PREPARÁNDONOS PARA RECIBIR AL REY.

Predicación de sub zona Misión Cristiana Elim de El Salvador.Filial Santa Ana.

Lectura bíblica: Mateo 24:42-46

42 Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.
43 Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.
44 Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.
45 ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo?
46 Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así.
Pensamiento: La espera del Señor no debe ser una espera pasiva.

Es común escuchar decir: “El Señor viene pronto”, más aún cuando hay algún fenómeno natural como un eclipse o terremoto, o algún incidente que rompe lo normal.
El mundo mismo ve en los acontecimientos mundiales señales; y aún sin conocer al Señor, ellos afirman esta verdad: “El Señor ya viene”.
Y es una realidad que muchas de las señales que el Señor da en su Palabra acerca de su venida, se están cumpliendo: La maldad del hombre se ha incrementado, la ciencia ha aumentado, el evangelio está siendo predicado en lugares donde nunca antes se había anunciado, las catástrofes naturales han aumentado, los conflictos armados alrededor del mundo se han multiplicado, surgen nuevas enfermedades, y las ya conocidas se vuelven más resistentes; y en contraste con el aumento de la ciencia, la humanidad enfrenta serias pandemias que no pueden ser controladas. Israel es ya una potencia, se ha incrementado la apostasía, muchos se han levantado proclamando ser El Cristo; en fin, parece ser que el panorama está listo para recibir a nuestro Señor.
1. El peligro de no prepararse.

Sin embargo, reconocer las señales y decir: “El Señor ya viene” sin prepararse para encontrarse con Aquel que es dueño y Señor absoluto del universo existente, incluyendo nuestras vidas, y que viene para juzgar vivos y muertos, eso sería el equivalente a un conductor que maneja su vehículo a alta velocidad, y de repente una señal: “reduzca velocidad curva peligrosa a 500 mts.”, pero él hace caso omiso, y de repente otra señal: “reduzca velocidad curva peligrosa a 300 mts.”, pero aún hace caso omiso, y de repente otra señal: “reduzca su velocidad curva peligrosa a 100 mts.”, y él ve la señal, pero sigue sin hacer caso de ella; lo más seguro que termine estrellado en algún paredón o en el fondo de algún precipicio.
Asimismo nos sucedería si no aprendemos a discernir las señales de los tiempos, y con temor y premura nos preparamos acogiendo con gratitud esas señales, que son una muestra de la misericordia y del amor del Señor, que no quiere la muerte del pecador si no su arrepentimiento.
Pero el problema no es solo de aquellos que rechazan a Cristo, si no también de la iglesia, pues nos hemos acostumbrado a la frase, y muchas veces lo decimos, otras quizás lo predicamos: “El Señor ya viene”; pero sólo le buscamos cuando hay problemas, no le servimos, no nos comprometemos con seriedad con los valores de su reino, nos congregamos muy irregularmente, coqueteamos aún con el mundo, casi no oramos, su Palabra la tenemos olvidada, no somos esa luz que el Señor quiere que seamos.
¿Qué cuentas le daremos al Señor?, quizá tengamos que ser avergonzados duramente en el tribunal de Cristo; pues no entendimos el propósito que Dios tenía para nuestra vida, nos olvidamos que tenemos una vocación eterna, y pusimos la mirada en lo pasajero, se nos olvidó que el Señor advirtió en su Palabra: “El mundo pasa y sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre”.
2. La necesidad de extender su Palabra.

Una de las labores principales de la Iglesia es la proclamación del evangelio, Dios quiere que su pueblo se comprometa seriamente con la extensión de su Palabra.
Debemos asumir el papel de embajadores del Señor en esta tierra, y sentir el peso por las vidas que no conocen al Señor, y no callar; sino compartir la gracia, la misericordia y el amor de Dios por el pecador, allí donde nos movemos.
Conclusión:

¡El Señor viene!, las señales de los tiempos lo dicen, pronto la trompeta ha de sonar y Aquel que ha de venir vendrá, ¿estás preparado para encontrarte con tu Señor?

Dios te bendiga!
Guillermo A. Morataya.
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