Orando por el prójimo - Viernes 26 de julio de 2013
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Marco Marín Parra,
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Orando por el prójimo - Viernes 19 de julio de 2013
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Marco Marín Parra,
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Quedándose dormidos.

"Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen." 1 Co 15:6.
Los discípulos del Señor Jesús murieron uno a uno. Sin embargo, no vemos en la Escritura ninguna palabra de lamentación, no se dice que han perecido o que pasaron a la tierra de las sombras; sino, que han dormido. El Espíritu está con El Señor Jesús en la gloria, y el cuerpo descansa hasta que Él venga.
Un hecho muy natural: "Quedarse dormido".
Es el final de un día, no es doloroso en si, sino que más bien, pone fin a todos los dolores, cansancio y sufrimientos. Una posición de seguridad de un fin de peligros.
Una condición que no es manera alguna destructiva, ni dormir ni morir destruye la existencia. Una postura llena de esperanza. Nos despertaremos de este sueño sin ninguna dificultad, y sumamente renovados.
¿Cómo nos comportamos con aquellos que están durmiendo?
¿Valoramos su presencia viva, su trabajo y testimonio?
¿No deberíamos ser más benevolentes y amables con los que viven?
Nosotros también deberíamos prepararnos para nuestro "Sueño".
¿Está en orden nuestra casa?
¿Está nuestra labor cristiana en orden?
¡Cuán pacientemente deberíamos llevar a cabo las labores y sufrimientos del día! puesto que aún queda un descanso para el pueblo de Dios.
Las esperanzas son confirmadas por esta figura: Los que duermen se levantarán. La voz del Padre les hará despertar. Los que duermen y nosotros mismos disfrutaremos de una dulce comunión. El sueño no destruye ahora el amor de los hermanos y hermanas, nos
despertaremos como familia unida, salvada por El Señor.
No tengamos una pena por aquellos que duermen. No, no tengamos temor de dormir en tan buena compañía en los brazos del Señor.
Tu amado hermano Marco Marin Parra,
Bendiciones.
Suecia - Lysekil.
Un hecho muy natural: "Quedarse dormido".
Es el final de un día, no es doloroso en si, sino que más bien, pone fin a todos los dolores, cansancio y sufrimientos. Una posición de seguridad de un fin de peligros.
Una condición que no es manera alguna destructiva, ni dormir ni morir destruye la existencia. Una postura llena de esperanza. Nos despertaremos de este sueño sin ninguna dificultad, y sumamente renovados.
¿Cómo nos comportamos con aquellos que están durmiendo?
¿Valoramos su presencia viva, su trabajo y testimonio?
¿No deberíamos ser más benevolentes y amables con los que viven?
Nosotros también deberíamos prepararnos para nuestro "Sueño".
¿Está en orden nuestra casa?
¿Está nuestra labor cristiana en orden?
¡Cuán pacientemente deberíamos llevar a cabo las labores y sufrimientos del día! puesto que aún queda un descanso para el pueblo de Dios.
Las esperanzas son confirmadas por esta figura: Los que duermen se levantarán. La voz del Padre les hará despertar. Los que duermen y nosotros mismos disfrutaremos de una dulce comunión. El sueño no destruye ahora el amor de los hermanos y hermanas, nos
despertaremos como familia unida, salvada por El Señor.
No tengamos una pena por aquellos que duermen. No, no tengamos temor de dormir en tan buena compañía en los brazos del Señor.
Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.Gracias Señor por la consolación en Tu Palabra, y el bálsamo que has puesto en mi corazón; y hoy lo comparto con todos aquellos que lo buscan y lo encuentran en Tu Bendita, Poderosa y Eterna Palabra. Amén.
Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.
Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.
Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.
Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Amén. 1 Tes 4:13-17
Tu amado hermano Marco Marin Parra,
Bendiciones.
Suecia - Lysekil.
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Sabéis el camino.
Escuche el mensaje aquí.
Basado en Juan 14:4-7.
Después de poner ante los ojos de los discípulos la meta de la felicidad celestial, Jesús pasa ahora a mostrarles en si mismo el camino para dicha meta. Lo da como cosa conocida de ellos: "Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino" (V. 4). Como si dijese: Lo podéis saber fácilmente, pues no es ninguna de las cosas secretas que no os pertenecen a vosotros; sino, que es de las reveladas.
Lo sabéis; sabéis y conocéis que existe esa casa, y que existe un camino para esa casa; aunque quizá no acertéis a percataros de cuál es esa casa, y cuál es el camino. En realidad, ya se os ha dicho y no podéis menos de conocer, tanto la mansión como el camino.
A esta declaración de Jesús, objeta Tomás su propia ignorancia, tanto de la meta como del camino. Le dijo Tomás: Señor no sabemos adónde vas; ¿cómo, pues podemos saber el camino? (V. 5).
La declaración que Jesús acaba de hacer respecto al conocimiento, que de la meta y del camino esperaba de ellos, suscita en ellos, precisamente, el reconocimiento de la ignorancia en que estaban en relación con todo eso; al mismo tiempo que les aviva el deseo de saber más.
Aquí muestra Tomás mayor modestia que Pedro. Pedro sentía afán de conocer dónde iba El Señor; en cambio Tomás, está solícito por conocer el camino. Al confesar su ignorancia recomendaba su modestia.
Los fieles siervos del Señor, cuando se hallan a oscuras, conscientes de que conocen sólo en parte (1 Co 13:12), están prestos a reconocer su propia deficiencia. Pero las causas de la ignorancia de los discípulos era palpable, ya que desconocían adónde iba Jesús por no discernir los tiempos y sazones, y pensaban que Cristo iba a restaurar de inmediato, sin pasar por la cruz el reino mesiánico (Hch 1:6).
La imaginación de los discípulos volaba de una ciudad a otra del país, preguntándose en cuál de ellas iba Jesús a ser ungido rey; por eso, no podían entender en qué lugar de los cuatro puntos cardinales iban a ser edificadas aquellas "mansiones" de las que Jesús les hablaba.

Si Tomás hubiera entendido que Jesús se dirigía al otro mundo, y en ese mundo, al cielo, no habría dicho: "cómo podemos saber el camino" (Jn 14:6). A esta objeción de Tomás, nacida de una supina ignorancia, da Jesús cumplida respuesta (V.6-7).
Tomás le había preguntado sobre la meta y sobre el camino, y Jesús contesta a ambas preguntas. Le conocían suficientemente a Él, y Él era El Camino; podían, del mismo modo, conocer al Padre, y El Padre era la meta. Por consiguiente, con razón les había dicho: "Sabéis adónde voy y sabéis el camino" (V.5).
"Creéis en Dios, que es la meta; creed también en Mí" que soy el camino (V. 1). Cristo habla de sí mismo como camino: "Yo soy el camino; Nadie viene al Padre, sino por medio de mí" (V. 6).
La naturaleza de la mediación de Cristo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida".
Como quiera que todo el contexto pone de relieve la idea de "camino", es muy probable que Jesús, al hablar en arameo, quisiese decir: "Yo soy el camino vivo y verdadero"; ya que el hebreo y el arameo suelen expresar por acumulación de sustantivos. Cristo es el camino en el que Dios y el hombre se encuentran. No es un camino entre tantos (Hch 16:17), "un camino"; sino, el único camino de salvación (Hch 4:12).
Ya no estamos en el estado de inocencia para ir por nosotros mismos al árbol de la vida, pero podemos ir a Él por medio de Cristo (Ap 22:14). Todo el que siga las pisadas de Cristo (1 Pedro 2:21), puede estar seguro de que no se desviará del camino recto hacia el cielo.
Cristo es La Verdad, no una verdad cualquiera: científica, religiosa, filosófica, etc, sino, la Única Verdad consistente y total. El Alfa y La Omega, de la "A" a la "Z" es la enciclopedia completa de Dios (Ap 1:8; 22:13).
Sin mezcla de error ni falsedad, esa es la verdad que hace libre (Jn 8:32). Por eso, al inquirir sobre La Verdad, no necesitamos aprender otra verdad que la que está comprendida en Jesús; pues, todas las cosas están en Él resumidas y restauradas (Ef 1:10).
En Cristo está la clave de todos los enigmas, pues Él nos ha sido hecho de parte de Dios sabiduría (1 Co 1:30). Cristo es la vida, no una vida cualquiera. La forma externa de nuestro vivir, juntos con los bienes con que se sustenta (1 Jn 2:16; 3:17); ni la interna pero corruptible vida temporal que hemos de estar dispuestos a sacrificar en aras de Cristo, y del Evangelio (Jn 12:25). La vida en el centro mismo del ser, participación de la vida de Dios.
Esta es la vida que dura por toda la eternidad ( Jn 3:15-16,36; 5:24). Cristo y por Cristo, estamos vivos para Dios con esta vida de Dios (Ro 6:3-11; Ef 2:1-5). La necesidad de la mediación de Cristo: "nadie viene al Padre sino por medio de mí" (V. 6). El hombre caído (y todo ser humano es originalmente caído desde el vientre de su madre, Salmo 51:5) no puede llegarse a Dios como a su Padre, si no es llegándose a Cristo como el único mediador entre Dios y los hombres (1 Ti 2:5).
Que habla del Padre como la meta: "Si me conocieseis también conocerías a mi Padre y desde ahora le conocéis y le habeis visto" (V. 7). Esta es una implícita reprimenda a los discípulos, en percatarse de la verdadera personalidad de Cristo. "Si me conocieseis..." le conocían, pero no como podían y debían conocerle.
Jesús había dicho antes a los judíos, en presencia de los Apóstoles: Sí a Mí me conocieseis, también a mí Padre conoceríais (V. 8:19). Con todo, los Apóstoles no conocían tampoco a Jesús.
No es fácil decir cuál de las dos cosas es más extraña, si la ignorancia voluntaria de los enemigos de la luz, o los errores lamentables de los hijos de la luz. No obstante, Jesús se satisface en parte, por la sinceridad de ellos, a pesar de la debilidad que muestran en su entendimiento. "Desde ahora le conocéis y le habéis visto", por cuanto "la Gloria de Dios brilla en la faz de Jesucristo" (2 Co 4:6).
Muchos discípulos de Cristo tienen mayor conocimiento, y más gracia de la que ellos piensan tener; pero no echan mano de lo que no saben como deberían, por lo que se privan a sí mismo de un conocimiento superior, y de una comunión más íntima con Dios. Amén.
"Sabéis el camino". Que esta reflexión pueda ser útil a nuestra vida espiritual. Amén.
Tu amado hermano Marco.
Suecia, Lysekil.
Bendiciones.
www.OrientacionesBiblicas.org Lo sabéis; sabéis y conocéis que existe esa casa, y que existe un camino para esa casa; aunque quizá no acertéis a percataros de cuál es esa casa, y cuál es el camino. En realidad, ya se os ha dicho y no podéis menos de conocer, tanto la mansión como el camino.
A esta declaración de Jesús, objeta Tomás su propia ignorancia, tanto de la meta como del camino. Le dijo Tomás: Señor no sabemos adónde vas; ¿cómo, pues podemos saber el camino? (V. 5).
La declaración que Jesús acaba de hacer respecto al conocimiento, que de la meta y del camino esperaba de ellos, suscita en ellos, precisamente, el reconocimiento de la ignorancia en que estaban en relación con todo eso; al mismo tiempo que les aviva el deseo de saber más.
Aquí muestra Tomás mayor modestia que Pedro. Pedro sentía afán de conocer dónde iba El Señor; en cambio Tomás, está solícito por conocer el camino. Al confesar su ignorancia recomendaba su modestia.
Los fieles siervos del Señor, cuando se hallan a oscuras, conscientes de que conocen sólo en parte (1 Co 13:12), están prestos a reconocer su propia deficiencia. Pero las causas de la ignorancia de los discípulos era palpable, ya que desconocían adónde iba Jesús por no discernir los tiempos y sazones, y pensaban que Cristo iba a restaurar de inmediato, sin pasar por la cruz el reino mesiánico (Hch 1:6).
La imaginación de los discípulos volaba de una ciudad a otra del país, preguntándose en cuál de ellas iba Jesús a ser ungido rey; por eso, no podían entender en qué lugar de los cuatro puntos cardinales iban a ser edificadas aquellas "mansiones" de las que Jesús les hablaba.
Si Tomás hubiera entendido que Jesús se dirigía al otro mundo, y en ese mundo, al cielo, no habría dicho: "cómo podemos saber el camino" (Jn 14:6). A esta objeción de Tomás, nacida de una supina ignorancia, da Jesús cumplida respuesta (V.6-7).
Tomás le había preguntado sobre la meta y sobre el camino, y Jesús contesta a ambas preguntas. Le conocían suficientemente a Él, y Él era El Camino; podían, del mismo modo, conocer al Padre, y El Padre era la meta. Por consiguiente, con razón les había dicho: "Sabéis adónde voy y sabéis el camino" (V.5).
"Creéis en Dios, que es la meta; creed también en Mí" que soy el camino (V. 1). Cristo habla de sí mismo como camino: "Yo soy el camino; Nadie viene al Padre, sino por medio de mí" (V. 6).
La naturaleza de la mediación de Cristo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida".
Como quiera que todo el contexto pone de relieve la idea de "camino", es muy probable que Jesús, al hablar en arameo, quisiese decir: "Yo soy el camino vivo y verdadero"; ya que el hebreo y el arameo suelen expresar por acumulación de sustantivos. Cristo es el camino en el que Dios y el hombre se encuentran. No es un camino entre tantos (Hch 16:17), "un camino"; sino, el único camino de salvación (Hch 4:12).
Ya no estamos en el estado de inocencia para ir por nosotros mismos al árbol de la vida, pero podemos ir a Él por medio de Cristo (Ap 22:14). Todo el que siga las pisadas de Cristo (1 Pedro 2:21), puede estar seguro de que no se desviará del camino recto hacia el cielo.
Cristo es La Verdad, no una verdad cualquiera: científica, religiosa, filosófica, etc, sino, la Única Verdad consistente y total. El Alfa y La Omega, de la "A" a la "Z" es la enciclopedia completa de Dios (Ap 1:8; 22:13).
Sin mezcla de error ni falsedad, esa es la verdad que hace libre (Jn 8:32). Por eso, al inquirir sobre La Verdad, no necesitamos aprender otra verdad que la que está comprendida en Jesús; pues, todas las cosas están en Él resumidas y restauradas (Ef 1:10).
En Cristo está la clave de todos los enigmas, pues Él nos ha sido hecho de parte de Dios sabiduría (1 Co 1:30). Cristo es la vida, no una vida cualquiera. La forma externa de nuestro vivir, juntos con los bienes con que se sustenta (1 Jn 2:16; 3:17); ni la interna pero corruptible vida temporal que hemos de estar dispuestos a sacrificar en aras de Cristo, y del Evangelio (Jn 12:25). La vida en el centro mismo del ser, participación de la vida de Dios.
Esta es la vida que dura por toda la eternidad ( Jn 3:15-16,36; 5:24). Cristo y por Cristo, estamos vivos para Dios con esta vida de Dios (Ro 6:3-11; Ef 2:1-5). La necesidad de la mediación de Cristo: "nadie viene al Padre sino por medio de mí" (V. 6). El hombre caído (y todo ser humano es originalmente caído desde el vientre de su madre, Salmo 51:5) no puede llegarse a Dios como a su Padre, si no es llegándose a Cristo como el único mediador entre Dios y los hombres (1 Ti 2:5).
Que habla del Padre como la meta: "Si me conocieseis también conocerías a mi Padre y desde ahora le conocéis y le habeis visto" (V. 7). Esta es una implícita reprimenda a los discípulos, en percatarse de la verdadera personalidad de Cristo. "Si me conocieseis..." le conocían, pero no como podían y debían conocerle.
Jesús había dicho antes a los judíos, en presencia de los Apóstoles: Sí a Mí me conocieseis, también a mí Padre conoceríais (V. 8:19). Con todo, los Apóstoles no conocían tampoco a Jesús.
No es fácil decir cuál de las dos cosas es más extraña, si la ignorancia voluntaria de los enemigos de la luz, o los errores lamentables de los hijos de la luz. No obstante, Jesús se satisface en parte, por la sinceridad de ellos, a pesar de la debilidad que muestran en su entendimiento. "Desde ahora le conocéis y le habéis visto", por cuanto "la Gloria de Dios brilla en la faz de Jesucristo" (2 Co 4:6).
Muchos discípulos de Cristo tienen mayor conocimiento, y más gracia de la que ellos piensan tener; pero no echan mano de lo que no saben como deberían, por lo que se privan a sí mismo de un conocimiento superior, y de una comunión más íntima con Dios. Amén.
"Sabéis el camino". Que esta reflexión pueda ser útil a nuestra vida espiritual. Amén.
Tu amado hermano Marco.
Suecia, Lysekil.
Bendiciones.
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Marco Marín Parra,
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Las cadenas se soltaron.
Escuche el mensaje aquí.
Basado en Hechos 16:25-34.
A través de todo el libro de Hechos, Lucas hace hincapié en que nada puede detener El Evangelio de Cristo llevado por creyentes fieles. En Filipos intervino Dios, y Pablo y Silas fueron liberados por un terremoto. Eso dio por resultado, un avance mayor del Evangelio como lo demuestra la salvación del carcelero y su familia.
Los perseguidores se proponían desanimar a los predicadores del Evangelio, pero aquí los vemos animados y gozosos.
Después de azotes que les habían propinado, y en la incómoda postura a que el cepo les obligaba a recostarse con las espaldas llagadas, suponía esperar que se quejasen y gimiesen, sin saber además lo que iban a hacer con ellos al día siguiente. Pero los vemos (V. 25) a media noche orando y cantando himnos a Dios; no era hora ni lugar de oración, pero en cualquier sitio y a cualquiera hora, se puede orar y adorar a Dios en espíritu y en verdad. Si, como dice Santiago 5:13: ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? cante alabanzas.

Aquí tenemos a Pablo y Silas bajo aflicción y orando, pero también alegres y cantando alabanzas. Lucas hace notar el detalle de que los presos les escuchaban, lo cual indica que cantaban lo bastante alto para que sus voces se oyesen a través de las recias paredes de los calabozos. Así eran de alguna manera, preparados para el milagro que Dios mostró a todos, al hacer que se abrieran todas las puertas de la cárcel (V. 26).
Dios animó más todavía a sus siervos con un repentino y milagroso terremoto que sacudió los cimientos de la cárcel. El Señor estaba en este fenómeno, y mostraba su ira por las indignidades cometidas con sus siervos; y no sólo se abrieron todas las puertas, sino que las cadenas de todos se soltaron.
Los perseguidores se oponían para el avance del Evangelio, pero ahora resultaba que el propio carcelero, que tan mal había tratado a Pablo y Silas en cumplimiento de las órdenes que había recibido de sus superiores, se convertía al Evangelio, haciéndose siervo de Cristo.
Como buen romano, y aunque no tenía ninguna culpa en la apertura de la cárcel, se quería suicidar (V. 27), ya que daba por hecho que todos los presos habían huido. Él no podía ver el interior de la prisión, pues estaba oscuro y era medianoche; pero Pablo pudo ver bien, sobre el fondo de la relativa claridad exterior, el gesto del carcelero al desenvainar la espada, pues en todo caso, sabía que sería ejecutado; por lo que se apresuró a gritarle (V. 28): "No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí".
¿Por qué no se escaparon los demás presos, o al menos algunos?
Sin duda, Dios mostró Su poder atándoles el alma, tanto como lo había mostrado desatándoles los pies. Vemos ahora la reacción del carcelero tras el grito de Pablo. El miedo que antes tenía hasta inducirle al suicidio, ahora le llevaba, bajo la acción de gracia, a temblar por su alma (V.29) "y se postró a los pies de Pablo y Silas". No pudo acudir mejor médico del alma que Pablo, pues, también él había sido perseguidor de los cristianos, y los había metido en la cárcel (Hech 8:3; 9:1).
Así podía simpatizar mejor con los sentimientos del carcelero. Es muy probable que este hombre hubiese oído algo de la predicación de sus presos; al menos, conocería la insistente proclamación de la muchacha poseída: "Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación" (V. 17).
Ante los extraordinarios fenómenos que estaban presenciando, y al ver en estos hombres algo sublime que les diferenciaba de los demás presos que habían conocido, cae ahora a sus pies como pidiendo perdón por lo que les había hecho; y se dirige a ellos con el mayor respeto (V. 30): "Señores,". A continuación, se preocupa por su situación espiritual, y pregunta como algo en que juega el alma: ¿qué tengo que hacer para ser salvo?" Con esto demuestra que conoce la importancia de la salvación; que sabe que hay que hacer algo, y que está dispuesto a cumplir lo que se le exija, por duro y difícil que le resulte.
Ellos le dieron inmediatamente una instrucción breve, concisa y clara, que ya se ha hecho frase clásica y lapidaria (V. 31): "Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa".
Fue un principio, una soga que se echa al hombre que se ahoga, quedando para más tarde la explicación del sentido pleno de la salvación, y la presentación de la persona del Salvador Jesucristo.
La última cláusula: "tú y tu casa", no significa la promesa de que sus familiares también habrían de ser salvos posteriormente; mucho menos significa que pudiesen salvarse por creer y ser salvo el cabeza de familia; pues, nadie puede creer ni salvarse por otro. Significa, simplemente que los de su casa tendrían la misma oportunidad de salvación, si como él, ponían su fe en El Señor Jesucristo.
Pablo y Silas se olvidan ahora de sus heridas, del frío de la madrugada, y de la noche que pasaban en vela; ni por un momento demoran anunciar a este hombre el camino de salvación.
Lucas no nos dice si algún otro preso se convirtió o no. Por lo que se desprende del contexto posterior, allí mismo en el patio de la cárcel, Pablo y Silas instruyeron con más detalles en La Palabra del Señor; no sólo al carcelero, sino también, a todos los que estaban en su casa (V. 32).
Los padres de familia han de procurar, que todos los que están bajo su cargo, sean instruidos en La Palabra de Dios; pues, el alma del más pobre vale tanto como la del más rico. Ya que todos han sido comprados al mismo precio. Por nuestro Señor Jesucristo, su sangre nos compro y nos libertó de la esclavitud del pecado.
V. 33: "les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos."
Notemos cómo este hombre, ya salvo por la fe, se preocupó inmediatamente por los cuerpos heridos de quienes habían sido los instrumentos de Dios para salvarle, antes de bautizarse él con todo los de su casa, que como él, habían escuchado el mensaje y habían puesto su fe en el Señor.
Del patio de la cárcel, el oficial romano, acompañado de sus familiares (incluídos sus criados), llevó a Pablo y a Silas a su casa, situada con toda probabilidad, encima de la misma prisión; y les puso la mesa. Correspondiendo así, como Lidia anteriormente (V. 15) con comida material y el hospedaje, a la comida espiritual que Pablo y Silas les habían impartido, y continuarían impartiendo también durante la cena; mientras que el rostro del carcelero, un poco antes espejo de desesperación, radiaba el gozo del Señor al darse cuenta de que la salvación había llegado a su casa.
"...y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios."
...Se regocijó de haber salido del reino de las tinieblas, a la luz admirable del reino de Cristo (V. 34). Había creído a Dios; es decir, había dado crédito a La Palabra de Dios. Amén.
Una vez más toda honra y Gloria para mi Señor. Gracias por hoy y siempre, por Su Eterna, Poderosa y Bendita Palabra, amén.
Tu hermano Marco.
Suecia – Lysekil.
Bendiciones.
www.OrientacionesBiblicas.orgLos perseguidores se proponían desanimar a los predicadores del Evangelio, pero aquí los vemos animados y gozosos.
Después de azotes que les habían propinado, y en la incómoda postura a que el cepo les obligaba a recostarse con las espaldas llagadas, suponía esperar que se quejasen y gimiesen, sin saber además lo que iban a hacer con ellos al día siguiente. Pero los vemos (V. 25) a media noche orando y cantando himnos a Dios; no era hora ni lugar de oración, pero en cualquier sitio y a cualquiera hora, se puede orar y adorar a Dios en espíritu y en verdad. Si, como dice Santiago 5:13: ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? cante alabanzas.

Aquí tenemos a Pablo y Silas bajo aflicción y orando, pero también alegres y cantando alabanzas. Lucas hace notar el detalle de que los presos les escuchaban, lo cual indica que cantaban lo bastante alto para que sus voces se oyesen a través de las recias paredes de los calabozos. Así eran de alguna manera, preparados para el milagro que Dios mostró a todos, al hacer que se abrieran todas las puertas de la cárcel (V. 26).
Dios animó más todavía a sus siervos con un repentino y milagroso terremoto que sacudió los cimientos de la cárcel. El Señor estaba en este fenómeno, y mostraba su ira por las indignidades cometidas con sus siervos; y no sólo se abrieron todas las puertas, sino que las cadenas de todos se soltaron.
Los perseguidores se oponían para el avance del Evangelio, pero ahora resultaba que el propio carcelero, que tan mal había tratado a Pablo y Silas en cumplimiento de las órdenes que había recibido de sus superiores, se convertía al Evangelio, haciéndose siervo de Cristo.
Como buen romano, y aunque no tenía ninguna culpa en la apertura de la cárcel, se quería suicidar (V. 27), ya que daba por hecho que todos los presos habían huido. Él no podía ver el interior de la prisión, pues estaba oscuro y era medianoche; pero Pablo pudo ver bien, sobre el fondo de la relativa claridad exterior, el gesto del carcelero al desenvainar la espada, pues en todo caso, sabía que sería ejecutado; por lo que se apresuró a gritarle (V. 28): "No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí".
¿Por qué no se escaparon los demás presos, o al menos algunos?
Sin duda, Dios mostró Su poder atándoles el alma, tanto como lo había mostrado desatándoles los pies. Vemos ahora la reacción del carcelero tras el grito de Pablo. El miedo que antes tenía hasta inducirle al suicidio, ahora le llevaba, bajo la acción de gracia, a temblar por su alma (V.29) "y se postró a los pies de Pablo y Silas". No pudo acudir mejor médico del alma que Pablo, pues, también él había sido perseguidor de los cristianos, y los había metido en la cárcel (Hech 8:3; 9:1).
Así podía simpatizar mejor con los sentimientos del carcelero. Es muy probable que este hombre hubiese oído algo de la predicación de sus presos; al menos, conocería la insistente proclamación de la muchacha poseída: "Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación" (V. 17).
Ante los extraordinarios fenómenos que estaban presenciando, y al ver en estos hombres algo sublime que les diferenciaba de los demás presos que habían conocido, cae ahora a sus pies como pidiendo perdón por lo que les había hecho; y se dirige a ellos con el mayor respeto (V. 30): "Señores,". A continuación, se preocupa por su situación espiritual, y pregunta como algo en que juega el alma: ¿qué tengo que hacer para ser salvo?" Con esto demuestra que conoce la importancia de la salvación; que sabe que hay que hacer algo, y que está dispuesto a cumplir lo que se le exija, por duro y difícil que le resulte.
Ellos le dieron inmediatamente una instrucción breve, concisa y clara, que ya se ha hecho frase clásica y lapidaria (V. 31): "Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa".
Fue un principio, una soga que se echa al hombre que se ahoga, quedando para más tarde la explicación del sentido pleno de la salvación, y la presentación de la persona del Salvador Jesucristo.
La última cláusula: "tú y tu casa", no significa la promesa de que sus familiares también habrían de ser salvos posteriormente; mucho menos significa que pudiesen salvarse por creer y ser salvo el cabeza de familia; pues, nadie puede creer ni salvarse por otro. Significa, simplemente que los de su casa tendrían la misma oportunidad de salvación, si como él, ponían su fe en El Señor Jesucristo.
Pablo y Silas se olvidan ahora de sus heridas, del frío de la madrugada, y de la noche que pasaban en vela; ni por un momento demoran anunciar a este hombre el camino de salvación.
Lucas no nos dice si algún otro preso se convirtió o no. Por lo que se desprende del contexto posterior, allí mismo en el patio de la cárcel, Pablo y Silas instruyeron con más detalles en La Palabra del Señor; no sólo al carcelero, sino también, a todos los que estaban en su casa (V. 32).
Los padres de familia han de procurar, que todos los que están bajo su cargo, sean instruidos en La Palabra de Dios; pues, el alma del más pobre vale tanto como la del más rico. Ya que todos han sido comprados al mismo precio. Por nuestro Señor Jesucristo, su sangre nos compro y nos libertó de la esclavitud del pecado.
V. 33: "les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos."
Notemos cómo este hombre, ya salvo por la fe, se preocupó inmediatamente por los cuerpos heridos de quienes habían sido los instrumentos de Dios para salvarle, antes de bautizarse él con todo los de su casa, que como él, habían escuchado el mensaje y habían puesto su fe en el Señor.
Del patio de la cárcel, el oficial romano, acompañado de sus familiares (incluídos sus criados), llevó a Pablo y a Silas a su casa, situada con toda probabilidad, encima de la misma prisión; y les puso la mesa. Correspondiendo así, como Lidia anteriormente (V. 15) con comida material y el hospedaje, a la comida espiritual que Pablo y Silas les habían impartido, y continuarían impartiendo también durante la cena; mientras que el rostro del carcelero, un poco antes espejo de desesperación, radiaba el gozo del Señor al darse cuenta de que la salvación había llegado a su casa.
"...y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios."
...Se regocijó de haber salido del reino de las tinieblas, a la luz admirable del reino de Cristo (V. 34). Había creído a Dios; es decir, había dado crédito a La Palabra de Dios. Amén.
Una vez más toda honra y Gloria para mi Señor. Gracias por hoy y siempre, por Su Eterna, Poderosa y Bendita Palabra, amén.
Tu hermano Marco.
Suecia – Lysekil.
Bendiciones.
Para más temas y reflexiones puede seguirnos en:
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Las cadenas se soltaron,
Marco Marín Parra,
Reflexión,
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Yo Soy tu Dios.
Escuche el mensaje aquí.
Basado en Isaías 41:10-20.
El objeto de estos versículos es callar los temores y animar la fe, de los siervos de Dios en sus aflicciones. En primer lugar, lo más probable es que la porción tenga por objeto levantar los ánimos de Israel durante el cautiverio; pero todos los que sirven fielmente a Dios, abrigarán esperanza mediante la paciencia y el Consuelo de esta escritura.
Podemos notar que tres veces a poca distancia una de otra, se repite ese "NO TEMAS" (V. 10,13,14). Va contra la intención de Dios el que Su Pueblo sea un pueblo miedoso. Tiene que depender de Su Presencia entre ellos como su Dios. Esto se repite continuamente en esta porción "Yo Estoy contigo"... Yo Soy tu Dios que te esfuerzo, siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. (V. 10).
¿Qué se puede temer yendo de la mano de Dios? Salmo 73:23: "Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha". V. 13: "Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: "no temas, yo te ayudo". Yo soy tu Socorro, dice Jehová; El Santo de Israel es tu redentor (V. 14). Aunque sus enemigos aparezcan ahora temibles, va a llegar el día en que Dios les pedirá cuentas. Hay quienes están enfurecidos contra el pueblo de Dios y contienden con él, y le hacen la Guerra porque le odian. Pero el pueblo de Dios debe aguardar al tiempo de Dios.
Los enemigos se convencerán de la locura de contender con el pueblo de Dios: "Serán avergonzados y confundidos", lo que podría conducirles al arrepentimiento; pero les llenará mas bien de rabia. En todo caso. Israel no ha de temer, pues sus enemigos serán reducidos a la nada: "serán como nada" (V. 11), frase que se repite en el versículo 12.
Se estrellarán contra la justicia y el poder de Dios: Los mismos israelitas se convertirán en terror para los que ahora les aterrorizan; y la victoria se volverá del lado de Israel. (V. 14-16). Jacob o Israel están ahora muy abatidos, son como un gusano al arrastrarse por el suelo para su propia seguridad y, aun así, expuestos al pisotón de cualquier caminante (Salmo 22:6). Los hijos de Dios son muchas veces como gusanos, pero no son víboras como sus enemigos, porque ellos no son de la simiente de la serpiente.
Dios considera el bajo estado de Jacob, y le dice: "No temas, gusano, Jacob"; no temas que nadie te aplaste, y vosotros los pocos de Israel. A este gusano pequeño, insignificante, su Dios lo va a levantar y va a hacer de él (V. 15) un instrumento duro, cortante y moliente; un trillo nuevo de dientes afilados. Con este instrumento en las manos de Dios, los montes y collados; es decir, los enemigos más altos, más fuertes y más enconados de Israel, serán trillados y molidos, a una vez molidos y reducidos a tamo, los aventarán y se los llevará el viento.
Esto se ha cumplido, en fin de cuentas, siempre que los enemigos de Dios y de los suyos han tratado de acabar con los que sirven fielmente a su Hacedor y Redentor. Tendrán en Dios, no sólo abundancia de consuelo y apoyo, sino también de honor. "Pero tú te regocijarás en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel", por todo lo que ha hecho a tu favor. Si se da la ocasión, Dios hará de nuevo por ellos, lo que hizo cuando salieron de Egipto en su marcha hacia Canaán. Estas promesas de redención fueron provistas por el Evangelio de Cristo.
El glorioso descubrimiento de Su amor, ha dado plena seguridad, de que Dios ha provisto lo suficiente para el suministro de todo lo que necesitamos, y para las respuestas a todas nuestras oraciones. Son aplicadas por la gracia de Dios y El Espíritu de Cristo, a todos los creyentes; para que tengan consuelo en el camino y completa felicidad al final de la jornada. Nuestro espíritu busca con anhelo satisfacción, pero no puede hallarlo en las cosas de este mundo.
Es Dios quien nos abre en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca (Jn 7:38-39). En el mismo desierto, hace que broten cedros y acacias. El Evangelio produce en los seres humanos un cambio tan grande, como si los cardos y los espinos se convirtiesen en cedros. Todo esto se hace para que "todos vean y entiendan que la mano de Jehová ha hecho esto, y que el Santo de Israel lo creó". Todos verán que este cambio extraordinario está muy por encima del curso normal de la naturaleza y, por consiguiente, es obra de un poder superior. YO SOY TU DIOS... Hoy y siempre estaré contigo.
Una gran promesa para todos aquellos que le han recibido... Palabra de Dios para todos los que tienen oído, para escuchar y leer la ponderosa bendita y eterna Palabra de Dios. Amén.
Podemos notar que tres veces a poca distancia una de otra, se repite ese "NO TEMAS" (V. 10,13,14). Va contra la intención de Dios el que Su Pueblo sea un pueblo miedoso. Tiene que depender de Su Presencia entre ellos como su Dios. Esto se repite continuamente en esta porción "Yo Estoy contigo"... Yo Soy tu Dios que te esfuerzo, siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. (V. 10).
¿Qué se puede temer yendo de la mano de Dios? Salmo 73:23: "Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha". V. 13: "Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: "no temas, yo te ayudo". Yo soy tu Socorro, dice Jehová; El Santo de Israel es tu redentor (V. 14). Aunque sus enemigos aparezcan ahora temibles, va a llegar el día en que Dios les pedirá cuentas. Hay quienes están enfurecidos contra el pueblo de Dios y contienden con él, y le hacen la Guerra porque le odian. Pero el pueblo de Dios debe aguardar al tiempo de Dios.

Se estrellarán contra la justicia y el poder de Dios: Los mismos israelitas se convertirán en terror para los que ahora les aterrorizan; y la victoria se volverá del lado de Israel. (V. 14-16). Jacob o Israel están ahora muy abatidos, son como un gusano al arrastrarse por el suelo para su propia seguridad y, aun así, expuestos al pisotón de cualquier caminante (Salmo 22:6). Los hijos de Dios son muchas veces como gusanos, pero no son víboras como sus enemigos, porque ellos no son de la simiente de la serpiente.
Dios considera el bajo estado de Jacob, y le dice: "No temas, gusano, Jacob"; no temas que nadie te aplaste, y vosotros los pocos de Israel. A este gusano pequeño, insignificante, su Dios lo va a levantar y va a hacer de él (V. 15) un instrumento duro, cortante y moliente; un trillo nuevo de dientes afilados. Con este instrumento en las manos de Dios, los montes y collados; es decir, los enemigos más altos, más fuertes y más enconados de Israel, serán trillados y molidos, a una vez molidos y reducidos a tamo, los aventarán y se los llevará el viento.
Esto se ha cumplido, en fin de cuentas, siempre que los enemigos de Dios y de los suyos han tratado de acabar con los que sirven fielmente a su Hacedor y Redentor. Tendrán en Dios, no sólo abundancia de consuelo y apoyo, sino también de honor. "Pero tú te regocijarás en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel", por todo lo que ha hecho a tu favor. Si se da la ocasión, Dios hará de nuevo por ellos, lo que hizo cuando salieron de Egipto en su marcha hacia Canaán. Estas promesas de redención fueron provistas por el Evangelio de Cristo.
El glorioso descubrimiento de Su amor, ha dado plena seguridad, de que Dios ha provisto lo suficiente para el suministro de todo lo que necesitamos, y para las respuestas a todas nuestras oraciones. Son aplicadas por la gracia de Dios y El Espíritu de Cristo, a todos los creyentes; para que tengan consuelo en el camino y completa felicidad al final de la jornada. Nuestro espíritu busca con anhelo satisfacción, pero no puede hallarlo en las cosas de este mundo.
Es Dios quien nos abre en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca (Jn 7:38-39). En el mismo desierto, hace que broten cedros y acacias. El Evangelio produce en los seres humanos un cambio tan grande, como si los cardos y los espinos se convirtiesen en cedros. Todo esto se hace para que "todos vean y entiendan que la mano de Jehová ha hecho esto, y que el Santo de Israel lo creó". Todos verán que este cambio extraordinario está muy por encima del curso normal de la naturaleza y, por consiguiente, es obra de un poder superior. YO SOY TU DIOS... Hoy y siempre estaré contigo.
Una gran promesa para todos aquellos que le han recibido... Palabra de Dios para todos los que tienen oído, para escuchar y leer la ponderosa bendita y eterna Palabra de Dios. Amén.
Tu amado hermano Marco Marin Parra.
Suecia - Lysekil.
Bendiciones.
www.OrientacionesBiblicas.org
Para más temas y reflexiones puede seguirnos en:
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El pan de Sus Hijos.
Escuche el mensaje aquí.
Basado en Marcos 7:24-30.
¡Cuán humildemente quiso el Señor permanecer oculto! "se levantó de allí y marchó a las cercanía de Tiro". Quería así, enseñarnos a no ir en busca del aplauso popular.
En aquellos lugares era poco conocido, y "entró en una casa", pues "deseaba que nadie supiese" que estaba allí. Hay tiempo de aparecer, y tiempo de desaparecer y retirarse; hay "tiempo de callar, y tiempo de hablar" (Ecl 3:7).
Allí estaba entre gentiles a quienes no quería manifestarse por ahora (Mt 15:24). No obstante, vemos cuán benignamente llegó a manifestarse allí también.
Aunque no llevó consigo una gran cantidad de curaciones milagrosas para llevarlas a cabo en aquellos lugares, todavía se dejó caer una que nos es referida aquí. Así como en Mateo 15:21, "y no pudo quedar oculto"; porque, aun cuando una candela no puede esconderse debajo de un almud o una cama, el sol no puede esconderse de la misma manera.
Además, Cristo era demasiado famoso como para quedar oculto en algún lugar. Vemos pues, aquí, la petición que le hizo una podre mujer que se hallaba en gran aflicción. Era gentil, "griega de raza sirofenicia"; por ello, "extranjera en cuanto a los pactos de la promesa" (Ef 2:12), y tenía una hija poseída del demonio.
Pero se llegó a Cristo...
A) Con humildad. "Había oído hablar de Él... vino, y se postró a Sus pies". Cristo nunca arrojó de sí a quienquiera se llegase a Él y cayese a Sus pies, lo cual puede hacer toda persona que va a Él. Temblando, no tenía la confianza suficiente para arrojarse en sus brazos.
B) Con decisión. Le dijo lisa y llanamente lo que deseaba: "Y le rogaba que arrojase de su hija al demonio" (V. 26).
La mayor bendición que podemos pedirle al Señor por nuestros hijos, es que quebrante el poder de Satanás; es decir, el poder del pecado en las almas de ellos.
El desánimo que Jesús le dio: "Deja primero que se sacien los hijos" (V. 27); deja que los judíos tengan todos los milagros que es menester hacer entre ellos, que no pierdan ninguna oportunidad de disfrutar de las bendiciones que están destinadas para ellos, los hijos del pacto, en vez de derrocharlas concediéndolas a quienes son como los perrillos falderos.

Cuando Cristo sabe que hay una fe fuerte, le gusta ponerla a prueba. "Dios hace muchas veces que se alarguen nuestras preguntas, porque quiere darles una respuesta eterna". Pero la frase que aquí aparece: "Deja primero", sugería que tenía alguna bendición en reserva para los gentiles; y esto era alentador para una gentil. Los judíos comenzaban ya a quedar hartos del Evangelio de Cristo, y algunos ya habían deseado que se alejara de su región. Los hijos comienzan a jugar con el alimento, y lo que estaba sobrando sería una fiesta para los gentiles.
La forma en que la mujer replicó a Jesús, llena de sabiduría y determinación: "cierto, Señor; pero también los perrillos debajo de la mesa comen las migajas de los hijos". Como si dijese: "Ya sé que no pertenezco a los hijos, ya sé que el pan de los hijos no debe echarse a los perros, pero... nadie niega a los perrillos las migajas; pues se les permite que se coloquen debajo de la mesa para que coman de lo que cae; no pido una hogaza, sino una migaja; no me la niegues".
Al hablar así, engrandece la abundancia de curaciones milagrosas con las que ella misma había oído que los judíos tenían un gran festín, en comparación de las cuales, la curación de su hija no era más que una simple migaja.
Quizás se había enterado del milagro de la multiplicación de los panes, y pensaría que en aquella ocasión, forzosamente quedaron muchas migajas para los perrillos. Al oír esto, Cristo le concedió su petición: "Por lo que has dicho vete, el demonio ha salido de tu hija" (V. 29). Como si dijese: "Ya tienes lo que tanto deseabas".
Esto nos anima a orar y no desfallecer, no dudando que si perseveramos en la oración prevaleceremos con Dios. La palabra de Cristo tuvo efecto inmediato; más aún, expresaba lo que ya había sucedido en virtud de un acto de su voluntad: "ya ha salido" (el perfecto griego indica una acción pasada, cuyo efecto continúa). Y así fue, como Cristo había dicho; pues cuando la mujer llegó a casa, encontró a la niña echada en cama, y que el demonio había salido.
Cristo puede vencer a Satanás a la distancia, así que la mujer halló a su hija no agitada como antes, sino, en la cama, reposando y esperando que su madre regresara para regocijarse con ella de encontrarse, ya perfectamente bien.
La fe, la decisión, la humildad, abren la brecha a un milagro. Dobla tus rodillas a los pies de Cristo. Es el tiempo que tu esperabas. Cristo está presto a oírte. Amén.
Dios bendiga tu vida, y que nos ayude en este día.
Tu amado hermano Marco.
Bendiciones.
www.OrientacionesBiblicas.org En aquellos lugares era poco conocido, y "entró en una casa", pues "deseaba que nadie supiese" que estaba allí. Hay tiempo de aparecer, y tiempo de desaparecer y retirarse; hay "tiempo de callar, y tiempo de hablar" (Ecl 3:7).
Allí estaba entre gentiles a quienes no quería manifestarse por ahora (Mt 15:24). No obstante, vemos cuán benignamente llegó a manifestarse allí también.
Aunque no llevó consigo una gran cantidad de curaciones milagrosas para llevarlas a cabo en aquellos lugares, todavía se dejó caer una que nos es referida aquí. Así como en Mateo 15:21, "y no pudo quedar oculto"; porque, aun cuando una candela no puede esconderse debajo de un almud o una cama, el sol no puede esconderse de la misma manera.
Además, Cristo era demasiado famoso como para quedar oculto en algún lugar. Vemos pues, aquí, la petición que le hizo una podre mujer que se hallaba en gran aflicción. Era gentil, "griega de raza sirofenicia"; por ello, "extranjera en cuanto a los pactos de la promesa" (Ef 2:12), y tenía una hija poseída del demonio.
Pero se llegó a Cristo...
A) Con humildad. "Había oído hablar de Él... vino, y se postró a Sus pies". Cristo nunca arrojó de sí a quienquiera se llegase a Él y cayese a Sus pies, lo cual puede hacer toda persona que va a Él. Temblando, no tenía la confianza suficiente para arrojarse en sus brazos.
B) Con decisión. Le dijo lisa y llanamente lo que deseaba: "Y le rogaba que arrojase de su hija al demonio" (V. 26).
La mayor bendición que podemos pedirle al Señor por nuestros hijos, es que quebrante el poder de Satanás; es decir, el poder del pecado en las almas de ellos.
El desánimo que Jesús le dio: "Deja primero que se sacien los hijos" (V. 27); deja que los judíos tengan todos los milagros que es menester hacer entre ellos, que no pierdan ninguna oportunidad de disfrutar de las bendiciones que están destinadas para ellos, los hijos del pacto, en vez de derrocharlas concediéndolas a quienes son como los perrillos falderos.

Cuando Cristo sabe que hay una fe fuerte, le gusta ponerla a prueba. "Dios hace muchas veces que se alarguen nuestras preguntas, porque quiere darles una respuesta eterna". Pero la frase que aquí aparece: "Deja primero", sugería que tenía alguna bendición en reserva para los gentiles; y esto era alentador para una gentil. Los judíos comenzaban ya a quedar hartos del Evangelio de Cristo, y algunos ya habían deseado que se alejara de su región. Los hijos comienzan a jugar con el alimento, y lo que estaba sobrando sería una fiesta para los gentiles.
La forma en que la mujer replicó a Jesús, llena de sabiduría y determinación: "cierto, Señor; pero también los perrillos debajo de la mesa comen las migajas de los hijos". Como si dijese: "Ya sé que no pertenezco a los hijos, ya sé que el pan de los hijos no debe echarse a los perros, pero... nadie niega a los perrillos las migajas; pues se les permite que se coloquen debajo de la mesa para que coman de lo que cae; no pido una hogaza, sino una migaja; no me la niegues".
Al hablar así, engrandece la abundancia de curaciones milagrosas con las que ella misma había oído que los judíos tenían un gran festín, en comparación de las cuales, la curación de su hija no era más que una simple migaja.
Quizás se había enterado del milagro de la multiplicación de los panes, y pensaría que en aquella ocasión, forzosamente quedaron muchas migajas para los perrillos. Al oír esto, Cristo le concedió su petición: "Por lo que has dicho vete, el demonio ha salido de tu hija" (V. 29). Como si dijese: "Ya tienes lo que tanto deseabas".
Esto nos anima a orar y no desfallecer, no dudando que si perseveramos en la oración prevaleceremos con Dios. La palabra de Cristo tuvo efecto inmediato; más aún, expresaba lo que ya había sucedido en virtud de un acto de su voluntad: "ya ha salido" (el perfecto griego indica una acción pasada, cuyo efecto continúa). Y así fue, como Cristo había dicho; pues cuando la mujer llegó a casa, encontró a la niña echada en cama, y que el demonio había salido.
Cristo puede vencer a Satanás a la distancia, así que la mujer halló a su hija no agitada como antes, sino, en la cama, reposando y esperando que su madre regresara para regocijarse con ella de encontrarse, ya perfectamente bien.
La fe, la decisión, la humildad, abren la brecha a un milagro. Dobla tus rodillas a los pies de Cristo. Es el tiempo que tu esperabas. Cristo está presto a oírte. Amén.
Dios bendiga tu vida, y que nos ayude en este día.
Tu amado hermano Marco.
Bendiciones.
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Marco Marín Parra,
Milagros,
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¿Estáis firmes en un mismo espíritu?
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Basado en Filipenses 1:21-30.
En estos versículos, el Apóstol expresa más en detalle, la magnífica disposición en que se halla para que Cristo sea glorificado; tanto en su vida, como en su muerte. Nos podemos dar cuenta de los matices: "Porque para mí, el vivir es Cristo; y el morir ganancia".
Pablo no dice aquí que Cristo es su vida; sino que, para él, el vivir es Cristo. Con este intercambio de sujeto y predicado, Pablo da a entender que toda su vida en la tierra se cifra y se resuelve en Cristo. Sin embargo, el morir era para él una ganancia (gr Kérdos, el lucro que se obtiene, especialmente en un negocio).
La ganancia en el morir era obvia, pues esto comportaba (V. 23) "partir" y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor. De manera parecida se había expresado ya en 2 Co 5:8, que Pablo no pensaba en el llamado (estado intermedio); se ve, no solo por Fil 3:10, 11, sino también por 2 Co 5:4.
Los creyentes verdaderos, que viven dentro de la voluntad de Dios, no tienen por qué temer la muerte. Saben que Dios tiene un propósito para su vida, y que la muerte cuando llega, es simplemente el final de su misión terrenal y el comienzo de una vida mejor con Cristo (Ro 8:28).
Este motivo muestra, una vez más la grandeza del alma de Pablo: "si he de seguir viviendo en el cuerpo", esto significa para mí una labor fructifera (V. 22). Este "fruto del trabajo" no significa para Pablo una ganancia personal, ni siquiera espiritual; de lo contrario, no preferiría el morir, la ganancia espiritual que Pablo tiene en mente es la de sus hijos en la fe, como se ve por el V. 24: "Pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros".
Puestas ambas alternativas en la balanza, resulta difícil observar de qué parte cae el platillo; "no sé qué escoger", porque se siente apremiado de ambos lados, del deseo de partir, que personalmente le traería mejor ventaja; y del deseo de quedarse, lo cual es más conveniente para los demás.
Se siente apretado por dos fuerzas opuestas que le estrechan el paso, que le retienen, que "tiran de él". No hace falta que él escoja; Dios escogerá por él. Pero Pablo está persuadido (V. 25) como en los demás lugares en que aparece el participio de pretérito, hasta el punto de que lo sabe, de que permaneceré, dice, y continuaré con vosotros para vuestro progreso y gozo en la fe.
Pablo tenía presentimiento (no habla de revelación) seguro de que, por el bien espiritual de sus lectores, Dios le permitiría todavía algunos años más de vida en este mundo. Podemos ver la forma tan diferente en que se expresa en 2 Timoteo 4:6-8. Este progreso y gozo en la fe, que Pablo ve como un objetivo de suficiente valor como para desear continuar con vida en este mundo, tiene un objetivo todavía más importante, como se ve por la conjunción final que encabeza el V 26; difícil de traducir por su densa estructura sintáctica.
El hecho de tener entre ellos de nuevo a Pablo será, para los fieles de Filipos, un nuevo motivo de santo orgullo por ser cristianos, al ver que Dios ha conservado incólume al Apóstol, precisamente en atención al beneficio espiritual de ellos.
El Apóstol termina el capítulo con una exhortación a la perseverancia, bien fundados en una unidad eclesial, en la humildad personal, y en el denuedo para pelear conjuntamente y con fidelidad el buen combate. "Solamente, dice V. 27, que os comportéis como es digno del Evangelio de Cristo".
La conducta debe reflejar lo que el Evangelio y sus riquezas han hecho de la congregación filipense (no solo para ellos, sino para todas las congregaciones). Pablo tiene en mente la ciudadanía celestial, se ve por Fil 3:20 donde lo expresa de forma explícita.
Con tal de que ellos se comporten como ciudadanos de los cielos, el que Pablo vaya a verles o que permanezca ausente (V. 27) es algo secundario; lo que importa, y lo va a subrayar en la primera mitad del capítulo 2 es: a) que oiga de vuestras cosas; esto es, cómo marchan vuestros asuntos espirituales; b) que sepa que estáis firmes en un solo espíritu (el mismo talante cristiano en todo), con una sola alma (Hch 4:32), con el mismo aliento vital combatiendo juntamente por la fe (fe objetiva o creencia) del Evangelio.
Es, pues, una solemne exhortación a la unidad de talante, de impulso y de objetivo dentro de la comunidad celestial. V. 28: "y en nada intimidados". El combate ha de ser conjunto, y sin miedo.
¿Quién podía asustarles? Pablo menciona a los que están en contra, o adversarios. No tengáis miedo de vuestros enemigos; sed siempre valientes, y esto les demostrará que ellos van a perder y que vosotros vais a ganar, porque es Dios quien os da la Victoria. Pues a vosotros se os ha concedido el privilegio de servir a Cristo, no solo creyendo en Él, sino también, padeciendo por Él.
Podéis ahora tomar parte conmigo en la batalla. Es la misma batalla que me visteis pelear en el pasado, y que estoy peleando todavía. El V. 27 termina diciendo: combatiendo unánimes por la fe del Evangelio, y el V. 30 comienza así "teniendo el mismo conflicto". Con esto, queda ya anticipada la correcta interpretación de dos detalles que necesitaban especial atención: Cristo, no solo creer en Él, sino también padecer por Él.
Parece indicar a primera vista que, tanto la fe como el sufrimiento les es dado de fuera. No es algo que salga de ellos; pero sí nos damos cuenta, que el que les otorga eso es Dios, y se verá que el favor que Dios hace a los fieles de Filipos no es aquí el creer, como tampoco el padecer.
Lo que Pablo quiere significar es que, en lo que respecta a estar del lado de Cristo, Dios les ha concedido el privilegio, no sólo de creer en Cristo, sino también, de tener la oportunidad de padecer por Él. Amén.
Dios nos ayuda a permanecer firmes en Su Espíritu.
Tu amado hermano Marco.
Suecia – Lysekil.
Bendiciones.
www.OrientacionesBiblicas.org Pablo no dice aquí que Cristo es su vida; sino que, para él, el vivir es Cristo. Con este intercambio de sujeto y predicado, Pablo da a entender que toda su vida en la tierra se cifra y se resuelve en Cristo. Sin embargo, el morir era para él una ganancia (gr Kérdos, el lucro que se obtiene, especialmente en un negocio).
La ganancia en el morir era obvia, pues esto comportaba (V. 23) "partir" y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor. De manera parecida se había expresado ya en 2 Co 5:8, que Pablo no pensaba en el llamado (estado intermedio); se ve, no solo por Fil 3:10, 11, sino también por 2 Co 5:4.
Los creyentes verdaderos, que viven dentro de la voluntad de Dios, no tienen por qué temer la muerte. Saben que Dios tiene un propósito para su vida, y que la muerte cuando llega, es simplemente el final de su misión terrenal y el comienzo de una vida mejor con Cristo (Ro 8:28).
Este motivo muestra, una vez más la grandeza del alma de Pablo: "si he de seguir viviendo en el cuerpo", esto significa para mí una labor fructifera (V. 22). Este "fruto del trabajo" no significa para Pablo una ganancia personal, ni siquiera espiritual; de lo contrario, no preferiría el morir, la ganancia espiritual que Pablo tiene en mente es la de sus hijos en la fe, como se ve por el V. 24: "Pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros".
Puestas ambas alternativas en la balanza, resulta difícil observar de qué parte cae el platillo; "no sé qué escoger", porque se siente apremiado de ambos lados, del deseo de partir, que personalmente le traería mejor ventaja; y del deseo de quedarse, lo cual es más conveniente para los demás.

Pablo tenía presentimiento (no habla de revelación) seguro de que, por el bien espiritual de sus lectores, Dios le permitiría todavía algunos años más de vida en este mundo. Podemos ver la forma tan diferente en que se expresa en 2 Timoteo 4:6-8. Este progreso y gozo en la fe, que Pablo ve como un objetivo de suficiente valor como para desear continuar con vida en este mundo, tiene un objetivo todavía más importante, como se ve por la conjunción final que encabeza el V 26; difícil de traducir por su densa estructura sintáctica.
El hecho de tener entre ellos de nuevo a Pablo será, para los fieles de Filipos, un nuevo motivo de santo orgullo por ser cristianos, al ver que Dios ha conservado incólume al Apóstol, precisamente en atención al beneficio espiritual de ellos.
El Apóstol termina el capítulo con una exhortación a la perseverancia, bien fundados en una unidad eclesial, en la humildad personal, y en el denuedo para pelear conjuntamente y con fidelidad el buen combate. "Solamente, dice V. 27, que os comportéis como es digno del Evangelio de Cristo".
La conducta debe reflejar lo que el Evangelio y sus riquezas han hecho de la congregación filipense (no solo para ellos, sino para todas las congregaciones). Pablo tiene en mente la ciudadanía celestial, se ve por Fil 3:20 donde lo expresa de forma explícita.
Con tal de que ellos se comporten como ciudadanos de los cielos, el que Pablo vaya a verles o que permanezca ausente (V. 27) es algo secundario; lo que importa, y lo va a subrayar en la primera mitad del capítulo 2 es: a) que oiga de vuestras cosas; esto es, cómo marchan vuestros asuntos espirituales; b) que sepa que estáis firmes en un solo espíritu (el mismo talante cristiano en todo), con una sola alma (Hch 4:32), con el mismo aliento vital combatiendo juntamente por la fe (fe objetiva o creencia) del Evangelio.
Es, pues, una solemne exhortación a la unidad de talante, de impulso y de objetivo dentro de la comunidad celestial. V. 28: "y en nada intimidados". El combate ha de ser conjunto, y sin miedo.
¿Quién podía asustarles? Pablo menciona a los que están en contra, o adversarios. No tengáis miedo de vuestros enemigos; sed siempre valientes, y esto les demostrará que ellos van a perder y que vosotros vais a ganar, porque es Dios quien os da la Victoria. Pues a vosotros se os ha concedido el privilegio de servir a Cristo, no solo creyendo en Él, sino también, padeciendo por Él.
Podéis ahora tomar parte conmigo en la batalla. Es la misma batalla que me visteis pelear en el pasado, y que estoy peleando todavía. El V. 27 termina diciendo: combatiendo unánimes por la fe del Evangelio, y el V. 30 comienza así "teniendo el mismo conflicto". Con esto, queda ya anticipada la correcta interpretación de dos detalles que necesitaban especial atención: Cristo, no solo creer en Él, sino también padecer por Él.
Parece indicar a primera vista que, tanto la fe como el sufrimiento les es dado de fuera. No es algo que salga de ellos; pero sí nos damos cuenta, que el que les otorga eso es Dios, y se verá que el favor que Dios hace a los fieles de Filipos no es aquí el creer, como tampoco el padecer.
Lo que Pablo quiere significar es que, en lo que respecta a estar del lado de Cristo, Dios les ha concedido el privilegio, no sólo de creer en Cristo, sino también, de tener la oportunidad de padecer por Él. Amén.
Dios nos ayuda a permanecer firmes en Su Espíritu.
Tu amado hermano Marco.
Suecia – Lysekil.
Bendiciones.
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Cristo es El Mensaje.
Escuche el mensaje aquí.
Basado en Filipenses 1:12-20.
El Apóstol Pablo estaba preso en Roma cuando escribió esta epístola. Esto podía ser un tropiezo para quienes habían recibido el Evangelio por ministerio de Él, ya que sentirían la tentación de avergonzarse por compartir sus ideas religiosas, no fuera que también ellos se viesen implicados en la misma aflicción que él padecía.
Para que nadie se eche atrás ante "el escándalo de la Cruz", Pablo va a declarar las maravillas de la química divina al extraer de un mal, como era su propio confinamiento, un bien tan grande como la extensión del Evangelio.
Es cierto que padecía a manos de los enemigos jurados del Evangelio, pero esto no debía servir de ningún tropiezo a los creyentes.
"Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido (literal las cosas concernientes a mí) han redundado mas bien, para el progreso del Evangelio" (eso quiero que sepáis).
Se nota el interés del Apóstol por quitar a sus lectores, toda preocupación por la situación en que él se hallaba; como diciéndoles: "Mirad, lo que me ha ocurrido, lejos de impedir el progreso del Evangelio, lo ha promovido y acelerado".
De dos maneras había obtenido su encarcelamiento este resultado favorable:
Primero, hacia los de afuera (V. 13): "hasta el punto de que mis cadenas se han hecho manifiestas en Cristo en todo el pretorio y a todos los demás".
No cabe duda de que habría en Roma otros prisioneros que habrían apelado al César, pero el caso del Apóstol Pablo era único; él no se hallaba allí por ningún motivo político, ni por ningún crimen, ni por alterar la paz del imperio; era manifiesto y evidente a todos que sus cadenas se debían a su condición de fiel seguidor de Cristo, y de su valentía como proclamador del misterio.
Esto se sabía no solo en todo el pretorio; es decir, entre los oficiales del cuartel general de la guardia pretoriana y del ejército (no del palacio del César), sino también, entre todos los demás que en la capital del imperio se enteraban del caso del Apóstol. Sus mismas cadenas eran el mensaje elocuente.
Después, hacia los de dentro (V.14): "y la mayoría de los hermanos cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones". Se atreven más abundantemente a hablar sin miedo La Palabra.
La mayoría de los creyentes que se hallaban en Roma; al ver la forma en que Pablo llevaba aquellas cadenas por amor a Cristo y por la causa del Evangelio, en lugar de avergonzarse, de cesar en la proclamación del Evangelio, y en las alabanzas al Señor, se mostraban mucho más valientes y atrevidos para dar a conocer constantemente el mensaje cristiano.
El gozo de Pablo en circunstancias extremas, tan poco propicias para la alegría, les alentaba a ellos a sufrir por el mismo Maestro que tales consuelos otorga a los que padecen por Él. Si llegaba a ocurrir que les llevaban del púlpito a la cárcel, de buena gana irían, pues allí habrían de hallarse en tan buena compañía.
También padecía por parte de falsos amigos, lo cual era más triste, pero tampoco esto le detenía (V. 15-18). Estos versículos son prueba evidente de la extraordinaria magnanimidad y pureza de intención del Apóstol. Entre los que, durante el encarcelamiento de Pablo se dedicaban a la predicación del Evangelio, no todos obraban con la misma pureza de intención que el Apóstol; todo ese oro que suponía el hablar intrépidamente de la Palabra en Roma, no estaba libre de escoria.
Ahora debemos recordar el V. 10, la oración de Pablo para que los Filipenses pudieran ser "puros y sin ofensa"; como quiera que Pablo no podía extender mucho el ámbito de su predicación, al estar encarcelado, otros "hermanos" suplían, de algún modo, la ausencia del Apóstol; incluso en Roma al proclamar también el Evangelio.
Pero no todos predicaban con la misma pureza de intención: "cierto que algunos predicaban a (contienda) Cristo por envidia".
Los primeros predican a Cristo por ambición egoísta, no sinceramente, pensando que aumentan mis dificultades mientras estoy encarcelado.
Este es un fenómeno que se ha dado en todas las épocas de La Iglesia. Estos predicadores, se aprovechaban de la situación de Pablo, para tratar de brillar ellos mismos, con el intento de mostrar, que Pablo no era el único predicador dotado de las mejores cualidades para ese ministerio.
Muchos individuos de este tipo han aparecido en La Iglesia, llenos de envidia porque Dios ha dado a otros mayores dones. Sienten como una estocada en su interior, al ver reducirse su autoridad y el número de sus seguidores; y por tanto, critican, encuentran fallas y levantan polémica.

No es maravilla que hubiera algunos de esos en Roma, pero... otros de buena voluntad. Estos últimos lo hacen en amor, sabiendo que estoy puesto aquí para defensa del Evangelio.
No todos predicaban llevados de la ambición personal y de la envidia; había también quienes predicaban el Evangelio de buena voluntad, con rectitud de intención y de buen grado, por amor a Cristo y por amor también al Apóstol, sintiéndose sanamente orgullosos de ser sus colaboradores en la misma viña del Señor (1 Co 3:5-9).
Estos se percataban de que Pablo estaba puesto por Dios para defensa del Evangelio. Hay quienes opinan que "puesto" indica "puesto en cadena".
La reacción de Pablo es digna del gran Apóstol (V. 18-20).
Los que predicaban a Cristo por envidia se equivocaban de puerta, como solemos decir "comprendían al hombre mal" que intentaban afligir. Pero... ¡qué importa! Lo importante es que en cualquier caso, ya sea por motivos falsos o verdaderos, Cristo es predicado, y yo me regocijo a causa de esto.
Sí, seguiré regocijándome, porque sé que por nuestras oraciones y la ayuda del Espíritu de Jesucristo, lo que me ha ocurrido desembocará en mi libertad. Anhelantemente es, pero que en ninguna manera seré avergonzado, sino que tendré el valor suficiente para que, ahora como siempre, Cristo sea exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte.
La reacción de Pablo muestra la grandeza de su alma.
A Pablo le interesa únicamente que Cristo sea predicado, y por lo que él insinúa, se ve que los que predicaban por envidia, predicaban, no obstante, de forma correcta el Evangelio.
Al Apóstol le tienen sin cuidado las intenciones en comparación con el resultado, no en sí mismas (no lo entendamos mal) "Y yo me regocijo a causa de esto. Sí, seguiré regocijándome".
Los que predicaban el Evangelio por envidia y ambición, pensaban aumentar la aflicción de Pablo. Y lo que estaban aumentando era su regocijo, de donde el áspid saca veneno, la abeja saca miel.
El Apóstol abriga la esperanza de que "esto", la prisión que está sufriendo, no la predicación de sus émulos, resultará cuando esté ante el tribunal de César, se compruebe su inocencia en su libertad.
Éste es aquí, el significado de soltería. Pablo parece aludir a Job 13:16. Pablo tiene de esto una esperanza segura; pues dice: "porque". Esta seguridad se funda en dos motivos complementarios: Primero, la eficacia de la oración de los buenos hermanos de Filipos (Stg 5:16). Segundo, la suministración del auxilio divino mediante la agencia del Espíritu Santo (Ro 8:26, 27).
En todo caso, el Apóstol se somete a la voluntad de Dios, pues su interés último está cifrado en que Cristo sea glorificado en su cuerpo; ya sea por vida o por muerte, como lo va a explicar a continuación; Cristo será magnificado en Pablo, si Pablo magnifica a Cristo, no sintiéndose avergonzado de sufrir por Él; sino, lleno de santa audacia para confesarle delante de los hombres.
Mediante esta santa osadía, y no mediante cobardes subtergios, espera obtener el resultado que mejor glorifique al Señor.
Si hoy los predicadores actuales, tuviéramos que presentarnos como predicadores delante de la corte suprema de vuestro país, y suponed que esta corte estuviera compuesta enteramente de gente pagana... Sería fácil para nosotros hablar con perfecta libertad, como siempre que lo hacemos de nuestro púlpito con libertad. Amén.
Gracias a Dios por Su Poderosa, Bendita y Eterna Palabra. Dios nos ayude con sencillez y franqueza a llevar Su Mensaje.
Tu amado hermano Marco Marin Parra.
Suecia – Lysekil.
Bendiciones.
http://OrientacionesBiblicas.BlogSpot.com Para que nadie se eche atrás ante "el escándalo de la Cruz", Pablo va a declarar las maravillas de la química divina al extraer de un mal, como era su propio confinamiento, un bien tan grande como la extensión del Evangelio.
Es cierto que padecía a manos de los enemigos jurados del Evangelio, pero esto no debía servir de ningún tropiezo a los creyentes.
"Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido (literal las cosas concernientes a mí) han redundado mas bien, para el progreso del Evangelio" (eso quiero que sepáis).
Se nota el interés del Apóstol por quitar a sus lectores, toda preocupación por la situación en que él se hallaba; como diciéndoles: "Mirad, lo que me ha ocurrido, lejos de impedir el progreso del Evangelio, lo ha promovido y acelerado".
De dos maneras había obtenido su encarcelamiento este resultado favorable:
Primero, hacia los de afuera (V. 13): "hasta el punto de que mis cadenas se han hecho manifiestas en Cristo en todo el pretorio y a todos los demás".
No cabe duda de que habría en Roma otros prisioneros que habrían apelado al César, pero el caso del Apóstol Pablo era único; él no se hallaba allí por ningún motivo político, ni por ningún crimen, ni por alterar la paz del imperio; era manifiesto y evidente a todos que sus cadenas se debían a su condición de fiel seguidor de Cristo, y de su valentía como proclamador del misterio.
Esto se sabía no solo en todo el pretorio; es decir, entre los oficiales del cuartel general de la guardia pretoriana y del ejército (no del palacio del César), sino también, entre todos los demás que en la capital del imperio se enteraban del caso del Apóstol. Sus mismas cadenas eran el mensaje elocuente.
Después, hacia los de dentro (V.14): "y la mayoría de los hermanos cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones". Se atreven más abundantemente a hablar sin miedo La Palabra.
La mayoría de los creyentes que se hallaban en Roma; al ver la forma en que Pablo llevaba aquellas cadenas por amor a Cristo y por la causa del Evangelio, en lugar de avergonzarse, de cesar en la proclamación del Evangelio, y en las alabanzas al Señor, se mostraban mucho más valientes y atrevidos para dar a conocer constantemente el mensaje cristiano.
El gozo de Pablo en circunstancias extremas, tan poco propicias para la alegría, les alentaba a ellos a sufrir por el mismo Maestro que tales consuelos otorga a los que padecen por Él. Si llegaba a ocurrir que les llevaban del púlpito a la cárcel, de buena gana irían, pues allí habrían de hallarse en tan buena compañía.
También padecía por parte de falsos amigos, lo cual era más triste, pero tampoco esto le detenía (V. 15-18). Estos versículos son prueba evidente de la extraordinaria magnanimidad y pureza de intención del Apóstol. Entre los que, durante el encarcelamiento de Pablo se dedicaban a la predicación del Evangelio, no todos obraban con la misma pureza de intención que el Apóstol; todo ese oro que suponía el hablar intrépidamente de la Palabra en Roma, no estaba libre de escoria.
Ahora debemos recordar el V. 10, la oración de Pablo para que los Filipenses pudieran ser "puros y sin ofensa"; como quiera que Pablo no podía extender mucho el ámbito de su predicación, al estar encarcelado, otros "hermanos" suplían, de algún modo, la ausencia del Apóstol; incluso en Roma al proclamar también el Evangelio.
Pero no todos predicaban con la misma pureza de intención: "cierto que algunos predicaban a (contienda) Cristo por envidia".
Los primeros predican a Cristo por ambición egoísta, no sinceramente, pensando que aumentan mis dificultades mientras estoy encarcelado.
Este es un fenómeno que se ha dado en todas las épocas de La Iglesia. Estos predicadores, se aprovechaban de la situación de Pablo, para tratar de brillar ellos mismos, con el intento de mostrar, que Pablo no era el único predicador dotado de las mejores cualidades para ese ministerio.
Muchos individuos de este tipo han aparecido en La Iglesia, llenos de envidia porque Dios ha dado a otros mayores dones. Sienten como una estocada en su interior, al ver reducirse su autoridad y el número de sus seguidores; y por tanto, critican, encuentran fallas y levantan polémica.

No es maravilla que hubiera algunos de esos en Roma, pero... otros de buena voluntad. Estos últimos lo hacen en amor, sabiendo que estoy puesto aquí para defensa del Evangelio.
No todos predicaban llevados de la ambición personal y de la envidia; había también quienes predicaban el Evangelio de buena voluntad, con rectitud de intención y de buen grado, por amor a Cristo y por amor también al Apóstol, sintiéndose sanamente orgullosos de ser sus colaboradores en la misma viña del Señor (1 Co 3:5-9).
Estos se percataban de que Pablo estaba puesto por Dios para defensa del Evangelio. Hay quienes opinan que "puesto" indica "puesto en cadena".
La reacción de Pablo es digna del gran Apóstol (V. 18-20).
Los que predicaban a Cristo por envidia se equivocaban de puerta, como solemos decir "comprendían al hombre mal" que intentaban afligir. Pero... ¡qué importa! Lo importante es que en cualquier caso, ya sea por motivos falsos o verdaderos, Cristo es predicado, y yo me regocijo a causa de esto.
Sí, seguiré regocijándome, porque sé que por nuestras oraciones y la ayuda del Espíritu de Jesucristo, lo que me ha ocurrido desembocará en mi libertad. Anhelantemente es, pero que en ninguna manera seré avergonzado, sino que tendré el valor suficiente para que, ahora como siempre, Cristo sea exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte.
La reacción de Pablo muestra la grandeza de su alma.
A Pablo le interesa únicamente que Cristo sea predicado, y por lo que él insinúa, se ve que los que predicaban por envidia, predicaban, no obstante, de forma correcta el Evangelio.
Al Apóstol le tienen sin cuidado las intenciones en comparación con el resultado, no en sí mismas (no lo entendamos mal) "Y yo me regocijo a causa de esto. Sí, seguiré regocijándome".
Los que predicaban el Evangelio por envidia y ambición, pensaban aumentar la aflicción de Pablo. Y lo que estaban aumentando era su regocijo, de donde el áspid saca veneno, la abeja saca miel.
El Apóstol abriga la esperanza de que "esto", la prisión que está sufriendo, no la predicación de sus émulos, resultará cuando esté ante el tribunal de César, se compruebe su inocencia en su libertad.
Éste es aquí, el significado de soltería. Pablo parece aludir a Job 13:16. Pablo tiene de esto una esperanza segura; pues dice: "porque". Esta seguridad se funda en dos motivos complementarios: Primero, la eficacia de la oración de los buenos hermanos de Filipos (Stg 5:16). Segundo, la suministración del auxilio divino mediante la agencia del Espíritu Santo (Ro 8:26, 27).
En todo caso, el Apóstol se somete a la voluntad de Dios, pues su interés último está cifrado en que Cristo sea glorificado en su cuerpo; ya sea por vida o por muerte, como lo va a explicar a continuación; Cristo será magnificado en Pablo, si Pablo magnifica a Cristo, no sintiéndose avergonzado de sufrir por Él; sino, lleno de santa audacia para confesarle delante de los hombres.
Mediante esta santa osadía, y no mediante cobardes subtergios, espera obtener el resultado que mejor glorifique al Señor.
Si hoy los predicadores actuales, tuviéramos que presentarnos como predicadores delante de la corte suprema de vuestro país, y suponed que esta corte estuviera compuesta enteramente de gente pagana... Sería fácil para nosotros hablar con perfecta libertad, como siempre que lo hacemos de nuestro púlpito con libertad. Amén.
Gracias a Dios por Su Poderosa, Bendita y Eterna Palabra. Dios nos ayude con sencillez y franqueza a llevar Su Mensaje.
Tu amado hermano Marco Marin Parra.
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Marco Marín Parra,
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La mirada divina.
Escuche el mensaje aquí.
Basado en Juan 14:1-4
El capítulo comienza con una exhortación general de Cristo a sus discípulos: "No se turbe vuestro corazón". Podríamos decir: Nada te turbe, nada te espante. Jesús había anunciado Su partida inminente, ellos debían aún quedar en el mundo (V. 13:33).
El anuncio de la separación de Su Maestro, a quien querían tanto y habían seguido tan fielmente... que dejaba en su juicio sin consumar la obra prometida de la fundación del reino mesiánico... que los dejaba solos frente a sus enemigos terribles, les llenó de turbación y congoja: "No se turbe vuestro corazón".
Les dice Jesús: La razón de la serenidad que deben guardar en aquellos momentos, es la confianza en Dios y en Él: "Creéis en Dios, creed también en mí". De la misma manera que tenéis fe en Dios, debéis tenerla en mí, que Soy Su Legado y Su Cristo, que Soy Dios, como Él; y por lo mismo, aunque os deje en la apariencia, estaré con vosotros perpetuamente con mi auxilio divino.
Jesús se percató de la turbación que hacía preza en el corazón de los discípulos. Quizá se transparentaba en el rostro de ellos. De todos modos no podía pasar desapercibida a la mirada divina del Señor, quien conocía los más íntimos pensares, e intuía las heridas que sangran en el interior.
Es un gran consuelo para nosotros, el saber que El Señor conoce los más graves problemas de los Suyos en cualquier momento, en que la tribulación parece presta a inundarnos.

Aparte de lo dicho anteriormente, muchas otras cosas contribuían ahora a incrementar la congoja de los discípulos. Cristo acababa de declararles la malevolencia con que algunos de ellos le habían de tratar, y esto les acongojaba a todos.
Ahora El Señor les consuela; aunque un santo celo sobre nosotros mismos es de ayuda para mantenernos humildes y en vela; no debemos, sin embargo, permitir que nos acongoje hasta el punto de privarnos del santo gozo que es fruto del Espíritu Santo. También acababa de decirles, no solo que se marchaba de ellos, sino, que se iba entre una densa nube de padecimientos.
Cuando contemplamos al Señor crucificado, no podemos menos de lamentarnos amargamente, a pesar de que vemos el feliz resultado que Su muerte ha tenido; mucho más amarga tenía que ser para ellos dicha contemplación, ya que no tenían como tenemos nosotros, el privilegio de ver más allá de los sufrimientos de Cristo.
Si Cristo se va ahora de ellos, van a verse vergonzosamente decepcionados en cuanto a sus esperanzas de ver triunfante y glorioso a Su Maestro, y se hallarán abandonados y expuestos a la burla, y a la persecución de los enemigos de Cristo. Para contrarrestar esto, Jesús les dice: "No se turbe vuestro corazón".
Hay aquí tres palabras en las que es precioso cargar el énfasis:
I - TURBE:
El verbo griego indica en Aristófanes, la agitación de un mar embravecido. Como en otro tiempo, Jesús quiere llevar la calma al corazón de los discípulos, como la llevó a la barca agitada por las olas en el mar de Galilea. Notemos que no les dice: "Tratad de que vuestro corazón se haga insensible a la pena y al pesar", sino, "No permitáis que vuestro corazón sea turbado y agitado por el pesar".
II - CORAZÓN:
Al mencionar el centro de la actividad humana, El Señor quiere que mantengan el control de este centro; que guarden la serenidad de ánimo, aún cuando la carne débil tiemble (Mt 26:41; Mr 14:38). El corazón es el principal baluarte, pase lo que pase, es menester defender este bastión.
III - VUESTRO:
Como si dijese: Vosotros, que sois mis seguidores, mis discípulos, no habéis de turbaros, porque tenéis mayor conocimiento y estáis en mejores condiciones que los demás. Los creyentes hemos de aprender a conservarnos en paz interior cuando todo es inquietudes y confusión en nuestro rededor.
Les prescribió el remedio: "Creéis en Dios, creed también en mí". Como diciéndoles: Vosotros habéis creído y continuáis creyendo en Dios, en Sus perfecciones y en Su Providencia; por tanto, creed y continuad creyendo también en mí, que Soy El Mediador entre Dios y los hombres.
Al creer en Jesús como en El Mediador, nuestra fe en Dios se torna sumamente consoladora. Quienes tienen un resto concepto de Dios, no sentirán dificultades en creer en Cristo, ya que en Él se muestra "La benignidad de Dios nuestro Salvador y Su amor para con los hombres" (Tit 3:4).
Creer en Dios mediante la fe en Jesucristo, es un excelente medio para conservar en paz el corazón; porque el gozo de la fe, es el mejor remedio contra los pesares del sentido. Cristo imparte una instrucción particular, a fin de que la fe de los discípulos se haga efectiva sobre la base de la promesa de vida eterna (V. 2-3).
¿Para qué hemos de creer en Dios y en Cristo?... Para descansar en la confianza segura de una feliz eternidad en las mansiones celestiales. Los fieles de todos los tiempos han cobrado ánimo al mirar hacia arriba (Col 3:1-3), en medio de las más terribles pruebas de esta vida.
Hemos de creer y considerar, que existe esa felicidad: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas". Notemos que dice: "moradas", no tiendas de campaña, como en la peregrinación por esta vida (2 Pe 1:14).
Estas moradas están "en la casa del Padre". Es una casa familiar, pero en la que cada miembro de la familia tendrá su apartamento individual; puesto que nuestra personalidad no se diluirá en la más íntima y estrecha comunión con El Señor y con todos los santos. No habrá que pagar renta ni tributo, es un regalo del Padre; un regalo a perpetuidad, pues nuestra herencia es incorruptible, incontaminada, inmarcesible y reservada (1 Pe 1:14).
Nuestros nombres están ya escritos allí (Lc 10:20).
Aquí estamos pasando una mala noche, en una mala posada; pero allí será eterno (Ap 21:15) en una regia morada. Las moradas son muchas, porque son muchos los hijos que son llevados a la gloria (He 2:10).
La seguridad que tenemos de la realidad de esa felicidad eterna: "Si no, ya os lo hubiera dicho". La seguridad está basada en la veracidad de Su Palabra, y en la sinceridad de su afecto a los discípulos. No sólo es veraz de modo que no puede engañar en lo que dice, sino también, amoroso, de modo y manera era, que no puede sufrir el que nosotros nos llamemos a engaño.
El efecto que nos tiene es demasiado grande, como para que nuestra esperanza pueda verse frustrada (Ro 5:5). Hemos de creer igualmente y considerar que, por consiguiente, vendrá de cierto otra vez para recogernos: "Voy, pues, a preparar lugar para vosotros".
Ese es Su designio al marcharse al cielo: prepararnos un lugar, y tomar posesión de él en nuestro lugar (Ef 2:6); ser allí nuestro Abogado para asegurarnos la posesión del título de propiedad; hacer todas las provisiones necesarias y convenientes para que nuestra futura morada sea del todo cómoda y estupenda.
La habitación feliz en los cielos, será proporcionada la condición feliz de los inmortales hijos de Dios. Puesto que el elemento principal de la bienaventuranza eterna es la presencia de Cristo y la comunión íntima, sin velos ni estorbos con Él. Menester es que Él marche primero allá, pues donde Él esté, estará El Paraíso (Lc 23:43).
El cielo no sería morada conveniente para el Cristiano, si no estuviese ya Cristo allí. Ese es también nuestro gran Consuelo: "Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis".
Verdaderamente, estas palabras están llenas de Consuelo para nosotros, puesto que por ellas sabemos que El Señor Jesucristo vendrá otra vez, Él lo asegura.
Cuando nosotros estamos dispuestos a ir a algún lugar al que se nos llama, solemos decir: "Ya voy", a pesar de que todavía no nos hemos puesto en marcha. También Cristo es "El que viene" (Ap 1:7), porque "viene pronto" (Ap 22:12, 20), que vendrá pronto a recoger a sus fieles seguidores.
La Segunda Venida de Cristo tiene por objeto:
Nuestro arrebatamiento juntamente con ellos, (los que hayan muerto y resucitado "primero" en las nubes para salir al encuentro del Señor en el aire (1 Tesalonicenses 4:17).
Que donde Él está, allí estaremos nosotros también. Esto nos da a conocer, que la quitaesencia de la felicidad celestial es estar con Cristo allí. Cristo dice: "donde yo estoy". Es cierto que, en cuanto Dios, Jesús está, y siempre lo estuvo, en el cielo (Jn 3:13); pero aquí habla como hombre, y habla en presente porque de tal manera está ya para salir de este Mundo, que ya se considera fuera de él (Jn 17:11).
Equivale a decir: Donde yo estaré en breve y para siempre, allí estaréis también en breve vosotros y para siempre; no sólo como espectadores de la Gloria celestial, sino, como partícipes de ella.
Va a preparar lugar para nosotros. Si Él nos prepara y decora las moradas, no van a quedar vacías; también nos preparará a nosotros para que, a su debido tiempo tomemos posesión de ella (1 P 1:4-5). Amén.
El anuncio de la separación de Su Maestro, a quien querían tanto y habían seguido tan fielmente... que dejaba en su juicio sin consumar la obra prometida de la fundación del reino mesiánico... que los dejaba solos frente a sus enemigos terribles, les llenó de turbación y congoja: "No se turbe vuestro corazón".
Les dice Jesús: La razón de la serenidad que deben guardar en aquellos momentos, es la confianza en Dios y en Él: "Creéis en Dios, creed también en mí". De la misma manera que tenéis fe en Dios, debéis tenerla en mí, que Soy Su Legado y Su Cristo, que Soy Dios, como Él; y por lo mismo, aunque os deje en la apariencia, estaré con vosotros perpetuamente con mi auxilio divino.
Jesús se percató de la turbación que hacía preza en el corazón de los discípulos. Quizá se transparentaba en el rostro de ellos. De todos modos no podía pasar desapercibida a la mirada divina del Señor, quien conocía los más íntimos pensares, e intuía las heridas que sangran en el interior.
Es un gran consuelo para nosotros, el saber que El Señor conoce los más graves problemas de los Suyos en cualquier momento, en que la tribulación parece presta a inundarnos.

Aparte de lo dicho anteriormente, muchas otras cosas contribuían ahora a incrementar la congoja de los discípulos. Cristo acababa de declararles la malevolencia con que algunos de ellos le habían de tratar, y esto les acongojaba a todos.
Ahora El Señor les consuela; aunque un santo celo sobre nosotros mismos es de ayuda para mantenernos humildes y en vela; no debemos, sin embargo, permitir que nos acongoje hasta el punto de privarnos del santo gozo que es fruto del Espíritu Santo. También acababa de decirles, no solo que se marchaba de ellos, sino, que se iba entre una densa nube de padecimientos.
Cuando contemplamos al Señor crucificado, no podemos menos de lamentarnos amargamente, a pesar de que vemos el feliz resultado que Su muerte ha tenido; mucho más amarga tenía que ser para ellos dicha contemplación, ya que no tenían como tenemos nosotros, el privilegio de ver más allá de los sufrimientos de Cristo.
Si Cristo se va ahora de ellos, van a verse vergonzosamente decepcionados en cuanto a sus esperanzas de ver triunfante y glorioso a Su Maestro, y se hallarán abandonados y expuestos a la burla, y a la persecución de los enemigos de Cristo. Para contrarrestar esto, Jesús les dice: "No se turbe vuestro corazón".
Hay aquí tres palabras en las que es precioso cargar el énfasis:
I - TURBE:
El verbo griego indica en Aristófanes, la agitación de un mar embravecido. Como en otro tiempo, Jesús quiere llevar la calma al corazón de los discípulos, como la llevó a la barca agitada por las olas en el mar de Galilea. Notemos que no les dice: "Tratad de que vuestro corazón se haga insensible a la pena y al pesar", sino, "No permitáis que vuestro corazón sea turbado y agitado por el pesar".
II - CORAZÓN:
Al mencionar el centro de la actividad humana, El Señor quiere que mantengan el control de este centro; que guarden la serenidad de ánimo, aún cuando la carne débil tiemble (Mt 26:41; Mr 14:38). El corazón es el principal baluarte, pase lo que pase, es menester defender este bastión.
III - VUESTRO:
Como si dijese: Vosotros, que sois mis seguidores, mis discípulos, no habéis de turbaros, porque tenéis mayor conocimiento y estáis en mejores condiciones que los demás. Los creyentes hemos de aprender a conservarnos en paz interior cuando todo es inquietudes y confusión en nuestro rededor.
Les prescribió el remedio: "Creéis en Dios, creed también en mí". Como diciéndoles: Vosotros habéis creído y continuáis creyendo en Dios, en Sus perfecciones y en Su Providencia; por tanto, creed y continuad creyendo también en mí, que Soy El Mediador entre Dios y los hombres.
Al creer en Jesús como en El Mediador, nuestra fe en Dios se torna sumamente consoladora. Quienes tienen un resto concepto de Dios, no sentirán dificultades en creer en Cristo, ya que en Él se muestra "La benignidad de Dios nuestro Salvador y Su amor para con los hombres" (Tit 3:4).
Creer en Dios mediante la fe en Jesucristo, es un excelente medio para conservar en paz el corazón; porque el gozo de la fe, es el mejor remedio contra los pesares del sentido. Cristo imparte una instrucción particular, a fin de que la fe de los discípulos se haga efectiva sobre la base de la promesa de vida eterna (V. 2-3).
¿Para qué hemos de creer en Dios y en Cristo?... Para descansar en la confianza segura de una feliz eternidad en las mansiones celestiales. Los fieles de todos los tiempos han cobrado ánimo al mirar hacia arriba (Col 3:1-3), en medio de las más terribles pruebas de esta vida.
Hemos de creer y considerar, que existe esa felicidad: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas". Notemos que dice: "moradas", no tiendas de campaña, como en la peregrinación por esta vida (2 Pe 1:14).
Estas moradas están "en la casa del Padre". Es una casa familiar, pero en la que cada miembro de la familia tendrá su apartamento individual; puesto que nuestra personalidad no se diluirá en la más íntima y estrecha comunión con El Señor y con todos los santos. No habrá que pagar renta ni tributo, es un regalo del Padre; un regalo a perpetuidad, pues nuestra herencia es incorruptible, incontaminada, inmarcesible y reservada (1 Pe 1:14).
Nuestros nombres están ya escritos allí (Lc 10:20).
Aquí estamos pasando una mala noche, en una mala posada; pero allí será eterno (Ap 21:15) en una regia morada. Las moradas son muchas, porque son muchos los hijos que son llevados a la gloria (He 2:10).
La seguridad que tenemos de la realidad de esa felicidad eterna: "Si no, ya os lo hubiera dicho". La seguridad está basada en la veracidad de Su Palabra, y en la sinceridad de su afecto a los discípulos. No sólo es veraz de modo que no puede engañar en lo que dice, sino también, amoroso, de modo y manera era, que no puede sufrir el que nosotros nos llamemos a engaño.
El efecto que nos tiene es demasiado grande, como para que nuestra esperanza pueda verse frustrada (Ro 5:5). Hemos de creer igualmente y considerar que, por consiguiente, vendrá de cierto otra vez para recogernos: "Voy, pues, a preparar lugar para vosotros".
Ese es Su designio al marcharse al cielo: prepararnos un lugar, y tomar posesión de él en nuestro lugar (Ef 2:6); ser allí nuestro Abogado para asegurarnos la posesión del título de propiedad; hacer todas las provisiones necesarias y convenientes para que nuestra futura morada sea del todo cómoda y estupenda.
La habitación feliz en los cielos, será proporcionada la condición feliz de los inmortales hijos de Dios. Puesto que el elemento principal de la bienaventuranza eterna es la presencia de Cristo y la comunión íntima, sin velos ni estorbos con Él. Menester es que Él marche primero allá, pues donde Él esté, estará El Paraíso (Lc 23:43).
El cielo no sería morada conveniente para el Cristiano, si no estuviese ya Cristo allí. Ese es también nuestro gran Consuelo: "Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis".
Verdaderamente, estas palabras están llenas de Consuelo para nosotros, puesto que por ellas sabemos que El Señor Jesucristo vendrá otra vez, Él lo asegura.
Cuando nosotros estamos dispuestos a ir a algún lugar al que se nos llama, solemos decir: "Ya voy", a pesar de que todavía no nos hemos puesto en marcha. También Cristo es "El que viene" (Ap 1:7), porque "viene pronto" (Ap 22:12, 20), que vendrá pronto a recoger a sus fieles seguidores.
La Segunda Venida de Cristo tiene por objeto:
Nuestro arrebatamiento juntamente con ellos, (los que hayan muerto y resucitado "primero" en las nubes para salir al encuentro del Señor en el aire (1 Tesalonicenses 4:17).
Que donde Él está, allí estaremos nosotros también. Esto nos da a conocer, que la quitaesencia de la felicidad celestial es estar con Cristo allí. Cristo dice: "donde yo estoy". Es cierto que, en cuanto Dios, Jesús está, y siempre lo estuvo, en el cielo (Jn 3:13); pero aquí habla como hombre, y habla en presente porque de tal manera está ya para salir de este Mundo, que ya se considera fuera de él (Jn 17:11).
Equivale a decir: Donde yo estaré en breve y para siempre, allí estaréis también en breve vosotros y para siempre; no sólo como espectadores de la Gloria celestial, sino, como partícipes de ella.
Va a preparar lugar para nosotros. Si Él nos prepara y decora las moradas, no van a quedar vacías; también nos preparará a nosotros para que, a su debido tiempo tomemos posesión de ella (1 P 1:4-5). Amén.
Tu hermano en Cristo,
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Amado Dios, dedico a Tí el trabajo de este sitio, y lo hago con todo mi corazón y con todo mi amor, esperando que por medio de él atraerás a los que deseas que vengan a Tí. Por mi trabajo en la oficina no puedo salir a predicar, pero con esto quiero hacer mi aporte.
Recíbelo Señor, te lo entrego en tus manos, para que lo sostengas si te place.
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