblicas.BlogSpot.com

Para más temas y reflexiones puede seguirnos en:

Compartir este blog con sus amigos...
Posted in , , , , | Leave a comment

TEOLOGÍA, CONTEXTO Y PRAXIS: UNA VISIÓN DE LA TAREA TEOLÓGICA.

Por Juan Stam.

Para enfocar bien el quehacer teológico, es importante recordar que la teología cristiana tuvo un origen misionero. Podemos decir que el esfuerzo de coordinar coherentemente las verdades de la fe nació del anhelo de evangelizar a los no-creyentes.


Ningún libro del Nuevo Testamento es un libro "teológico" (ninguno se parece a un texto de teología sistemática), pero todos tenían caracter kerigmático, misionero, evangelizador y pastoral. En ese sentido, la "teología práctica" antecedió a la "teología sistemática". En los evangelios, no encontramos "teología" como tal, ni aun biografías de Jesús, sino, como indica el nombre, proclamación de las buenas nuevas; en efecto, esos cuatro libros son esencialmente mensajes evangelísticos. El libro de los Hechos es una historia misionera de la iglesia primitiva. Las epístolas son mensajes pastorales dentro de un gran movimiento de evangelización y expansión misionera.# El Apocalipsis es una larga carta pastoral para las iglesias de Asia Menor, una especie de "manual para mártires". También está lejos de ser un tratado de escatología sistemática.

Los padres apostólicos mantenían el esquema básico y el marco de referencia del Nuevo Testamento; ellos tampoco escribían como teólogos sistemáticos. Clemente de Roma envía una carta pastoral a la iglesia de Corinto. Otros escritos son bellas exposiciones de la fe (Diogneto; Epístola a Bernabé). Didajé es un documento de orden eclesiástico, y San Ignacio describe y defiende el sistema de gobierno de la iglesia de Antioquía. Pero ninguno de los escritores de esta primera generación postapostólica intentó elaborar un sistema teológico. Se puede decir que Justino Mártir preparó el camino para la teología como proyecto de sistematización. Este apologista desarrolló muchos aspectos del pensamiento cristiano con las categorías, el lenguaje y los esquemas mentales del neoplatonismo. Pero la intencion de Justino fue la de dar testimono al mundo intelectual de su época, como demuestran los mismos titulos de sus escritos (Apología I, Apología II, Diálogo con Trifón). Justino escogió la filosofía como su marco de referencia, para testimoniar su fe a sus colegas filósofos. En eso, seguro sin darse cuenta, Justino hizo una opción de clase. Había también en la epoca importantes religiones populares, especialmente las religiones mistéricas. Pero el mundo de los pobres quedó fuera de la visión misionera de los antiguos apologistas.#

La teologia sistematica se articuló en su forma definitiva en Alejandría a principios del siglo III. Nació brillante, con Panteno, Clemente y Orígenes. Y nació misionera tambien. Eusebio cuenta que Panteno, el fundador de la Escuela Catequística de Alejandría, dejó su "cátedra" y su puesto de “director de facultad” para ir de misionero a la India. Y detrás de todo el esfuerzo intelectual de ellos estaba el afán de contextualizar el evangelio para el mundo que ellos conocían, dentro de la secular cultura de Alejandría.

Para ese testimonio, los padres alejandrinos escogieron como su instrumeto básico la filosofia, sobre todo la neoplatónica. Eso introdujo uaa nueva prioridad en la tarea teologica: el Sistema (asi con mayúscula). A partir del presupuesto del idealismo racionalista, que la verdad es una, universal, abstracta, eterna y accesible por los procesos de la racionalidad especulativa, la teologia emprendió el proyecto de convertir la fe en un Gran Sistema omnisapiente digno de compararse con los diversos sistemas filosóficos; poco a poco, la pistis se iba reduciendo a gnôsis. Con esa dominante pasión por la sistematización racionalista, la teología se volvió elitista y pronto perdió casi por completo su relación con la misión de la iglesia.#

Este predominio filosófico en la teología como una nova philosophia se impuso sobre el quehacer teológico durante muchos siglos. Sólo cuando los grandes "maestros de la sospecha" del siglo XIX (Kierkegaard, Marx, Freud, Darwin, Nietzsche) cuestionaron radicalmente el legado del idealismo racionalista en la historia del pensamiento occidental, algunos teólogos también comenzaron a plantear nuevas perspectivas. Frente al anterior monopolio de la filosofía como único instrumental del teologizar, exploraron las posibilidades de la sociología, la sicología y otras ciencias como instrumental alternativo para el teologizar.# En lugar del Gran Sistema como meta y razón de ser de la teología, propusieron la praxis y la misión de la iglesia en el mundo y en la historia. Ya es hora de redescubrir esa vital orientación misionera con la que nació la teología.

Niveles indispensables del quehacer teológico

La ciencia teológica es, por su naturaleza, multidimensional e interdisciplinaria. Para hacer bien su trabajo, la hermana teóloga tiene que ser, en alguna medida, lingüista, historiadora, socióloga, filósofa, sicóloga, científica y (ojalá) predicadora. Le ayudará también tener sensibilidad artística con alguna capacidad en apreciación del arte plástico, la música y la danza, la literatura y el cine. Sin pretender ser expertos en todos esos campos, los y las teólogos sí necesitan una orientación básica hacia todas esas esferas de la vida humana. Todas ellas son insumos para el menú de la vida intelectual y espiritual de los teólogos.

Muchos teólogos han sido y son demasiado estrechos y desbalanceados para hacer bien su trabajo. Pueden ser muy capaces, por ejemplo, en el hebreo, pero casi ignorantes de la historia antigua o de la realidad contemporánea. Los hay que dominan el griego casi como su lengua materna, pero paradójicamente, no saben aplicarlo bien en la exégesis del texto bíblico. Otros conocen de memoria todos los capítulos de la teología sistemática, pero viven aislados de la problemática del mundo que los rodea, de las expresiones artísticas, de las luchas políticas y económicas del momento, del kairós en que Dios los ha puesto para servir teológicamente a la misión de la iglesia. Pueden multiplicarse los ejemplos. La teología exige de sus practicantes una gran amplitud y flexibilidad.

El primer nivel de la tarea teológica, y el básico, es el de la interpretación bíblica. En la mayoría de los casos, eso require una capacidad adecuada de emplear los idiomas originales, una conciencia adecuada de la crítica textual, un conocimiento del contexto histórico de cada texto bíblico, y un sentido acertado de la interpretación fiel y correcta (hermenéutica). Aunque puede haber trabajos teológicos que no sean explícitamente bíblicos (p.ej, un estudio de la influencia del estoicismo en el pensamiento de Juan Calvino), todo trabajo teológico tiene que realizarse conscientemente a la luz de las escrituras y no a espaldas de ellas. Cualquier trabajo que está mal bíblicamente, está mal teológicamente. Si está pobre bíblicamente, está pobre teológicamente. De mala exégesis no se puede sacar buena teología. Ningún trabajo puede estar mejor teológicamente de lo que está bíblicamente.

El segundo nivel es el de la teología bíblica, cuyo papel ha sido muy discutido en las últimas décadas. Es la comprensión global del pensamiento bíblico según sus temas principales y en sus propios términos. Mientras la exégesis se dedica a pasajes específicos, para interpretarlos, la teología bíblica estudia por temas las grandes enseñanzas de la Biblia, en su desarrollo progresivo durante las diversas épocas de la historia de la salvación. En cierto sentido, es una especie de "teología sistemática" al nivel de las mismas escrituras, según la temática, problemática y semántica de aquellos tiempos que no eran necesariamente las nuestras de hoy.

En tercer lugar está la teología histórica, que "arranca" desde la teología bíblica para seguir todas las diversas líneas del pensamiento cristiano a través de los siglos de la historia de la iglesia. De nuevo, tiene que respetar la temática, problemática y semántica propia de cada época, sin nunca analizar un momento histórico fuera de su particular situación ni imponer los temas y problemas de otra época. Por ejemplo, para los Reformadores la "inerrancia bíblica" como tal no era un tema, mucho menos un problema, pero un siglo después, para los ortodoxos protestantes, era un tema muy problemático.

Ningún trabajo teológico puede ser bueno si no está bueno exegéticamente, bueno en su análisis de teología bíblica, y bueno en sus perspectivas históricas.

El trabajo de lo que se ha dado en llamar "teología sistemática", en cuarto lugar, es el de tomar todos los aportes de las disciplinas ya mencionadas, y a la luz de ellos, articular el sentido de la fe y del mensaje bíblico para su propio momento y sus circunstancias históricas y culturales. En vez de entender su tarea como la de armar un Sistema, la debe entender como una labor de contexualización, para formular, de nuevo en cada momento, el sentido más amplio de la fe, de las escrituras y de la existencia cristiana, frente a los desafíos específicos del contexto histórico.

Finalmente, ya desde dentro de la esencia dcl quehacer teológico e inseparable de él, están las disciplinas de la "teología práctica", sobre todo la ética pero también misionología y teología de la evangelización, la homilética y la pastoral, la administración eclesiástica y otras.

La teología como contextualización

Desde que comenzó el cautiverio idealista de la teología, secuestrada por la filosofía racionalista, el sueño de todo teólogo fue el de lograr la síntesis de toda la verdad teológica, en el Gran Sistema omnicomprensivo. Muchos teólogos, al modelo de sus colegas filósofos, se ilusionaban con armar el Sistema definitivo y legarlo a las generaciones futuras como fundamento permanente para todo pensamiento cristiano, per saecula saeculorum (por los siglos de los siglos). Así se produjo el tomismo, el calvinismo, el luteranismo, el wesleyanismo, el dispensacionalismo, el liberalismo, el fundamentalismo, la neo-ortodoxia. Casi todas las veces, estos sistemas abrigaban una aspiración de ser la verdad definitiva, la única y la perenne, de la fe cristiana (cf. la philsophia perenne del tomismo). Pero igual que pasa en la filosofía, cada sistema tuvo su época y pasó a la historia; ninguno (¡afortunadamente!) pudo establecerse como el único y el final.

Sin dejar de reconocer los valiosos aportes de esos esfuerzos, es importante notar que en el fondo, en la mayoría de los casos la teología se olvidó casi por completo de su naturaleza y su llamado misioneros. Es cierto que en algunos “sistemas” la pretensión era menos ambiciosa: para dar unos ejemplos más positivos, la ecclesia reformata semper reformanda ("iglesia reformada siempre reformándose") de los Reformadores, el principio protestante que enuncia Tillich (“sólo Dios es absoluto”), la theologia viatorum de Barth y la relación entre teología, ética y proclamación en su Dogmática. Pero en muchos casos, como el fundamentalismo norteamericano, el culto al Sistema Absoluto llegó a ser idolatría teológica.#

Aquí, en mi opinión, la teología evangélica hoy en América Latina tiene mucho que aprender de los “maestros de la sospecha” del siglo XIX (en especial Kierkegaard y Marx) y de los teólogos de la liberación.# Aun cuando la teología debe ser lo más racional y coherente posible (sin suprimir las paradojas inherentes a la fe: la trinidad, la encarnación, el misterio de la iniquidad, etc), es hora de destronizar al Sistema como la meta y el summum bonum en la teología. Al contrario, la meta debe ser la misión y el summum bonum debe entenderse como la fidelidad. El referente principal del quehacer teológico, más que los sistemas filosóficos con que dialoga (y debe dialogar), debe ser el contexto en que vive y lucha el pueblo de Dios, toda la realidad de ese mundo que rodea al teólogo y la teóloga en su misión y ministerio.

Eso significa también que es hora de destronizar a la filosofía como único referente dialógico e instrumenal exclusivo para la teología, como lo ha sido desde Justino Mártir y los Alejandrinos. De hecho, si el cristianismo es una fe esencialmente histórica, llamándonos a ser discípulos de Cristo en la historia y a luchar en la historia por el reino de Dios y su justicia, entonces la filosofía es uno de los instrumentos menos apropiados y útiles como marco de referencia, lenguaje y lógica básica de la fe. Otros marcos de referencia son mucho más importanes, como son la historia misma, la lingüística, antropología, sociología y hasta las ciencias económicas y políticas. Pero todos ellos no deben ser más que instrumentos, y frente a todos ellos la teología debe mantener su propia autonmía y naturaleza como “la fe en busca de eficacia”.#

La tarea fundamental de la teologa no es primordialmente la de sistematizar sino de contextualizar, con miras a la misión fiel del pueblo de Dios en el mundo y en la historia. Está llamada a realizar una “fusión de horizontes” (Gadamer) entre el mundo de la fe, antes descrita (exégesis, teología bíblica, teología histórica), y el mundo actual en que la iglesia tiene que realizar con fidelidad su misión. Si un teólogo no domina bien todas las fuentes del insumo de su quehacer, no puede cumplir su tarea. Por otro lado, por mucho que domine las disciplinas bíblicas e históricas, si no comprende y vive a profundidad su propio momento histórico, tampoco puede hacer un buen trabajo teológico. Por eso, cualquier trabajo que no sea bueno bíblica e históricamente, no puede ser un buen trabajo de teología o ética cristianas. Pero si no comprende con acierto y profundidad los tiempos en que vive, tampoco puede cumplir bien su cometido.#

El quehacer teológico tiene dimensiones que sobrepasan a las tareas bíblicas e históricas. La teología está llamada a actualizar y contextualizar la fe para su propio tiempo, con toda la problemática de la época. Por supuesto, responderá a los desafíos filosóficos de su tiempo (existencialismo, marxismo, proceso; Kierkegaard, Unamuno). Pero de aun mayor importancia, tiene que responder a los retos históricos, políticos y socio-económicos del contexto. Para eso, tomará en cuenta las ciencias historiográficas, la sociología y la politología con el análisis ideológico, la antropología# y la sicología. Estará consciente de las grandes preguntas morales de la época y estudiará los aspecto teológicos de los avances científicos (trasplante de órganos, clonación, viajes al espacio; terremotos y volcanes). El hecho es que muchas personas, sean del pueblo lego o expertos en esas ramas, estarán esperando una palabra teológica sobre todos esos temas y desafíos.

Sobre todo, los teólogos deben ser muy sensibles al testimonio profético de las artes:# la pintura#, la escultura#, la danza y la música#, la poesía#, la novelística# y el cine#, para mencionar algunos de los muchos ramos con que ha de entrar en diálogo la teología y nutrirse de ellos, Aun cuando ningún ser humano puede ser experto en todos estos campos tan diversos, los teólogos deben tener una orientación básica hacia ellos, un sentido de sus aportes y algunas respuestas a sus desafíos.

Llama la atención que los teólogos realmente grandes del pasado lo fueron no sólo por su conocimiento enciclopédico, su estilo literario o su producción vasta. Un requisito esencial de grandeza teológica ha sido una conciencia a menudo intuitiva de la coyuntura histórica. San Pablo, en la medida en que fue teólogo, lo fue en gran parte porque entendía la transición del movimiento cristiano de una secta interna del judaísmo a una comunidad multicultural internacional. A principios del siglo quinto, nadie entendía mejor la crisis del imperio romano, y con él la de toda la cultura clásica, que San Agustín. San Anselmo entendía los inicios del medievo feudal, y Santo Tomás el desafío del aristotelismo en el siglo trece. Los Reformadores, cada uno a su manera distinta (Lutero, Calvino, anabautistas), comprendían y vivían existencialmente el fin de la edad media y los dolores de parto de la modernidad. Schleiermacher intentó responder a la crisis intelectual y espiritual de su época, para comunicar la fe a los “despreciadores cultos” del cristianismo del día. Karl Barth percibía mejor que nadie el colapso del liberalismo a inicios del siglo XX. Ahora tenemos por delante el desafío del fin de la modernidad y la llegada paulatina de nuevos tiempos posmodernos.

Hoy, en la coyuntura decisiva de la historia humana que estamos viviendo, los teólogos y las teólogas estamos llamados más que nunca a "entender los tiempos" (1 Cron 12:32) y "aprovechar al máximo cada oportunidad" (kairos, Ef 5:16) para caminar juntos con la iglesia en estos tiempos de globalización, neoliberalismo, imperialismo unipolar y posmodernidad. Es grande el desafío, y muy grande nuestra responsabilidad ante la historia.

Teología y praxis: La fe que obra por el amor (Gál. 5:6).

Si entendemos el quehacer teológico como aquí se propone, será evidente que la fe y la praxis, la teología y la ética, la enseñanza teológica y la misión, no pueden separarse. Hemos seguido a Jesús para ser sus discípulos, no para ser expertos en ideas sobre él y su mensaje. Una teología que se queda en meras especulaciones sobre la fe y la doctrina, o aun en las mejores interpretaciones bíblicas e históricas, es simplemente una teología infiel. La fe sin obras es muerta, nos dice Santiago; la teología sin praxis es estéril, y muy mala teología.

Puede extrañar a primera vista recurrir a una antigua palabra griega, “praxis”, cuando existen buenos vocablos en español que parecen equivalentes: la práctica, la aplicación, la acción. Pero el término “praxis”, popularizado por los escritos de Karl Marx, significa mucho más que ellos. Significa una manera distinta de pensar, en la que desde un principio la acción (la práctica) es parte integral y esencial del pensamiento (la theôria), y el pensamiento es parte esencial de la acción.# En la larga tradición de idealismo racionalista, el pensamiento puro debía separarse de la acción, para que fuera objetivo; pensamiento y práctica estaban divorciados. En la epistemología praxeológica, son más bien gemelos siameses. Separarlos es matar a ambos.

En este aspecto, Marx mismo, y también los teólogos de la liberación, nos llaman a volver a la comprensión bíblica de la verdad, de la fe y del conocimiento.# En el hebreo, el sustantivo AMeT va mucho más allá del raciocinio lógico, para significar fidelidad, integridad, lealtad. El componente ético figura mucho más prominentemente en el concepto hebreo del “sabio” y del “necio”. El necio no lo es por ignorante sino por rebelde contra Dios y su voluntad (Sal 14:1). El sabio ama y teme a Dios y busca cumplir su voluntad. No es sabio por saber más, sino por amar más y obedecer más.

La consigna para ser buen teólogo nos la da Marx en su undécima tesis contra Feuerbach, que podemos parafrasear con "hasta ahora los teólogos han contemplado el evangelio sólo para explicarlo y formar un sistema; de lo que se trata es de llevar las buenas nuevas a todas las personas, a las naciones y a la historia, en servicio al reino de Dios". La teología que no es praxeológica tampoco puede ser bíblica; nace con un virus desde sus mismos inicios.

El prólogo del cuarto evangelio incluye en su mensaje una polémica aplastante contra el idealismo racionalista anti-materialista. El autor vivía en Asia Menor, donde prosperaba la filosofía y nacía el neoplatonismo. Por eso, comienza su tratado con el lenguaje filosófico del “Logos”. Pero en la tradición platónica, el Logos no podía tener nada que ver con la materia; más bien, existía en el esquema metafísico precisamente para separar a dios y la creación. Es una emanación divina muy inferior y mal nacido, el Demiurgo, quien torpemente da origen al mundo. En el platonismo, la función del logos era la de aislar al theos de lo material (ta panta; kosmos) y de la carne (sarx). Pero después de atraer a los filósofos con su terminología de Logos, el prólogo procede a dar dos puñaladas fatales al idealismo. Primero, para la sorpresa de los filósofos, anuncia que toda la materia fue creada por el mismo Logos y no por el demiurgo (Jn 1:3). Segundo -- ¡escándalo de escándalos! – afirma que el mismo Logos se hizo aquello con que no debía tener ninguna relación, se hizo sarx (carne). Es hora de reconocer que el idealismo racionalista, con la que se casó la teología desde sus inicios, es de hecho incompatible con el pensamiento bíblico y con la fe cristiana, y que una especie de “materialismo histórico”, con su corolario de una epistemolgía praxeológica, está en realidad mucho más cercano y compatible con ellos.#

Un énfasis similar aparece en la comprension de la fe según las epístolas novotestamentarias. La fe no es solamente, ni aun esencialmente, aceptación de doctrinas correctas (ortodoxia), por importantes que sean. “Los demonios también creen, y tiemblan” (Stg 2:19). Es conocida la denuncia de Santiago contra la fe sin obras, pero el mismo concepto praxeológica de la fe caracteriza también a las epístolas juaninas y paulinas. En términos aun más drásticos que Santiago, I de Juan afirma que quienes dicen haber nacido de Dios y no practican la justicia, son mentirosos. Para este autor, la práctica de la justicia es evidencia obligatoria del nuevo nacimiento:

Si sabéis que él es justo, sabed también que todo el que hace justicia es nacido de él (2:29).

Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo... En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios (3:7-10).

Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos...En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? (3.14,16s).

Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad (3:18: poniendo la vida y los bienes por los hermanos).

Es sorprendente la radicalidad de este pasaje; sobrepasa en vehemencia profética al mismo Santiago. Sobre un tema tan medular para la teología evangélica, como es el nuevo nacimiento, el autor llega al extremo de decir que todo aquel que hace justicia ha nacido de Dios (2:29) y todo aquel que no hace justicia no ha nacido de Dios (3:10). Los exegetas podrán discutir en qué sentido todos los que practican justicia han nacido de Dios; el pasaje simplemente lo afirima, sin condiciones ni reservas. ¿Y si no han entregado sus vidas a Cristo ni asisten a la iglesia? ¿Y qué de tantos "evangélicos", supuestamente "renacidos", que para nada practican la justicia sino son "hacedores de maldad" (Mat 7:21-22)? Es obvio que para este autor la praxis de la justicia es mucho más que una aplicación o una evidencia del renacimiento espiritual; es la esencia misma en que consiste la regeneración.# Aquí, en el pleno sentido de la praxis, fe y acción, regeneración y justicia social, son gemelas siameses inseparables.

El pensamiento del misionero Pablo no es menos praxeológico. Siendo el gran apóstol de la justificación por la fe, no duda en insistir repetidas veces que cada uno será juzgado según sus obras (Ro 2:6-8; 1 Co 3:8,13-15; 2 Co 11:15), "según lo que ha hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo" (2 Co 5:10). Para Pablo, la verdadera fe es "la fe que obra por el amor" (Gal 5:6). Por eso Pablo pone gran énfasis en "la obediencia a la fe" (Ro 1:5; 2:8 "obediencia a la verdad"; 6:17; 10:16 "obediencia al evangelio"; 15:18; 16:26).

Revisten especial significado las palabras de Pablo en Romanos 6:15-18:

"No sabeís que al ofreceros a alguno como esclavos para obedecerle, os haceís esclavos de aquel a quien obedeceís; bien del pecado, para la muerte, bien de la obediencia, para la justicia? Pero gracias a Dios, vosotros, que erais esclavos del pecado, habeís obedecido de corazón aquel modelo de doctrina al que fuisteis entregados, y liberados del pecado, os habéis hecho esclavos de justicia." (Biblia Jerusalén, negrilla agregada).

Aquí de nuevo Pablo insiste en la obediencia de la fe, pero ahora la describe como obediencia a "aquella forma de doctrina" (RVR; tupos didajês; la enseñanza evangélica), quizás algo así como el conjunto de los contenidos de la fe. Eso no es idéntico con la Teología Sistemática que evolucionó después, ya que de hecho aquella no se presenta en el Nuevo Testamente ni corresponde al sentido de tupos ("modelo" es la mejor traducción), pero podría considerarse como aproximado a lo que se ha entendido por "teología". Pero hay dos diferencias muy importantes. Primero, Pablo no da gracias a Dios porque lo habían entendido o lo habían creído, sino porque lo habían obedecido. Segundo, Pablo no dice que esa teología les fue entregada a ellos (sentido común de paradidômi en otros contextos), sino que ellos, al conocer la verdad, fueron entregados a ella (paradothête, aoristo pasivo, segunda persona plural). Del contexto queda claro el sentido del verbo "ser entregado": fue el término para la entrega de un esclavo a su nuevo dueño. O sea: la única respuesta válida a la teología es la obediencia de siervos de la justicia. La prueba definitiva no se da en un examen, ni escrito ni oral, sino en la praxis diaria de las demandas del evangelio.

La misma perspectiva praxeológica aparece en el evangelio según San Mateo. El Sermón de la Montaña termina con una insistencia reiterada en la praxis. "La puerta es estrecha" (Mat 7:13-14) porque "por sus frutos los conoceréis" (7:15-20). "No todo el que me dice Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos", por ortodoxo y piadoso que sea (7:21-23), sino los que hacen la voluntade del Padre. Quien oye y no hace, construye sobre arena; oír y hacer es edificar sobre roca firme (7:24-29). Según la parábola de las ovejas y los cabritos, el Hijo del Hombre juzgará a todos según su praxis del amor como Jesús nos enseña y ordena (25:31-46). La gran comisión que Cristo deja a la iglesia no es la tarea de llevar una teología o una ortodoxia hasta los confines de la tierra, sino de hacer discípulos, "enseñandoles que guarden todas las cosas que os he mandado" (28:20), no sólo "a creer todas las doctrinas que os he enseñado". La gran meta de la misión es la praxis obediente del evangelio.

Los Reformadores protestantes, al insistir en la justificación por la gracia mediante la fe, entendían bien este concepto bíblico de praxis. Para Lutero, la fe era una cosa activa e inquieta, que siempre busca la acción. Somos justificados sólo por la fe, pero la verdadera fe nunca está sola. En una famosa frasa, Calvino declaró que omnia recta cognitio dei ab oboedientia nascitur ("todo recto conocimiento de Dios nace de obediencia"). Pero sus sucesores, los ortodoxos o "escolásticos protestantes", separaron la fe y la acción en una dicotomía antibíblica y ubicaron la verdad del evangelio en la esfera de las ideas puras, aisladas esencialmente del ser y del hacer. En la ortodoxia de los epígonos de la Reforma, se juntaron el idealismo racionalista (“ortodoxia muerta”) con el fideismo (salvación por mantener la doctrina correcta). La nociva herencia de ellos se resucitó en el fundamentalismo norteamericano del siglo XX.

Conclusión: El testimonio bíblico, como también los desafíos de nuevos tiempos, llaman a la teología hoy a nuevos enfoques de su tarea. Para ser pertinente en el siglo XXI, sin dejar de ser fiel a la Palabra de Dios y a las valiosas lecciones de veinte siglos de fe cristiana, la teología tiene que asumir los retos de un nuevo mundo y orientar a los creyentes para su obediencia fiel en el mundo moderno. Esto de ninguna manera significa que las ideas no fueran importantes. Las doctrinas son muy importantes, pero no son una finalidad en sí. Aunque sigue siendo la responsabilidad solemne de los teólogos de "combatir por la fe que ha sido transmitida a los santos de una vez para siempre" (Judas 3, BJer.), eso se realiza precisamente cuando somos fieles a la comprensión bíblica de la verdad y la fe y al modelo bíblico de constante reinterpretación de la tradición en las siempre nuevas circunstancias que trae la historia.

En su libro El Dios crucificado, Jürgen Moltmann analiza la tensión de la iglesia y de la teología al moverse entre dos polos contrapuestos, el de la "identidad" y el de la "pertinencia" ("relevancia"). Cuando se concentra sólo en guardar celosamente la identidad, como una ortodoxia inmutable, pronto se pierde la relación esencial con la realidad y con la misión y, a la postre, se termina guardando algo que tampoco es la fe y la verdad de la Palabra sino un fetiche que las ha reemplazado. Pero si se dedica unilateral y acríticamante a buscar la relevancia como summum bonum, como meta suprema de la teología, fácilmente se termina contextualizando muchas cosas que de hecho no son el evangelio. La tarea de la teología es la de contextualizar, pero de hacerlo fielmente, con discernimiento.

En un registro de las tropas de Israel bajo David, encontramos una descripción muy sgnificativa de los hijos de Isacar: “éstos entendían los tiempos y sabían lo que Israel había de hacer, y el pueblo los seguía” (1 Cron 12:32 RVR).# Podemos descubrir en esa descripción la tarea y la meta para el quehacer teológico. Los y las teólogos deben ser algo así como el “cerebro estratégico” de la iglesia para su misión en el mundo. Deben comprender a fondo el tiempo en que viven. Deben ir orientando al pueblo de Dios con pericia y percepción para las estrategias eficaces de su misión. Y deben tener liderazgo, credibilidad y fuerza de convocatoria ante el pueblo, para acompaarlo en su marcha en la historia, en servicio del Reino de Dios.
www.juanstam.com

http://edificandote.blogspot.com/

Compartir este blog con sus amigos...
Posted in , , | Leave a comment

LA TEOLOGÍA DEL CAFÉ - (ACTUALIZADA)

Por Juan Stam.

Entre los evangélicos, son innumerables los chistes que sacamos de la Biblia. Lejos de ser un irrespeto a la página sagrada, son otra expresión más de nuestro amor por las escrituras. Algunos de esos "chistes bíblicos" tienen que ver con los apetitos. Nuestro recordado hermano don Rafael Barquero solía repetir, al sentarse a la mesa a comer, una maravillosa promesa bíblica del profeta Isaías, cuando dijo que "comerán y no se cansarán" (ver Isa 40:31). Los comelones tienen también otra base bíblica para sus excesos gastronómicos, porque la Biblia nos dice que Jesús también era comelón y bebedor (Mat 11:19 confirmado, para doble seguridad, en Luc 7:34). Así que, glotones todos, ¡al ataque y buen apetito!

En un nivel mucho más profundo e importante está la base bíblica de tomar café, que está entre las enseñanzas más hermosas de la teología. Es un texto repetido cuatro veces en las escrituras, tan importante que fue la base de la Reforma protestante de Martín Lutero. Lo pueden encontrar, con variantes, en Hab 2:4, Rom 1:17, Gal 3:11 y Heb 10:38. En su mejor traducción, actualizada y latinoamericanizada, el texto dice, "el justo por café vivirá". Su enorme importancia se destaca por ser profético, ya que el café no se tomaba en tiempos bíblicos.

Otro texto, aun más claro y enfático, es Hebreos 11:6, que reza, "pero sin café es imposible agradar a Dios". Más tajante no podría ser el precepto bíblico; los que no toman café deben reflexionar seriamente sobre este texto. En este caso, el mensaje bíblico se corrobora por evidencias empíricas de la vida diaria. Todos sabemos que la primera taza de café en la mañanita nos prepara para un día positivo y optimista, mientras sin el café somos malhumorados y quejosos. Por supuesto, eso no puede agradar a Dios. Sin esa primera tacita de café, estamos expuestos a toda clase de tentación. Por eso dice San Pablo que "todo lo que no es de café es pecado" (Rom 14:23). No cabe la menor duda que el café es un poderoso medio de gracia divina para la santificación de nuestras vidas.

La enseñanza bíblica es siempre práctica, en miras a la acción consecuente, por lo que otro texto dice, "Señor, auméntanos el café" (Lc 17:5). Este impresionante texto tiene carácter de una respuesta al mandato divino (de tomar café) y a la vez una oración, una plegaria de que el Creador nunca nos deje estar sin la mágica droga. Debe notarse también el verbo, en voz imperativa, "Auméntanos". Eso significa que la provisión de Dios es personal, específicamente para "nos", y en segundo lugar, que debemos tomar el café en buena cantidad (aumentada). Un beneficio colateral de ese consumo aumentado del café será la mejora creciente de las economías de los países latinoamericanos productores de café.

Otro texto nos dice que "Jesús fue al café de Nahúm" (en hebreo, Cafernaúm), y las fuentes bíblicas indican que iba muy a menudo. Es fácil y hermoso imaginar los tiempos de comunión y confraternidad que pasaban Jesús y sus discípulos en ese lugar, "cafeteando" y alabando al Señor por su creación y por su gran misericordia para con nosotros. De hecho, la existencia del café es otra prueba más de la existencia de Dios, pues sólo un Dios infinitamente bueno hubiera podido crear una fruta tan maravillosa.

Escudriñando más a fondo las escrituras, descubrimos que esta bendición tan deliciosa viene desde el puro principio de la creación. ¿Cómo sabemos? ¡Muy fácil! Sabemos que en el Edén Dios plantó dos árboles, uno el árbol de la vida y otro mejor no digamos. Ahora, ¿cuáles son los dos árboles que más afectan nuestra vida humana? La respuesta es obvia, son la mata de café y la mata del tabaco. Así que desde el principio de la creación ahí estaban, lado a lado, la bendición y la tentación, el café y el tabaco. Pero en la nueva creación, sólo va a estar la mata de café (Apoc 22:2). Fumadores del mundo, ¡lo sentimos!

(Otros eruditos creen que Dios creó el café en la tarde del séptimo día. Afirman que después de descansar y levantarse de su siesta, Dios se acordó de que se le había olvidado algo importante y procedió a crear el café. En ese sentido, éste fue el máximo y culminante acto de la creación).

Según Mateo 15:17-18, la glotonería no es pecado pero el fumar sí, porque dice que lo que sale de la boca es lo que contamina al hombre (y al ambiente) y no lo que entra. Además, San Lucas afirma claramente, "Bienaventurado es aquel que no fume" (Luc 7:23, Reina Valera 1960). Ahí está, palabra sobre palabra en las sagradas escrituras. (Si no lo encuentras, escribe a juanstam@ice.co.cr para una explicación más amplia).

Una observación final muy importante: estas enseñanzas bíblicas se descubren sólo en la clásica y autorizada versión Reina Valera de 1960. ¿Qué más prueba se necesita que dicha versión es la única inspirada e infalible?

*******************************

Ahora sigue creciendo la teología del café, como una avalancha. He aquí los últimos aportes:

Nuestro amigo, Santiago Benavides, con profunda sabiduría y gran creatividad teológica, afirma que Juan Valdez debe entrar en el capítulo 11 de Hebreos, como un verdadero héroe de ca-fe. ¡Inspirada la propuesta, totalmente bíblica!

Por su parte, el misterioso "Jma" abre nuevos surcos en la temática, con un enfoque más contextual y hasta un nuevo verbo para la Real Academia: "Latinoamericando un poco más, me gustaría orar con Juan Luis Guerra su anhelante petición, "Ojala que llueva café en el campo", recordando la angustiosa situación del zambo Miguel, que por su pena de amor, en su tristeza, "pasa toda la noche moliendo café". En conclusión de la magistral tesis de Don Juan, "es pues, el café, la certeza de lo que esperamos y la convicción de las cosas que no se ven".

Desde otra rama de la teología, la polémica, nuestro querido Guillermo Méndez comenta: "Me encantó Juan. No sólo por provenir de Guatemala en donde con toda naturalidad (y libres de prejuicios como buenos creyentes) anunciamos "tener el mejor café del mundo", sino también por sugerirme un argumento (teólogico claro) contra nuestros amigos en el sur que beben mate. Aquí te va: "No matearas" (Reina Valera de 1960)

¡Gracias por siempre al buen Creador del café!

¡Amén, y Amén!
Juan Stam

http://edificandote.blogspot.com/

Compartir este blog con sus amigos...
Posted in , , , | Leave a comment

LA BIBLIA Y LOS APÓSTOLES DE HOY.

Por Juan Stam.

(Informe final de un debate)

En agosto de 2008 publiqué en mi sitio web un breve artículo, "¿Es bíblico tener apóstoles hoy?". Ese artículo tenía casi 200 comentarios cuando se perdió por problemas técnicos; volví a colocar el mismo artículo el 14 de julio de 2009, donde ha recibido 24 comentarios. Otros artículos relacionados (teología de la prosperidad, maldiciones, falsos profetas, Pedro Wagner) han recibido también una gran cantidad de respuestas, positivas y negativas. Ahora me parece necesario y valioso resumir un debate tan amplio con unas reflexiones finales.

(1) Quedó claro, lamentablemente, que un amplio sector de la iglesia protestante (mayormente la costarricense) está fanatizada e intolerante, mucho más de lo que anticipaba. Aunque mi artículo, desde su título, planteaba una pregunta bíblica, la mayor parte de las respuestas tenía poco o nada que ver con los textos bíblicos pertinentes. Los neo-apostólicos rechazaban a priori toda opinión contraria, sin considerar la posibilidad de otras y mejores interpretaciones exegéticas. Algunos, con igual dosis de soberbia que de oscurantismo, rechazaban vehemente la validez de la hermenéutica y la exégesis, y mucho más alguna referencia a las lenguas originales de los textos. Con tal subjetivismo y tal arbitrariedad, es totalmente imposible una interpretación fiel de las escrituras, ni hablar de un diálogo coherente entre diferentes maneras de interpretar los textos. En mi opinión este rechazo, hasta con burla, de toda posibilidad de exégesis analítica, es un peligro para la iglesia más serio y sutil que los escándalos de fornicación o de robo de fondos. Hace imposible la fidelidad bíblica de la iglesia del Señor.

(2) Los participantes neo-apostólicos en el diálogo evadían sistemáticamente el argumento básico a partir de Hechos 1, confirmado por 1 Cor 15. Discutían detalles que no les parecían, y repetían argumentos de sus textos escogidos (aparentemente sin haber leído bien mi artículo), pero sólo uno de ellos, al puro final, intentó refutar el argumento del requisito de ser testigo presencial del ministerio y la resurrección de Cristo (Hch 1:21-22).

(3) Algunos, reconociendo que no hay base bíblica para tener apóstoles hoy, afirmaban que se necesitaba una palabra profética para confirmar la existencia de apóstoles hoy. De eso hablé brevemente en "una falsa antítesis: el Espíritu contra el estudio" (9.23.09). El don profético sí es para hoy, pero Pablo manda que todos juzguen las profecías (1 Tes 5:21; 1 Cor 14:29). Además, si es anti-bíblico tener "apóstoles" hoy, ninguna profecía puede contradecir la Palabra de Dios ya dada. Sería una profecía falsa.

(4) Otros respondieron que en griego la palabra "apóstolos" significaba "enviado, misionero", y que en ese sentido es legítimo hoy hablar de apóstoles. Claro, en ese sentido todos somos "apóstoles", pero ese no es el sentido que le da al título los mismos "apóstoles" de hoy. Este argumento es una falacia lingüística. Una palabra casi nunca es un solo punto de significado; las palabras son "zonas" de significado, denotativa y connotativa, diferentes en cada idioma. Aunque en el griego la "zona semántica" de "apóstolos" abarca mensajero (mandadero), misionero y apóstol, en español la "zona" de la palabra "apóstol" no incluye ni mensajero ni misionero, como bien reconocen los mismos "apóstoles". Sin embargo, el significado de "apóstol" puede variar de una cultura a otra, por ejemplo en África o en Cuba, donde todos saben que "el Apóstol" es José Martí pero muchos ni han oído de San Mateo.

Si eso parece complicado, una ilustración puede ayudar. En castellano, la palabra "casco" puede significar "uña de pié de un animal" o "artefacto para proteger la cabeza". Esos dos significados, junto con muchos otros, constituyen la "zona semántica" del término en español, pero en inglés son dos palabras totalmente distintas ("hoof" y "helmet"), cada cual con su propio campo semántico. Si ignoro esa diferencia, podría terminar diciendo "Puse mi hoof (uña de pie) sobre mi cabeza y arranqué mi motocicleta". En castellano, aparte de posibles excepciones como Cuba, "apóstol" significa "autoridad eclesiástica superior" y no "mensajero".

(5) Algunos participantes se aferraban al argumento neo-apostólico de Efes 4:11, sin examinar cuidadosamente la interpretación del texto. No cabe duda que ese texto es el más importante en este debate. Alguien comentó que sin todos los cinco ministerios tendríamos una mano de sólo cuatro dedos. Javier Trejo envió el siguiente comentario:
Respeto su punto de vista, sin embargo, los cinco ministerios fueron dados a la Iglesia permanentemente y no sólo de manera temporal pues en todo caso en acuerdo a su comentario sobre Efesios en la actualidad no debiera de existir uno solo de los ministerios, o todos desaparecieron por causa de temporalidad o todos permanecen intactos hasta el día de hoy. El negarse a reconocer el apostolado en nuestros tiempos conlleva desconocer a los demás ministerios. Se debe pues llegar a una determinación o existen todos o no existe ninguno.
De hecho, este hermano no da realmente un argumento sino un a priori, o sea, un prejuicio. Creo que demostré en mi artículo que ese presupuesto es erróneo. El texto no da base para que haya apóstoles hoy, ni que todos estos dones deben tener la misma duración. No me explico por qué algunas personas no logran entender eso. Me permito agregar varios comentarios sobre este texto crucial:

(a) Es saludable señalar de nuevo que este versículo no enumera cinco ministerios sino sólo cuatro, porque pastor-maestro es un solo término compuesto. Eso está claro tanto en Reina Valera como en Nueva Versión Internacional, que siguen fielmente al griego. Cada don se separa por la frase "a otros" y por la puntuación (punto y coma). Así están marcados como dones distintos apóstoles, profetas y evangelistas, pero no "pastores" y "maestros". Son un solo don.

(b) San Pablo no está dando aquí un modelo para la organización de la iglesia, bajo esos supuestos cinco ministerios. De hecho, las iglesias que fundó Pablo no tenían una sola estructura, pero la estructura básica era de diáconos, presbíteros y obispos (epíscopoi). De hecho, el texto no pretende ser una lista de ministerios ni un modelo de organización eclesiástica sino simple unos ejemplos del "botín" que el Cristo vencedor compartió con su iglesia al volver a su Padre. (Ver el artículo original para más detalles).

(c) Aun cuando los cuatro dones se regalaron en el mismo acto, al ascender Cristo al cielo, nada indica que todos son iguales. Aunque tienen el mismo origen, no todos tienen la misma naturaleza y duración. Otros textos, que sí definen la duración de uno y otro, señalan que los profetas, evangelistas y pastores-maestros son para hoy, pero los textos definitivos del N.T. muestran claramente que no puede haber nuevos "apóstoles" hoy.

El evangelio es una historia, y sólo se puede conocer por testigos presenciales. El ministerio de los apóstoles originales sigue hoy, pero sigue como los testigos originales que fueron, no como sucesores que no pueden atestiguar los hechos históricos. Ser apostólico hoy significa "permanecer en la doctrina de los apóstoles", fieles a la Palabra viva que Dios dio por medio de ellos.

(6) El que más ha participado en este debate ha sido "Pablo Siervo de Jesucristo" (con otros títulos parecidos; entiendo que es el periodista Pablo Chávez, hijo de Rony Chávez). A finales del debate entregó un largo comentario que merece más análisis:

A quien profesa ser profesor et al:
No es tan complicada "la cosa". Solo hay que hacer referencia a la Biblia misma para comprobar si son o no "apóstoles", esto es, si se profesa creer que la Biblia es la Palabra de Dios.
La Biblia Comprueba: (1) Fueron llamados sobrenaturalmente por el Espíritu Santo (Hechos 13). Hay que notar que no se están autonombrando ellos mismos, ni mucho menos le está confiriendo la congregación u otro Fulanito el ministerio Apostolar al susodicho. 
La Biblia Exige: (2) Haber visto al Señor resucitado a lo Pablo en el camino a Damasco o alguna experiencia viva similar ¿No soy libre? ¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús nuestro Señor? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? (1 Corintios 9:1) 
La Biblia Demanda: (3) Tener “Señales del apóstol” sobrenaturales también. “Entre vosotros se operaron las señales de un verdadero apóstol, con toda perseverancia, por medio de señales, prodigios, y milagros (2 Corintios 12:12). 
La Biblia Requiere: (4) Tener la “corona” apostolar – gran número de Iglesias como fruto de su trayectoria ministerial. “Así que, hermanos míos, amados y añorados, gozo y corona mía, estad así firmes en el Señor, amados” (Filipenses 4:1); tambien “¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús nuestro Señor? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor?” (1 Corintios 9:1). 
La Biblia Pide: (5) Evidencia de la revelación de la Palabra Apostólica. “Después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: –Hermanos, vosotros sabéis cómo ya hace algún tiempo Dios escogió que los gentiles oyeran por mi boca la palabra del evangelio y creyeran.” (Hechos 15:7). “Pero hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta que Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria, …” (I Corintios 2:4-7). 
Esta es una Extrapolación Bíblica sin introducir conceptos humanos, inferencias teológicas, tendencias doctrinales etc... en otras palabras...no es lo que piense Juan Stam, Pedro Wagner, Pancho Villa ni sus jinetes de a caballo...es lo que la Biblia misma expone.

Esta larga intervención de Pablo Chávez me parece muy interesante, desde muchos puntos de vista (método, actitud, exégesis, criterios). Prefiero dejar mucho a los lectores para su propia evaluación y sólo comentar varios puntos substanciales. El comentario tiene muchos puntos válidos, otros menos, pero ninguno que prueba que pudiera haber "apóstoles" hoy:

(1) Totalmente de acuerdo. Por eso Pablo insistía que no fue a Jerusalén sino muchos años después de comenzar su misión, y en Hechos se escogió a Matías por echar suerte. Pero creo que todos los ministerios son por llamado del Espíritu Santo. Recuerdo la experiencia tan profunda cuando el Señor me llamó a ser misionero en América Latina y a ser maestro de la Palabra.

(2) No entiendo la frase "a lo Pablo". En 1 Cor 15 Pablo afirma haber visto al Resucitado "a lo Cephas", los doce, los 500, Jacobo, todos los apóstoles, "y al último de todos, como a un abortivo, me apareció a mí".

Es impresionante la repetición del verbo "apareció" (el mismo verbo cada vez en el griego también). Pablo obviamente se inserta a sí mismo en la serie de los que vieron a Jesús durante los 40 días. Cuando Pablo habla de su visión mística del Señor, en 2 Cor 12, emplea otras palabras. Una visión mística de Cristo puede ser una gran bendición, pero no califica a nadie para ser apóstol. Para eso tiene que haber sido testigo presencial, del primer siglo.

Pablo reconoce que su apostolado es excepcional (uso muy especial del adjetivo "abortivo") pero que él tiene que incluirse en la lista de testigos históricos (1 Cor 15:1) para defender su apostolado. Reconoce que él es el último (pueden consultar de nuevo mi artículo original). No puede haber otros después. De hecho, al morir los apóstoles, ni uno sólo tuvo sucesor ni se habla por ningún lado de nuevos apóstoles.

(3) Precisamente por el carácter muy excepcional de su apostolado, Pablo da estas otras evidencias: los milagros que ha realizado y las congregaciones que ha establecido (como misionero). Estos son argumentos de Pablo pero no son requisitos, ni califican a nadie para ser apóstol. De los mismos doce, no sabemos cuántos milagros hicieron o cuántas congregaciones fundaron. Tampoco sabemos eso de "los demás apóstoles" pero sí sabemos que "Cristo les apareció" y que todos eran testigos presenciales (1 Cor 15).

(No sé de qué traducción será la frase "las señales de un verdadero apóstol" pero no corresponde a Reina Valera y es una traducción errada. El texto sólo dice "señales de apóstol" y no que sean requisito ni prueba).

(4) Me parece que convertir un simple saludo, a modo de cumplido cariñoso ("gozo y corona mía"), en una doctrina, y peor, en un requisito del apostolado, es demasiado novedoso y poético. Nada en toda la Biblia indica que el fundar muchas iglesias califica a nadie para ser apóstol. Otros, como Testigos de Jehová, Mormones o Iglesia Universal del Reino de Dios, han hecho lo mismo o mucho más, pero no son apóstoles sino apóstatas.

(5) Realmente estos textos no tienen que ver con el apostolado.

En su último párrafo, Pablo Chávez confunde, en mi concepto muy ingenuamente, su propia interpretación de las escrituras (humana y falible) con el verdadero sentido de ellas. Cree que él sí interpreta correctamente la Palabra, y están errados los que no están de acuerdo con él. Pero todas las sectas falsas creen lo mismo; ellos también se creen dueños de la verdad y de la interpretación correcta, con la misma arrogancia exegética. Al contrario, para discernir el sentido fiel de la Palabra es indispensable "escudriñar las escrituras, para ver si estas cosas son así" (Hech 17:11). Ese trabajo de estudio serio del texto, según métodos acertados de interpretación, se llama hermenéutica y exégesis, aun sin tener que conocer esos términos técnicos. Creo también que requiere bastante humildad, dispuesto a aprender de otros.

Aquí surge una pregunta muy seria: ¿En qué momento un movimiento que se cierra obstinadamente a las evidencias bíblicas, y que juega con las escrituras a su antojo, viene a ser herético? Sus desviaciones podrían verse como simples errores de doctrina, pero la herejía consiste en aferrarse a sus errores en vez de sujetar todo al riguroso examen bíblico. Cuando esa obstinación anti-bíblica se junta con ambiciones de poder y riqueza, de vanidad y de culto a la personalidad, de éxito y fama, ¿qué más le falta para ser herejía?

Con un gran abrazo,
Juan Stam


http://edificandote.blogspot.com/

Compartir este blog con sus amigos...
Posted in , , , , , | Leave a comment

EL PENTECOSTÉS Y LA MULTICULTURALIDAD DEL EVANGELIO.

Por Juan Stam.

Conocí al hermano Mitchell cuando lo invitamos, creo que en los años 60, a darnos unas charlas en el viejo Seminario Bíblico Latinoamericano. Nos habló sobre la antropología y la etnología de los pueblos peruanos originarios, los quechuas y los aymaras. Nos explicó los conceptos Indígenas del mundo y la geografía, de su ética y sus valores y de su método de enseñanza por medio de historias.

Esas charlas fueron un despertar para mí y cambiaron mi manera de pensar en muchos aspectos. Debo mucho a esa breve visita hace años, y ahora tengo el placer de dedicarle a "Bill", con mucho aprecio y agradecimiento, este breve escrito.

***************

La interpretación del día de Pentecostés ha sido muy parcializada. Se ha concentrado casi exclusivamente en la experiencia del don de lenguas, sin dar igual importancia al profundo sermón de Pedro (Hch 2:14-41) y la radical comunidad que nació ese día (2:42-47). De la experiencia pentecostal, se ha concentrado casi exclusivamente en los fenómenos mismos y no en su significado. Y se ha olvidado casi por completo un tema central del relato: la naturaleza multicultural con que nació la iglesia aquel día. Este tema está presente, explícita o implícitamente, en cada uno de los tres momentos del relato.

Los impresionantes fenómenos de Hechos 2:1-13 no eran meros espectáculos, un sensacionalismo sin sentido. En la descripción, cada frase viene cargada de rico sentido bíblico-teológico. Los apóstoles, saturados desde su niñez de las escrituras hebreas, hubieran captado intuitivamente el mensaje que Dios les estaba comunicando. El primer fenómeno, "un ruido como el de una violenta ráfaga de viento" (2:2)1 traería recuerdos del relato de la creación de Adán, donde se emplea el mismo sustantivo (pnoê, viento, aliento de vida, Gen 2:7; 7:22) y del viento que había de soplar sobre los huesos secos (Ezq 37:5-10; cf. Jn 20:22). Sugeriría para ellos el nacimiento de la iglesia, por el soplo divino, como cuerpo del segundo Adán. El adjetivo feromenês (arrastrador, de ferô) se usaba para describir un huracán o un torbellino (Isa 17:12; 28:15; 29:6). ¡Sin lugar a dudas el Espíritu viene, hoy como ayer, con toda la fuerza de un huracán!

La siguiente frase es paradójica: ese viento "llenó toda la casa donde estaban sentadas".2 Un viento puede sacudir una casa, o hasta tumbarla, pero ¿cómo puede un viento "llenar" una casa? La frase alude a una serie de textos sobre la consagración del tabernáculo, (Ex 40:34-25) o el templo (1 R 8:10; 2 Cr 7:1-2 cf. Isa 6:1; del templo escatológico Ezq 10:4; 43:2-5), cuando una nube de gloria "llenó toda la casa".3 En cambio, en el Pentecostés toda la casa se llenó no de nube sino del viento poderoso del Espíritu. Este detalle, junto con el siguiente, marca a la iglesia como el templo del Espíritu del Señor.

El relato de la dedicación del templo de Salomón en 2 Cron 7:1 yuxtapone los mismos dos elementos del día de Pentecostés: "Cuando Salomón terminó de orar, descendió fuego del cielo y consumió el holocausto y los sacrificios, y la gloria de Yahvé llenó la casa". De igual manera, al inaugurar los sacrificios del tabernáculo, se manifestó la gloria de Dios y "de la presencia de Yahvé salió un fuego, que consumió el holocausto..." (Lev 9:24).4 Con fuego del cielo Dios confirmó también el sacrificio de Elías en el monte Carmelo (1 R 18:24,38), y quizá también el de Abel (Gén 4:4). Todo ese trasfondo bíblico enriquece al mismo simbolismo en Hechos 2


1 La traducción de esta frase por RVR, "un viento recio que soplaba", es tanto inexacto como curioso. ¿Cómo sería un viento que no soplara?
2 Algunos afirman que fue el estruendo, y no el viento, que llenó la casa. La gramática y el simbolismo, como también los antecedentes bíblicos, indican que el viento es el sujeto del verbo.
3 A diferencia de esa nube de gloria, en Ap 15:8, antes de derramarse las copas de ira, el templo se llena de humo.
4 En seguida el texto relato que cuando Nadab y Abiú, los hijos de Aarón, "ofrecieron ante Yahvé un fuego que no tenían por qué ofrecer", salió de la presencia de Yahvé un fuego que los consumió" (Lev 10:1-3). En Num 3:4 y 26:61 se describe como "fuego profano" o "fuego extraño".


Pentecostés es la solemne consagración del Nuevo Templo. Desde el Pentecostés, el fuego de Dios cae sobre el altar de nuestras vidas.

En este contexto, tan rico con un profundo significado bíblico-teológico para cada detalle, es de esperar que el don de lenguas también sea un mensaje que marque la naturaleza de la naciente iglesia. Podemos estar seguros de que no fue simple exhibicionismo o sensacionalismo (un "show"). Entonces es crucial la pregunta, ¿por que optó Dios por manifestarse precisamente por este don de lenguajes en el día de Pentecostés?

Pedro mismo, en su sermón, explica un aspecto de la lógica teológica del don de lenguas en aquel día: Jesús había prometido enviar el Espíritu después de su resurrección y ascensión. Ahora, afirma Pedro, "exaltado por el poder de Dios, y habiendo recibido del Padre el Espíritu prometido, ha derramado esto que ustedes ahora ven y oyen" (2:33). Es sencillo y contundente el argumento: sabemos que Jesús ha llegado a la diestra de Dios, porque desde ahí nos ha enviado el Espíritu, como ustedes han visto.

Pero eso no explica todo el fenómeno. ¿Por qué lenguas? ¿No era suficiente el poderoso sermón de Pedro, en que afirma claramente el hecho del don del Espíritu? ¿Por qué no hubiera sido un culto masivo de sanidades o de revelación profética de secretos de los presentes? Si Pedro les predicó en una lengua franca, a lo mejor griego (o arameo), y miles se convirtieron, ¿para qué hizo falta otra modalidad de comunicación verbal anterior?

Aquí es necesaria otra aclaración. En las epístolas paulinas, y en la práctica de glosolalía hoy, se trata normalmente de un hablar extático, en un elevado estado espiritual y síquico, que no corresponde a ningún idioma de ningún pueblo real. En cambio, las lenguas del día de Pentecostés fueron lenguajes humanos existentes.5 Y tenemos que preguntar, ¿Por qué eso? ¿No hubiera tenido igual efecto un don de lenguas extáticas, sin que fueran los idiomas que hablaban los presentes? Y otra pregunta: ¿Qué sentido tiene la inclusión de una larga lista de pueblos de los presentes (2:9-11)? Si fueran lenguas extáticas, ese recuento geográfico y étnico no tendría nada que ver con el tema.

Creo que tres frases en el relato del Pentecostés nos revelan el significado más profundo, y la razón de ser, de este don pentecostal:

"Cada uno los escuchaba hablar en su propio idioma" (2:6, dialektos). 
"Cada uno de nosotros los oye hablar en su propia lengua en que había nacido"
(2:8, idia dialektô hemôn en hê eggenêthêmen). 
"todos por igual los oímos proclamar en nuestras lenguas (en tais hemeterais
glôssais) las maravillas de Dios" (2:10)

En este pasaje, Lucas emplea dos palabras que significan "idioma". La primera, glôssa, es el término más común para algún idioma humano. Literalmente se refiere a la lengua como órgano físico, pero muy comúnmente significa lenguaje o idioma. Es el origen de la descripción del don de lenguas como "glosolalia".

El otro término, dialektos, es un sinónimo generalmente equivalente, pero a veces puede tener un sentido más específico como "el lenguaje de una nación o una región" (Danker, A Greek-English Lexicon, p.232). Ese sentido se subraya por la frase "en que hemos nacido" (2:8), o sea, la lengua materna. No bastaba escuchar la buena nueva en un idioma extranjero, aunque se lo podía entender; todos tenían que oír "las maravillas de Dios" en los tonos específicos de su propia lengua materna, en que habían nacido.

5 Algunos han argumentado que el único milagro fuera un milagro de escuchar, de cada receptor en su propio idioma, en vez de un milagro de hablar, de parte de los apóstoles, pero el argumento carece de bases sólidas.
Es probable que Pablo se refería a las dos modalidades del don de lenguas con su frase, "lenguas humanas y angelicales" (1 Cor 13.1).

Esas evidencias no dejan lugar a dudas con respecto al suceso. ¡Los apóstoles, en la plenitud del Espíritu, de repente comenzaban a hablar en los idiomas de todos los presentes, idiomas que ellos mismos no conocían! F.F. Bruce y otros han sugerido que al ir hablando los apóstoles, comenzaban a incorporar frases y oraciones en otros idiomas, pero que los oyentes sí podían reconocer como sus propias lenguas y entender el mensaje ("las maravillas de Dios" (2:11). La sugerencia parece convincente.

Entre los judíos el Pentecostés se entendía también como celebración de la comunicación de la ley en el monte Sión. Según una tradición rabínica, "los diez mandamientos se promulgaron con una sola voz, pero dice, 'todo el pueblo percibió sus voces' (Ex 20:18), lo cual muestra que cuando la voz emergió, se dividió en siete voces y después en setenta idiomas, y cada pueblo recibió la ley en su propio idioma" (Midr. Tanchuma 26c). El impresionante paralelismo con Hechos 2, incluso la referencia a "unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos", refuerza el sentido multicultural del Pentecostés.

La importancia central de este tema queda todavía más clara cuando tomamos en cuenta el largo registro de naciones en 2:9-10, que interrumpe abrupto al relato narrativo. Si el don de lenguas ese día hubiera sido un simple hablar en éxtasis, sin relación a idiomas existentes, ¿qué posible sentido podría tener esta lista? La única razón de esta lista, aparentemente superflua y un poco aburrida al leer el capítulo, es que Juan quiso subrayar de esa manera, de nuevo, la multiculturalidad del evangelio. La lista simplemente especifica geográficamente lo que significaba "todas las naciones bajo el sol" (2:5). El evangelio respeta todas las lenguas y todas las culturas, para encarnarse auténticamente en ellas.

Ahora nos queda muy clara la razón y el sentido teológico del don de lenguas en el día de Pentecostés. No hubiera bastado escuchar, en un idioma extranjero para todos, el elocuente sermón de Pedro, en alguna lengua franca, aunque lo hubieran entendido bien. Cada pueblo, sin excepción alguna, tiene que escuchar la Palabra de Dios en los acentos más auténticos de su lengua materna, de su propia cultura, de su propia manera de vivir la realidad. Eso tenía que demostrarse desde un puro principio, en el día del nacimiento de la iglesia. La primera
acción misionera de la iglesia, antes de predicar el primer sermón, fue dejar a todos escuchar "las maravillas de Dios" con toda la cadencia y la sonoridad, y las resonancias sentimentales, de la lengua materna.

El Pentecostés significa que el evangelio no tiene idioma oficial; ni el hebreo ni el griego (mucho menos el latín ni el inglés) pueden definir las categorías y las configuraciones culturales de nuestra fe. El idioma del evangelio es la lengua materna de cada creyente: cakchiquel, quechua, aymara, la que sea. Es la lengua en que tu madre te cantaba las canciones de cuna y te contaba las primeras historias que escuchaste. Sólo así el evangelio podrá expresarse y vivirse en los acentos auténticos de cada comunidad de fe. En el día del
Pentecostés, el evangelio nació con auténtica identidad multicultural en cada sociedad evangelizada y por evangelizarse.

Cuando el evangelio llega a un pueblo, la única cultura a que pertenece debe ser la misma cultura del pueblo que recibe el mensaje. El evangelio puede encarnarse con fidelidad sólo en la auténtica idiosincrasia de cada pueblo. Por eso, ser pentecostal significa ser contextual y autóctono. Imponer algún lenguaje extraño o patrones cultures extranjeros es anti-pentecostal.

Esto significa que la persona maya o quechua, al convertirse al evangelio, no va a dejar de ser maya o quechua sino va a ser más maya o más quechua que nadie. En Cristo, va a descubrir nuevas dimensiones de su identidad étnica, nuevas y mejores formas de expresar la identidad de su cultura, cualquiera que sea. En Cristo la cultura no se destruye sino que se perfecciona. Cuando el mestizo o el indígena americano pierde su cultura al aceptar el evangelio, se está violando la voluntad del Señor y Redentor de todas las culturas. Eso se ve aun más dramáticamente en el lejano oriente, donde el "hindú" de la india pierde hasta el nombre de su cultura (es "hindú", no "indio" aunque es de la India). Los primeros misioneros denunciaban toda la cultura de la India como paganismo, en vez de buscar equivalentes funcionales para las fiestas, las tradiciones y las costumbres que constituían el meollo de la cultura nacional.

Pablo, en sus viajes misioneros, practicó también el principio de la identidad cultural. Frente a los judaizantes, Pablo rechazó el requisito de hacerse judío antes de poder hacerse cristiano para promover una nueva encarnación del evangelio en términos netamente gentiles (cf. 1 Cor 9:20-15).6 Después, cuando el Espíritu Santo le prohibió ir a Bitinia y le llamó a entrar al continente europeo (Hch 16:6-10), hacia el centro estratégico del mundo mediterráneo, comenzó un largo proceso de nuevas expresiones de la fe de acuerdo con las diferentes culturas de los que abrazaron el evangelio. Con el tiempo, el evangelio se contextualizó profundamente como un evangelio europeo, y después norteamericano, imponiendo lo euro-atlántico encima del mensaje original del evangelio. Un ejemplo de eso es la manera de hacer teología, muy racionalista pero
totalmente ajeno al pensamiento de un aymara del Perú o de cualquier persona de la China o la India. La ortodoxia occidental nor-atlántica se identifica con el evangelio mismo y se pretende imponerla sobre los convertidos de otras culturas.

Esto ha producido una situación doblemente anti-cultural en muchos países. Tomemos a modo de ejemplo a Guatemala.7 Un misionero europeo o norteamericano llega a la capital con el evangelio (y gracias a Dios por ese tesoro), pero junto con el evangelio trae muchos kilos de "equipaje" agregado, ajeno a la cultura "chapina" y hasta contradictorio a ella. Se forma una sub-cultura europeizada o norteamericanizada, que ya no habla con los acentos del pueblo, como hablaban los apóstoles en el día de Pentecostés. Es una isla dentro de la cultura guatemalteca, una especie de quiste, que ya no es ni auténticamente guatemalteca ni auténticamente evangélica.

Después el mismo misionero norteamericano, o un hermano "ladino" de la capital, con su evangelio
desnaturalizado, norteamericanizado y "ladinizado", llega a Chimaltenango, centro vital de la cultural cakchiquel, para evangelizar a los indígenas que no son "ladinos". Resulta entonces una misión doblemente alienante. Tal situación no puede ser la voluntad de Dios ni es la misión de la iglesia. En el caso de los cakchiqueles, a Dios gracias, ellos han rechazado esta doble imposición cultural y están luchando por encarnar el mensaje bíblico en los auténticos términos de su propio pueblo indígena.

Conclusión: Podemos afirmar para concluir que el Apocalipsis da una última expresión del mensaje bíblico de la multiculturalidad del evangelio. Llama la atención la mucha importancia que este libro dedica a la gran variedad de culturas y etnias en toda la tierra. Cristo, el Señor del universo y de todas las naciones (12:5; 15:4), nos "ha redimido con su sangre de todo linaje y lengua y pueblo y nación" (5:9). La multitud de los redimidos será de "todas las naciones, tribus, pueblos, lenguas" (7:9). Cuando la vocación profética de Juan se renueva, entre la sexta y la séptima trompetas, se le ordena profetizar otra vez sobre "muchos pueblos, naciones, lenguas y reyes" (10.11). Según 14:6 un ángel predica "el evangelio eterno a...toda nación, tribu, lengua y pueblo".

La importancia que Juan da a esta fórmula puede verse como índice del significado de las realidades étnicas, sociales y lingüísticas para él. Más allá de un simple concepto abstracto de "universal", estas expresiones señalan la preservación escatalógica de las diversidades que marcan nuestra historia; Juan parece concebir "la vida perdurable" como caracterizada por las mismas identidades culturales de ahora. Al final del capítulo 21 Juan afirma que "las naciones andarán a la luz de ella [la nueva Jerusalén]; y los reyes de la tierra traerán su gloria y riqueza a ella...Y llevarán la gloria y la riqueza de las naciones a ella" (21:24,26). La mención.


6 Algunos autores han sugerido que en los largos años entre su conversión y su primer viaje misionero, Pablo se dedicó a asimilar la cultura de los gentiles, a los que iba a dedicar su vida como misionero. Antes de convertir a los gentiles, él mismo se convirtió a la cultura greco-romana. Eso puede verse en las referencias a la literatura griega que cita Pablo, en la nomenclatura que introduce para las congregaciones y los líderes (ekklêsia, episkopos), en el lenguaje que a veces usa ("adopción" en sentido romano; "jugar el todo por el todo" paraboleúomai Fil 2.30) y en sus referencias a los deportes helenísticos (1 Cor 9:24-27). Siendo judío, aprendió a pensar y actuar como gentil para llevar las buenas nuevas a los gentiles. ¡Hasta se hizo fanático de los deportes!

7 Aquí me refiero a la iglesia guatemalteca como simple ejemplo, no como juicio a una iglesia que merece mi mayor respeto.

De "naciones" y "reyes" en 21:24,26 parece indicar que Juan no está pensando simplemente en "los gentiles", como conglomerado abstracto, sino en entidades que son de alguna naturaleza socio-políticas. La nacionalidad no es algún agregado accidental al ser humano, para ser superada y dejada atrás en la vida eterna, sino pertenece a cada uno esencial y eternamente.

El mensaje del Pentecostés, como el de Pablo y del Apocalipsis, afirma con vigor el valor de las culturas humanas. Esta multiculturalidad se anunció ya en el día de Pentecostés por medio del don de lenguas. Por eso, irrespetar a otras culturas, querer imponer nuestra cultura sobre otras, e identificar el evangelio con una sola cultura, es profundamente anti-pentecostal. El evangelio de nuestro Señor y Salvador, el "Logos" del universo entero, florece en cada cultura según los valores y la hermosura de ella. En el jardín de Dios, se cultiva cada flor según su particular belleza cuando encarna al evangelio en su propia cultura.

Si lo desea puede visitar mi página JuanStam.com »

Compartir este blog con sus amigos...
Posted in , , , , , | Leave a comment

YO SOY EL QUE SOY - EL YAHVISMO

Por Juan Stam.

La historia es muy conocida. Dios habla a Moisés desde una zarza que arde y lo llama a volver a Egipto y liberar a su pueblo (3:7-10). Moisés le hace dos preguntas a Dios: primero, "¿Quién soy yo para esa tarea tan difícil?" y Dios responde, en efecto, "Lo importante no es quién eres tu. Yo estaré contigo, ¡eso es lo importante!" (3:11-12). Entonces Moisés hace una segunda pregunta: "Cuando el pueblo me pregunta cuál es tu nombre, ¿qué responderé?"(3:13). A esa pregunta, Dios contesta que "Yo soy el que soy", y Moisés tiene que anunciar a los hebreos que "Yo soy me envió a vosotros" (3:14).

Esta respuesta de Dios me parece sumamente interesante y un poco extraña. A la pregunta de Moisés, "¿Quién eres tú, y cómo te llamas?", el Señor responde, "Yo soy yo, y mi nombre es 'Yo soy'". En efecto, Dios parece rechazar la pregunta de Moisés. Si alguien me pregunta quién soy y cómo me llamo, y contesto "Yo soy yo y me llamo yo", la persona quedará sin saber quién soy. Al negarse a nombrar como Moisés pide, Dios está diciendo que ninguno de los nombres conocidos (Edonay, El, , Elojím, El Shaday etc.) corresponde a la realidad de él. Este Dios no es uno más entre los demás dioses, quizá el mayor entre ellos, sino que es cualitativamente distinto, sui géneris, incomparable y sin otros comparables a él. También implica que el verdadero Dios no se puede encasillar en títulos o fórmulas teológicas. Él rompe todos los moldes habidos y por haber.

Esto nos señala que, a diferencia de los ídolos, la realidad de Yahvéh es demasiado grande para la comprensión humana. En palabras de Karl Barth, cuando Dios se revela siempre se esconde a la vez; cuando se descubre se encubre, lo que también revela su trascendencia más allá aun de su propia revelación. Ninguna revelación de Dios agota todo lo que es él, pero su revelación es siempre suficiente para que le sigamos en su camino de salvación en la historia humana.

Cabe aquí la pregunta, ¿no conocía Moisés ya al verdadero Dios? Al llamarlo desde la zarza, Dios le dijo a Moisés, "Yo [soy] Eloah de tu padre y de Abraham, Isaac y Jacob" (3:6). Esa denominación, de por sí significativa, le da a Dios un "apellido" histórico y cultural que lo señala como el Dios de la historia de la salvación. Todo eso es sumamente importante. Pero antes de esta revelación a Moisés, los hebreos, igual que no tenían una identidad nacional, tampoco tenían una visión unificada de Dios y una revelación de su Nombre propio. Sólo tenían nombres regionales de Dios, aparentemente tribales, como "el Temor de Isaac" (Gn 31:42 hebr.) o "el Fuerte de Jacob" (Gn 49:24 hebr.). Entonces, ¿con cuál de todos esos nombres debía ir Moisés a su pueblo? Y la respuesta de Dios: ¡con ninguno! Dios es quien es, más allá de todos esos nombres o toda definición.

El nombre "Yahvéh", derivado del "yo soy" (primera persona en 3:14 y tercera persona en 3:15,16, según el contexto), se consideraba tan sagrado, que en ciertas épocas y bajo ciertas circunstancias se prohibía pronunciarlo en voz alta.[1] Entonces al ver escrito el nombre "Yahvéh", pronunciaban algún circunloquio para el nombre de Dios, especialmente "Edonay" (Señor) pero también "Shem" (nombre) o "Memra" (palabra, dicho) y otros. Y como en el hebreo antiguo sólo escribían las consonantes, dejando las vocales por entenderse, con el tiempo algunos eruditos combinaban las consonantes de JHVH (transliteración variante de YHVH) con las vocales de esos otros nombres, como Edonay, para producir el nombre hibrido, JeHoVaH, intercalando las vocales de Edonay (minúsculas) entre las consonantes de JHVH (mayúsculas). Por supuesto, tal nombre no existe en el idioma hebreo ni aparece en el Antiguo Testamento.[2]

El idioma hebreo tiene dos características muy interesantes que afectan el significado de la auto-designación de Dios como "yo soy el que soy". Primero, el hebreo no distingue entre los verbos "ser" y "estar", de modo que "yo soy" significa también "yo estoy". Segundo, en el hebreo la forma del verbo presente es idéntica con la del futuro, así que "yo soy" es igual que "yo seré". Eso da gran riqueza al significado del "yo soy el que soy".

Antes de revelar este nombre suyo, cuando Moisés dudaba sobre sus calificaciones para esta tarea, Dios le dijo a Moisés "Yo estaré contigo" (3:12). El verbo en esta frase es exactamente igual que en el "yo soy el que soy" del v.14, y aquí el sentido es obviamente futuro, con el significado de "estar". Entonces, en el contexto de la dura misión a la que Yahvéh le está llamando a Moisés, podríamos interpretar 3:14 como "yo soy y seré él que siempre estará contigo. Te estoy llamando a un proyecto difícil y peligroso, pero adelante, estaré marchando a tu lado".

Este es el sentido del nombre, "Emanuel: Dios con nosotros", tanto en tiempos de Isaías, para un hijo de Acaz (Is 7:13-16) como en su plena realización en Jesús de Nazaret (Mt 1:22). El evangelio de Mateo, que comienza con ese nombre, termina con la misma promesa: "He aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta en fin del mundo" (Mt 28:20). Tenemos la misma verdad en otros términos en Jn 1:14: "El Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros". En el Nuevo Testamento la encarnación de Dios mismo en carne humana es el cumplimiento definitivo del Yahvismo. Y en ese "final del mundo", de que habló Jesús, "él, Dios-con-ellos, será su Dios" (Ap 21:3 BJ; griego).

Todo este trasfondo favorece el tiempo futuro del nombre divino: "Yo seré el que seré". En vez de contestar la pregunta de Moisés y revelar su Nombre de antemano, Dios le dice, "Lánzate al camino, marcha conmigo en nuestro proyecto de liberación, y poco a poco, sobre la marcha, irás viendo quien soy". Dios es Dios de acción, y lo conocemos en su actuar, y eso cuando nosotros mismos estamos actuando con él. La vida es como una serie de estaciones decisivas, en cada una de las cuales Dios se revela y así vamos conociéndolo. Sobre la marcha, Dios nos revela ese "Nombre" que pedía Moisés. Pero no de antemano, por anticipado.

Más adelante, cuando un desesperado Moisés insistió en ver la gloria de Dios, la primera respuesta que Dios le dio fue, "Yo mismo iré contigo" (Ex 33:14 NVI) y le prometió una nueva revelación de su Nombre Yahvéh (33:19, shem YHVH), pero aun así, ningún ser humano puede ver el rostro de Dios (ver Dios de frente, por adelantado). Entonces Dios pone a Moisés en la hendidura de una peña y le cubre con su mano divina mientras pasaba su gloria. Entonces, después de haber pasada la gloria, Dios quita la mano y Moisés ve las espaldas de Dios. Moisés no pudo venir a Dios venir, pero después, en esta estación de su peregrinaje con Dios, pudo ver que Dios había pasado. Y así también, sobre la marcha de nuestro peregrinaje con Dios, nosotros vamos paso a paso conociendo a Dios como el "yo seré el que seré", en el actuar libre del Dios del futuro. Nuestro conocimiento de Dios no es a priori sino a posteriori, después de haber caminado con él.

Es importante recordar que este Yahvéh era Dios de un pueblo nómada y el pueblo lo adoraba en un tabernáculo portátil, que era su morada. El arca del pacto tenía cuatro anillos de oro, y cuatro palos de madera de acacia para insertar en los anillos y llevarlo en el mover constante del pueblo. A diferencia de los ídolos de pueblos sedentarios, como era Baal para los cananeos. Yahvéh mismo, igual que su pueblo, era un Dios nómada, siempre en marcha, que iba adelante. Cuando el pueblo se estableció en Caanán, y se hizo sedentario y agrícola, la lucha del Yahvismo fue la de mantener el espíritu nómada. Al construirse el lujosísimo templo de Salomón, que por supuesto no era nada portátil, Dios ordenó que dentro del lugar santísimo los palos se dejaran puestos en sus anillos, aun cuando se proyectaban incómodamente por las cortinas del lugar santísimo (1R 8:7-8; 2Cr 5:7-9 NVI). Como peregrinos que somos, debemos estar siempre con las botas puestas (con los palos puestos dentro de los anillos de oro) para volver a la marcha.

Cualquier "dios" que se pueda definir de antemano no es Yahvéh sino un ídolo. Yahvéh es el Dios de constantes sorpresas, él Dios que nos llama a tener el espíritu nómada y aventurero de Abraham y Sara y a lanzarnos por fe a proyectos de salvación y justicia como fue el de Moisés. La presencia del impredecible "yo seré el que seré" no nos permite estacionarnos ni estancarnos. Jesús, el Dios-con nosotros, es "el pescador de otros mares" que nos llama a esa gran aventura que se llama la fe.

Para concluir, debemos observar que todo este relato tiene una finalidad misionera. Se recalca antes y después de la revelación del Nombre que Dios está llamando a Moisés para liberar al pueblo. De eso se trata aquí, no sólo de visiones místicas o de profundizaciones teológicas. Dios no se revela para darnos lujos de experiencias espirituales. Cuando el divino "yo seré el que seré" nos encuentra en el camino, nos llama a lanzarnos con él a un camino de fe y valentía en cumplimiento de su voluntad. En palabras de Jesús, nos llama a buscar el reino de Dios y su justicia.

[1] Entre los judíos actuales existe reservas parecidas con la pronunciación o escritura de nombres divinos, por ejemplo escribir "D-s" para "Dios" en español o "G-d" para "God" en inglés. Esas costumbres representan un reverencia que merece respeto.

[2] Una vez, enseñado sobre esto, se me ocurrió ilustrarlo con los nombres de los dos estudiantes más cerca de mi podio. El primero se llamaba Martín, y el segundo Mario. Juntando las consonantes de Martín con las vocales de Mario, nos dio MaRiTóN. Así de absurdo y espurio es el nombre "Jehová". En ese sentido, los testigos de Jehová siguen a un Dios cuyo nombre es inauténtico. Debemos ser más bien seguidores fieles de Yahvéh.

www.juanstam.com »

Imprimir artículo

Compartir este blog con sus amigos...
Posted in , , , | Leave a comment

EL EMPLEO RESPONSABLE DEL TEXTO BÍBLICO.

Por Juan Stam.

Estar llamado por Dios a exponer su palabra ante los fieles es una responsabilidad sumamente seria. Interpretar mal el texto bíblico es como servirles leche agria, o hasta agua en vez de leche. En el mejor de los casos, las malas interpretaciones bíblicas terminan confundiendo a los creyentes. Muchas veces se manipula las escrituras, a lo mejor inconscientemente, para dar autoridad divina a conceptos dudosos o a prejuicios sociales de toda clase. Interpretar mal las escrituras no es asunto de un simple error humano, sino de hacer daño al pueblo de Dios.

Hace poco escuché una larga entrevista con un conocido predicador y conferenciante. La agenda de la conversación, aparentemente propuesta por el entrevistado, tuvo una amplitud impresionante: creación y evolución, ciencia y fe, vida extraterrestre (si recuerdo bien), el aborto, la homosexualidad, las setenta semanas de Daniel 9, la gran tribulación y las señales del fin del mundo. Para cada pregunta el predicador tenía un versículo (casi nunca dos o tres textos, mucho menos pasajes enteros). Para cada tema, sacaba del versículo escogido una conclusión simplista y dogmática, en defensa de la opinión que él favorecía. El hermano respondía sin sombra de duda en cuanto a sus propias interpretaciones, y parecía asumir que los lectores tampoco tendrían cuestionamientos al respecto.

Probablemente algunas de las respuestas del predicador eran las correctas, pero en casi ningún caso era acertada su interpretación bíblica o su argumentación del tema. Quedé preguntándome por qué el hermano malentendía tanto los textos que manejaba, y por qué la mayoría de los radioescuchas sin duda ni cuenta se daban. Tenemos una tarea muy urgente de cultivar más discernimiento crítico tanto en los predicadores como en las congregaciones. Quiero aprovechar esta experiencia lamentable para compartir unas observaciones elementales sobre el empleo responsable de las escrituras.

El primer vicio que superar -- un vicio que siempre contamina la interpretación bíblica -- es el empleo de textos de prueba. Eso ocurre cuando quiero defender con autoridad bíblica alguna opinión mía, y busco algún versículo que me sirva para ese fin. Lo contrario, y lo correcto, es buscar captar la enseñanza bíblica en cuanto al tema, sea ella de acuerdo o no con mis preconceptos. Eso exige tomar en cuenta la variedad de perspectivas en las diferentes tradiciones bíblicas. A veces es legítimo destacar una sola de esas tradiciones referentes a determinado tema, pero indicando que existen otras perspetivas dentro de la Biblia.

En segundo lugar, cualquier texto debe interpretarse dentro del contexto del autor inspirado y no sólo ni primeramente en el contexto moderno nuestro. Para que una teología o una interpretación sea "bíblica" no sólo tiene que estar de acuerdo con la Biblia (y no anti-bíblica) sino también tiene que estar entendida, en lo posible, dentro de la manera bíblica de pensar. Al interpretar un texto, es necesario entrar en el pensamiento del autor, saber cuál tema o problema le preocupaba al escribir, cómo entendía el significado de los términos que empleaba (no cómo entendemos esos términos nosotros hoy), qué respuesta esperaba de sus lectores, etc.

En la entrevista que estamos comentando, casi todas las respuestas estaban fuera del contexto, no sólo por no tomar en consideración los versículos antes y después del texto, o detalles de la situación histórica del momento, sino por no hacer el esfuerzo de pensar bíblicamente, de entrar en la mentalidad del autor citado. Por ejemplo, sobre el tema del aborto el entrevistado citó Salmo 139:13, "me formaste en el vientre de mi madre", lo cual interpretó como una condena del aborto. Pero podemos estar seguros de que el Salmista no estaba pensando en el aborto sino en el plan divino para toda nuestra vida, dentro del género poético del texto y con cierto toque de hipérbole no necesariamente literal. De manera similar, los profetas fueron llamados por Dios desde antes de nacer. Si el intérprete quiere relacionar eso con el tema del aborto, eso es estrictamente inferencia suya y no debe presentarse como enseñanza bíblica.

Una sola observación más. El entrevistado propuso cada una de sus interpretaciones como la única posible, y cada vez, por casualidad, era la que más apoyaba su propia opinión. Lo mismo hacemos muchas veces con las diferentes traducciones bíblicas. Las comparamos, pero no para tratar de determinar cuál traducción es la más exacta y fiel al original sino cuál es "la más bonita" o cuál nos agrada más por apoyar mejor nuestras propias opiniones, con lo que hacemos al texto decir lo que nosotros queremos que diga. Lo mismo pasa con interpretaciones. Optamos por la que más nos agrada o más nos sirve, sin tomar en consideración muchas otras posibles interpretaciones del mismo texto que pueden ser más fieles al mensaje del pasaje.

La interpretación de cada texto en la susodicha entrevista fue siempre así de monolítica. Planteaba sus interpretaciones como la única posibilidad, sin la menor duda o cuestionamiento hermenéutica. Aquí debemos aplicar la exhortación de San Pablo, "examinadlo todo, retened lo bueno", incluso para las profecías (1 Tes 5:19-21) y mucho más para las interpretaciones bíblicas.

En otro escrito en este blog recomendé "el método del restaurante". Cuando voy a un restaurante, espero un menú amplio y variado, no una sola opción. Después analizo los pro y contra de cada alternativa: costilla de cerdo es mi favorito pero me crea problemas de colesterol; pollo es más saludable pero cené con pollo anoche; el pescado también es más saludable pero por el momento no me apetece, entonces quedan las pastas, y entre espagueti y lasaña, opto por ésta última. Entre todas las opciones del menú, tomando en cuenta las razones a favor y en contra de cada alternativa, escojo una, la pido y la como. Estudiar la Biblia es un proceso similar.

Muchos textos bíblicos, quizá la mayoría, se prestan para más de una interpretación. Algunos textos permiten muchas posibles interpretaciones, con sus respectivas razones a favor y en contra y a veces sin argumentos contundentes a favor de una sola. El jinete del caballo blanco (Ap 6:1-2) puede interpretarse, con seriedad exegética, de unas diez maneras diferentes, cada una, sin excepción, con sus razones y también sus problemas. El hecho es que los datos de esos dos versículos (caballo blanco, arco, corona, va venciendo) se prestan legítimamente para interpretaciones hasta contradictorias (guerra o paz, Cristo o anticristo). Lo responsable es considerar todas las posibilidades y todos los datos, optar por la que convence más, "comerla" y obedecerla como palabra de Dios y mensaje para nuestra vida.

La interpretación correcta de los textos no siempre queda totalmente evidente y segura. Me gusta "calificar" las interpretaciones por su grado de probable fidelidad al sentido del texto. En una escala de uno a diez, por ejemplo, puede calificar como un "diez" que el Cordero es Cristo, pero mi interpretación del caballo blanco (de la cual, dicho sea de paso, estoy muy convencido) puede ser un siete o un ocho en su grado de probabilidad. De algunos otros detalles, como los 144,000 que "no se han contaminado con mujeres" (Ap 14:4), el grado de probabilidad hermenéutica de la interpretación que prefiero no pasa de un tres o cuatro. Por supuesto, interpretaciones claramente erradas deben recibir un bien merecido cero.

Es importante observar que estas ambigüedades de interpretación se aplican mayormente a detalles y frases de los pasajes. En esos mismos pasajes, el mensaje, "lo que el Espíritu dice a las iglesias", es claro e imperativo.

Aprendamos de las fallas ajenas. Entre los errores del entrevistado, en el programa radial ya citado, fue el de tomar textos fuera del contexto, ajenos a la mentalidad bíblica del autor, y el de no cuestionar sus propias interpretaciones y no tomar en cuenta otras posibilidades exegéticas.

Por eso sus respuestas fueron a la vez tan simplistas y tan dogmáticas. Me dio lástima escuchar el programa, pero a la vez me desafió a interpretar la Palabra de Dios más responsablemente y a compartir estas reflexiones con ustedes.

www.juanstam.com »

Imprimir artículo

Compartir este blog con sus amigos...
Posted in , , , , , , , , | Leave a comment

Síganos en Facebook:

COMÉNTENOS SOBRE ESTE BLOG:

Amado Dios, dedico a Tí el trabajo de este sitio, y lo hago con todo mi corazón y con todo mi amor, esperando que por medio de él atraerás a los que deseas que vengan a Tí. Por mi trabajo en la oficina no puedo salir a predicar, pero con esto quiero hacer mi aporte. Recíbelo Señor, te lo entrego en tus manos, para que lo sostengas si te place. Recibe Tú la exaltación por los buenos comentarios; y por los ataques y ofensas hacia mi persona toma Tú el control de todo, pues este sitio es Tuyo Señor. A Tí sea la Gloria, la Honra, la Alabanza, el Poder y Majestad, por los siglos de los siglos en nombre de Jesucristo, Señor y Salvador Nuestro. Amén.