Archive for agosto 2009

LA ORACION DE JABES.

Por Marvin Santos.

Creo que hasta hay un  libro con ese mismo nombre. Esto demuestra lo profunda y sencilla que a la vez resulta estas frases de Jabes, un personaje muy efímero en la Biblia pero que no deja de ser simplemente edificante para todos los cristianos.

En la traducción de la Biblia de Las Américas se lee en 1 Crónicas 4:9-10 "Jabes invocó al Dios de Israel, diciendo: ¡Oh, si en verdad me bendijeras, ensancharas mi territorio, y tu mano estuviera conmigo y me guardaras del mal para que no me causara dolor! Y Dios le concedió lo que pidió."

Esta pequeña porción de las Sagradas Escrituras demuestran que Dios escucha las oraciones de sus hijos y no solo las escucha, sino que está tan cerca que las responde según nuestra petición. Jabes tenían un sueño, el sueño de ensanchar su territorio, de prosperar financieramente pero en la intención de sus palabras también encontramos que no era una mera ambición de cosas materiales como el dinero o el poder sino que a la vez él pidió el acompañamiento de la sabiduria de Dios para saber encausarse en este nuevo estatus social.

He escuchado a muchos predicadores que hablan de la Prosperidad. Defienden posturas que a mi juicio y a la luz de la Biblia están erradas. Sus mensajes dirigidos a multitudes se pueden resumir en dos palabras: la "siembra" y la "cosecha".  De esta manera, al aplicar en el ámbito espiritual la ley de la siembra y la cosecha, mientras más "siembre" más "cosechará". Esto no digo que NO pueda pasar, puede pasar, Dios puede bendecir a un hermano pero creo que lo haría bajo estos términos planteados por Jabes. Así, la teología de la prosperidad no puede plantearse de otra manera sino bajo los antecedentes bíblicos. Jabes pidió bendición, cosas materiales, pero a la vez pidió que Dios estuviera con él.

Hay que tener cuidado con esto de la doctrina de la prosperidad, no es cierto que si tú das "x" o "y" bien material o cantidad de dinero Dios tiene la obligación de darte el doble. No es cierto. Recordemos el caso de la viuda, la palabra de Dios dice que la viuda ofrendó "su sustento" mientras que los ricos daban lo que les sobraba. Es decir, la intención es la que cuenta, el corazón del que da es el que llama la atención de Dios quien no se quedará sin bendecirle. El apóstol lo dijo a su modo también cuando hablaba del amor, cuando decía si yo diese mi cuerpo para ser quebrantado y no tengo amor, nada soy. Allí mismo el Apóstol dice que hacer  cosas sin amor, entre ellas donar a la iglesia o inclusive yo me atrevería a decir dar el diezmo, no sirve de nada, es como hacer ruido con un metal, o simplemente ser un "címbalo que retiñe", vanidad.

Jabes en su oración nos dice que sí que hay que pedir bendición pero no hay que olvidarnos que esa bendición es para bendecir a otros, es para ensanchar nuestro territorio pero con el acompañamiento de Dios.

Que Dios le bendiga.
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EL EVANGELIO Y LA RIQUEZA

Por Juan Stam.


El paradigma cristológico (2 Cor 8-9)
"Porque ya conoceís la gracia de nuestro Señor Jesucristo,
que por amor a vosotros se hizo pobre,
siendo rico,
para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos." (2 Cor 8.9)


Debe ser axiomático para todos los que nos llamamos cristianos, que el modelo supremo de nuestra vida, nuestras actitudes y nuestra conducta, tiene que ser el mismo Jesús, según las escrituras. Jesús advertía en muchas ocasiones contra el amor al dinero y a la riqueza y dijo que es imposible servir a Dios y a Mamón (dinero, riqueza). En este texto de 2 Corintios, Jesús mismo nos da el ejemplo, despojándose de sus propias riquezas para compartir con los demás.

Otro pasaje, el gran himno cristológico de Filipenses 2, nos cuenta que Cristo, siendo Señor de señores, aceptó venir a esta tierra en forma de siervo. Y nos dice el texto, "no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse" (Fil 2.6). Llama la atención que estos y otros cambios en la vida de la segunda persona de la trinidad son siempre cambios de Dios el Hijo hacia lo contrario de lo que había sido y de lo que esperaríamos de Dios: El Verbo se hizo carne Jn 1:14; el Señor se hizo siervo Fil 2:6-8; el Rico se hizo pobre 2 Cor 8:9; el Justo fue hecho pecado 2 Cor 5:21; y el Amado fue hecho maldición Gal 3.13. Todos son una especie de "movilidad social" hacia abajo (se hizo pobre, siervo, carne, pecado, maldición).

El contexto de 2 Corintios 8 y 9

San Pablo, al ir concluyendo su labor misionera, tuvo el gran sueño de llevar a Jerusalén una comitiva de los primeros creyentes (las primicias) de las diversas provincias romanas que él había evangelizado, junto con una generosa ofrenda para los pobres (Rom 15.25-28; 1 Cor 16.1-4; Hch 20.22-24; 21.4,10-14; Gál 2.10). En eso tuvo una doble intención: Aliviar la extrema pobreza de los santos de Jerusalén y, segundo, dar un gesto de unidad de la iglesia, ya que las relaciones entre la iglesia de Jerusalén y la misión de Pablo habían sido tirantes. Pablo sabía bien que esa misión sería peligrosa, aún para su vida, pero se mantuvo inconmovible en su propósito.

En los preparativos para esa misión a Jerusalén, Pablo visitó las distintas iglesias solicitando ofrendas para llevar consigo a Jerusalén. En esas giras, tanto la iglesia de Macedonia como la de Corinto habían prometido sus aportes. Los hermanos de Macedonia, desde su pobreza y con mucho sacrificio, habían cumplido lo prometido (8.1-6), pero los de Corinto no (8.7-8). En ese contexto, es claro que Pablo escribe aquí para presionar a los corintios a entregar lo que habían prometido.

Lo sorprendente es que, para pedir fondos, Pablo no apela a la lástima ni al deber, sino a la gracia de Dios.[1] En ningún momento apela a la lástima o la filantropía. Palabras como eleêmosunê (misericordia) o filanthropia (filantropía) o agathôsunê (generosidad, beneficencia) no aparecen en todo el pasaje. Más bien, la palabra clave de los dos capítulos es jaris (gracia), que se usa diez veces: siete veces como designación de la ofrenda para los pobres de Jerusalén (8.1,4,5,7,19; 9.8,14), una vez para la gracia de Cristo (8.9), y dos veces con el sentido de gratitud (9.15 gracias a Dios por su don inefable; 8.16 gracias por la solidaridad de Tito). El apóstol no fundamenta su solicitud de fondos ni en la lástima ni en la necesidad misma, sino en toda una teología de la gracia divina realizada en la acción social por los necesitados.

A partir de este carácter de gracia que reviste la generosidad, Pablo utiliza otros términos teológicos para describir este proyecto de acción social. Son frases del más alto significado teológico, y Pablo las va acumulando para un máximo de énfasis. Esa sencilla contribución monetaria sería "la jaris de la koinonia de la diakonia (8:4). Será un acto de justicia (9.9-10, dikaiosunê). La diakonía de esta leitourgia no sólo suplirá la necesidad de los pobres sino que redundará en mucha eujaristia (9.12) y en mucha doxa (gloria) para Dios (9:13). De esta forma el Apóstol invoca una serie de los términos teológicos más elevados, todo para describir una recolecta monetaria para los pobres. Esa ofrenda era una koinonía, una diakonía, una liturgia y una eucaristía.

El compartir con los necesitados es un carisma (jarisma) que el Espíritu otorga dentro del cuerpo de Cristo ("los que ayuden a otros", 1 Co 11.28). La gracia de Dios se revela en la generosidad cristiana con los pobres. Nuestro Dios es un Dios que da alimento a todo ser viviente (Sal 136.25; Eclo 7.32-33); como Dios de gracia y misericordia, es el Dios de los necesitados y las viudas, el Padre de los huérfanos y el defensor de los desahuciados. H.H. Eller afirma que en la enseñanza de Jesús, járis nunca tiene el sentido de "favor inmerecido", sino que consistía esencialmente en la solidaridad de Dios con los débiles, pobres, despreciados y desesperanzados (Mt 11.5,28-30; Mr 10.26-28; Lc 15).[2]

Tres textos resumen el argumento de estos dos capítulos:

1) 8.9 El modelo cristológico, que siendo rico se hizo pobre;

2) 9.8-11 Dios es poderoso para hacer que abunde en vosotros toda gracia, para que teniendo en
todo lo suficente, estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad;

3) 9.15 ¡Gracias a Dios (járis) por su don inefable! (nuestra respuesta eucarística).


¿En qué sentido era "rico" Cristo antes de encarnarse? A primera vista responderíamos, "espiritualmente rico", pues en el cielo no existen bienes materiales. Sin embargo, eso rompería el paralelismo con la segunda frase (Jesús no era pobre espiritualmente sino materialmente) y no concordaría con el énfasis económico de todo el pasaje. No era un mensaje "espiritual" que Pablo quería comunicar a los corintios.

En el pensamiento hebreo, Dios es el dueño de toda la tierra, y Dios es el único dueño. "De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan" (Sal 24.1). "Pues míos son todos los animales salvajes, lo mismo que los ganados de las serranías; mías son las aves de las montañas y todo lo que bulle en el campo. Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti, pues el mundo es mío, con todo lo que hay en él" (Sal 50.10-12, Dios Habla Hoy).

Básica a la teología de la tierra en las escrituras hebreas, es la convicción de que nadie puede ser dueño de nada, porque es Dios quien reparte la tierra entre los seres humanos, que no son más que mayordomos. Por eso, "la tierra no debe venderse a perpetuidad; la tierra es mía, y ustedes sólo están de paso por ella como huéspedes míos" (Lev 25.23 DHH). Por supuesto, no queda ninguna posibilidad del concepto de propiedad privada en esa teología.

Si el Hijo de Dios, Co-Propietario del universo entero, estuvo dispuesto a hacerse pobre para enriquecernos a nosotros, cuánto más debían los cristianos de Corinto compartir sus bienes con los pobres de Jerusalén.

Cristo, siendo rico, se hizo pobre. Su vida comenzó en un pesebre prestado y lo sepultaron en una tumba también prestada. Se crió en una familia de la clase obrera, y durante dieciocho años de su vida ejerció el oficio de carpintero (su ministerio profético, en cambio, duró sólo unos tres años). En una ocasión dijo, comparándose desventajosamente con las zorras y las aves, "las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo de hombre no tiene donde recostar la cabeza" (Lc 9.58). Cristo bendijo a los pobres y denunció a los ricos (Lc 6.20,24; 18.25). Jesús optó libremente por ser pobre y encarnó para nosotros un estilo sencillo de vida.

Después de citar el paradigma cristológico, Pablo introduce una serie de nuevos temas, pero en 2 Cor 9.8-11 aclara el sentido de la última frase de 8.9, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos. Este pasaje del capítulo 9, muy citado por la teología de la prosperidad, merece un análisis cuidadoso:

Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas lo suficiente, abundéis para toda buena obra, como está escrito: Repartió, dio a los pobres; su justicia permanece para siempre. Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad...

Dos frases aquí aclaran el enriquecimiento que Cristo nos da: "teniendo siempre en todas las cosas lo suficiente, abundéis para toda buena obra" y "para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad" (que repite el mismo verbo de 8:9). Este lenguaje está muy lejos de una teología de la afluencia capitalista y consumista; habla sólo de "tener lo suficiente", que es lo que Dios quiere para todos sus hijos e hijas. Específicamente, para los corintios, significaba tener suficiente para vivir con dignidad y también contribuir para los pobres de Jerusalén, lo que describe como "justicia". No dice nada de una situación económica holgada ni de una vida de abundancia de bienes materiales. Eso, por supuesto, estaría en total contradicción con el paradigma cristológico de 8:9.

Los predicadores de la prosperidad gustan hablar de "la ley de siembra y cosecha", en el sentido moderno de una ley de causa y efecto. Pero este texto (junto con 9.6-7) no sugiere que Pablo estuviera formulando alguna especie de "ley", en el sentido moderno de causa y efecto; lo de la siembra y la cosecha no es más que una ilustración. Además, todo el énfasis de estos versículos, como de los dos capítulos, es sobre la generosidad en compartir los bienes que tenemos, no en acumular más bienes. Debe notarse, también, que Pablo no está pidiendo para sí mismo ni para su labor misionera sino para los pobres de Jerusalén. Qué diferente a las "maratónicas" de algunos canales de televisión y emisoras de radio, que recaudan grandes cantidades de dinero pero lo que menos se les ocurriría es repartirlo entre los pobres.

En los versículos finales del capítulo (9.11-14) Pablo describe la reacción en cadena que ocurre cuando compartimos con los pobres: El clímax de esta solicitud de ofrendas es un verdadero éxtasis de alabanza por las consecuencias de la gracia de Dios encarnada en ayuda a los pobres. En esa situación de extrema pobreza en Jerusalén, y de relativa comodidad en Corinto, la gracia de compartir hará nacer una nueva esperanza. Terminada la ingrata tarea de solicitar fondos, Pablo irrumpe en una cascada de júblio que anticipa las consecuencias de la contribución de los corintios:

"[Dios] hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia. Ustedes serán enriquecidos en todo sentido para que en toda ocasión puedan ser generosos, y para que por medio de nosotros la generosidad de ustedes resulte en acciones de gracias (eujaristia) a Dios. Esta ayuda (diakonia) que es un servicio sagrado (leitourgia) no sólo suple las necesidades de los santos sino que también redunda en abundantes acciones de gracias (eujaristia) a Dios. En efecto, al recibir esta demostración de servicio (diakonia), ellos alabarán (doxazô) a Dios por la obediencia con que ustedes acompañan la confesión (homologia) del evangelio de Jesucristo, y por su generosa solidaridad (koinônia) con ellos y con todos. Además, en las oraciones de ellos por ustedes, expresarán el afecto que les tienen por la sobreabundante gracia (jaris, ¡la ofrendita de los corintios!) que ustedes han recibido de Dios.

¡Gracias (jaris) a Dios por su don inefable! (9.10-15 DHH).

Algo muy extraño y muy importante está occurriendo aquí. En medio de la necesidad de los pobres de Jerusalén y la renuencia de los acomodados de Corinto, la gracia de Dios ha entrado en acción. Pablo da por sentado que los corintios van a responder y enviar su ofrenda y da rienda suelta a su fe y su exuberante imaginación creativa para anticipar todos los trascendentales resultados de dicha gracia. Nada indica que el aporte de ellos iba a ser de sumas grandes; lo grande sería la gracia de Dios en la práctica consecuente de ellos.

Y es que la praxis del amor eficaz logra una transformación de la realidad. La esperada ofrenda de los corintios ha transformado el círculo vicioso de la des-gracia en el círculo eucarístico de la gracia. La práctica de la justicia introduce situaciones totalmente nuevas, donde la gracia de Dios comienza a actuar en reacción de cadenas de bendición.


Para que haya igualdad (8.13-14). Hay otro énfasis en estos capítulos que merece atención especial. Dos veces en dos versículos Pablo insiste en el ideal cristiano de la igualdad:

"No se trata de que por ayudar a otros ustedes pasan necesidad; se trata más bien de que haya igualdad. Ahora ustedes tienen lo que a ellos les falta; en otra ocasión ellos tendrán lo que les falta a ustedes, y de esta manera habrá igualdad" (8:13-14 DHH).

El paradigma cristológico de 8.9, que domina todo este bloque textual, implica también un compromiso con la igualdad. Siendo inmensamente rico (según el pensamiento hebreo y paulino), Jesucristo quiso "anivelarse" con nosotros y vivir como un pobre entre los pobres (aunque tampoco en miseria).

De hecho, la igualdad es el principio central de toda la enseñanza social y económica de Israel.[3] Partiendo del principio de que Dios es el único dueño de todos los bienes, la legislación hebrea estaba diseñada para defender al pobre y buscar la mayor igualdad posible en el pueblo.[4] El intento evidente del sistema socio-económico propuesto para Israel era evitar que la prohibición del hurto se malinterpretara como justificación de la acumulación desigual de riquezas.[5] Dios se declara padre de los huérfanos, abogado defensor de las viudas, y amigo protector de los extranjeros y los desahuciados (Dt 10.18; Sal 68.5; Ex 22.21-24). La visión profética es de una sociedad en que "todos vivirán sin temor, y cada cual podrá descansar a la sombra de su vid y su higuera" (Miq 4.4; Zac 3.10).

El tema de la legislación social de Israel es amplísimo, pero ahora sólo podemos mencionar un aspecto central: el año sabático y el Jubileo. Las fiestas judías se configuraron mayormente por la experiencia histórica del éxodo, y se destaca entre ellas una triple secuencia a base de ciclos de siete. El séptimo día de cada semana se celebraba el Shabat; cada séptimo año se debía celebrar el año sabático de la tierra (Dt 15.1-11; Lv 25.1-7.18-22); y después de siete sábados de la tierra (49 años), el siguiente año debía ser un año de jubileo (Lv 25.8-17,23-34; 27.16-25). La estructura simétrica de este ciclo, a base de sietes (derivado también de la creación), acentúa su importancia.

En breve resumen, el día del sábado significaba una declaración de libertad para el trabajo humano y el descanso semanal para la tierra y los animales (Ex 23.12). Por otra parte el sábado de la tierra, entre sus varias versiones, incluía tres elementos: (1) barbecho de la tierra durante el año, con sus productos no cultivados designados para los pobres (Ex 23.10s; Lv 25.2-7; Neh 10.32); (2) la liberación de todo israelita bajo servidumbre (Ex 21.2-11; Dt 15.12-18; Jer 34.8-17); (3) la condonación de toda deuda contraída (Dt 15.1-11). Hoy día, ante la agobiante crisis de la deuda externa de los paises del tercer mundo, esta teología del préstamo ha captado la atención de muchos líderes latinoamericanos (¡hasta de Fidel Castro! Ocurrió en una consulta sobre la deuda externa en la Habana en los años 80).

El Jubileo se describe sólo en Lev 25 y está menos documentado que el año sabático. Se menciona también en Lev 27.17-24, Nm 36.4 y Ezq 46.17, con alusiones también en Jer 34 ("promulgar cada uno libertad a su prójimo" 34.8,15,17) e Isa 61 ("proclamar libertad a los cautivos" 61.1; "proclamar el año agradable de Yahvé" 61.2) y algunos otros pasajes.[6] Su base histórico-salvífica es la repartición original de la tierra en igualdad y justicia: "A los grupos más numerosos les darás una porción mayor, y a los grupos menos numerosos una porción menor", a cada tribu según el censo (Nm 26.54; 33.54). El Jubileo formula legalmente lo que los profetas articulan moralmente cuando denuncian la acumulación de propiedades (Is 5.8; Miq 2.2).

"Pregonareís libertad en la tierra a todos sus moradores" (Lv 25.10) es la consigna del Jubileo. Y como no puede haber libertad sin justicia económica, el otro tema es la tierra familiar. Christopher Wright afirma que el sistema socioeconómico de Israel "tenía dos características que contrastaban totalmente con la estructura económica cananea": (1) la distribución equitativa y (2) la inalienabilidad de la tierra, para que no pasara definitivamente a otras familias.[7]

Para lograr la justicia y la igualdad, el autor sacerdotal no confía simplemente en la conciencia moral y la buena voluntad, ni iniciativas individuales privadas; plantea más bien un sistema de legislación nacional con un plan detallado de reforma agraria cada 50 años (Lv 26.10-17,23-34). En contraste con el neoliberalismo, diseñado a favor de los poderosos para crear desigualdad a base de la libre competencia y la no-intervención estatal, el Jubileo pretende legislar un sistema social que rectifique periódicamente la infraestructura económica para defender la máxima igualdad social.[8]

Es cierto que hay problemas históricos en cuanto a esta legislación, pero es claro que el Jubileo (junto con el año sabático) expresaba la profunda convicción de los autores bíblicos, especialmente los profetas. No cumplirlo era una violación del pacto, que Dios también castigaría (Lv 26.34,43; 2 Cr 36.21; Jer 34.16-18). Cuando no se cumplía, era por el pecado humano. Por eso, en los profetas, este doble tema va tomando dimensiones mesiánicas y escatológicas (Is 35; 58; 61; Ez 47.14).[9] Esta esperanza, postergada y profundizada a la vez, se expresa elocuentemente en Is 61.1-3:

El espíritu del Señor está sobre mí,
porque el Señor me ha consagrado;
me ha enviado a dar buenas nuevas a los pobres,
a aliviar a los afligidos,
2a anunciar libertad (QâRâA DeRôR) a los presos,
libertad a los que están en la carcel,
a anunciar (QâRâA) el año favorable del Señor,
el día en que nuestro Dios
nos vengan de nuestros enemigos.
Me ha enviado a consolar a todos los tristes,
3a dar a los afligidos de Sión
una corona en vez de ceniza,
perfume de alegría en vez de llanto,
cantos de alabanza en vez de desesperación... (DHH)


Siglos después, según San Lucas (4.18s), Jesús en su proclama inaugural aplica este pasaje jubilar (más una frase de Is 58.6, otro pasaje jubilar) a su propio ministerio redentor. Igual que en Is 61.2, "el año favorable del Señor", que proclama libertad a los cautivos, debe entenderse como el Jubileo. En este "manifiesto de Nazareth" Jesús asume el rol del Ungido que había de traer el Jubileo ("El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido" 4.18; cf 3.22) e identifica las metas y valores de su Reino con los del Jubileo. Su ministerio era en verdad "buenas nuevas para los pobres"; sus milagros eran señales del Jubileo prometido.

La proclama de Jesús en Nazaret se reafirma en el día de Pentecostés. Como era el día del sábado al año sabático (séptimo día y séptimo año), era también el día de Pentecostés al año de jubileo (50 días, 50 años). Es impresionante ver el paralelo de Hch 2 con Isa 61 y Lc 4. Al inicio del capítulo "el Espíritu del Señor" viene ahora sobre sobre la iglesia, cuerpo vivo del Mesías resucitado (Hch 2.1-13; cf Is 61.1). Y al final del capítulo, la comunidad mesiánica practica el Jubileo y realiza "buenas nuevas para los pobres" con un proyecto de comedores populares (Hch 2.42-47; 4.31-5.11, 6.1-7). El ideal del año sabático, que "no habrá pobres entre ustedes" (Dt 15.4), se realizó en la comunidad pentecostal: "No había entre ellos ningún necesitado" (Hch 4.34) porque "ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía" (4.32). En el día de Pentecostés, el Espíritu inspiró un verdadero Jubileo y un anticipo de la comunidad de bienes de la Nueva Jerusalen.

El proyecto económico que comenzó el día de Pentecostés se prolongó hasta el final del ministerio de San Pablo. Cuando Pablo y Bernabé subieron a Jerususalén para consultar con los apóstoles sobre la misión a los gentiles, éstos les dieron su aval pero "solamente nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, cosa que he procurado hacer con todo cuidado" (Gál 2.10 DHH). Uno de los primeros proyectos de Pablo como cristiano fue el de llevar ayuda a los necesitados de Judea (Hch 11.29s). Y al final de su ministerio, en el corazón de Pablo nace el sueño osado de juntar a los primeros creyentes de las comunidades gentiles y monedas de las distintas provincias del imperio, para llevarlo a Jerusalén para los pobres (Ro 15.25-26; 1Co 16.1-4; 2 Cor 8-9; Hch 20.22s; 21.10-14). Pablo dedicó la culminación de su ministerio al mismo proyecto de Jubileo que nació el día de Pentecostés.

Esa visión escatológico-económica se realiza plenamente en Ap 21-22. La igualdad es un valor bíblico; la desigualdad, un anti-valor anti-bíblico. En el reino de Dios todos seremos reyes y sacerdotes; nadie será más rey y sacerdote, nadie será menos rey y sacerdote. Entoces el oro y las perlas y las piedras preciosas, antes prostituídas en las manos del imperio, serán de todo el pueblo (las calles y muros y fundamentos del pueblo: Apoc 21:9-21). De hecho, la visión de abundancia e igualdad con que concluye la Biblia no es sino la culminación de toda una teología bíblica de los bienes materiales. Desde el pentateuco hasta el Apocalipsis, la teología bíblica de lo económico es un mensaje de justicia e igualdad. La visión de la Nueva Jerusalén debe ser la inspiración y la orientación de los cristianos de hoy ante los desafíos complejos del futuro de nuestro continente.

La literatura apocalíptica judeo-cristiana, siguiendo fielmente esta larga tradición bíblica, hace también aportes valiosos a esta visión de abundancia para todos. Muy citada es 2 Baruc 29.4:

La tierra dará frutos diez mil veces mayor. Cada vid tendrá mil ramas, y cada rama producirá mil racimos de uvas, y cada rácimo producirá mil uvas, y cada uva dará un cor de vino [200 litros]...Y los hambrientos se gozarán y verán maravillas cada día. Vientos saldrá cada mañana de delante de mí a llevar la fragancia de frutos aromáticas, y nubes al final del día destilarán el rocío del cielo. Y en aquel tiempo los tesoros del maná caerán de nuevo del cielo, y comerán de él.

La alusión al `"maná escondido" en Ap 2.17 muestra que Juan conocía la misma tradición de 2 Baruc 29 y corrobora el cuadro de abundancia para todos que nos dan los últimos capítulos del Apocalipsis.

Otra literatura antigua judeo-cristiana confirma dramáticamente el ideal de igualdad en el reino mesiánico:

...y todos disfrutarán de vida común y riqueza. La tierra será de todos por igual; sin estar dividida por muros ni cercados, producirá algún día frutos más abundantes. Y dará frutos de dulce vino, de blanca leche y de miel...cuando Dios haga cambiar los tiempos...y transforme el invierno en verano. (Oráculo Sibilino 8.208-215)

La tierra, de todos por igual, sin estar dividida por muros ni cercados, producirá entonces frutos más abundantes por sí sola. Compartirán los recursos sin dividir la riqueza, pues allí no habrá ni pobres ni ricos, ni amos ni esclavos, ni grandes ni pequeños, ni reyes ni caudillos. En común y unidos vivirán todos. (Or Sib 2.319-324)

Esta visión judeo-cristiana es el proyecto económico de Dios para la historia humana. Por ella oramos cuando decimos "venga tu reino, hágase tu voluntad, en la tierra como en el cielo". Nuestras opciones y nuestra conducta se orientan por el mandato de "buscar primeramente el reino de Dios y su justicia" (Mat 6:33) y, en términos escatológicos, su abundancia y su igualdad. Cualquier otro programa es el proyecto de la bestia, no de Dios y su Cordero.

Muy de acuerdo con esta visión profética son las palabras de nuestro gran poeta costarricense, Jorge Debravo:

Yo deseo que todo, que la vida sea nuestra
como el agua y el viento.
Que nadie tenga más patria que el vecino.
Que nadie diga más la finca mía...
sino la finca nuestra, de nosotros los hombres.
(del poema "Nosotros los hombres")

Me gustaría tener manos enormes,
violentas y salvajes,
para arrancar fronteras una a una
y dejar de frontera solo el aire.

Que nadie tenga tierra
como se tiene tierra;
que todos tengan tierra
como tienen el aire.
(del poema "Nocturno sin patria")


BIBLIOGRAFÍA:

Camargo, Jesús, "Realidad económica y fe cristiana", Boletin Teológico #65, enero-marzo 1997, 27-58

de Vaux, R, Instituciones del Antiguo Israel (Barcelona: Herder 1985)

Eller, H.H., "Gracia" en Lothar Coenen et al., Diccionario teológico del Nuevo Testamento (Salamanca: Sígueme 1980), Tomo II, p.237-238.

Gnuse, Robert, Comunidad y propiedad en la tradición bíblica, Verbo Divino, Estella, Navarra, 1987.

Maertens, Thierry Fiesta en honor de Yahvé (Madrid: Cristiandad 1964)

Richard, Pablo, "Ya es tiempo de proclamar un jubileo", Vida y Pensamiento 18:2 octubre 1998, 7-34

Stam, Juan, "El poder económico de la gran bestia" en Apocalipsis y Profecía (Buenos Aires: Kairós, 1998).

Stam, Juan, "La sobreabundancia de la multiforme gracia de Dios" en Gracia, Cruz, Esperanza, Israel Batista ed (Quito: CLAI 2004), pp. 25-40

Wright, Christopher, Wright, Anchor Bible Dictionary, 1992, Tomo III, pP. 1025-1029

Wright, Christopher, "Sabbatical Year" Anchor Bible Dictionary (NY: Doubleday 1992) Tomo V, pp. 857-861
[1] ) Algunos párrafos a continuación son adaptados de mi escrito, "La sobreabundancia de la multiforme gracia de Dios" en Gracia, Cruz, Esperanza, Israel Batista ed (Quito: CLAI 2004).
[2] ) H.H. Eller, "Gracia" en Coenen et al., Diccionario teológico del Nuevo Testamento (Salamanca: Sígueme 1980), Tomo II, p.237-238.
[3] ) Para este tema, he adaptado materiales de mi artículo, "El poder económico de la gran bestia" en Apocalipsis y Profecía (Buenos Aires: Kairós, 1998).
[4] ) Bien observa Robert Gnuse que la legislación judía se concentra no en proteger los "derechos" de los poderosos sino en defender la vida de los débiles. (Eso la contrapone frontalmente con la ideología neoliberal). Gnuse cita el Talmud de Lv 19.15: la justicia es misericordia más que imparcialidad (1987:107), en contraste con las leyes babilónicas que castigaban más severamente los delitos de pobres contra ricos. Robert Gnuse, Comunidad y propiedad en la tradición bíblica, Verbo Divino, Estella, Navarra, 1987.
[5] ) Gnuse ibid., 1987:87
[6] ) Lv 25, Isa 61 y Jer 34 emplean la misma expresion hebrea para "pregonar libertad" (QâRâA DeRôR), lo cual sugiere una relación directa entre los textos. El mismo verbo ocurre en "proclamar remisión" (QâRâA SheMTâH) en Dt 15.2.
[7] ) Wright, Anchor Bible Dictionary, 1992, Tomo III, p. 1025.
[8] ) Wright, ibid., p.1029; Gnuse, op.cit. p. 87. La misma meta y los mismos métodos se ven en el amplio sistema hebreo de impuestos como sistema para redistribuir la riqueza a favor de los pobres. El neoliberalismo predica la reducción de impuestos, pero lo realiza a favor de los ricos (que a su vez colaborarán financiando las campañas electorales de ellos).
[9] ) Wright, Christopher, "Sabbatical Year" Anchor Bible Dictionary (NY: Doubleday 1992) Tomo V, p.860.

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¿ES BÍBLICA LA TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD?

Por Juan Stam.


Aunque la teología de la prosperidad ha tomado un auge fenomenal, especialmente en los medios televisivos y algunas megaiglesias, su interpretación bíblica ha sido muy puntual, sin formular sistemáticamente sus principios hermenéuticos, sus bases exegéticas ni su enfoque teológico. Tampoco han aparecido muchos análisis críticos de dicho movimiento. Este ensayo no será más que un primer paso en ese proceso tan urgente y necesario.

Algunos principios hermenéuticos: Una regla fundamental de la fiel interpretación bíblica es la de buscar el significado original del mensaje, o sea, lo que el autor inspirado quiso comunicar y lo que los primeros receptores hubieran entendido. Desde ese mensaje en su contexto antiguo, y sólo desde ese mensaje, podemos proceder a buscar el mensaje para hoy. Eso se llama "pensar bíblicamente", pensar "junto con" los autores y lectores antiguos. Es una falacia trasladar el texto directamente a nuestro contexto moderno. Ahí comienza el problema con los predicadores de la prosperidad: interpretan "prosperidad" en su sentido moderno económico, sin relación a su significado original. Los he escuchado también interpretar la palabra "ruina" sólo como la bancarrota o el desempleo. Cualquier estudio de los temas prosperidad, riqueza y pobreza en el pensamiento bíblico puede demostrar cuán alejados andan del pensamiento bíblico, cuando para ellos "prosperidad" significa sólo tener casa lujosa, empresa privada exitosa o un carro del último modelo.

Aquí es necesario reconocer una característica del pensamiento antiguo muy diferente a nuestra manera moderna de pensar. Ellos solían expresar un principio general, sin explicitar las posibles excepciones pero dándolas por sentadas. Es muy claro el caso de la profecía que Dios dio a Jonás: "De aquí a cuarenta días Nínive será destruida" (Jon 3:4), así de categórico, sin condiciones ni excepciones. Pero Nínive se arrepintió y no fue destruida, muy al disgusto de Jonás mismo. Parecido pasa con el sexto mandamiento, "no matarás", que parece ser incondicional y sin excepciones, pero en otros pasajes Dios mismo manda la pena capital (Ex 9:6) y, muchas veces, manda la guerra (cf. Stam, "La Biblia y la violencia"). Para un caso del Nuevo Testamento, "el que creyere y fuere bautizado será salvo" (Mr 16:16); sin embargo, el malhechor penitente fue salvo sin ser bautizado. Por eso, cuando el primer salmo declara que "todo lo que hace, prosperará", afirma una verdad básica pero presupone la posibilidad de excepciones. No garantiza que mi empresa tendrá éxito ni que mis inversiones en la bolsa no pierdan valor. Veremos más adelante lo peligroso de absolutizar algunas declaraciones bíblicas sin tomar en cuenta la posibilidad de excepciones.

Para ser bíblica y fiel, una teología debe afirmar "todo el consejo de Dios" (Hech 20:20,27) y no basarse en algunos versículos aislados sin tomar en cuenta otras evidencias bíblicas. Muchas herejías nacen por tomar una verdad bíblica unilateralmente y exagerarla fuera de proporción. Los Testigos de Jehová toman la enseñanza bíblica que Dios es uno para negar la verdad correspondiente de la triple distinción personal dentro de la deidad (la trinidad). Una de las primeras herejías en la historia cristiana, que 1 Juan 4:3 llama "el espíritu del Anticristo", consistía en afirmar unilateralmente la deidad de Jesucristo, negando su plena humanidad. La sana doctrina respeta la diversidad de la enseñanza bíblica en muchos de sus temas.

El enfoque bíblico sobre la riqueza y la pobreza: Una consideración de toda la enseñanza bíblica sobre la riqueza y la pobreza deja muy claro que un evangelio "prosperidad-céntrico" es un evangelio excéntrico y falso (ver nuestro blog "Algunos evangelios que no son", 7.9.07). Aunque hay versículos aislados sobre la prosperidad material, ese tema está lejos de ser el enfoque central bíblico sobre este tema. El gran énfasis bíblico no cae en la acumulación egoísta de bienes sino en la solidaridad con los necesitados (ver "El Año de Jubileo" I-III, 12.18.07; 4.8.08; 3.18.09). Si Dios nos bendice, es para bendecir a otros, a manos llenas (Gén 12:2-3; cf Dt 15:10,13-14). La Biblia reconoce la existencia de la pobreza, no sólo ni primordialmente como consecuencia de pecados ni de falta de fe, sino como un llamado a la solidaridad. Dios mismo se declara el Dios de los pobres, las viudas, los huérfanos y los forasteros. Uno de los grandes problemas del pensamiento bíblico es la prosperidad de los malos y la pobreza de los justos (Jer 12:1; Lam 1:1; cf Salmo 37:7; 73:3). La riqueza no es siempre premio de la fe y la santidad, ni la pobreza es siempre resultado de pecado o falta de fe.

La teología de la prosperidad debe tomar más en serio las palabras tajantes de Jesús, "Bienaventurados vosotros los pobres... Mas ¡Ay de vosotros, ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo" (Lucas 6:20,24; incluso los que se enriquecen con la teología de la prosperidad). Cristo reconoció a menudo lo difícil que era para un rico entrar al reino de Dios: Mt 13:32 (Mr 4:19; Luc 8:14), Mt 19:23-24 (Mr 10:23-24; Lc 18:24); compárense también Lc 1:53; 16:19-21; 18:23-25.

Cuando Cristo quiso actualizar para su época la radical disyuntiva de Elías (1 Reyes 18:21, o Baal o Jehová pero no los dos), él escogió precisamente la avaricia como la idolatría más típica del ser humano: "Ninguno puede servir a dos señores... No podéis servir a Dios y a las riquezas" (Mt 6:24; Lc 16:13). En el mismo sentido, San Pablo denuncia "la avaricia, que es idolatría" (Col 3:5). Jesús se hizo pobre para hacernos ricos y dispuestos a ayudar a los necesitados (2 Cor 8-9; ver el blog "La prosperidad", en esta página web). Todos estos textos bíblicos no deben neutralizarse por racionalizaciones atenuantes.

Los profetas del Antiguo Testamento atribuyeron la pobreza no al pecado del pobre ni su falta de fe sino a la injusticia de la sociedad. Al decir "siempre tendréis pobres con vosotros" (Mt 26:11; Mr 14:7; Jn 12:8), Jesús ni aprueba la pobreza ni culpa a los pobres. Está citando a Deut 15:11, que llama a los fieles a la constante solidaridad generosa con los necesitados El mensaje central de la Biblia no es, ¡jamás!, cómo llegar algunos a ser ricos en medio de la miseria de otros, sino como actuar personal y socialmente para que todos vivan dignamente.

Algunos ejemplos de la interpretación bíblica en esta teología: Una prueba decisiva de la validez de cualquier orientación teológica es su capacidad de inspirar interpretaciones fieles y edificantes de la palabra de Dios. Según todas las normas de sana interpretación, la teología de la prosperidad sale muy mal ante este criterio. Como enfoque hermenéutico, esta teología se ha mostrado muy fecunda y productiva... ¡de pésimas interpretaciones bíblicas! Veamos algunas pocas de ellas:

(1) Fundamental a la teología de la prosperidad es "la ley de la siembra y la cosecha". Un predicador en Enlace, dejando caer su Biblia sobre el púlpito, comparó la ley de la siembra con la de la gravitación. Tal "ley" no tiene base en el sentido del texto. En primer lugar, 2 Cor 9:10 no plantea una ley sino una analogía agrícola de un principio muy general, que tiene muchas excepciones en la agricultura (cuando falla la cosecha). En segundo lugar, esta interpretación impone sobre el texto un concepto moderno de "ley" totalmente ajeno a la mentalidad antigua. En tercer lugar, el texto no tiene nada que ver con diezmos ni tampoco con una especie de regateo con Dios. En cuarto lugar, Pablo no está pidiendo dinero para sí mismo ni para la iglesia sino para los pobres de Jerusalén. Y en quinto lugar, todo el pasaje se inspira en el ejemplo de Jesús que se hizo pobre para enriquecer a otros (2 Cor 8.9).

De esta ficticia "ley" se sacan conclusiones como que "si no hay semilla, no hay milagro" o que "hay que amarrar la visión con una ofrenda". ¿Donde enseña la Biblia que nuestras ofrendas "amarran" algo? Todo este juego hermenéutico es una orgía de especulación.

(2) El irrespeto al texto bíblico se reveló recientemente (Enlace, 7 agosto 2009) cuando se presentó como traducción de Mt 19:21 (Mr 10:21; Lc 18:22) "Vende lo que te sobra". Mateo dice "vende lo que tienes", no "lo que te sobra", y Marcos y Lucas lo amplían en "vende todo lo que tienes". ¡Qué manera de acomodar el texto a nuestros intereses y preferencias! En esa hermenéutica, el texto tiene que significar lo que yo quiero que signifique.

(3) Los predicadores de la prosperidad suelen suponer, gratuitamente, que la interpretación de ellos es la única posible, de modo que no aceptar esa interpretación es no creer la Biblia: "Algunos dicen que la ofrenda no tiene nada que ver con el milagro. ¿No leen ellos la Biblia? Siempre el altar produce el milagro". En un comentario sobre la frase "todas estas cosas os serán añadidas" (Mat 6:33; Lc 12:31), interpretada como una fórmula mecánica para la riqueza, sin excepciones, un predicador en Enlace se permitió decir, "si esto no se cumple, entonces Jesús mintió". No tomó en cuenta la tendencia antigua de declarar algo sin mencionar las posibles excepciones. Entonces, en realidad su comentario significaba, "Una de dos: o mi interpretación literalista e incondicional es correcta, o Jesús está mintiendo". Además, en todo este pasaje (Mat 6:24-34) Jesús condena el afán por las cosas materiales en vez de una tranquila confianza que el Señor proveerá todo lo necesario para una vida digna y honrosa. Es un pasaje muy incómodo para la teología de la prosperidad.

(4) Ante la actual crisis de Wall Street, algunos (Rony Chávez, Enlace, 11.15.08) han apelado al éxodo para inventar una teoría de "la transferencia de riqueza". Según Chávez, textos como Ex 3:22 y 35:36 significan que "la riqueza que los mundanos han perdido en los casinos, cambiará de manos, porque es tiempo de transferencia". ¡Cualquier teología capaz de producir tan mala exégesis, no es digna de ser creída!

(5) Frases bíblicas como "serás cabeza y no cola" o "Fui hecho para estar arriba", fuera de contexto, fomentan ambiciones personales carnales. ¿Si estamos "arriba", entonces, ¿encima de quién? ¿Quienes, en ese plan, deben estar "abajo"? Es cierto que somos hijos e hijas del Rey, pero el rico no es más "hijo" que el pobre, ni ser hijo de Dios significa necesariamente ser próspero materialmente.

(6) Contra toda la evidencia bíblica, estos predicadores pretenden probar que Jesús era acomodado económicamente. Un argumento favorito de ellos es que Jesús poseía una túnica sin costura, "de un solo tejido de arriba abajo" (Jn 19:23). La frase de Juan aquí no tiene la menor intención de indicar que Jesús era rico, sino que los soldados estaban cumpliendo la profecía de Sal 22:18. Raymond Brown, en su clásico comentario del cuarto evangelio (Tomo 2, p.902), señala que "un vestido de ese tipo no era necesariamente un lujo, pues un artesano sin ninguna pericia especial podría fabricarlo". Además, los evangelios hablan de algunas mujeres que seguían a Jesús para atenderlo; lo más probable es que alguien le regaló esa túnica. Jesús y sus discípulos vivían de los donativos de algunas personas, básicamente como transeúntes fuera del sistema económico de su tiempo.

Abundan argumentos hasta estrafalarios para mostrar que Jesús no era pobre. Un defensor de esta teología ha argumentado que cuando bajaron al paralítico por el techo de una casa prestada, Jesús no se preocupó porque sabía que tenía recursos para reparar el techo.

¡El ejemplo de Jesús es la refutación más contundente de la teología de la prosperidad!

(7) Otro índice de la fidelidad bíblica de una teología es la música que produce. Aun cuando se entiende la desesperación de personas muy pobres, el materialismo y el egoísmo de estos coros no es la respuesta:

"Tengo un Dios muy, muy grande,
me da todo lo que le pido"

"traigo una ofrenda de guerra
para deshacerme de ti" [Satanás]

Que Dios te colme de bendiciones,

Que te de plata, pero en montones"

La teología detrás de esos coros sólo puede considerarse herética. De bíblico no tiene ni la "b".

¿Es evangélica la teología de la prosperidad? Eso depende de cómo uno define el evangelio. Por un lado, esta teología es una nueva versión del "evangelio de ofertas" o de lo que Dietrich Bonhoeffer llamó "gracia barata". Ofrece prosperidad pero sin discipulado radical ni misión integral. Ofrece la "buena nueva" de una mejor condición económica, pero cuando no llega la prosperidad que se prometió y la semilla no da cosecha, esta teología resulta cruel, por la decepción que produce y el sentido de culpa por una supuesta falta de fe.

Por otro lado, esta teología se basa en el legalismo más estrecho y limitado en la historia del cristianismo. La imperativa exigencia que impone es muy sencilla: el deber ineludible de ofrendar. En ese reduccionismo se parece al fundamentalismo de inicios del siglo XX, cuya ética se reducía a unas cinco prohibiciones. Esta teología, en cambio, casi no tiene prohibiciones sino un solo mandamiento. Es un reduccionismo monetario.

¿Es teología la teología de la prosperidad? Aunque se ha dado en llamar "la teología de la prosperidad", este movimiento en realidad no tiene nada que se parezca a una teología. Una teología busca integrar el sentido de la fe ante la palabra de Dios y los desafíos de su época. Quizá por no tener pensadores capaces de emprender esa tarea, o por estar tan ocupados en el activismo de sus seminarios y campañas y programas de radio y televisión, no parecen haber pensado en la coherencia de su fe cristiana en torno al eje que ellos han escogido. No han podido reinterpretar y aclarar significativamente, desde el enfoque de la prosperidad, ni la doctrina de Dios, ni de Cristo, ni de la iglesia, ni de la escatología, ni de ningún otro tema. Tampoco han podido elaborar una hermenéutica sensata para defender sus interpretaciones. Lo único que han ofrecido es una ensalada de textos escogidos y un proyecto financiero. Si eso es teología, es más estéril que una mula.

Conclusión: Con dolor y pena por nuestra comunidad protestante, tenemos que reconocer que la "teología de la prosperidad" no es ni bíblica ni evangélica, ni aun es teología. A los que amamos a las escrituras y a la iglesia, esta realidad debe llamarnos a mucha y muy ferviente oración.

[P.d. Sugerencia de ministerios que merecen nuestras ofrendas: Además de un financiamiento razonable y responsable de la congregación local, y la ayuda generosa a los necesitados (especialmente familiares), hay ministerios cristianos que necesitan y merecen nuestro apoyo económico. Uno es Sociedad Bíblica en cada país (para Costa Rica, en Plaza Víquez) y otro es "Estudiantes Cristianos Unidos" que realiza un ministerio admirable en los colegios y universidades. El Coordinador es Fernando Montero (estudiantescristianosunidos@ gmail.com), en Colombia es UCU (gracemorillo@ucucolombia.org), en Nicaragua es Freddy Javier Méndez (fredman777@hotmail.com) y así en casi todos nuestros países. Después hay ministerios responsables como Visión Mundial y otros parecidos. Cualquiera de esos es mucho más digno y responsable que enviar ofrendas a Enlace. Cuando vamos a "sembrar", hagámoslo en ministerios que glorifican al Señor.]

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LA BENDICIÓN DE SER HIJO DE DIOS

Por Marvin Santos.
Ayer por la noche conversaba con mi esposa acerca de varias dificultades, casi todas de índole económico, y le compartía que estaba decepcionado de cómo las cosas no salían. Descubrí qué tan importante es el papel de una esposa, descubrí que en ella tengo un verdadero apoyo que muchas veces los mismos afanes esconden de forma magistral.


Hace unos días solicité un crédito personal en un banco local y al final de tanto, este fue denegado. Bueno, para más info de este caso pueden visitar mi blog Creditos en El Salvador. El asunto es que me sentí verdaderamente frustado. Pero qué bien me sentí luego de compartirle mi carga a mi esposa.

Sabiamente mi esposa me dijo frases que me hicieron reflexionar. Les comento más o menos lo que me dijo: "¿No te acordás acaso lo que dijo el pastor el domingo?, sobre la historia del carretón de paletas. Acordate que el pastor mencionó en la predicación que él había visto a un paletero que había puesto en su carretón una frase que decía: No soy el dueño del mundo, pero soy el hijo del dueño". También me dijo: "¿Estás manco, cojo, con alguna enfermedad mortal, desahuciado?, podrás ser pobre materialmente pero si fueras rico y sufrieras de alguno de esos males, realmente no estarías feliz". Y otra más: "Tenés que tener fe, ya vamos a salir de esta situación, así como hemos superado otras con la ayuda de Dios, así vamos a salir adelante de esta", ya para entonces ya estaba totalmente ministrado por mi esposa.


Bueno, resumo, háganle caso al consejo de sus esposas, tómenlas en cuenta, evitemos que los afanes nos escondan esas preciosas joyas que Dios nos ha regalado.


"El que halla esposa, halla el bien y alcanza la benevolencia de Jehová." Proverbios 18:22

Que Dios le bendiga,
Marvin Santos.


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LA SEGURIDAD DE LOS QUE TEMEN A DIOS.

Predicación de sub zona Misión Cristiana Elim de El Salvador.
Filial Santa Ana.

Lectura bíblica: Salmo 128:

"1 Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová,
Que anda en sus caminos.
2 Cuando comieres el trabajo de tus manos,
Bienaventurado serás, y te irá bien.
3 Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa;
Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.
4 He aquí que así será bendecido el hombre
Que teme a Jehová.
5 Bendígate Jehová desde Sion,
Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida,
6 Y veas a los hijos de tus hijos.
Paz sea sobre Israel."

Reflexión: El temer a Dios es seguridad para sus hijos.

Vivimos en un mundo lleno de muchos temores e inseguridad; la violencia, el desempleo, la perdida de valores y el alto costo de la vida; entre otros, son algunos de los factores que hacen que este mundo sea cada vez más inseguro.

Los jóvenes son muchas veces arrastrados por este fenómeno de la inseguridad y muchas veces no existe una motivación para estudiar, no hay anhelos, se pierde el deseo y la visión del por qué superarse.

Sin embargo, aunque el mundo se convulsione y la vida se vuelva cada día más difícil, existen convicciones que hacen de los que tememos a Dios podamos estar seguros. Y es que nuestro Dios ha dado promesas y Él dice en su Palabra: “Los que confian en Él no serán avergonzados”; y Él ha dicho que estará con nosotros todos los días de nuestra vida. Por esa razón David expresa en sus salmos esa confianza en el Dios de su salvación, y escribió salmos donde exclama: “Por tanto no temeré aunque la tierra tiemble y se trasladen los montes al corazón de la mar”.

Pero es necesario entender una verdad: “Las promesas del Señor, son en Él “; en otras palabras, para que las promesas del Señor sean una realidad en nuestra vida, debemos permanecer en Él.

Por esa razón, es necesario que los jóvenes se abracen al Señor desde temprano, para que el Señor sea su ayuda, su sustento, quien le saque a victoria en todo sentido en todas las áreas de la vida.

1. El temer a Jehová.

Este salmo nos da la clave para ser bendecidos por el Señor para salir adelante en la vida.

El salmista empieza diciendo “bienaventurado”; dicho en otras palabras: muy feliz, dichoso, siete veces feliz (traducen algunos). Y yo creo que todo ser humano anhela ser feliz, tener seguridad, tener paz y gozo en su vida.

Pero el salmista expresa para quién es esa bienaventuranza: “todo aquel que teme a Jehová”.

Temer a Jehová, quizá la primera impresión que se nos venga a la mente sea: miedo, o un temor enfermizo y nos imaginemos a un Dios implacable que quiere que todas sus criaturas actúen como Él quiere, y que si fallan, Él las fulminará; pero nada más apartado de la verdad que eso. El temor a Dios del que nos habla la Biblia, es un profundo amor y respeto hacia Dios.

Dicho en otras palabras, el salmista dice: “Muy dichoso todo aquel que ama a Jehová”.

Pero ¿cómo empezar a temer a Dios?; bueno, podemos empezar reconociendo lo que Él es y lo que Él hace en nuestra vida; que nos ha amado tanto, que quiere que estemos con Él para siempre, y por eso envió a su hijo Jesús para pagar en una cruz por nuestros pecados. Esto nos llevará a un sentimiento profundo de gratitud hacia Él, y a un deseo sincero de agradarle y hacer su voluntad.

El amar a Dios no se trata solamente de expresarle palabras bonitas, pues Él no se conforma con un amor superficial. El salmista sabía perfectamente eso, por esa razón el expresa: “el que anda en sus caminos”.

Entonces amar o temer a Dios es: Andar en sus caminos, dicho de otra manera, después de reconocerle y recibir su regalo de gracia en Cristo Jesús, esforzarnos cada día en vivir de acuerdo a su voluntad expresada en ese libro maravilloso llamado: Biblia.

Su servidor llegó al Señor siendo un niño, y puedo decirle con convicción: No hay nada más grandioso para la vida del hombre que andar en los caminos del Señor. En mi adolescencia fueron muchas las ofertas y tentaciones para apartarme del Señor; algunas personas me decían: “No seas bobo”, “disfruta de la vida”, “después te vas a arrepentir”; pero han pasado ya más de veinte y cinco años, y yo le puedo asegurar que: “He disfrutado de la vida en Cristo” y hasta ahora no me arrepiento, y si me tocara vivir y escoger qué vida vivir, me decidiera otra vez por Cristo, y es más, me esforzaría por honrarle, conocerle y servirle aún más.

2. La prosperidad que Dios da.

Entre las promesas que Dios ofrece para los que temen su nombre, es que Él va a bendecir el fruto de nuestras manos: “Cuando comieres el trabajo de tus manos; bienaventurado serás, y te ira bien.”

Esto implica que para recibir esa bendición hay que hacer algo, Dios no es un Dios de holgazanes; y a menos que Él te halla dicho otra cosa, tu tienes que esforzarte y aprovechar todas las oportunidades que tienes para salir adelante; no esperar que las condiciones sean optimas para empezar a esforzarte; ¡no¡; desde donde estás, con lo que tienes, empieza a luchar: estudia, trabaja, esfuérzate, pon lo mejor de tí , y yo estoy seguro que esta promesa será fiel en tu vida.

Recuerdo mi primer trabajo, movido por la necesidad económica de mi familia, a los once años de edad, me vi obligado a ir a vender periódicos a la calle. Empecé vendiendo alrededor de veinte y cinco periódicos cada día; ganaba un colón con cincuenta centavos diarios (más o menos unos diecisiete centavos de dólar); pero lo hacía con alegría, agradecido con mi Dios por la oportunidad que me daba; siempre empezaba a vender después de orar al Señor y al terminar, siempre terminaba orando agradeciendo al Señor por esa bendición, diezmaba, y ofrendaba con gratitud.

En poco tiempo ya vendía más de cien periódicos hasta las nueve de la mañana, ganaba alrededor de siete colones diarios (unos noventa centavos de dólar); luego me iba a aprender el oficio de la zapatería; y por la noche me iba a estudiar.

Pude ver la promesa de Dios cumpliéndose en mi vida; cuando tenía doce años me contrataron en la empresa donde hasta hoy laboro; lo maravilloso de todo esto es que yo no pedí el trabajo, sino, me lo ofrecieron ¡siendo un niño!; y yo creo firmemente que fue mi Dios abriéndome esa puerta para bendición de mi vida.

Han pasado veinticinco años y aún conservo ese mismo empleo, no ha sido fácil, pero una cosa es segura: “No he estado solo”; y hoy aún siempre empiezo a laborar después de una oración y siempre finalizo con una oración, siempre diezmo y ofrendo.

Por eso te repito: "Dios promete que lo que hagas prosperará, pero por favor: haz algo”;

esfuérzate, ¡no te rindas! y verás esta promesa en tu vida, pues, Dios no es un Dios de holgazanes; y si te haz estado esforzando y aún no haz visto esta promesa en tu vida, tan solo espera un poco y verás la mano de Dios en tí.

3. Nuestra familia será bendecida.

El Señor promete bendición también para nuestra familia: “Tu mujer será como vid, que lleva fruto a los lados de tu casa”.

La vid (mata de uvas) es sinónimo de prosperidad, longevidad y fortaleza; de ella se obtiene: vino y pasas. Pero además de eso, la vid es un vegetal muy fuerte y longevo; soporta el duro invierno oriental; y es muy común encontrar matas de más de cien años que aún producen fruto.

En otras palabras Dios promete que nuestra pareja será fuente de bienestar para nuestra casa, será longeva y saludable. Pero además hay promesa para nuestros hijos: “tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa”.

El olivo es un árbol fuerte, frondoso y bello; de el se obtiene el aceite de oliva, que es un aceite muy valioso. En otras palabras Dios promete que nuestros hijos serán productivos, fuertes y hermosos.

Curiosamente los olivos productivos no se dan naturalmente; sino, necesitan ser injertados y cultivados adecuadamente desde sus inicios; de lo contrario lo que crece no es un buen olivo, sino un olivo silvestre que en algunos lugares es llamado: “acebuche”, cuyas hojas y frutos son más pequeños.

Nuestro Señor promete que nuestros hijos serán buenos olivos, no acebuches, pero para que esa promesa sea una realidad, debemos cultivarlo adecuadamente: injertarlos con la bendita palabra de Dios, regarlos con oración cada día, abonarlos con el buen ejemplo, fumigarlos con nuestro tiempo, podarlos con nuestra confianza y consejos.

Otra curiosidad de los olivos, es que aunque se injerten y se cultiven adecuadamente, si se descuidan, se convierten en acebuches, esto quiere decir que el cuido debe ser constante. También nuestros hijos deben ser cuidados constantemente.

A veces cuando uno ve a grandes hombres de Dios, uno espera que sus hijos sigan su ejemplo, pero muchas veces sus hijos no son olivos, sino “acebuches”. ¿Qué falló?, ¿la Palabra?, no, nosotros descuidamos nuestra responsabilidad.

Conclusión:

Las promesas del Señor son para todos nosotros; pero no como algo mágico, sino como preciosos incentivos para aquellos que se esfuercen en la gracia y amen al Señor.

Dios te bendiga.
Guillermo A. Morataya.

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NUESTROS NIÑOS SE MUEREN.

Predicación de sub zona Misión Cristiana Elim de El Salvador.
Filial Santa Ana.

Lectura bíblica: Lamentaciones 2:19
"Levántate, da voces en la noche, al comenzar las vigilias;
Derrama como agua tu corazón ante la presencia del Señor;
Alza tus manos a él implorando la vida de tus pequeñitos,
Que desfallecen de hambre en las entradas de todas las calles."

Reflexión: No debemos descuidar a nuestra niñez.

Vivimos en una época donde la necesidad de la niñez es muy grande, se ha perdido el respeto a la integridad de nuestros niños: son abusados sexualmente, maltratados física y verbalmente, abandonados, explotados, se les priva el derecho de estudiar y de divertirse; y para colmo de males muchas veces la iglesia misma los discrimina, no les da la importancia que ellos tienen y no existe una preocupación para ganarlos para Cristo.

1. Un niño puede entender las verdades espirituales y ser salvo desde que tiene uso de razón.

Muchas congregaciones se preocupan de alcanzar diversos grupos de personas, y darles seguimiento para que puedan caminar en el camino del Señor, pero existe muy poco interés en un ministerio infantil que pueda evangelizar y ayudar a caminar en el Señor a niños; por mi experiencia con el Señor, sé que Dios trata con los niños; yo mismo conocí al Señor siendo un niño, he trabajado con niños y he visto la gracia de Dios obrando en ellos; he visto a niños tener fe para ser sanados y recibir sanidad de Dios; he visto a niños tener fe para ser salvados y recibir la salvación de Dios; he visto a niños tener fe para ver a Dios obrando en sus familias y recibir el favor de Dios en aquellas necesidades que enfrentaban sus familiares.

Son muchos los hombres de Dios que conocieron al Señor en su niñez, Jesús mismo no marginó a los niños, mas bien Él dijo: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de Dios.” (Lucas 18:16).

Los niños entienden perfectamente el plan de Dios para sus vidas, y existen en ellos aún menos prejuicios para creer. Toda iglesia seria, debería tener un ministerio infantil de evangelización y discipulado, y debería preocuparse por suplir las diversas necesidades que azotan a nuestra niñez.

2. Levántate, da voces en la noche, derrama ante el Señor tu corazón.

El profeta Jeremías en este versículo llama al pueblo de Israel a despertar a la realidad que enfrentaba la niñez en esa época de grande aflicción para esa nación.

Les exhorta a levantarse aún en medio de la noche, e interceder derramando ante el Señor el corazón por esos niños que desfallecían de necesidad por las calles de aquella ciudad.

Nuestros niños desfallecen por las calles, sufren el abandono de sus progenitores, la explotación por parte de gentes sin escrúpulos, tienen hambre de pan; pero tienen hambre también de Dios, es necesario iglesia, que nos levantemos, vayamos a ellos, les presentemos y demostremos el amor de nuestro Señor, que ellos puedan encontrar en Jesús, ese amor que no hallaron en sus padres.

Fuese excelente que las iglesias invirtieran en ese ministerio y formasen líderes que vayan y busquen a esos pequeños, que se apoye y reconozca esos liderazgos. De esta manera se estaría preparando la membresía del futuro; pero además, estaríamos evitándole a la sociedad muchos males.

Conclusión.

Como iglesia, sería excelente preguntarnos el lugar que ocupa el ministerio infantil en medio nuestro, las clases dominicales no deben ser solo un lugar donde se entretiene a niños y adolescentes, debemos clamar por estos pequeños que llegan a nuestras aulas, pedirle al Señor que sea su Espíritu el que se mueva y hable, que nos de la gracia y el amor necesario para guiar a estos pequeños a Él; pero debemos también luchar por alcanzar a aquellos que no llegan, e ir y buscarlos, de esa manera estaremos cumpliendo como iglesia nuestra responsabilidad delante de Dios para con estos pequeños.

Dios te bendiga.
Guillermo A. Morataya.

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EN EL MUNDO TENDRÉIS AFLICCIÓN PERO CONFIAD.

Por Andrés Reina.

Muchas veces me he preguntado por qué Dios permite ciertas cosas. A veces pensamos que el cristiano debería vivir una vida sin conflictos ni problemas.

Hace mucho que oí a un pastor leer la primera parte del conocidísimo Salmo 23: "Jehová es mi pastor, NADA me faltará". Y cuando lo leemos pensamos "No me va a faltar el trabajo, ni la comida, etc, tendré todo lo que necesito". Pero otra manera de verlo es "no faltarán los problemas, las situaciones difíciles, no faltará el desánimo y el ataque del enemigo a nuestras vidas".

¿Por qué lo permite Dios? Porque Él tiene un propósito para nosotros. Sus caminos son más altos que nuestros caminos.

El Señor jamás nos prometió un mundo sin problemas, Jesús dijo "en el mundo tendréis aflicción" (Juan 16.33) pero también dijo "¡confiad, yo he vencido al mundo!"

Así que, "no te sorprendas de tener que afrontar problemas que ponen a prueba tu confianza en Dios. Eso no es nada extraño. Al contrario, alégrate de poder sufrir como Cristo sufrió, para que también te alegres cuando Cristo regrese y muestre su gloria y su poder". (1 Pedro 4:12,13 Biblia en Lenguaje Sencillo).

Recuerda que, "Dios nos ayuda en las dificultades y sufrimientos ¡Demos gracias a Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo! Él es un Padre bueno y amoroso, y siempre nos ayuda. Cuando tenemos dificultades, o cuando sufrimos, Dios nos ayuda para que podamos ayudar a los que sufren o tienen problemas". (2 Corintios 1:3-4 BLS).

El Salmo 23 continúa de esta manera: "Puedo cruzar lugares peligrosos y no tener miedo de nada, porque tú eres mi pastor y siempre estás a mi lado; me guías por el buen camino y me llenas de confianza".

Amado lector, el diablo le puso a Jesús las mismas trampas que nos pone a nosotros para hacernos pecar, sólo que Jesús nunca pecó. Por eso, Él puede entender que nos resulta difícil obedecer a Dios. Así que, cuando tengas alguna necesidad, acércate con confianza al trono de Dios. Él te ayudará, porque es bueno y te ama. (Hebreos 4:15-16 BLS).

Yo me voy despidiendo, y será hasta la próxima...

Saludos.
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PREPARÁNDONOS PARA RECIBIR AL REY.

Predicación de sub zona Misión Cristiana Elim de El Salvador.Filial Santa Ana.

Lectura bíblica: Mateo 24:42-46

42 Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.
43 Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.
44 Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.
45 ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?
46 Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.
Pensamiento: La espera del Señor no debe ser una espera pasiva.

Es común escuchar decir: “El Señor viene pronto”, más aún cuando hay algún fenómeno natural como un eclipse o terremoto, o algún incidente que rompe lo normal.
El mundo mismo ve en los acontecimientos mundiales señales; y aún sin conocer al Señor, ellos afirman esta verdad: “El Señor ya viene”.
Y es una realidad que muchas de las señales que el Señor da en su Palabra acerca de su venida, se están cumpliendo: La maldad del hombre se ha incrementado, la ciencia ha aumentado, el evangelio está siendo predicado en lugares donde nunca antes se había anunciado, las catástrofes naturales han aumentado, los conflictos armados alrededor del mundo se han multiplicado, surgen nuevas enfermedades, y las ya conocidas se vuelven más resistentes; y en contraste con el aumento de la ciencia, la humanidad enfrenta serias pandemias que no pueden ser controladas. Israel es ya una potencia, se ha incrementado la apostasía, muchos se han levantado proclamando ser El Cristo; en fin, parece ser que el panorama está listo para recibir a nuestro Señor.
1. El peligro de no prepararse.

Sin embargo, reconocer las señales y decir: “El Señor ya viene” sin prepararse para encontrarse con Aquel que es dueño y Señor absoluto del universo existente, incluyendo nuestras vidas, y que viene para juzgar vivos y muertos, eso sería el equivalente a un conductor que maneja su vehículo a alta velocidad, y de repente una señal: “reduzca velocidad curva peligrosa a 500 mts.”, pero él hace caso omiso, y de repente otra señal: “reduzca velocidad curva peligrosa a 300 mts.”, pero aún hace caso omiso, y de repente otra señal: “reduzca su velocidad curva peligrosa a 100 mts.”, y él ve la señal, pero sigue sin hacer caso de ella; lo más seguro que termine estrellado en algún paredón o en el fondo de algún precipicio.
Asimismo nos sucedería si no aprendemos a discernir las señales de los tiempos, y con temor y premura nos preparamos acogiendo con gratitud esas señales, que son una muestra de la misericordia y del amor del Señor, que no quiere la muerte del pecador si no su arrepentimiento.
Pero el problema no es solo de aquellos que rechazan a Cristo, si no también de la iglesia, pues nos hemos acostumbrado a la frase, y muchas veces lo decimos, otras quizás lo predicamos: “El Señor ya viene”; pero sólo le buscamos cuando hay problemas, no le servimos, no nos comprometemos con seriedad con los valores de su reino, nos congregamos muy irregularmente, coqueteamos aún con el mundo, casi no oramos, su Palabra la tenemos olvidada, no somos esa luz que el Señor quiere que seamos.
¿Qué cuentas le daremos al Señor?, quizá tengamos que ser avergonzados duramente en el tribunal de Cristo; pues no entendimos el propósito que Dios tenía para nuestra vida, nos olvidamos que tenemos una vocación eterna, y pusimos la mirada en lo pasajero, se nos olvidó que el Señor advirtió en su Palabra: “El mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.
2. La necesidad de extender su Palabra.

Una de las labores principales de la Iglesia es la proclamación del evangelio, Dios quiere que su pueblo se comprometa seriamente con la extensión de su Palabra.
Debemos asumir el papel de embajadores del Señor en esta tierra, y sentir el peso por las vidas que no conocen al Señor, y no callar; sino compartir la gracia, la misericordia y el amor de Dios por el pecador, allí donde nos movemos.
Conclusión:

¡El Señor viene!, las señales de los tiempos lo dicen, pronto la trompeta ha de sonar y Aquel que ha de venir vendrá, ¿estás preparado para encontrarte con tu Señor?

Dios te bendiga!
Guillermo A. Morataya.
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