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El dolor de Dios.

Por Marco Marin Parra.
Basado en Hebreos 4.15.

He 4.15 RV60: «Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.»

Según Las Escrituras, nunca debemos pensar en Dios como un Padre frío y sin sentimientos; nuestro Dios tiene sentimientos muy profundos y se conmueve, Su corazón se puede estremecer. De hecho, se compadece de nuestras debilidades y flaquezas.

Dios no solo siente dolor, también se lamenta. Recuerde que Jesús lloró en la tumba de Lázaro. ¡Esto es un retrato de Dios en lloro humano! Nos muestra que El Señor siente como nosotros, y llora con nosotros. Después de todo, Jesús dijo: «El que me ha visto a mí, ha visto al Padre...» (Juan 14:9).

Podemos ver claramente el dolor de Dios en el jardín de Getsemaní. Apenas horas antes de que los guardias vinieran a tomar a Jesús y llevarlo al sumo sacerdote, lloró tan profundamente y con tanto sentimiento, que sangre se mezcló con lágrimas.

Dios siente dolor a causa de los pecados de la humanidad. ¿Se ha preguntado usted alguna vez por qué lloró Jesús en el jardín Getsemaní?, ¿por qué sentía tanto dolor en su corazón? No era por el dolor que enfrentaría en la cruz, ¡no! Jesús no deseaba rechazar la copa.

En cambio, yo creo que Jesús miraba hacia el futuro de la humanidad, hacia Su Segunda Venida. Y mientras miraba a través de Sus ojos, vio lo inconcebible; vio a multitudes rechazar Su oferta de Salvación completa y sin costo, y vio el dolor y sufrimiento que enfrentarían como resultado de ese rechazo.

Jesús no gimió diciendo: "Estoy a punto de verter mi sangre y sufrir tremendo dolor, pero ustedes me rechazaron, en el día del juicio yo haré justicia. Vendrá un día en el cual tendrán que pagar". No, Jesús lloraba sobre los millones por venir, los que sabrían de Su oferta gratis de Salvación, favor, bendición, unción; sin embargo, no aprovecharían nada de esto.

Cristo lloraba porque muchos se perderán, a pesar de tener un remedio a su disposición. ¡Éste es el dolor de Dios! Es el dolor que la humanidad trae sobre si misma. Jesús no solo llevó nuestros pecados a la cruz, también llevó el dolor del mundo entero.

En cada pueblo, en cada ciudad, encontramos personas por todas partes que están nerviosas, deprimidas. Encontramos drogadictos, alcohólicos y vagabundos; a muchos de ellos se les ha predicado el Evangelio. Sin embargo, muchos lo rechazan.

En el Getsemaní Jesús podía ver, a través de sus ojos divinos, las grandes masas de humanidad y todo su dolor. Y en ese momento, todo se acumuló sobre Él, su dolor, mi dolor, el dolor de cada persona que lo rechaza en cualquier momento.

Yo también creo que Jesús tuvo pena en su corazón; Él sabía que la gente se burlaría de Él, lo ridiculizaría. Fue puesto en dolor, a causa de la justicia que tendrá que ser impartida a todo aquel que negase Su sacrificio.

Cuando Cristo dijo a sus discípulos: "¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?" (Mateo 26:40), creo que lo dijo a causa del dolor. Él no los estaba reprendiendo; en cambio, sentía dolor porque sabía que la carne de éstos era débil. Él sabía lo que esta debilidad les causaría a ellos.

En el verso 41, Jesús dice: "el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil." En Sus ojos omniscientes, Jesús vio a sus discípulos abandonándolo y huyendo. Él vio el dolor de ellos después de haberlo rechazado, y el regreso a su vida anterior como pescadores.

Él sabía que, en los acontecimientos futuros Pedro lo negaría; Jesús vio a este audaz discípulo correr hacia las montañas, gritando: "¡Cómo pude haber negado a Jesús! ¡Cómo pude haber hecho una cosa tan horrible!

Entonces, cuando Jesús dijo a estos hombres: "...no habéis podido velar conmigo una hora?", no estaba diciendo: "Necesito un amigo en mis tiempos de pruebas", no, ¡Él era Dios! y no necesitaba a alguien que estuviera con Él y lo confortara. En cambio, Jesús sentía dolor por sus discípulos. Él decía en concreto: "Si no vigilan conmigo, no estarán preparados, no serán capaces de sobrellevar lo que viene".

Él sabía acerca de la apostasía que florecería en sus corazones, porque eran demasiado perezosos para prepararse. Y el pensar en el sufrimiento consecuente, trajo gran dolor a su corazón.

No piense ni por un momento que Jesús no se lamentó por Judas en su corazónn simplemente rechazar a ese hombre, diciendo: "Oh diablo, ve y haz tu trabajo". En cambio, yo creo que Jesús lloró dentro de sí cuando Judas salió del aposento alto para traicionarlo.

Los ojos omniscientes de Cristo, vieron a este discípulo tirando treinta piezas de plata al suelo, mientra gritaba: "He traicionado al Dios vivo". Jesús sintió el dolor de Judas, quien atormentado, se colgó.

Gracias bendito y Eterno Dios, Padre Bueno por Tu Palabra de este día, es para mi el bálsamo que necesito todos los días. Amén.

Bendiciones.

Tu amado hermano,
Marco Marin Parra.
Suecia – Lysekil.

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El último deseo del Señor Jesucristo

EL ÚLTIMO DESEO DEL SEÑOR JESUCRISTO: LA CELEBRACIÓN DE LA PASCUA (INSTITUCIÓN DE LA SANTA CENA).

Por Marco Marín Parra.
Basado en Lucas 22:14-20.

Lc 22:14-20:

14 Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles.

15 Y les dijo: ¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca!

16 Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios.

17 Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;

18 porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga.

19 Y tomó el pan y dio gracias, y lo partió y les dio, diciendo: Esto es mi cuerpo, que por vosotros es dado; haced esto en memoria de mí.

20 De igual manera, después que hubo cenado, tomó la copa, diciendo: Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, que por vosotros se derrama.

El Señor había estado esperando esta hora: La celebración de la Pascua.
    "Cuando era la hora, se sentó a la mesa, y con él los apóstoles."
Los doce, sin exceptuar a Judas, se sentaron a la mesa con Él. Aun cuando Judas era culpable de un delito de alta traición, al no ser aún conocido públicamente su crimen. Cristo le admitió a la mesa junto con los demás para comer la Pascua. Cómo había deseado Jesús comer con ellos esta Pascua antes de padecer. Sabía que era el prólogo de sus padecimientos, y por eso precisamente lo deseaba, a fin de dar cumplimiento a la redención del género humano para gloria de Dios El Padre.

¿Y seremos nosotros remisos en servir a quien tan decidido estuvo para la obra de nuestra salvación? Podemos notar cuánto amaba a sus discípulos; deseaba comer la Pascua con ellos, para conversar con ellos en privado por unas horas. Iba a partir pronto de ellos, pero estaba deseoso de comer con ellos esta Pascua antes de padecer; como si esta intimidad le confortase para ir más alegremente al encuentro de su Pasión y Muerte.

Cómo aprovechó esta oportunidad para despedirse de todas las Pascuas: "Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios" (V. 16).

Vemos que esto tuvo un doble cumplimiento y le espera todavía otro doble cumplimiento. Se cumplió primeramente cuando: "Nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros (1 Co 5:7). Se ha cumplido y se sigue cumpliendo siempre que se celebre "La Cena del Señor", en la que se conmemora la Muerte del Señor hasta que venga de nuevo.

Todos los creyentes están invitados a esta Pascua, y puede decirse que Cristo la celebra y come con nosotros, por la comunión Espiritual que mantiene con nosotros en dicha ordenanza. Como dan a entender los tres evangelios sinópticos (Mateo 26:29; Marcos 14:25; Lucas 22:18), Jesús volverá a celebrarla en el futuro reino mesiánico milenario, según la opinión de muchos intérpretes. Ciertamente tendrá un cumplimiento final por toda la eternidad en el reino de la gloria celestial.

Institución de la Cena del Señor (V. 19-20):

La Pascua era, por una parte, un memorial de la liberación del pueblo Hebreo de Egipto; por otra, un tipo profético de la Muerte de Cristo en la cruz, mediante la cual obtendríamos la libertad del pecado, de la muerte y de la tiranía de Satanás. Por eso La Cena del Señor está destinada a recordar la muerte de Cristo hasta que Él venga.

El Señor había estado esperando esta hora, ¿por qué?
    Por un deseo de una comunión privada. Por un deseo de compañerismo con los suyos. Por un deseo de revelarse a si mismo de una forma más completa. Por un deseo de enseñar su última lección. Por un deseo de advertirles acerca de las tribulaciones que vendrían. Por un deseo de hablarles acerca de las mansiones en los cielos.

Esta hora de comunión marcaba:
    Su obra culminada ante la Cruz. Su anticipación de los gozos celestiales. Su recordatorio para los discípulos. Su última oportunidad para reiterarles que les amaba.

¿Cómo desea el Señor que tomemos La Cena?
    Como medio de unión con Él. Como testimonio que damos de Él. Como expresión de lealtad a Él. Como medio de unificar la Iglesia. Como recordatorio de los sufrimientos de Cristo.

Cumplamos su último deseo...
    Tengamos comunión con Él diariamente en oración. Tengamos comunión con los hermanos. Tengamos comunión con La Palabra Viva: Las sagradas Escrituras.

Iglesia del Señor celebremos esta Pascua como Cristo la vivió con sus apóstoles, en comunión, armonía y gozo celestial. Esperando pronto las Boda del Cordero. Amén.

Un día más, dando toda la honra y gloria a mi Bendito Dios por todo lo que me ha dado para compartir con mis hermanos y amigos: Su Eterna Palabra. Me despido deseándoles las más ricas bendiciones en el nombre Poderoso de mi Salvador Jesucristo. Amén.

Bendiciones,
Su amado Hermano Marco Marin Parra,
Suecia - Lysekil.

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Amor, la medicina que sana al mundo.

Por Marco Marin Parra.
Un mensaje basado en 1 Corintios 13:1-7.

1 Co 13:1-7:

1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.

2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy.

3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve.

4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece;

5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor;

6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad.

7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
El apóstol describe ese camino por excelencia que es el "amor".

A) Muestra su absoluta necesidad (V.1-3).

B) Describe sus propiedades (V. 4-7),

C) Muestra cuánto aventaja a los mejores dones y a todas las demás gracias, no solo por su calidad, sino también por su duración (V. 8-13).

En los versículos del 1 al 3, el apóstol muestra qué quería decir al mencionar el camino más excelente; se refería al amor en su sentido más elevado. Es conveniente recordar que, el griego tiene tres vocablos que designan tres clases de amor:

"Eros", que designa el amor de algo apetecible, en especial el amor entre un hombre y una mujer; "philia", que es el amor de amistad, y "agapé" que designa el amor de absoluta generosidad por el que se busca el bien del amado por encima de todo interés o provecho del amante.

Este amor es característico de Dios (Jn 3:16; 1 Jn 3:1; 4:8,16), y a este se refiere Pablo en este capítulo. En cuanto que es como una participación del amor de Dios, pues con él amamos a Dios y al prójimo como se debe amar.

De este amor dice aquí Pablo que es indispensable, ya que sin él, los más gloriosos charismas no sirven para nada al sujeto que los posee. Sin él, nada sirven las lenguas (V. 1). Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, vengo a ser como bronce que resuena o címbalo que retiñe.

Pablo usa el verbo "ekhéo" (de donde viene eco) para designar el sonido, con toda probabilidad de una especie de "gong" (mas bien que de una trompeta); y el verbo "alalázo" para describir el tañido continuo, fuerte y áspero de un timbal.

Con ello, da a entender que sin amor, todo lo que se diga, ya sea en el uso estático del don de lenguas, ya en la más elocuente exposición de la Palabra de Dios, no es otra cosa que ruido vano e inútil.

El apóstol pasa después a referirse a los dones relacionados con el conocimiento (V. 2): "Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia (la suma de toda sabiduría divina y humana), y si tuviese tanta fe como para trasladar montañas (el mismo don de 12:9; Comp. con Mr 11:23), pero no tengo amor, nada soy." Notemos que no dice: "poco soy" sino "nada soy". La elección del vocablo es muy impresionante.

De ahí pasa a los dones que se relacionan con la generosidad llevada hasta los últimos extremos (V. 3): "Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve", es decir, no gano nada con eso.

Pablo no puede expresar en términos más claros y explícitos lo indispensable del amor, y lo inútil que, sin él, resultan las dos virtudes que más se han apreciado a lo largo de los siglos: La generosidad, llevada hasta el extremo de desprenderse de una vez por todas (el verbo está en aoristo) de todos los bienes de fortuna para darlos a los podres, y el martirio: "Entregar el cuerpo" (la misma expresión de Daniel 3:28) para ser quemado. Es decir, una muerte atroz y voluntaria, pero que no procede de un amor verdadero a Dios o al prójimo.

Una persona puede poseer un sentido tal de dedicación a un alto ideal, que esté dispuesta a entregarse a una muerte tan dolorosa como esta; pero si carece de amor, de nada le aprovecha. Si el corazón no nos arde de amor, nada ganaremos con que nuestro cuerpo sea reducido a cenizas en pro de la verdad.

Vemos ahora, algunas de las excelentes propiedades del amor genuino:

1) "El amor es paciente" (V. 4). Es decir, sabe soportar los males y las injusticias que provienen de la maldad de los hombres (ese es el sentido del vocablo griego), al confiar en la protección de Dios.

2) "Es servicial". Esto es, trata al prójimo con amabilidad y con benignidad, y aprovecha todas las oportunidades para hacer el bien a los semejantes.

3) "El amor no tiene envidia". No siente celos ante el bien del prójimo, sino que se alegra de que los demás disfruten de los mayores y mejores bienes de toda clase.

4) "No es jactancioso. No se engríe (envanece), las dos ideas son afines. En el primer vocablo, vemos un verbo que no vuelve a salir en Las Escrituras, y viene a designar algo así como una "bolsa llena de aire", por lo "engreíse". El Segundo, es como la exteriorización vanidosa del orgullo interior. El amor huye de estas actitudes, pues es amigo de la modestia y de la humildad.

5) "No hace nada indebido" (V. 5). Se refiere, no solo a una conducta decente, sino también, ordenada y cortés con los demás. No hace nada fuera de tiempo ni de lugar.

6) "No busca lo suyo". (Lit.) Es decir, no busca su propio interés, su propia utilidad, al contrario de lo que le ocurre al egoísta (10:24 y contraste, Fil 2:21). El verdadero amor es directamente lo contrario del egoísmo.

7) "No se irrita". Donde arde la llama del amor, no se encienden fácilmente las llamas del furor; y, si llegan a encenderse de pronto, no tardan en apagarse. El verbo que Pablo usa, es de la misma raíz que el vocablo que emplea Lucas para "tirantez" en Hechos 15:39.

8) "No toma en cuenta el mal". Es decir, no ve malas intenciones en los dichos y hechos de los demás, ni guarda resentimientos en el fondo del corazón. El verbo se usaba para anotar cuentas en un libro de registro el "debe y haber", y expresa muy bien la inclinación del amor a olvidar las injurias recibidas; y a no tener en reserva ningún sentimiento de revancha.

9) "No se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad" (V. 6). El paralelismo antitético que Pablo establece en este versículo, nos ayuda a entender mejor el sentido del vocablo "verdad" aquí: Lo genuino, lo bueno, lo justo (Comp. con Jn 14:6; Ef 4:21; 2 Ts. 2:10,12).

Cuando esta verdad triunfa y se regocija, el amor se regocija juntamente con ella; mientras que le entristecen la injusticia, la violencia, la maldad de todo género que suelen figurar, con grandes letras, en los epígrafes (titulares) de los diarios, y en los primeros lugares de los demás medios de comunicación. Eso que tanto interés suele suscitar en la mayoría, sólo tristeza le produce al amor.

10) "¡Todo lo sufre (excusa), todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta". ¡Qué bello programa en cuatro brevísimas frases! El primer verbo comporta la idea de "cubrir". El amor "cubre" (oculta) (Comp. con Pr. 10:12; Stg. 5:20; 1 P. 4:8, aunque el verbo es distinto) y excusa, en cuanto es posible las faltas del prójimo.


Escuche el mensaje aquí.


El verbo admite también, como en 9:12, la idea de callarse y soportar las inconveniencias provenientes de la inconsideración ajena, y así lo entienden algunos aquí también. "Todo lo cree", no indica excesiva credulidad, sino todo lo contrario, no cree fácilmente lo malo que se dice de los demás, sino que, se inclina a fiarse de los demás (éste es el sentido), y a no ver mal en el prójimo, mientras no sea notorio el mal (y aun así, resulta aventurado juzgar las intenciones).

Cuando la maldad ajena no puede negarse, el amor todo lo espera; es decir, no pierde la esperanza de una enmienda, de una recuperación moral o espiritual; "rehúsa tener por definitiva el fracaso". Y mientras tanto, aun en el caso de que las esperanzas parezcan fallidas, no se rinde, todo lo soporta (gr. Hupoménei). Con fortaleza activa, cristiana, pone decididamente el hombre bajo las más adversas circunstancias.

Es la persistencia del soldado que, en lo más recio de la batalla no desmaya, sino que continúa repartiendo mandobles a diestra y siniestra con todo vigor.

Solo le pido a Dios, que esta medicina llegue al corazón del mundo enfermo, y pueda sanar de nuestro egoísmo. ¡Ayúdanos Señor!

Tu hermano Marco Marin Parra.
Suecia – Lysekil.
Bendiciones.

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Tiempo de orar (Segunda parte).

Por Marco Marin Parra.
Basado en Lucas 11:5-8

Lc 11:5-8 RV60:

5 Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes,

6 porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante;

7 y aquél, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; no puedo levantarme, y dártelos?

8 Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite.
Jesús nos estimula a ser importunos y fervientes en nuestras oraciones; pues nos muestra, que la importunidad obtiene buenos resultados en nuestro trato con los hombres (V.5-8).

Propone el caso de un hombre que, en una súbita emergencia se va a casa de un vecino a una hora intempestiva. como es la medianoche; para rogarle que le preste tres panes, no para él mismo, sino para un amigo que ha llegado sin avisar de su llegada.

El vecino se resistirá a concederle el favor, porque le ha despertado con su llamada y le ha puesto de mal humor, y tendrá razones para excusarse.

Pero si el hombre continúa llamando e insiste en su petición, y rehúsa marcharse de la puerta del vecino, mientras no obtenga el favor que pide, el vecino se levantará de la cama y le concederá lo que le pide, aunque no sea más que por quitárselo de encima.

“Os dijo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite“ (V. 8). Si así podemos prevalecer con los hombres por medio de nuestra importunidad, aunque ellos se incomoden, ¡¿cómo no prevaleceremos con Dios, quien está deseando que le importunemos?!

Este símil, pues, nos anima a Orar. Nos enseña a dirigirnos a Dios con libertad y confianza para pedirle lo que necesitamos, de la misma manera que un hombre va a casa de un amigo íntimo, de quien espera ayuda segura en momento de apuro.

Hemos de acudir en oración a Dios, a fin de pedirle algo necesario como es el pan. Hemos de acudir a Él para pedir por otros también, no solo por nosotros. El hombre del símil vino a pedir pan, no para sí, sino para un amigo.

Nunca seremos mejor recibidos en audiencia ante el trono de la gracia, que cuando vamos a pedir que Dios nos capacite para hacer bien a otros. Hemos de acudir con mayor confianza, cuando nos hallamos en un apuro en que no nos hemos metido por nuestra necesidad y descuido, sino porque la providencia de Dios nos ha llevado a esa situación.

Este hombre no habría necesitado el pan, si no hubiese sido porque el amigo vino a él inesperadamente. En tales casos, la ansiedad que Dios pone en nuestro corazón podemos descargarla con toda confianza sobre Él.

Si no contesta nuestras oraciones inmediatamente, lo hará a su debido tiempo, si continuamos importunándole. Dios ha prometido darnos lo que le pidamos; y no sólo nos anima saber cuán bueno es, sino también, que es fiel a Su Palabra (V. 9-10).

“Y yo os digo: Pedid, y os dará“.  Lo tenemos aquí de los labios mismo de Jesús. Y no nos hemos de contentar con pedir, sino buscar también, y unir la acción a la plegaria; y al pedir y buscar, hemos de continuar llamando a la misma puerta, así prevaleceremos hasta el final. “Porque todo aquel que pide, recibe”, aunque sea el menor de los creyentes, con tal que pida con fe.

Esta importunidad consigue infalibles resultados, cuando pedimos a Dios las peticiones que el propio Jesús nos enseñó (V. 2-4).

Jesús nos estimula a orar con la consideración de que Dios es nuestro Padre. Así lo hace: Apela a las entrañas de los Padres de la tierra: “¿Qué padre de vosotros, si su hijo pide pan, le dará una piedra? o si pescado, en lugar de pescado le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión?" (V .11-12).

Todos sabemos que sólo un padre descabellado o loco podría hacer con sus hijos tales barbaridades. Aplica esto a las bendiciones de nuestro Padre Celestial: "Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?" (V. 13).

En Mateo 7:11 dice: “buenas cosas“, pero aquí dice: “El Espíritu Santo." Observemos la instrucción que nos da en cuanto a lo que hemos de pedir: Hemos de pedir que nos de El Espíritu Santo, no sólo como algo que necesitamos para saber orar como conviene, sino también, como resumen de todas las cosas buenas por las que hemos de pedir.

El ánimo que nos de en cuanto a la esperanza de una pronta respuesta a nuestras oraciones: “Vuestro Padre Celestial dará“. Está en Su Poder darnos El Espíritu, y en Él darnos todas las demás cosas; pero está también en su promesa.


Escuche el mensaje aquí.

Si nuestros padres de la tierra, siendo malos (es decir, pecadores por naturaleza, no precisamente mal inclinados hacia los hijos) y débiles, saben y quieren dar cosas buenas a los hijos, cuánto más nuestro Padre de los cielos, infinitamente bueno y sabio, nos dará cosas buenas; y sobre todo, el mayor Don que tiene, que es El Espíritu Santo. Amén.

Gracias Dios por tu Eterna, Bendita y Poderosa Palabra que nos entregas. En el Poderoso Nombre de Cristo, enséñanos a orar... ¡Es tiempo de orar!

Tu hermano
Marco Marin Parra,
Suecia - Lysekil,
¡Bendiciones!


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Él no tuvo un Getsemaní

Por Marco Marin Parra.
Basado en Génesis 27:43.

Hacer la perfecta voluntad de Dios, a veces requiere volver a una situación familiar, de la cual estuvimos corriendo. Puede que estés en una situación familiar que parezca sin esperanza. Has clamado: "Señor, no puedo más". Piensas que no puedes soportar más tiempo; y si todavía no has echado a correr, probablemente sientes deseos de hacerlo.

Pero... correr, nunca es el plan de Dios. Jacob tenía una terrible situación familiar, era más de lo que él podía soportar; de hecho, amenazaba su vida. Él le había robado la primogenitura a Esaú y lo había airado hasta el punto del asesinato.

¿Cómo fue que Jacob manejó este problema?

Él huyó de todo. Él no tuvo "Un Getsemaní", él no murió al yo ni le preguntó a Dios qué debía hacer. En vez de eso, Jacob escuchó la voz de su carne; esto es, a su "madre Rebeca" quien dijo: hijo mío, obedece a mi voz: Levántate y huye (V. 43).

Jacob corrió por veinte años, y fueron veinte años de dolor y problemas; finalmente Dios le dijo que era tiempo de enfrentar todo: Levántate ahora y sal de esta tierra; vuélvete a tu tierra donde naciste (Gn 31:13). Dios estaba diciendo: Jacob, nunca vas a conocer mi plenitud hasta que vuelvas y enfrentes este problema. ¡Ve y entra al horno de fuego!

Jacob viajó con su familia para arreglar las cosas. ¿Y qué crees que fue lo primero que vio?... ¡A Esaú saliendo a encontrarse con él en el desierto con cuatrocientos saldados airados, listo para la venganza!

Jacob gritó: ¡Señor, necesito un milagro! Tienes que cambiar el corazón de mi hermano, quítale el odio hacia mí. Jacob tenía temor e ira en su corazón, porque sólo se había sometido a la voluntad de Dios. Él estaba diciendo: "Señor, he dispuesto mi corazón a obedecerte, pero las cosas no están saliendo bien.

Quizás las cosas no están bien en tu familia. Tienes demasiados problemas, un esposo alcohólico, una esposa que no te entiende, problemas de trabajo, etc.

Amados amigos y hermanos:

Esas son las mismas cosas que Esaú y su ejército representan estos días; cada dolor, cada argumento de la carne, cada razón que tu mente puede enfrentar esta situación sin esperanza. El diablo te dice: Has obedecido a Dios, has hecho bien, pero nada ha cambiado.

El corazón de tu ser querido sigue endurecido, de hecho está peor; si no corres ahora pasarás el resto de tu vida en un infierno. Lo cierto es que no puedes continuar así, tan solo te vas a someter.

Pero, puedes seguir si haces como Jacob, después de todo él tuvo un Getsemaní, una noche de muerte. Yo sé lo que Jacob oró esa noche, porque he hecho esa oración:
    "¡Oh Dios!... esta situación es demasiado para mi.
    He manipulado y tratado de hacer que sucedan cosas, pero estoy cansado de hacer las cosas a mi manera.
    No puedo seguir corriendo, Señor, quiero que mi vida esté bien contigo.
    Esaú puede matarme a mi y a mi familia, puede quitarme todo lo que tengo. Pero... prefiero estar contigo en la gloria, que pasar otro día viviendo de esta manera."
Esa noche, Jacob murió, Dios lo hirió para que no huyera más. él solo podía cojear al futuro, totalmente dependiendo del Señor. Pero, pasó otra cosa también... un "éxtasis" llenó su alma; y yo creo que cuando Jacob cruzó el riachuelo para encontrarse con Esaú temprano en la mañana, él estaba absolutamente libre de temor.

¡Tú también puedes estar enfrentando un Esaú!

Tu piensas: ¿Quiere decir que mi esposo o esposa nunca cambiará, que nada en mi vida va a mejorar? No, ¡Dios cambió a Esaú! Él le sacó el corazón de piedra. Cuando Esaú se encontró con Jacob, él cayo sobre su hermano besándole y abrazándolo. Había completa paz.

Amado hermano y amigo:

No temas entrar al horno. Mientras tengas la paz de Jesús y la perfecta voluntad de Dios, puedes soportar cualquier cosa, en cualquier lugar, en cualquier momento. Puede que tus circunstancias no cambien, Pero tú cambiarás. Jesús llenará tu alma de gozo y sanará todas tus heridas y dolor.

Tu vida será llena, bendecida; porque Él será todo para tí. No tienes que correr, solo necesitas mirarlo a Él y abrazar Su perfecta voluntad para tí. Y Él te dará su gozo. ¡Gloria a Dios para siempre!

¿Qué más puedo decir?... que Él está aquí, y en todo lugar.

Gracias Dios de mi fortaleza por darme esta hermosa palabra, y compartirla con todos aquellos que hoy te necesitan. Amén.

Tu amado hermano Marco Marin Parra, desde Suecia - Lysekil para tu humilde corazón.

Bendiciones.

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Una gloria maravillosa.

Por Marco Marin Parra.
Basada en Daniel 3:23-25.

¡Una gloria maravillosa espera al alma que abraza la voluntad de Dios!

La puerta del horno representa cruzar al otro lado, a la perfecta voluntad de Dios. En este lado de la puerta hay un ejército de enemigos, que se mofan, visiones de dolor y sufrimientos. Los demonios te gritan: ¡Dios no espera esto de tí! Pero en verdad Él te ama... ¿no dijo Él que te daría los deseos de tu corazón? (Salmo 20:4). Pero, una vez que cruzas la línea y abrazas la voluntad de Dios, sucede algo increíble: ¡Jesús se manifiesta en tu vida!

Cuando los jóvenes hebreos estaban dentro del horno, Jesús estaba esperando allí. Él no se reveló inmediatamente, porque ellos tenían que decidir abrazar su voluntad. Pero, cuando ellos la abrazaron y murieron a su propia voluntad, Jesús se les manifestó. Y lo que ellos pensaron que eran carbones dolorosos, se volvieron en pastos verdes y brisas suaves, porque Jesús había ido antes que ellos.

En el mismo momento que entras al horno, cuando cruzas al lado y abrazas la voluntad de Dios, darás la vuelta y verás a Jesús. Él estará allí en una manifestación que no podrás tener de ninguna otra manera. Y él hará tres cosas para ti:

Primero: Él se convertirá en todo en tu vida. Él será tu gozo, tu expectación. Él tocará ese lugar en tu corazón que ninguna persona en la tierra puede tocar. Yo amo a mi esposa e hijos; el amor, compasión y amistad que recibo de ellos es un gozo para mí. Pero, solo hay un éxtasis en mi vida, solo una persona que puede suplir las necesidades más profundas en mí, y ese es mi amado Señor Jesucristo. Y yo también lo he conocido en el horno.

Lo segundo que Jesús hará, será despojarte de todas tus ataduras. Cuando Sadrac, Mesac y Abednego entraron al horno, entraron en una liberación. Cada atadura fue rota, cada herida fue sanada, cada temor se desvaneció porque entro Jesús rápidamente a sus vidas. Estos tres hombres, cayeron atados dentro del horno de fuego ardiente calentado siete veces más.

V. 24: Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, se levantó apresuradamente y dijo: yo veo cuatro hombres sueltos, que se pasean en medio del fuego sin sufrir ningún daño; y el aspecto del cuarto es semejante a un hijo de los dioses. El rey vio a cuatro hombres caminando, hablando y abrazándose. Los tres hombres eran abrazados por Jesús.

¿Sientes dolor y no sabes cómo sanarte? Entra al horno... sí, entra. No sucederá simplemente porque Dios manda a alguien que te entienda, porque nadie te entiende como Jesús. El único que puede satisfacerte completamente es ¡Jesús mismo! Ya sea que sientas vacío, soledad, o cualquier otra cosa en tu vida. Cuando entras al horno de su voluntad, todas tus ataduras caerán. Amén.

Finalmente; recibirás un llamado a predicar a Cristo a las naciones. Cuando los tres jóvenes hebreos entraron al horno, les llegó un llamado que no pudo llegar de ninguna otra forma. V. 26: Entonces Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiente, y dijo; siervos del Dios altísimo, salid y venid.

V. 28: Y dijo: Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en Él, los cuales no cumplieron el edicto del rey y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios.

V. 29: Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que diga blasfemia contra su Dios sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste. Mira cuan rápido Dios cambio la atmósfera; en tan corto tiempo, de mofa a maravilla, a un llamado a que el Evangelio sea escuchado.

Amado, esto es lo que va a suceder en los últimos días. La gente no se volverá a predicadores de renombre. En vez de eso, mirarán hacia los santos sencillos y humildes, quienes se han sometido por entero a la perfecta voluntad de Dios. Estos son los que han conocido el corazón de Jesús.

Ellos han salido del horno después de haber estado con Cristo, y la gente se reunirá a su alrededor, diciendo: "Por favor, háblame, veo que estás entregando tu cuerpo y alma a Cristo, y quiero saber más de eso. Amén.

Amados hermanos y amigos de la fe, una vez más dándole toda la honra y gloria a mi bendito y Eterno Dios, Padre, Hijo y Su Santo Espíritu. Que todo lo que hacemos sea para honra Su Nombre. Amén.

Tu amado hermano Marco Marin Parra.
Bediciones,
Suecia - Lysekil.

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Quedándose dormidos.

Por Marco Marin Parra.
"Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya duermen." 1 Co 15:6.

Los discípulos del Señor Jesús murieron uno a uno. Sin embargo, no vemos en la Escritura ninguna palabra de lamentación, no se dice que han perecido o que pasaron a la tierra de las sombras; sino, que han dormido. El Espíritu está con El Señor Jesús en la gloria, y el cuerpo descansa hasta que Él venga.

Un hecho muy natural: "Quedarse dormido".

Es el final de un día, no es doloroso en si, sino que más bien, pone fin a todos los dolores, cansancio y sufrimientos. Una posición de seguridad de un fin de peligros.

Una condición que no es manera alguna destructiva, ni dormir ni morir destruye la existencia. Una postura llena de esperanza. Nos despertaremos de este sueño sin ninguna dificultad, y sumamente renovados.

¿Cómo nos comportamos con aquellos que están durmiendo?
¿Valoramos su presencia viva, su trabajo y testimonio?
¿No deberíamos ser más benevolentes y amables con los que viven?

Nosotros también deberíamos prepararnos para nuestro "Sueño".

¿Está en orden nuestra casa?
¿Está nuestra labor cristiana en orden?

¡Cuán pacientemente deberíamos llevar a cabo las labores y sufrimientos del día! puesto que aún queda un descanso para el pueblo de Dios.

Las esperanzas son confirmadas por esta figura: Los que duermen se levantarán. La voz del Padre les hará despertar. Los que duermen y nosotros mismos disfrutaremos de una dulce comunión. El sueño no destruye ahora el amor de los hermanos y hermanas, nos
despertaremos como familia unida, salvada por El Señor.

No tengamos una pena por aquellos que duermen. No, no tengamos temor de dormir en tan buena compañía en los brazos del Señor.
Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza.

Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.

Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron.

Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Amén. 1 Tes 4:13-17
Gracias Señor por la consolación en Tu Palabra, y el bálsamo que has puesto en mi corazón; y hoy lo comparto con todos aquellos que lo buscan y lo encuentran en Tu Bendita, Poderosa y Eterna Palabra. Amén.

Tu amado hermano Marco Marin Parra,
Bendiciones.
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Sabéis el camino.


Escuche el mensaje aquí.
Por Marco Marin Parra.
Basado en Juan 14:4-7.

Después de poner ante los ojos de los discípulos la meta de la felicidad celestial, Jesús pasa ahora a mostrarles en si mismo el camino para dicha meta. Lo da como cosa conocida de ellos: "Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino" (V. 4). Como si dijese: Lo podéis saber fácilmente, pues no es ninguna de las cosas secretas que no os pertenecen a vosotros; sino, que es de las reveladas.

Lo sabéis; sabéis y conocéis que existe esa casa, y que existe un camino para esa casa; aunque quizá no acertéis a percataros de cuál es esa casa, y cuál es el camino. En realidad, ya se os ha dicho y no podéis menos de conocer, tanto la mansión como el camino.

A esta declaración de Jesús, objeta Tomás su propia ignorancia, tanto de la meta como del camino. Le dijo Tomás: Señor no sabemos adónde vas; ¿cómo, pues podemos saber el camino? (V. 5).

La declaración que Jesús acaba de hacer respecto al conocimiento, que de la meta y del camino esperaba de ellos, suscita en ellos, precisamente, el reconocimiento de la ignorancia en que estaban en relación con todo eso; al mismo tiempo que les aviva el deseo de saber más.

Aquí muestra Tomás mayor modestia que Pedro. Pedro sentía afán de conocer dónde iba El Señor; en cambio Tomás, está solícito por conocer el camino. Al confesar su ignorancia recomendaba su modestia.

Los fieles siervos del Señor, cuando se hallan a oscuras, conscientes de que conocen sólo en parte (1 Co 13:12), están prestos a reconocer su propia deficiencia. Pero las causas de la ignorancia de los discípulos era palpable, ya que desconocían adónde iba Jesús por no discernir los tiempos y sazones, y pensaban que Cristo iba a restaurar de inmediato, sin pasar por la cruz el reino mesiánico (Hch 1:6).

La imaginación de los discípulos volaba de una ciudad a otra del país, preguntándose en cuál de ellas iba Jesús a ser ungido rey; por eso, no podían entender en qué lugar de los cuatro puntos cardinales iban a ser edificadas aquellas "mansiones" de las que Jesús les hablaba.

Si Tomás hubiera entendido que Jesús se dirigía al otro mundo, y en ese mundo, al cielo, no habría dicho: "cómo podemos saber el camino" (Jn 14:6). A esta objeción de Tomás, nacida de una supina ignorancia, da Jesús cumplida respuesta (V.6-7).

Tomás le había preguntado sobre la meta y sobre el camino, y Jesús contesta a ambas preguntas. Le conocían suficientemente a Él, y Él era El Camino; podían, del mismo modo, conocer al Padre, y El Padre era la meta. Por consiguiente, con razón les había dicho: "Sabéis adónde voy y sabéis el camino" (V.5).

"Creéis en Dios, que es la meta; creed también en Mí" que soy el camino (V. 1). Cristo habla de sí mismo como camino: "Yo soy el camino; Nadie viene al Padre, sino por medio de mí" (V. 6).

La naturaleza de la mediación de Cristo: "Yo soy el camino, y la verdad, y la vida".

Como quiera que todo el contexto pone de relieve la idea de "camino", es muy probable que Jesús, al hablar en arameo, quisiese decir: "Yo soy el camino vivo y verdadero"; ya que el hebreo y el arameo suelen expresar por acumulación de sustantivos. Cristo es el camino en el que Dios y el hombre se encuentran. No es un camino entre tantos (Hch 16:17), "un camino"; sino, el único camino de salvación (Hch 4:12).

Ya no estamos en el estado de inocencia para ir por nosotros mismos al árbol de la vida, pero podemos ir a Él por medio de Cristo (Ap 22:14). Todo el que siga las pisadas de Cristo (1 Pedro 2:21), puede estar seguro de que no se desviará del camino recto hacia el cielo.

Cristo es La Verdad, no una verdad cualquiera: científica, religiosa, filosófica, etc, sino, la Única Verdad consistente y total. El Alfa y La Omega, de la "A" a la "Z" es la enciclopedia completa de Dios (Ap 1:8; 22:13).

Sin mezcla de error ni falsedad, esa es la verdad que hace libre (Jn 8:32). Por eso, al inquirir sobre La Verdad, no necesitamos aprender otra verdad que la que está comprendida en Jesús; pues, todas las cosas están en Él resumidas y restauradas (Ef 1:10).

En Cristo está la clave de todos los enigmas, pues Él nos ha sido hecho de parte de Dios sabiduría (1 Co 1:30). Cristo es la vida, no una vida cualquiera. La forma externa de nuestro vivir, juntos con los bienes con que se sustenta (1 Jn 2:16; 3:17); ni la interna pero corruptible vida temporal que hemos de estar dispuestos a sacrificar en aras de Cristo, y del Evangelio (Jn 12:25). La vida en el centro mismo del ser, participación de la vida de Dios.

Esta es la vida que dura por toda la eternidad ( Jn 3:15-16,36; 5:24). Cristo y por Cristo, estamos vivos para Dios con esta vida de Dios (Ro 6:3-11; Ef 2:1-5). La necesidad de la mediación de Cristo: "nadie viene al Padre sino por medio de mí" (V. 6). El hombre caído (y todo ser humano es originalmente caído desde el vientre de su madre, Salmo 51:5) no puede llegarse a Dios como a su Padre, si no es llegándose a Cristo como el único mediador entre Dios y los hombres (1 Ti 2:5).

Que habla del Padre como la meta: "Si me conocieseis también conocerías a mi Padre y desde ahora le conocéis y le habeis visto" (V. 7). Esta es una implícita reprimenda a los discípulos, en percatarse de la verdadera personalidad de Cristo. "Si me conocieseis..." le conocían, pero no como podían y debían conocerle.

Jesús había dicho antes a los judíos, en presencia de los Apóstoles: Sí a Mí me conocieseis, también a mí Padre conoceríais (V. 8:19). Con todo, los Apóstoles no conocían tampoco a Jesús.

No es fácil decir cuál de las dos cosas es más extraña, si la ignorancia voluntaria de los enemigos de la luz, o los errores lamentables de los hijos de la luz. No obstante, Jesús se satisface en parte, por la sinceridad de ellos, a pesar de la debilidad que muestran en su entendimiento. "Desde ahora le conocéis y le habéis visto", por cuanto "la Gloria de Dios brilla en la faz de Jesucristo" (2 Co 4:6).

Muchos discípulos de Cristo tienen mayor conocimiento, y más gracia de la que ellos piensan tener; pero no echan mano de lo que no saben como deberían, por lo que se privan a sí mismo de un conocimiento superior, y de una comunión más íntima con Dios. Amén.

"Sabéis el camino". Que esta reflexión pueda ser útil a nuestra vida espiritual. Amén.

Tu amado hermano Marco.
Suecia, Lysekil.
Bendiciones.
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Las cadenas se soltaron.


Escuche el mensaje aquí.
Por Marco Marin Parra.
Basado en Hechos 16:25-34.

A través de todo el libro de Hechos, Lucas hace hincapié en que nada puede detener El Evangelio de Cristo llevado por creyentes fieles. En Filipos intervino Dios, y Pablo y Silas fueron liberados por un terremoto. Eso dio por resultado, un avance mayor del Evangelio como lo demuestra la salvación del carcelero y su familia.

Los perseguidores se proponían desanimar a los predicadores del Evangelio, pero aquí los vemos animados y gozosos.

Después de azotes que les habían propinado, y en la incómoda postura a que el cepo les obligaba a recostarse con las espaldas llagadas, suponía esperar que se quejasen y gimiesen, sin saber además lo que iban a hacer con ellos al día siguiente. Pero los vemos (V. 25) a media noche orando y cantando himnos a Dios; no era hora ni lugar de oración, pero en cualquier sitio y a cualquiera hora, se puede orar y adorar a Dios en espíritu y en verdad. Si, como dice Santiago 5:13: ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? cante alabanzas.


Aquí tenemos a Pablo y Silas bajo aflicción y orando, pero también alegres y cantando alabanzas. Lucas hace notar el detalle de que los presos les escuchaban, lo cual indica que cantaban lo bastante alto para que sus voces se oyesen a través de las recias paredes de los calabozos. Así eran de alguna manera, preparados para el milagro que Dios mostró a todos, al hacer que se abrieran todas las puertas de la cárcel (V. 26).

Dios animó más todavía a sus siervos con un repentino y milagroso terremoto que sacudió los cimientos de la cárcel. El Señor estaba en este fenómeno, y mostraba su ira por las indignidades cometidas con sus siervos; y no sólo se abrieron todas las puertas, sino que las cadenas de todos se soltaron.

Los perseguidores se oponían para el avance del Evangelio, pero ahora resultaba que el propio carcelero, que tan mal había tratado a Pablo y Silas en cumplimiento de las órdenes que había recibido de sus superiores, se convertía al Evangelio, haciéndose siervo de Cristo.

Como buen romano, y aunque no tenía ninguna culpa en la apertura de la cárcel, se quería suicidar (V. 27), ya que daba por hecho que todos los presos habían huido. Él no podía ver el interior de la prisión, pues estaba oscuro y era medianoche; pero Pablo pudo ver bien, sobre el fondo de la relativa claridad exterior, el gesto del carcelero al desenvainar la espada, pues en todo caso, sabía que sería ejecutado; por lo que se apresuró a gritarle (V. 28): "No te hagas ningún mal, pues todos estamos aquí".

¿Por qué no se escaparon los demás presos, o al menos algunos?

Sin duda, Dios mostró Su poder atándoles el alma, tanto como lo había mostrado desatándoles los pies. Vemos ahora la reacción del carcelero tras el grito de Pablo. El miedo que antes tenía hasta inducirle al suicidio, ahora le llevaba, bajo la acción de gracia, a temblar por su alma (V.29) "y se postró a los pies de Pablo y Silas". No pudo acudir mejor médico del alma que Pablo, pues, también él había sido perseguidor de los cristianos, y los había metido en la cárcel (Hech 8:3; 9:1).

Así podía simpatizar mejor con los sentimientos del carcelero. Es muy probable que este hombre hubiese oído algo de la predicación de sus presos; al menos, conocería la insistente proclamación de la muchacha poseída: "Estos hombres son siervos del Dios Altísimo, quienes os anuncian el camino de salvación" (V. 17).

Ante los extraordinarios fenómenos que estaban presenciando, y al ver en estos hombres algo sublime que les diferenciaba de los demás presos que habían conocido, cae ahora a sus pies como pidiendo perdón por lo que les había hecho; y se dirige a ellos con el mayor respeto (V. 30): "Señores,". A continuación, se preocupa por su situación espiritual, y pregunta como algo en que juega el alma: ¿qué tengo que hacer para ser salvo?" Con esto demuestra que conoce la importancia de la salvación; que sabe que hay que hacer algo, y que está dispuesto a cumplir lo que se le exija, por duro y difícil que le resulte.

Ellos le dieron inmediatamente una instrucción breve, concisa y clara, que ya se ha hecho frase clásica y lapidaria (V. 31): "Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo, tú y tu casa".

Fue un principio, una soga que se echa al hombre que se ahoga, quedando para más tarde la explicación del sentido pleno de la salvación, y la presentación de la persona del Salvador Jesucristo.

La última cláusula: "tú y tu casa", no significa la promesa de que sus familiares también habrían de ser salvos posteriormente; mucho menos significa que pudiesen salvarse por creer y ser salvo el cabeza de familia; pues, nadie puede creer ni salvarse por otro. Significa, simplemente que los de su casa tendrían la misma oportunidad de salvación, si como él, ponían su fe en El Señor Jesucristo.

Pablo y Silas se olvidan ahora de sus heridas, del frío de la madrugada, y de la noche que pasaban en vela; ni por un momento demoran anunciar a este hombre el camino de salvación.

Lucas no nos dice si algún otro preso se convirtió o no. Por lo que se desprende del contexto posterior, allí mismo en el patio de la cárcel, Pablo y Silas instruyeron con más detalles en La Palabra del Señor; no sólo al carcelero, sino también, a todos los que estaban en su casa (V. 32).

Los padres de familia han de procurar, que todos los que están bajo su cargo, sean instruidos en La Palabra de Dios; pues, el alma del más pobre vale tanto como la del más rico. Ya que todos han sido comprados al mismo precio. Por nuestro Señor Jesucristo, su sangre nos compro y nos libertó de la esclavitud del pecado.

V. 33: "les lavó las heridas; y en seguida se bautizó él con todos los suyos."

Notemos cómo este hombre, ya salvo por la fe, se preocupó inmediatamente por los cuerpos heridos de quienes habían sido los instrumentos de Dios para salvarle, antes de bautizarse él con todo los de su casa, que como él, habían escuchado el mensaje y habían puesto su fe en el Señor.

Del patio de la cárcel, el oficial romano, acompañado de sus familiares (incluídos sus criados), llevó a Pablo y a Silas a su casa, situada con toda probabilidad, encima de la misma prisión; y les puso la mesa. Correspondiendo así, como Lidia anteriormente (V. 15) con comida material y el hospedaje, a la comida espiritual que Pablo y Silas les habían impartido, y continuarían impartiendo también durante la cena; mientras que el rostro del carcelero, un poco antes espejo de desesperación, radiaba el gozo del Señor al darse cuenta de que la salvación había llegado a su casa.

"...y se regocijó con toda su casa de haber creído a Dios."

...Se regocijó de haber salido del reino de las tinieblas, a la luz admirable del reino de Cristo (V. 34). Había creído a Dios; es decir, había dado crédito a La Palabra de Dios. Amén.

Una vez más toda honra y Gloria para mi Señor. Gracias por hoy y siempre, por Su Eterna, Poderosa y Bendita Palabra, amén.

Tu hermano Marco.
Suecia – Lysekil.
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Yo Soy tu Dios.


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Por Marco Marin Parra.
Basado en Isaías 41:10-20.

El objeto de estos versículos es callar los temores y animar la fe, de los siervos de Dios en sus aflicciones. En primer lugar, lo más probable es que la porción tenga por objeto levantar los ánimos de Israel durante el cautiverio; pero todos los que sirven fielmente a Dios, abrigarán esperanza mediante la paciencia y el Consuelo de esta escritura.

Podemos notar que tres veces a poca distancia una de otra, se repite ese "NO TEMAS" (V. 10,13,14). Va contra la intención de Dios el que Su Pueblo sea un pueblo miedoso. Tiene que depender de Su Presencia entre ellos como su Dios. Esto se repite continuamente en esta porción "Yo Estoy contigo"... Yo Soy tu Dios que te esfuerzo, siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia. (V. 10).

¿Qué se puede temer yendo de la mano de Dios? Salmo 73:23: "Con todo, yo siempre estuve contigo; me tomaste de la mano derecha". V. 13: "Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: "no temas, yo te ayudo". Yo soy tu Socorro, dice Jehová; El Santo de Israel es tu redentor (V. 14). Aunque sus enemigos aparezcan ahora temibles, va a llegar el día en que Dios les pedirá cuentas. Hay quienes están enfurecidos contra el pueblo de Dios y contienden con él, y le hacen la Guerra porque le odian. Pero el pueblo de Dios debe aguardar al tiempo de Dios.
Los enemigos se convencerán de la locura de contender con el pueblo de Dios: "Serán avergonzados y confundidos", lo que podría conducirles al arrepentimiento; pero les llenará mas bien de rabia. En todo caso. Israel no ha de temer, pues sus enemigos serán reducidos a la nada: "serán como nada" (V. 11), frase que se repite en el versículo 12.

Se estrellarán contra la justicia y el poder de Dios: Los mismos israelitas se convertirán en terror para los que ahora les aterrorizan; y la victoria se volverá del lado de Israel. (V. 14-16). Jacob o Israel están ahora muy abatidos, son como un gusano al arrastrarse por el suelo para su propia seguridad y, aun así, expuestos al pisotón de cualquier caminante (Salmo 22:6). Los hijos de Dios son muchas veces como gusanos, pero no son víboras como sus enemigos, porque ellos no son de la simiente de la serpiente.

Dios considera el bajo estado de Jacob, y le dice: "No temas, gusano, Jacob"; no temas que nadie te aplaste, y vosotros los pocos de Israel. A este gusano pequeño, insignificante, su Dios lo va a levantar y va a hacer de él (V. 15) un instrumento duro, cortante y moliente; un trillo nuevo de dientes afilados. Con este instrumento en las manos de Dios, los montes y collados; es decir, los enemigos más altos, más fuertes y más enconados de Israel, serán trillados y molidos, a una vez molidos y reducidos a tamo, los aventarán y se los llevará el viento.

Esto se ha cumplido, en fin de cuentas, siempre que los enemigos de Dios y de los suyos han tratado de acabar con los que sirven fielmente a su Hacedor y Redentor. Tendrán en Dios, no sólo abundancia de consuelo y apoyo, sino también de honor. "Pero tú te regocijarás en Jehová, te gloriarás en el Santo de Israel", por todo lo que ha hecho a tu favor. Si se da la ocasión, Dios hará de nuevo por ellos, lo que hizo cuando salieron de Egipto en su marcha hacia Canaán. Estas promesas de redención fueron provistas por el Evangelio de Cristo.

El glorioso descubrimiento de Su amor, ha dado plena seguridad, de que Dios ha provisto lo suficiente para el suministro de todo lo que necesitamos, y para las respuestas a todas nuestras oraciones. Son aplicadas por la gracia de Dios y El Espíritu de Cristo, a todos los creyentes; para que tengan consuelo en el camino y completa felicidad al final de la jornada. Nuestro espíritu busca con anhelo satisfacción, pero no puede hallarlo en las cosas de este mundo.

Es Dios quien nos abre en el desierto estanques de aguas, y manantiales de aguas en la tierra seca (Jn 7:38-39). En el mismo desierto, hace que broten cedros y acacias. El Evangelio produce en los seres humanos un cambio tan grande, como si los cardos y los espinos se convirtiesen en cedros. Todo esto se hace para que "todos vean y entiendan que la mano de Jehová ha hecho esto, y que el Santo de Israel lo creó". Todos verán que este cambio extraordinario está muy por encima del curso normal de la naturaleza y, por consiguiente, es obra de un poder superior. YO SOY TU DIOS... Hoy y siempre estaré contigo.

Una gran promesa para todos aquellos que le han recibido... Palabra de Dios para todos los que tienen oído, para escuchar y leer la ponderosa bendita y eterna Palabra de Dios. Amén.

Tu amado hermano Marco Marin Parra.
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El pan de Sus Hijos.


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Por Marco Marin Parra.
Basado en Marcos 7:24-30.

¡Cuán humildemente quiso el Señor permanecer oculto! "se levantó de allí y marchó a las cercanía de Tiro". Quería así, enseñarnos a no ir en busca del aplauso popular.

En aquellos lugares era poco conocido, y "entró en una casa", pues "deseaba que nadie supiese" que estaba allí. Hay tiempo de aparecer, y tiempo de desaparecer y retirarse; hay "tiempo de callar, y tiempo de hablar" (Ecl 3:7).

Allí estaba entre gentiles a quienes no quería manifestarse por ahora (Mt 15:24). No obstante, vemos cuán benignamente llegó a manifestarse allí también.

Aunque no llevó consigo una gran cantidad de curaciones milagrosas para llevarlas a cabo en aquellos lugares, todavía se dejó caer una que nos es referida aquí. Así como en Mateo 15:21, "y no pudo quedar oculto"; porque, aun cuando una candela no puede esconderse debajo de un almud o una cama, el sol no puede esconderse de la misma manera.

Además, Cristo era demasiado famoso como para quedar oculto en algún lugar. Vemos pues, aquí, la petición que le hizo una podre mujer que se hallaba en gran aflicción. Era gentil, "griega de raza sirofenicia"; por ello, "extranjera en cuanto a los pactos de la promesa" (Ef 2:12), y tenía una hija poseída del demonio.

Pero se llegó a Cristo...

A) Con humildad. "Había oído hablar de Él... vino, y se postró a Sus pies". Cristo nunca arrojó de sí a quienquiera se llegase a Él y cayese a Sus pies, lo cual puede hacer toda persona que va a Él. Temblando, no tenía la confianza suficiente para arrojarse en sus brazos.

B) Con decisión. Le dijo lisa y llanamente lo que deseaba: "Y le rogaba que arrojase de su hija al demonio" (V. 26).

La mayor bendición que podemos pedirle al Señor por nuestros hijos, es que quebrante el poder de Satanás; es decir, el poder del pecado en las almas de ellos.

El desánimo que Jesús le dio: "Deja primero que se sacien los hijos" (V. 27); deja que los judíos tengan todos los milagros que es menester hacer entre ellos, que no pierdan ninguna oportunidad de disfrutar de las bendiciones que están destinadas para ellos, los hijos del pacto, en vez de derrocharlas concediéndolas a quienes son como los perrillos falderos.


Cuando Cristo sabe que hay una fe fuerte, le gusta ponerla a prueba. "Dios hace muchas veces que se alarguen nuestras preguntas, porque quiere darles una respuesta eterna". Pero la frase que aquí aparece: "Deja primero", sugería que tenía alguna bendición en reserva para los gentiles; y esto era alentador para una gentil. Los judíos comenzaban ya a quedar hartos del Evangelio de Cristo, y algunos ya habían deseado que se alejara de su región. Los hijos comienzan a jugar con el alimento, y lo que estaba sobrando sería una fiesta para los gentiles.

La forma en que la mujer replicó a Jesús, llena de sabiduría y determinación: "cierto, Señor; pero también los perrillos debajo de la mesa comen las migajas de los hijos". Como si dijese: "Ya sé que no pertenezco a los hijos, ya sé que el pan de los hijos no debe echarse a los perros, pero... nadie niega a los perrillos las migajas; pues se les permite que se coloquen debajo de la mesa para que coman de lo que cae; no pido una hogaza, sino una migaja; no me la niegues".

Al hablar así, engrandece la abundancia de curaciones milagrosas con las que ella misma había oído que los judíos tenían un gran festín, en comparación de las cuales, la curación de su hija no era más que una simple migaja.

Quizás se había enterado del milagro de la multiplicación de los panes, y pensaría que en aquella ocasión, forzosamente quedaron muchas migajas para los perrillos. Al oír esto, Cristo le concedió su petición: "Por lo que has dicho vete, el demonio ha salido de tu hija" (V. 29). Como si dijese: "Ya tienes lo que tanto deseabas".

Esto nos anima a orar y no desfallecer, no dudando que si perseveramos en la oración prevaleceremos con Dios. La palabra de Cristo tuvo efecto inmediato; más aún, expresaba lo que ya había sucedido en virtud de un acto de su voluntad: "ya ha salido" (el perfecto griego indica una acción pasada, cuyo efecto continúa). Y así fue, como Cristo había dicho; pues cuando la mujer llegó a casa, encontró a la niña echada en cama, y que el demonio había salido.

Cristo puede vencer a Satanás a la distancia, así que la mujer halló a su hija no agitada como antes, sino, en la cama, reposando y esperando que su madre regresara para regocijarse con ella de encontrarse, ya perfectamente bien.

La fe, la decisión, la humildad, abren la brecha a un milagro. Dobla tus rodillas a los pies de Cristo. Es el tiempo que tu esperabas. Cristo está presto a oírte. Amén.

Dios bendiga tu vida, y que nos ayude en este día.

Tu amado hermano Marco.
Bendiciones.
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¿Estáis firmes en un mismo espíritu?


Escuche el mensaje aquí.
Por Marco Marin Parra.
Basado en Filipenses 1:21-30.

En estos versículos, el Apóstol expresa más en detalle, la magnífica disposición en que se halla para que Cristo sea glorificado; tanto en su vida, como en su muerte. Nos podemos dar cuenta de los matices: "Porque para mí, el vivir es Cristo; y el morir ganancia".

Pablo no dice aquí que Cristo es su vida; sino que, para él, el vivir es Cristo. Con este intercambio de sujeto y predicado, Pablo da a entender que toda su vida en la tierra se cifra y se resuelve en Cristo. Sin embargo, el morir era para él una ganancia (gr Kérdos, el lucro que se obtiene, especialmente en un negocio).

La ganancia en el morir era obvia, pues esto comportaba (V. 23) "partir" y estar con Cristo, lo cual es mucho mejor. De manera parecida se había expresado ya en 2 Co 5:8, que Pablo no pensaba en el llamado (estado intermedio); se ve, no solo por Fil 3:10, 11, sino también por 2 Co 5:4.

Los creyentes verdaderos, que viven dentro de la voluntad de Dios, no tienen por qué temer la muerte. Saben que Dios tiene un propósito para su vida, y que la muerte cuando llega, es simplemente el final de su misión terrenal y el comienzo de una vida mejor con Cristo (Ro 8:28).

Este motivo muestra, una vez más la grandeza del alma de Pablo: "si he de seguir viviendo en el cuerpo", esto significa para mí una labor fructifera (V. 22). Este "fruto del trabajo" no significa para Pablo una ganancia personal, ni siquiera espiritual; de lo contrario, no preferiría el morir, la ganancia espiritual que Pablo tiene en mente es la de sus hijos en la fe, como se ve por el V. 24: "Pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros".

Puestas ambas alternativas en la balanza, resulta difícil observar de qué parte cae el platillo; "no sé qué escoger", porque se siente apremiado de ambos lados, del deseo de partir, que personalmente le traería mejor ventaja; y del deseo de quedarse, lo cual es más conveniente para los demás.

Se siente apretado por dos fuerzas opuestas que le estrechan el paso, que le retienen, que "tiran de él". No hace falta que él escoja; Dios escogerá por él. Pero Pablo está persuadido (V. 25) como en los demás lugares en que aparece el participio de pretérito, hasta el punto de que lo sabe, de que permaneceré, dice, y continuaré con vosotros para vuestro progreso y gozo en la fe.

Pablo tenía presentimiento (no habla de revelación) seguro de que, por el bien espiritual de sus lectores, Dios le permitiría todavía algunos años más de vida en este mundo. Podemos ver la forma tan diferente en que se expresa en 2 Timoteo 4:6-8. Este progreso y gozo en la fe, que Pablo ve como un objetivo de suficiente valor como para desear continuar con vida en este mundo, tiene un objetivo todavía más importante, como se ve por la conjunción final que encabeza el V 26; difícil de traducir por su densa estructura sintáctica.

El hecho de tener entre ellos de nuevo a Pablo será, para los fieles de Filipos, un nuevo motivo de santo orgullo por ser cristianos, al ver que Dios ha conservado incólume al Apóstol, precisamente en atención al beneficio espiritual de ellos.

El Apóstol termina el capítulo con una exhortación a la perseverancia, bien fundados en una unidad eclesial, en la humildad personal, y en el denuedo para pelear conjuntamente y con fidelidad el buen combate. "Solamente, dice V. 27, que os comportéis como es digno del Evangelio de Cristo".

La conducta debe reflejar lo que el Evangelio y sus riquezas han hecho de la congregación filipense (no solo para ellos, sino para todas las congregaciones). Pablo tiene en mente la ciudadanía celestial, se ve por Fil 3:20 donde lo expresa de forma explícita.

Con tal de que ellos se comporten como ciudadanos de los cielos, el que Pablo vaya a verles o que permanezca ausente (V. 27) es algo secundario; lo que importa, y lo va a subrayar en la primera mitad del capítulo 2 es: a) que oiga de vuestras cosas; esto es, cómo marchan vuestros asuntos espirituales; b) que sepa que estáis firmes en un solo espíritu (el mismo talante cristiano en todo), con una sola alma (Hch 4:32), con el mismo aliento vital combatiendo juntamente por la fe (fe objetiva o creencia) del Evangelio.

Es, pues, una solemne exhortación a la unidad de talante, de impulso y de objetivo dentro de la comunidad celestial. V. 28: "y en nada intimidados". El combate ha de ser conjunto, y sin miedo.

¿Quién podía asustarles? Pablo menciona a los que están en contra, o adversarios. No tengáis miedo de vuestros enemigos; sed siempre valientes, y esto les demostrará que ellos van a perder y que vosotros vais a ganar, porque es Dios quien os da la Victoria. Pues a vosotros se os ha concedido el privilegio de servir a Cristo, no solo creyendo en Él, sino también, padeciendo por Él.

Podéis ahora tomar parte conmigo en la batalla. Es la misma batalla que me visteis pelear en el pasado, y que estoy peleando todavía. El V. 27 termina diciendo: combatiendo unánimes por la fe del Evangelio, y el V. 30 comienza así "teniendo el mismo conflicto". Con esto, queda ya anticipada la correcta interpretación de dos detalles que necesitaban especial atención: Cristo, no solo creer en Él, sino también padecer por Él.

Parece indicar a primera vista que, tanto la fe como el sufrimiento les es dado de fuera. No es algo que salga de ellos; pero sí nos damos cuenta, que el que les otorga eso es Dios, y se verá que el favor que Dios hace a los fieles de Filipos no es aquí el creer, como tampoco el padecer.

Lo que Pablo quiere significar es que, en lo que respecta a estar del lado de Cristo, Dios les ha concedido el privilegio, no sólo de creer en Cristo, sino también, de tener la oportunidad de padecer por Él. Amén.

Dios nos ayuda a permanecer firmes en Su Espíritu.
Tu amado hermano Marco.
Suecia – Lysekil.
Bendiciones.
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Cristo es El Mensaje.


Escuche el mensaje aquí.
Por Marco Marin Parra.
Basado en Filipenses 1:12-20.

El Apóstol Pablo estaba preso en Roma cuando escribió esta epístola. Esto podía ser un tropiezo para quienes habían recibido el Evangelio por ministerio de Él, ya que sentirían la tentación de avergonzarse por compartir sus ideas religiosas, no fuera que también ellos se viesen implicados en la misma aflicción que él padecía.

Para que nadie se eche atrás ante "el escándalo de la Cruz", Pablo va a declarar las maravillas de la química divina al extraer de un mal, como era su propio confinamiento, un bien tan grande como la extensión del Evangelio.

Es cierto que padecía a manos de los enemigos jurados del Evangelio, pero esto no debía servir de ningún tropiezo a los creyentes.

"Quiero que sepáis, hermanos, que las cosas que me han sucedido (literal las cosas concernientes a mí) han redundado mas bien, para el progreso del Evangelio" (eso quiero que sepáis).

Se nota el interés del Apóstol por quitar a sus lectores, toda preocupación por la situación en que él se hallaba; como diciéndoles: "Mirad, lo que me ha ocurrido, lejos de impedir el progreso del Evangelio, lo ha promovido y acelerado".

De dos maneras había obtenido su encarcelamiento este resultado favorable:

Primero, hacia los de afuera (V. 13): "hasta el punto de que mis cadenas se han hecho manifiestas en Cristo en todo el pretorio y a todos los demás".

No cabe duda de que habría en Roma otros prisioneros que habrían apelado al César, pero el caso del Apóstol Pablo era único; él no se hallaba allí por ningún motivo político, ni por ningún crimen, ni por alterar la paz del imperio; era manifiesto y evidente a todos que sus cadenas se debían a su condición de fiel seguidor de Cristo, y de su valentía como proclamador del misterio.

Esto se sabía no solo en todo el pretorio; es decir, entre los oficiales del cuartel general de la guardia pretoriana y del ejército (no del palacio del César), sino también, entre todos los demás que en la capital del imperio se enteraban del caso del Apóstol. Sus mismas cadenas eran el mensaje elocuente.

Después, hacia los de dentro (V.14): "y la mayoría de los hermanos cobrando ánimo en el Señor con mis prisiones". Se atreven más abundantemente a hablar sin miedo La Palabra.

La mayoría de los creyentes que se hallaban en Roma; al ver la forma en que Pablo llevaba aquellas cadenas por amor a Cristo y por la causa del Evangelio, en lugar de avergonzarse, de cesar en la proclamación del Evangelio, y en las alabanzas al Señor, se mostraban mucho más valientes y atrevidos para dar a conocer constantemente el mensaje cristiano.

El gozo de Pablo en circunstancias extremas, tan poco propicias para la alegría, les alentaba a ellos a sufrir por el mismo Maestro que tales consuelos otorga a los que padecen por Él. Si llegaba a ocurrir que les llevaban del púlpito a la cárcel, de buena gana irían, pues allí habrían de hallarse en tan buena compañía.

También padecía por parte de falsos amigos, lo cual era más triste, pero tampoco esto le detenía (V. 15-18). Estos versículos son prueba evidente de la extraordinaria magnanimidad y pureza de intención del Apóstol. Entre los que, durante el encarcelamiento de Pablo se dedicaban a la predicación del Evangelio, no todos obraban con la misma pureza de intención que el Apóstol; todo ese oro que suponía el hablar intrépidamente de la Palabra en Roma, no estaba libre de escoria.

Ahora debemos recordar el V. 10, la oración de Pablo para que los Filipenses pudieran ser "puros y sin ofensa"; como quiera que Pablo no podía extender mucho el ámbito de su predicación, al estar encarcelado, otros "hermanos" suplían, de algún modo, la ausencia del Apóstol; incluso en Roma al proclamar también el Evangelio.

Pero no todos predicaban con la misma pureza de intención: "cierto que algunos predicaban a (contienda) Cristo por envidia".

Los primeros predican a Cristo por ambición egoísta, no sinceramente, pensando que aumentan mis dificultades mientras estoy encarcelado.

Este es un fenómeno que se ha dado en todas las épocas de La Iglesia. Estos predicadores, se aprovechaban de la situación de Pablo, para tratar de brillar ellos mismos, con el intento de mostrar, que Pablo no era el único predicador dotado de las mejores cualidades para ese ministerio.

Muchos individuos de este tipo han aparecido en La Iglesia, llenos de envidia porque Dios ha dado a otros mayores dones. Sienten como una estocada en su interior, al ver reducirse su autoridad y el número de sus seguidores; y por tanto, critican, encuentran fallas y levantan polémica.

No es maravilla que hubiera algunos de esos en Roma, pero... otros de buena voluntad. Estos últimos lo hacen en amor, sabiendo que estoy puesto aquí para defensa del Evangelio.

No todos predicaban llevados de la ambición personal y de la envidia; había también quienes predicaban el Evangelio de buena voluntad, con rectitud de intención y de buen grado, por amor a Cristo y por amor también al Apóstol, sintiéndose sanamente orgullosos de ser sus colaboradores en la misma viña del Señor (1 Co 3:5-9).

Estos se percataban de que Pablo estaba puesto por Dios para defensa del Evangelio. Hay quienes opinan que "puesto" indica "puesto en cadena".

La reacción de Pablo es digna del gran Apóstol (V. 18-20).

Los que predicaban a Cristo por envidia se equivocaban de puerta, como solemos decir "comprendían al hombre mal" que intentaban afligir. Pero... ¡qué importa! Lo importante es que en cualquier caso, ya sea por motivos falsos o verdaderos, Cristo es predicado, y yo me regocijo a causa de esto.

Sí, seguiré regocijándome, porque sé que por nuestras oraciones y la ayuda del Espíritu de Jesucristo, lo que me ha ocurrido desembocará en mi libertad. Anhelantemente es, pero que en ninguna manera seré avergonzado, sino que tendré el valor suficiente para que, ahora como siempre, Cristo sea exaltado en mi cuerpo, ya sea por vida o por muerte.

La reacción de Pablo muestra la grandeza de su alma.

A Pablo le interesa únicamente que Cristo sea predicado, y por lo que él insinúa, se ve que los que predicaban por envidia, predicaban, no obstante, de forma correcta el Evangelio.

Al Apóstol le tienen sin cuidado las intenciones en comparación con el resultado, no en sí mismas (no lo entendamos mal) "Y yo me regocijo a causa de esto. Sí, seguiré regocijándome".

Los que predicaban el Evangelio por envidia y ambición, pensaban aumentar la aflicción de Pablo. Y lo que estaban aumentando era su regocijo, de donde el áspid saca veneno, la abeja saca miel.

El Apóstol abriga la esperanza de que "esto", la prisión que está sufriendo, no la predicación de sus émulos, resultará cuando esté ante el tribunal de César, se compruebe su inocencia en su libertad.

Éste es aquí, el significado de soltería. Pablo parece aludir a Job 13:16. Pablo tiene de esto una esperanza segura; pues dice: "porque". Esta seguridad se funda en dos motivos complementarios: Primero, la eficacia de la oración de los buenos hermanos de Filipos (Stg 5:16). Segundo, la suministración del auxilio divino mediante la agencia del Espíritu Santo (Ro 8:26, 27).

En todo caso, el Apóstol se somete a la voluntad de Dios, pues su interés último está cifrado en que Cristo sea glorificado en su cuerpo; ya sea por vida o por muerte, como lo va a explicar a continuación; Cristo será magnificado en Pablo, si Pablo magnifica a Cristo, no sintiéndose avergonzado de sufrir por Él; sino, lleno de santa audacia para confesarle delante de los hombres.

Mediante esta santa osadía, y no mediante cobardes subtergios, espera obtener el resultado que mejor glorifique al Señor.

Si hoy los predicadores actuales, tuviéramos que presentarnos como predicadores delante de la corte suprema de vuestro país, y suponed que esta corte estuviera compuesta enteramente de gente pagana... Sería fácil para nosotros hablar con perfecta libertad, como siempre que lo hacemos de nuestro púlpito con libertad. Amén.

Gracias a Dios por Su Poderosa, Bendita y Eterna Palabra. Dios nos ayude con sencillez y franqueza a llevar Su Mensaje.

Tu amado hermano Marco Marin Parra.
Suecia – Lysekil.
Bendiciones.
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La mirada divina.


Escuche el mensaje aquí.
Por Marco Marin Parra.
Basado en Juan 14:1-4


El capítulo comienza con una exhortación general de Cristo a sus discípulos: "No se turbe vuestro corazón". Podríamos decir: Nada te turbe, nada te espante. Jesús había anunciado Su partida inminente, ellos debían aún quedar en el mundo (V. 13:33).

El anuncio de la separación de Su Maestro, a quien querían tanto y habían seguido tan fielmente... que dejaba en su juicio sin consumar la obra prometida de la fundación del reino mesiánico... que los dejaba solos frente a sus enemigos terribles, les llenó de turbación y congoja: "No se turbe vuestro corazón".

Les dice Jesús: La razón de la serenidad que deben guardar en aquellos momentos, es la confianza en Dios y en Él: "Creéis en Dios, creed también en mí". De la misma manera que tenéis fe en Dios, debéis tenerla en mí, que Soy Su Legado y Su Cristo, que Soy Dios, como Él; y por lo mismo, aunque os deje en la apariencia, estaré con vosotros perpetuamente con mi auxilio divino.

Jesús se percató de la turbación que hacía preza en el corazón de los discípulos. Quizá se transparentaba en el rostro de ellos. De todos modos no podía pasar desapercibida a la mirada divina del Señor, quien conocía los más íntimos pensares, e intuía las heridas que sangran en el interior.

Es un gran consuelo para nosotros, el saber que El Señor conoce los más graves problemas de los Suyos en cualquier momento, en que la tribulación parece presta a inundarnos.


Aparte de lo dicho anteriormente, muchas otras cosas contribuían ahora a incrementar la congoja de los discípulos. Cristo acababa de declararles la malevolencia con que algunos de ellos le habían de tratar, y esto les acongojaba a todos.

Ahora El Señor les consuela; aunque un santo celo sobre nosotros mismos es de ayuda para mantenernos humildes y en vela; no debemos, sin embargo, permitir que nos acongoje hasta el punto de privarnos del santo gozo que es fruto del Espíritu Santo. También acababa de decirles, no solo que se marchaba de ellos, sino, que se iba entre una densa nube de padecimientos.

Cuando contemplamos al Señor crucificado, no podemos menos de lamentarnos amargamente, a pesar de que vemos el feliz resultado que Su muerte ha tenido; mucho más amarga tenía que ser para ellos dicha contemplación, ya que no tenían como tenemos nosotros, el privilegio de ver más allá de los sufrimientos de Cristo.

Si Cristo se va ahora de ellos, van a verse vergonzosamente decepcionados en cuanto a sus esperanzas de ver triunfante y glorioso a Su Maestro, y se hallarán abandonados y expuestos a la burla, y a la persecución de los enemigos de Cristo. Para contrarrestar esto, Jesús les dice: "No se turbe vuestro corazón".

Hay aquí tres palabras en las que es precioso cargar el énfasis:

I - TURBE:

El verbo griego indica en Aristófanes, la agitación de un mar embravecido. Como en otro tiempo, Jesús quiere llevar la calma al corazón de los discípulos, como la llevó a la barca agitada por las olas en el mar de Galilea. Notemos que no les dice: "Tratad de que vuestro corazón se haga insensible a la pena y al pesar", sino, "No permitáis que vuestro corazón sea turbado y agitado por el pesar".

II - CORAZÓN:

Al mencionar el centro de la actividad humana, El Señor quiere que mantengan el control de este centro; que guarden la serenidad de ánimo, aún cuando la carne débil tiemble (Mt 26:41; Mr 14:38). El corazón es el principal baluarte, pase lo que pase, es menester defender este bastión.

III - VUESTRO:

Como si dijese: Vosotros, que sois mis seguidores, mis discípulos, no habéis de turbaros, porque tenéis mayor conocimiento y estáis en mejores condiciones que los demás. Los creyentes hemos de aprender a conservarnos en paz interior cuando todo es inquietudes y confusión en nuestro rededor.

Les prescribió el remedio: "Creéis en Dios, creed también en mí". Como diciéndoles: Vosotros habéis creído y continuáis creyendo en Dios, en Sus perfecciones y en Su Providencia; por tanto, creed y continuad creyendo también en mí, que Soy El Mediador entre Dios y los hombres.

Al creer en Jesús como en El Mediador, nuestra fe en Dios se torna sumamente consoladora. Quienes tienen un resto concepto de Dios, no sentirán dificultades en creer en Cristo, ya que en Él se muestra "La benignidad de Dios nuestro Salvador y Su amor para con los hombres" (Tit 3:4).

Creer en Dios mediante la fe en Jesucristo, es un excelente medio para conservar en paz el corazón; porque el gozo de la fe, es el mejor remedio contra los pesares del sentido. Cristo imparte una instrucción particular, a fin de que la fe de los discípulos se haga efectiva sobre la base de la promesa de vida eterna (V. 2-3).

¿Para qué hemos de creer en Dios y en Cristo?... Para descansar en la confianza segura de una feliz eternidad en las mansiones celestiales. Los fieles de todos los tiempos han cobrado ánimo al mirar hacia arriba (Col 3:1-3), en medio de las más terribles pruebas de esta vida.

Hemos de creer y considerar, que existe esa felicidad: "En la casa de mi Padre hay muchas moradas". Notemos que dice: "moradas", no tiendas de campaña, como en la peregrinación por esta vida (2 Pe 1:14).

Estas moradas están "en la casa del Padre". Es una casa familiar, pero en la que cada miembro de la familia tendrá su apartamento individual; puesto que nuestra personalidad no se diluirá en la más íntima y estrecha comunión con El Señor y con todos los santos. No habrá que pagar renta ni tributo, es un regalo del Padre; un regalo a perpetuidad, pues nuestra herencia es incorruptible, incontaminada, inmarcesible y reservada (1 Pe 1:14).

Nuestros nombres están ya escritos allí (Lc 10:20).

Aquí estamos pasando una mala noche, en una mala posada; pero allí será eterno (Ap 21:15) en una regia morada. Las moradas son muchas, porque son muchos los hijos que son llevados a la gloria (He 2:10).

La seguridad que tenemos de la realidad de esa felicidad eterna: "Si no, ya os lo hubiera dicho". La seguridad está basada en la veracidad de Su Palabra, y en la sinceridad de su afecto a los discípulos. No sólo es veraz de modo que no puede engañar en lo que dice, sino también, amoroso, de modo y manera era, que no puede sufrir el que nosotros nos llamemos a engaño.

El efecto que nos tiene es demasiado grande, como para que nuestra esperanza pueda verse frustrada (Ro 5:5). Hemos de creer igualmente y considerar que, por consiguiente, vendrá de cierto otra vez para recogernos: "Voy, pues, a preparar lugar para vosotros".

Ese es Su designio al marcharse al cielo: prepararnos un lugar, y tomar posesión de él en nuestro lugar (Ef 2:6); ser allí nuestro Abogado para asegurarnos la posesión del título de propiedad; hacer todas las provisiones necesarias y convenientes para que nuestra futura morada sea del todo cómoda y estupenda.

La habitación feliz en los cielos, será proporcionada la condición feliz de los inmortales hijos de Dios. Puesto que el elemento principal de la bienaventuranza eterna es la presencia de Cristo y la comunión íntima, sin velos ni estorbos con Él. Menester es que Él marche primero allá, pues donde Él esté, estará El Paraíso (Lc 23:43).

El cielo no sería morada conveniente para el Cristiano, si no estuviese ya Cristo allí. Ese es también nuestro gran Consuelo: "Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré conmigo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis".

Verdaderamente, estas palabras están llenas de Consuelo para nosotros, puesto que por ellas sabemos que El Señor Jesucristo vendrá otra vez, Él lo asegura.

Cuando nosotros estamos dispuestos a ir a algún lugar al que se nos llama, solemos decir: "Ya voy", a pesar de que todavía no nos hemos puesto en marcha. También Cristo es "El que viene" (Ap 1:7), porque "viene pronto" (Ap 22:12, 20), que vendrá pronto a recoger a sus fieles seguidores.

La Segunda Venida de Cristo tiene por objeto:

Nuestro arrebatamiento juntamente con ellos, (los que hayan muerto y resucitado "primero" en las nubes para salir al encuentro del Señor en el aire (1 Tesalonicenses 4:17).

Que donde Él está, allí estaremos nosotros también. Esto nos da a conocer, que la quitaesencia de la felicidad celestial es estar con Cristo allí. Cristo dice: "donde yo estoy". Es cierto que, en cuanto Dios, Jesús está, y siempre lo estuvo, en el cielo (Jn 3:13); pero aquí habla como hombre, y habla en presente porque de tal manera está ya para salir de este Mundo, que ya se considera fuera de él (Jn 17:11).

Equivale a decir: Donde yo estaré en breve y para siempre, allí estaréis también en breve vosotros y para siempre; no sólo como espectadores de la Gloria celestial, sino, como partícipes de ella.

Va a preparar lugar para nosotros. Si Él nos prepara y decora las moradas, no van a quedar vacías; también nos preparará a nosotros para que, a su debido tiempo tomemos posesión de ella (1 P 1:4-5). Amén.

Tu hermano en Cristo,
Marco Marin Parra.
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